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Lloyd Price (1933-2021)

Mientras trasteo con el ordenador, a la espera del arranque del Barça-Atlético de Madrid, me entero del fallecimiento del gran Lloyd Price. Ocurrió hace dos días. Acababa de cumplir 88 años el pasado 9 de marzo. Mr. Personality, su apodo tomado de uno de sus tres grandes éxitos, definió junto a su admirado Fats Domino lo que se denominaría como el Sonido de Nueva Orleans. Tenían un nexo común: la banda de Dave Bartholomew. Y para acrecentar la conexión, Fats Domino grabó (y salvó la sesión) en el primer disco del jovencísimo Lloyd Price, “Lawdy Miss Clawdy“.

La importancia de esta grabación, su historia y sus versiones la encontrarán en los tres pantallazos que cierran este post. Están tomados de mi libro “Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo“.

Lawdy Miss Clawdy“, “Personality” y “Stagger Lee” son sus tres grandes éxitos.

Cuando Price abandonó temporalmente la música se fue a vivir 10 años a Nigeria.  En 1974 organizó en Kinshasa (Zaire) el festival de música, alrededor del campeonato del peso pesado entre Muhammad Ali y George Foreman. Los cabezas de cartel fueron James Brown, B.B. King, Bill Withers y The Spinners. Price aparece en el documental de Leon GastWhen We Were Kings“, ganador del  Oscar en 1996, sobre el combare al que se denominó “The Rumble In The Jungle” y también. de manera más destacada en la filmación de Jeffrey Kusama-Hinte (2008) sobre el festival, “Soul Power“, que resultó caótico. La conexión de Price con el promotor Don King les llevó a colaborar en el “The Thrilla In Manila“, la pelea de 1975 entre Ali y Joe Frazier.

Además de sus proyectos inmobiliarios (casas accesibles para las clases medias bajas), sus negocios de productos alimentarios, quisiera destacar su incursión en los locales de música en vivo. En 1968 compró junto a Harold Logan el Birdland, el legendario club de jazz de Nueva York. El vendedor fue el empresario Morris Levy, un asociado de la Mafia (como podrán leer en mi libro anteriormente citado). El asesinato de su socio y colaborador, en su despacho de Manhattan, desbarató los planes de Price para montar un circuito nacional de salas de conciertos.

Lloyd Price 1Lloyd Price 2Lloyd Price 3

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Las paellas de Osvaldo

Las paellas de Osvaldo Gomariz fueron míticas en el Nueva York de los 80. O nos invitaba cenar a su casa, cuando vivía en el Meat District, o venía a nuestro apartamento a cocinarlas (la mayoría de las veces). También se desplazaba a los pisos de nuestros amistades.

Era una época sin selfies ni móviles, redes sociales, etc. Así que no tenemos muchas fotos. En realidad solo existen las que aparecen aquí. La del encabezado es de una cena para seis en el Upper West Side (calle 81 con Columbus Avenue), en la casa de Leonor Brun (no se pierdan su post  en este blog sobre su experiencia trabajando para Serge Gainsbourg), en la que vivía con su pareja el escritor Laurent Chalumeau. En la siguiente se ve a Osvaldo, portando su creación, y a Laurent. No reconozco ni recuerdo a quien pertenece el torso que les acompaña y que sería el sexto comensal.

De nuestra casa echo en falta fotos de las paellas con Lisa Kramer, otros compañeras/os de CBS, amigos de Naciones Unidas, Leonard Cohen, Raimundo Fagner, etc. Solo tenemos una foto: La Mundana y Osvaldo (con barba) junto a la pintora manchega afincada entonces en NY, Amelia Moreno, y su pareja en aquella época, Bennett Melzak.

Este pasado martes fantaseaba sobre las paellas perdidas del Dakota con John y Yoko. Las que no pudieron ser…

Sobre las actividades culturales en NY de Osvaldo Gomariz, medico y pintor, les recomiendo el post sobre cuando la noche neoyorquina era española. Osvaldo (junto a dos socios) tenía el sitio puntero del underground del Lower East Side de Manhattan, el Gas Station.

Para cerrar, una última foto tomada a principios de los 80 (1981 o 1982) en un ático que Osvaldo alquiló en la zona de finales de la calle Goya. Se había mudado ahí tras su separación de la poetisa argentina Etelvina Astrada, exiliada en Madrid desde 1975. En 1983 Osvaldo se vino a Nueva York con una beca Guggenheim. En la foto, de izquierda a derecha: Etelvina, Rafael Alberti, La Mundana, Mercedes Sosa, Raimundo Fagner (con un cigarrillo en la boca) y Osvaldo. Sentada de espaldas, en el centro, Gloria Fuertes.

