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Bikinis, Fútbol y Rock & Roll sigue dando guerra

La MuyBikinis, Fútbol y Rock & Roll” sigue dando guerra. Esta mañana al conectarme a Facebook me he encontrado con una entrada en el muro del gran Fran G. Matute sobre un artículo suyo en la revista La Muy. Titulado “Qué pasa contigo tío? ¿Es que no brillan mis ojos?” arranca mencionando tres libros: “Culpables por la literatura” de Germán Labrador, “Cómo acabar con la contracultura” de Jordi Costa y el mío “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll“, que fue el primero en editarse (pocos días antes que el de Labrador, de la misma editorial, y que no salió mucho antes porque me retrasé en la entrega y luego afortunadamente demoramos reduciendo el número de paginas gracias a la labor de mi editor, Jesús Espino).

Hace unas semanas en Sevilla le comentaba a Jordi Costa que ya sabía como iniciar mi ponencia “Bikinis, fútbol y rock & roll: la música y la transición” en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense, con motivo de las Jornadas sobre los 40 años de la Constitución de 1978 (a celebrar a finales de noviembre): sería con una diapo de las carátulas de los tres libros mencionados por Fran G. Matute (a la que seguiría otra con las memorias de Pepe Ribas y los dos volúmenes de las de Nazario). Son media docena de títulos que nos sitúan claramente en espacio y tiempo. Y las tres crónicas más las tres autobiografías (de dos destacados protagonistas) son complementarias.

Fran FB

En el texto de Fran en FB se menciona a Esperpento (y por supuesto también lo hace en el artículo). Esperpento no podían faltar en “Bikinis,…“. No solo por su colaboración con Smash y el tema de lo “Borde” (el artículo de La Muy clarifica mucho la situación, pone orden cronológico y aporta detalles e información suplementaria muy importante), también están por su importancia dentro de la nueva estética del rock: la relevancia que adquiere la escenografía y el maridaje rock-teatro. Adjunto dos pantallazos respecto a esto último.

Bikinis 1 copiaBikinis 2 copia

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El Underground en España 1: Manifiesto de lo Borde. Estética e ideología (por Antonio Gómez)

1 de octubre de 2008

He abierto el almario y he sacado la memoria a pasear. La he puesto en ese vértice de la historia que supuso el final de los 60 y el inicio de los 70 y le ha encargado buscar caras y gestos casi olvidados, nombres prácticamente desconocidos hoy en día, pero que en aquel momento protagonizaron una de las aventuras más estimulantes de la música popular española de todos los tiempos: aquello que se llamó underground. Ha sido difícil, porque casi 40 años después, todo el asunto andaba tan undergrún que ni con lámparas de carbunco era posible penetrar en su oscuridad. Pero poco a poco han ido apareciendo entre la niebla la cara de judío converso de Julio Matito o la de turista inglés de Cachas. Antoñito Smash tirado en el suelo, engañando a todos con su silencio. El gesto revoltoso de Jordi Batiste. La seriedad nórdica de Henrik y las idas y venidas de Gualberto, siempre en viaje hacia alguna parte. La excentricidad daliniana de Pau. Las gafas de círculos concéntricos y el pelo encrespado de Jaume. Y en medio, como un equilibrista, Gonzalo García Pelayo, haciendo juegos malabares con los conceptos y los números.

 

Estamos hablando del movimiento musical que acabó bautizado como música progresiva, que en esos años no sólo consiguió un éxito y una repercusión evidente, sino que dio a la luz algunas de las obras de la canción popular más destacadas y con mayor influencia en los artistas posteriores (y cuando escribo “artistas”, ¡por dios, no seáis cabrones!, no los confundáis con los inventos musicales a la carta). O al menos de una parte de él, porque dentro de ese progresivo, tan amplio que hay quien ha llegado a catalogar centenares de grupos y solistas en él, habría que hacer distinciones. Personalmente creo que hay dos grandes tendencias claramente diferenciadas, en el fondo y en la forma de su trabajo, aunque no impliquen una valoración de sus cualidades artísticas específicas (que, como siempre, no son grupales, sino de individuos).

