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Lilith, la primera feminista de la historia

Lilith

Lilith fue la primera feminista de la historia. La primera de la que tenemos constancia. Aunque su mundo, su vida, pertenezca al terreno de la religión y la mitología. En los albores de la humanidad civilizada, durante la revolución del Neolítico (caracterizada por la aparición y desarrollo de la agricultura y el pastoreo de animales, además de la creación de los primeros poblados y asentamientos sedentarios), lo inexplicable, lo misterioso, siempre se solucionaba vía la religión. Surgieron las primeras divinidades. Y se desarrolló el politeísmo. Posteriormente llegarían  la escritura y las culturas. Estos hitos –en nuestra zona de influencia– transcurrieron principalmente en Canaán y Mesopotamia (la tierra entre los ríos Tigris y Eufrates, que se corresponden al actual Irak y al norte y este de Siria; su historia está dividida en cinco épocas: Periodo Sumerio, Imperio Acadio, Imperio Babilónico, Imperio Asirio e Imperio Neobabilónico).

La Tierra de Canaán estaba situada situada entre el Mediterráneo y el río Jordán. Abarcaba parte de la franja sirio-fenicia conocida. En la actualidad se corresponde con Israel, la Franja de Gaza, Cisjordania, la zona occidental de Jordania y partes de Siria y Líbano. Canaán era el nombre del hijo de Cam y nieto de Noé. La zona se remonta a las fases neolíticas más tempranas. La primera invasión semita fue sobre el 3000 a.C. Los asentamientos más conocidos fueron y son los de Jericó, Jerusalén, Tiro, Sidón, Damasco o Gaza. Canaán destacó por su cultura escrita y su literatura. El gran hallazgo fue el alfabeto y desde ahí surgirían el alfabeto griego y el abecedario latino. La Biblia identifica a Canaán con el Líbano. Durante el dominio persa, el nombre de cananeo pasó a designar al “fenicio de Tiro”, como sinónimo de negociante o mercader.

Los primeros monoteístas fueron los judíos. Las tribus hebreas recién liberadas de Egipto, iniciaron la conquista de Canaán, su Tierra Prometida, hacia 1400 a. C. Un proceso lento, que duró decenios. Jacob y sus descendientes (israelitas=judíos y samaritanos) se caracterizarían por luchar contra aquellos ídolos y por lo tanto adorar al dios único Yahvé. A pesar de ello incorporaron a sus creencias tradiciones y leyendas populares de otros. Aunque entre los hebreos decir “raza de Canaán” era un insulto.

Establecidas estas premisas volvamos a Lilith, nuestra heroína. Lilith fue la primera pareja de Adán. Sí, antes de Eva. Adán y Lilith fueron creadas por Yahvé del polvo, moldeados por sus propias manos divinas. Una interpretación rabínica de Génesis 1, 27 recuerda el texto que dice: “Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó”.

Lilith abandonó a Adán y se fue del Jardín del Edén. Reclamó su igualdad al haber sido creada igual. Se negó a obedecer a Adán y a ser relegada a las tareas domesticas. La leyenda lleva la disputa también al terreno sexual: ella rechazó yacer debajo del varón. “¿Por qué he de acostarme debajo de ti? Yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual”. Pronunció el nombre mágico del dios YHV (en esos tiempos no había vocales), se elevó y se fue volando. Llegó a a las orillas del mar Rojo, hogar entonces de muchos demonios. Allí se entregó a la lujuria con éstos. Como demonio cuando se une a los hombres lo hace como una súcubo. A partir de ahí surgen historias y relatos de lo más tenebrosos. Aquí encontramos el principio de otra constante a lo largo de los siglos: las mujeres independientes, fuertes, son consideradas o representadas como brujas o diablesas. El estigma nació con Lilith, la primera feminista.

El origen de Lilith, leyenda del folclore judío, parece ser mesopotámico. Es fácil de entender que los judíos exiliados en Babilonia llevaran de vuelta a su tierra esta creencia. En la Biblia la única cita expresa a Lilith por su nombre la encontramos en Isaías 34:14. En el conflicto entre hebreos y cananeos Lilith hizo acto de presencia, esta vez fue propagandístico. La leyenda sobre su vida licenciosa fue asimilada a la de las mujeres de Canaán. Mucho más libres y liberadas que las hebreas. Algo que no gustaba nada a los rabinos y al heteropatriarcado judío de esos días. (Yahvé también se las traía). El carácter comercial de los cananeos (fenicios) les otorgaba un espíritu más abierto y tolerante. Ben Sira en el 180 a.C. escribió sobre ella. Siglos después Goethe recogió la leyenda de Lilith en su “Fausto” (al final de la primera parte en el cap. 21 “La noche de Walpurgis” durante el dialogo entre Fausto y Mefistófeles).

La posterior creación de Eva, de la costilla de Adán, responde a un patrón de obediencia y sumisión. Su curiosidad y afán de conocimiento (dos de los principios fundamentales de la Ciencia, enemiga ancestral de la religión) provoca la expulsión del Paraíso. Sin miedo a equivocarme, me atrevo a afirmar que la misoginia era obvia. Tanto en la historia de Lilith como en la de Eva.

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