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Mi vida con y sin Lennon

Mi vida con John Lennon, bajo su influencia, se podría resumir en las canciones anotadas en el sobre de la imagen. Son mi selección final para el especial 24 Horas Lennon de Rock FM. Me dejé fuera muchas favoritas de John, tanto con The Beatles como sin ellos. Un ejemplo: en el teléfono tengo de tono la introducción de guitarra del “Revolution“. También entraron temas que no están apuntados y que surgieron durante la conversación. De esta lista, que luego reduje porque no cabían todas, me sabe mal haber dejado fuera “Fame“. Compuesta por David Bowie, Carlos Alomar y John Lennon, fue el primer nº 1 de Bowie en EEUU. Me resarzo con el video: Bowie la interpreta en el show de TV “Soul Train“.

Por resumir: desde mi infancia John Lennon ha estado presente en mi vida. (Paul también así como George y Ringo).

Su asesinato, el 8 de diciembre de 1980, marca un antes y un después. Y arranca mi vida sin John. Hacia unas semanas que Lennon (y Yoko) había editado “Double Fantasy” con Geffen Records & Tapes. Un gran disco que contenía dos maravillas: “(Just Like) Starting Over” y “Woman” (me costó horrores quitarlas de la lista). Podría citar un par más, pero estas dos son las imprescindibles. A la altura de sus mejores obras.

Casi un año después, el 24 de noviembre de 1981, La Mundana y un servidor aterrizábamos en Nueva York. Llegaba a la central de CBS para gestionar el marketing internacional de Geffen. De no haber sido asesinado habría trabajado con Lennon, artista Geffen. En el presumible álbum posterior a “Double Fantasy“. Y a partir de aquí arranca mi fantasía…

Hubiese conocido el edificio Dakota por dentro, concretamente el piso de John y Yoko. Seguro que me habría amigado con ambos. Nunca he formado parte del grupo de haters de Yoko Ono. Al revés, lo cual me convertía en una rareza y podría ser un excelente pasaporte de cara a la pareja. Hoy, muchos de sus detractores han madurado y ya ven a Yoko de otra forma.

También fantaseo con la buena pandilla que habríamos formado Leonard Cohen, John Lennon y un servidor. Y cuento con un as en la manga: las magnificas paellas de Osvaldo Gomariz, celebradas en todo Manhattan. Ay, esas paellas perdidas en el Dakota… maldito asesino!!!

Si en Rock FM decía que me habría gustado dirigir Apple, la discográfica de los Beatles, imaginen lo que me hubiese gustado llevar el marketing internacional de Lennon. ¡Y tratarle!

 

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La música vuelve a las calles de Nueva York

La música vuelve a las calles de Nueva York. Concretamente es el jazz. Probablemente esta sea la única noticia positiva de la pandemia que asoló la ciudad. Los bares y restaurantes también aprovecharon para instalar terrazas. Por sorprendente que parezca lo de las terrazas no es una costumbre muy extendida en la gran manzana. Al menos no lo era en Manhattan.

Las restricciones a la música callejera en vivo en NY ha sufrido diversas vicisitudes a lo largo del tiempo. Su presencia se ha limitado a momentos puntuales y no ha tenido el protagonismo como en Memphis o Nueva Orleans. La aparición de los grupos vocales de doo wop invadió las esquinas de los barrios de Nueva York desde finales de los 50 hasta principios de los 60. Los cantautores folk hicieron suyas las calles del Greenwich Village a principios de los 60. Y hasta el nacimiento del rap no volvió a verse un movimiento masivo de música en la calle. De principios a mediados de los 80 las aceras se llenaron de raperos y breakdancers.

Este pasado fin de semana el New York Times reportaba sobre este nuevo fenómeno del jazz en la calle. Y también en los parques, aprovechando el buen tiempo veraniego y los buenos días otoñales. Citaban Prospect Park en Brooklyn y dos de Manhattan, Central Park y Riverside Park de Harlem. El titular y el subtítulo del artículo eran significativos: “A Bright Spot in the Pandemic Gloom: Jazz is Everywhere in New York” y “Musicians are playing al fresco all over the city to earn money and boost morale“.