 

Por un lado, estaría, los que adoptaron el modelo de la música progresiva que entonces se hacía por el mundo, lo reprodujeron y en algunos casos le dieron un toque personal, todo ello dentro de cánones básicamente estéticos. Por otro andarían aquellos que, además de las influencias musicales, también recibieron de los grupos y cantantes estadounidenses la parte de contenido crítico, provocador y alternativo que tenía sus obras y actitudes, los que hicieron del estilo una forma de enfrentarse a la música como arte y al mundo como conflicto colectivo. En España yo concretaría esa actitud en el núcleo duro de lo que se definió como “underground español”, fenómeno de corta duración, pero que dejaría su huella en músicos coetáneos y posteriores. (Sobre este tema recomiendo el articulo que Manuel Vázquez Montalbán escribió sobre el tema, con el seudónimo de Luis Dávida, en Triunfo el seis de febrero de 1971, en el que analizaba el fenómeno a raíz de unas actuaciones de la mayor parte de los grupos en Barcelona)

 

Si el tiempo, el interés de los lectores y la complacencia del jefe lo permiten, me gustaría ir desgranando algunas anécdotas y quizás algún sobre los grupos Música Dispersa, Smash y Màquina! y el cantautor Pau Riba, que me parecen lo más representativo del movimiento. También podría hablar de Sisa, pero, aparte de que ya se tratará de él al referirnos a Música Dispersa, es un auténtico caso aparte, imposible de clasificar.

 

Además de por la unidad que encuentro en ellos en función de su actitud ante la música, el centrarme en estos nombres, lo que no evitará que se hable de otros (por ejemplo, ese genio sevillano que fue Silvio), haya otros motivos por hacerlo. Por ejemplo, a esos cuatro (que uno a uno eran más) los traté personalmente con más o menos intensidad, y eso da tela para hablar. También los une que todos ellos grabaron sus discos iniciales en sellos alternativos, entre otras cosas más.

 

En cualquier caso, con lo primero que ha tropezado mi memoria en su viaje por el tiempo ha sido con un documento inaugural y excepcional, que marca la ideología y los principios que definieron a esos músicos. Hay quien dice que lo escribió Julio Matito de Smash, aunque yo siempre he pensado que fue Gonzalo García Pelayo quien lo hizo. Lo dieron a conocer en nombre de Smash en 1968 o 1969 con el título de “MANIFIESTO DE LO BORDE” y sólo hace falta darle un vistazo para comprobar su ligazón con las corrientes de lo que se llamó nueva izquierda, nacida en los campus de Berkeley o Nanterre, antiautoritaria, libertaria y heterodoxa, que estaba llegando a España por aquellos años y de la que la música underground fue una de sus señas de identidad. Yo siempre he creído que el Manifiesto lo leí por primera vez en la revista Triunfo, aunque mirando ahora en su edición digital no he logrado localizarlo. Es igual: aquí está y merece la pena:

 

 

MANIFIESTO DE LO BORDE

 

Cosmogonía de la estética de lo borde:

 

• Hombres de las praderas (Dylan, Hendrix, Jagger…)

• Hombres de las montañas (Manson, Hitler…)

• Hombres de las cuevas lúgubres (funcionarios)

• Hombres de las cuevas suntuosas (presidentes de consejos de administración, grandes mercaderes)

 

– Los hombres de las praderas son los únicos que están en el rollo y que han salido del huevo. Sus carnets de identidad son sus caritas.

– Los hombres de las montañas se enrollan por el palo de la violencia y la marcha física.

– Los hombres de las cuevas lúgubres se enrollan por el palo del dogma y te suelen dar la vara chunga.

– Los hombres de las cuevas suntuosas se enrollan por el palo del dinero y del roneo.

– No se puede hacer música en las cuevas del infortunio; hay que abrirse hacia las praderas.

– Las relaciones hombre de las praderas-mercader de las cuevas suntuosas son siempre de sado-masoquismo.

– Sólo se puede vivir tortilleando.

 

I. No se trata de hacer “flamenco-pop” ni “blues aflamencado”, sino de corromperse por derecho.

II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza.

III. Imagínate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego el del Gastor, a la guitarra, y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo el compás, y dile: canta ahora tus canciones. ¿Qué le entraría a Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel [Molina] cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico:

 

“Aunque digan lo contrario,

yo sé bien que esto es la guerra,

puñalaítas de muerte

me darían si pudieran”.

 

 

He buscado como loco por Internet algo que sin ser una canción de alguno de los citados pudiera ilustrar musicalmente el tema, y finalmente he encontrado este fragmento del programa sobre la música rock española realizó en TVE Miguel Ríos, siempre querido. Es un breve reportaje sobre el nacimiento del progresivo en el que se incluyen fragmentos de canciones de distintos tipos. Obsérvense las diferencias entre los primeros (Los Buenos, Henry y los Seven, Evolution y Los Grim) y los dos últimos (Smash y Pau Riba), creo que son sumamente reveladoras:

 

 

ENTRADAS RELACIONADAS:

 

Madrid 1970, eje de la Música Progresiva

 

Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

 

Burning y los años que empezamos a vivir peligrosamente

Viaje madrileño 1 (por Javier García-Pelayo)

 

El viaje madrileño 2 (por Javier García-Pelayo) 

Nota del Editor: Como los enlaces a Triunfo a veces funcionan y otras no, hago como en el post de “Madrid 1970…” e incluyo las imágenes del articulo original de Vázquez Montalbán.

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