El texto cifraba en 2.400 los locales cerrados en NY dedicados a la música en vivo. En lo referido al jazz se citaba un estudio de la Asociación de Periodistas de Jazz (Jazz Journalists Association) que afirmaba que el 61% de los músicos de jazz ganarían en 2020 la mitad de lo que ingresaron en 2019. Añadían que el 73% de los músicos de jazz no tienen actuaciones programadas para 2021. El subtitulo del artículo, referido a la subsistencia económica y a la terapia moral, cobra más trascendencia ante la cruda realidad de los datos. Lo malo es que el invierno está a la vuelta de la esquina. Y el mal tiempo cercenará esta salida…

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Manhattan sur desde el ferry a Staten Island

Panoramica

Las vistas del sur de Manhattan desde el ferry a Staten Island son espectaculares. A ser posible recomiendo las de última hora de la tarde, por la puesta de sol y las oficinas de los rascacielos encendidos con su correspondiente reflejo en las aguas de la bahía de Nueva York.

El transporte por ferry es gratuito, un añadido muy atractivo. Y se pasa al lado de La Estatua de la Libertad (que no tiene mucho por visitar y además el acceso al islote es caro).

Algunos recordaran la canción de Carly Simon “Let The River Run, tema central de la película “Armas de mujer” (“Working Girl“), cuyo video se rodó en el ferry (la protagonista Melanie Griffith vivía en Staten Island y trabajaba en Wall Street). En mi clip echo en falta el tema de Carly Simon como fondo musical…

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El club de jazz Fat Cat

Fat Cat

Nacho Gallego, mi boss en la Universidad Carlos III (codirector del MIMES, Máster en Industria Musical y Estudios Sonoros), me recomendó echar un vistazo al club de jazz Fat Cat. En su día me aconsejó ir al CAFF (Club Atlético Fernández Fierro) de Buenos Aires, hogar de la sensacional Orquesta Típica Fernandez Fierro, y acertó de pleno. Así que el cabezazo en el Fat Cat era obligado.

Nueva York y los clubes de jazz son prácticamente sinónimos. Este Fat Cat presentaba una singularidad: es además un salón de juegos. Mesas de billar (considerada una de las mejores salas de Manhattan), ping pong, ajedrez, damas, scrabble, shuffleboard y futbolines. Respecto a estos últimos, a los que denominan foosball, son trece los jugadores por cada equipo, en vez de los once habituales.

Foosball

Asumo que, tanto el nombre como el número de piezas, es un tema de patentes. Han reforzado la portería con ¡tres porteros! Delante tenemos dos defensas, cinco centrocampistas y tres delanteros.

En la partida de futbolín, jugada por madre e hijo, ganó La Mundana por diferencia de goles. Perdió por la mínima la primera y arrasó 7-2 en la segunda. Aunque quien realmente salió perdiendo fui yo porque pagué las consumiciones.

AA

Para todos los juegos, así como para música, dibujo, electrónica, carpintería, etc. tienen una escuela. (Cuando visitamos el Fat Cat estaban dando una clase de ping pong). Además de las clases organizan competiciones en las distintas especialidades de juegos y también exposiciones de arte.

Fat Cat entrada bar

La música que suena es jazz, principalmente be bop (también escuchamos el “Lucille” de Little Richard). Y cada noche hay actuaciones en vivo. A partir de las 22:00 es el turno de las jam sessions. Acuden músicos de jazz de la ciudad o que están de paso. Fat Cat es al jazz lo que la vecina cancha de la calle 4 con Seventh Avenue South es al baloncesto. (En su día ahí vi a Kareem Abdul Jabbar, Walter Berry y Michael Jordan, los tres nativos de NY). El escenario se encuentra a la derecha, nada más pasar la barra. Hay unos bancos, como de iglesia, para quien quiera sentarse. Una vez a la semana hay una noche dedicada a los baterías de jazz.

Fat Cat escenario

Mitch Borden es el responsable del Fat Cat. Este exsubmarinista de la Armada estadounidense, exenfermero, exprofesor y violinista se dio a conocer en el mundo del jazz con su anterior local, el Smalls. Lo abrió en 1994 y fue una ventana de oportunidad para todos los músicos que empezaban. Cerró en 2003 y Borden lo reabrió como club de jazz en 2006 con dos músicos como socios (entre medias el local se había convertido en un bar brasileño). Entre el cierre y reapertura de Smalls se lanzó a la aventura del Fat Cat. Y desde 2014 también regenta Mezzrow, local que sigue la estela del inolvidable y desaparecido Bradley’s (estaba en University Place, una manzana al sur de Washington Square, donde Ron Carter tocaba casi todas las noches y Betty Carter cantaba al menos una vez por semana, durante el tiempo que estuvimos viviendo en NY). En el enlace encontraran un enlace al programa de Jazz entre Amigos del gran Juan Claudio Cifuentes Cifu, rodado en Bradley’s.

Fat Cat está en el corazón del West Village. En Christopher Street casi esquina a la Séptima Avenida. Ideal para pasarse a tomar una copa, escuchar buen jazz y echarse unas partidas, después de cenar en el Village o de dar un paseo por el barrio, visita obligada cuando vas a Manhattan.

 

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La iglesia de San Francisco Xavier de Nueva York

Empieza a ser una tradición familiar celebrar la Nochebuena en Nueva York en un japonés, con nuestra amiga Lisa Kramer. Al acabar la cena surgió la inevitable pregunta del ¿qué hacemos? Lisa se excusó diciendo que iba a misa, a la iglesia de su barrio. Pregunté si cantaban. “Claro” me contestó. La Mundana y yo respondimos al unísono “¡Vamos!”. Nuestro hijo se excusó. Así que, en este sorprendente giro de acontecimientos, una judía, una agnóstica y un ateo nos encaminamos a la iglesia de San Francisco Xavier.

The Church of St. Francis Xavier, en la calle 16 entre la Quinta y la Sexta Avenida, es un edificio neobarroco de finales del XIX. Es la segunda edificación. La primera ubicación, en la misma manzana, estaba a escasos metros de la actual.

El coro, los músicos y el órgano sencillamente magníficos. Y el repertorio se podría calificar de ecuménico porque incluía obras de luteranos como Bach.

La labor de esta congregación jesuita está enfocado al barrio. Y se notaba en los ahí reunidos y en sus tareas sociales. En la foto del encabezado pueden observar algunos de los grupos de fieles que participan. El lema para la recaudación de fondo de estas Navidades ha sido “Justicia y Caridad“.

PD.: Espero que sepan agradecer que no me haya extendido sobre la figura del santo, el misionero navarro que ayudó a San Ignacio de Loyola fundar la Compañía de Jesús.

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Hielo caído del cielo en Manhattan

A los peligros habituales que acechan a los peatones, de cualquier ciudad, ahora hemos de añadir el del hielo que cae de los rascacielos de acero y vidrio. Especialmente de los energéticamente eficientes, dado que al retener la temperatura del edificio no descongelan las capas de hielo que se forman en sus cubiertas. Problema más acusado en los de nueva construcción, porque la mayoría son angulares.

Esta novedad la he descubierto nada más llegar a Manhattan. Los accidentes puntuales del pasado ahora son frecuentes. El domingo pasado tuvieron que cerrar tres manzanas al sur de Central Park. Se impidió el paso tanto a peatones como al tráfico rodado. Coches aparcados en Lower Manhattan fueron atacados por témpanos de hielo, que caían a una velocidad de unos 50 km. por hora, desde algunas torres del distrito financiero. Ayer un transeúnte de 55 años sufrió cortes en la nariz y la boca producidas por una pequeña masa de hielo (tuvo suerte porque prácticamente se deshizo con el contacto).

Habrá que andarse con cuidado!!!

¡Qué tengan, o hayan tenido, una Feliz Navidad!

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Yo no voy a Brooklyn

Bridge DUMBO

Si todo ha salido acorde a lo planeado cuando vean esta entrada Los Mundano estaremos en Nueva York. En Manhattan más concretamente. Y no, yo no voy a Brooklyn. Ni siquiera la vista del skyline de Manhattan me llama la atención. Esa pulsión me queda satisfecha en el trayecto del aeropuerto a la isla, según te vas acercando al Midtown Tunnel. Este túnel sude peaje atraviesa el East River y conecta Queens con Manhattan. La vista de todo el East Side es imponente. Más completa que desde Brooklyn. Las del West Side desde Nueva Jersey también están muy bien. Pero, vamos, tampoco voy a New Jersey por la vistas,… ni para nada dicho sea de paso, salvo que sea estrictamente necesario (un concierto, un partido). De todos modos, las mejores vistas son las que hay desde el ferry que hace el trayecto a Staten Island, de ida y vuelta, desde la punta sur de Manhattan.

Paso de modas y tendencias. En los casi cinco años que vivimos ahí experimentamos la consolidación de Soho y el nacimiento de Tribeca y de Noho. Muchos de los bohemios que estuvieron en el inicio de estos barrios fueron víctimas de la gentrificación. (Algunos incluso eran supervivientes de los tiempos del Village o del Lower East Side). Acabaron exiliados en zonas concretas de Brooklyn. Según cuentan, le han dado la vuelta a varios barrios de ahí. ¡Enhorabuena! Pero esa ya no es mi cultura. Soy de los antiguos, de cuando los de Brooklyn llegaban a Manhattan a buscarse la vida (incluso antes de que Brooklyn se integrase en la ciudad de Nueva York).

Me interesa –nos interesa– la renovación de Chelsea. Era un barrio complicado en nuestra época, sobre todo en sus márgenes al oeste, cerca del río Hudson. Ahora desde un megaproyecto urbanístico para las elites (Hudson Yards) hasta el High Line, el parque elevado surgido de la iniciativa ciudadana, pasando por bares, restaurantes, tiendas, etc., Chelsea está experimentando un renacer. Elvis Costello cantaba que no quería ir a Chelsea, el londinense, nosotros vamos al neoyorquino y no queremos ir a Brooklyn.

Manhattan no tiene fin y nuestro tiempo sí. Hay que ir al grano…

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Nadler vs. Trump: una vieja rivalidad

Montaje Sarah Rogers:The Daily Beast : Fotos Getty:Reuters

Anyone who would loan Donald Trump money is taking a risk.” (Jerry Nadler)

Esta frase de Nadler de mediados de los 90 (“Cualquiera que le preste dinero a Donald Trump asume un riesgo) fue actualizada tras el triunfo de Trump: “fue elegido legalmente pero no es legitimo”. Son tan solo dos ejemplos de una vieja rivalidad.

Jerry Nadler, democrata, siempre se ha enfrentado a su conciudadano Donald Trump. Incluso cuando el actual presidente contribuía a las campañas de su partido y estaba afiliado al mismo. Representan a dos de los varios Nueva York: Nadler nacido en el seno de una modesta familia judía de Brooklyn y Trump hijo de un arribista (casero de infraviviendas) de Queens.

Actualmente uno preside el Comité de Justicia de la Cámara de Representantes (Nadler) y el otro es Jefe de Estado (Trump). El House Judiciary Committee, entre otras funciones, es el órgano que aprueba los procesos de destitución presidenciales (el famoso impeachment y del que solo habido tres precedentes, con resultados dispares: Andrew Johnson, Richard Nixon y Bill Clinton). Si el proceso de acusación prosigue su curso, el siguiente paso del recorrido se da en el Senado. En estos momentos el Partido Demócrata tiene mayoría en la Cámara de Representantes pero no en el Senado. Y se da la circunstancia que Nadler, uno de los pocos políticos electos opuestos a la guerra de Irak, fue contrario, como miembro entonces del Comité de Justicia, al impeachmente de Bush y Cheney. Alegó que era un moción perdedora dada la posición minoritaria de su partido. Algo parecido sucede hoy en día: muchos demócratas, a pesar de su mayoría en la Cámara de Representantes, consideran que su debilidad en la Cámara Alta les llevará a una derrota segura. Y sería un precio a pagar demasiado alto. Aparte de distraerles de lo que debe ser su principal objetivo: las primarias y encontrar una candidatura potente para hacer frente a Trump.

Nadler ha sido Representante desde 1992, siempre por Nueva York. De tres distritos: 17º (1992-1993), (1993-2013) y 10º (desde 2013). Las distintas remodelaciones del censo no han impedido que haya triunfado en los 12 procesos electorales que ha afrontado (y nunca bajando del 75% de los votos). Trump tomó posesión de la presidencia del país el 20 de enero de 2017. Es su primer cargo público. Perdió el voto popular pero ganó el que cuenta: el de los colegios electorales.

La rivalidad Nadler/Trump se remonta a los 80. Nadler era parlamentario del estado de Nueva York y Trump solicitó autorización para construir un complejo de ocho rascacielos en su distrito del oeste de Manhattan (con 5.700 apartamentos además de oficinas y estudios de TV y cine). Una de las torres iba a ser el edificio más alto del planeta con 150 pisos de altura. Sería una ciudad dentro de una ciudad (Trump la iba a llamar Televisión City). Nader tenía otros planes y se opuso: pretendía construir viviendas asequibles en la zona (Upper West Side), que estaba viviendo la gentrificación a la que Nadler quería poner freno. El alcalde, Ed Koch, tampoco era favorable al megaproyecto. Ante las dificultades, tanto de la ciudad como del estado, Trump fue rebajando sus expectativas. Redujo la altura del principal rascacielos así como el número de apartamentos (de 5.700 pasaron a ser 4.000). A cambio modificó el nombre: de Television City pasó a denominarse Trump City (finalmente se quedó en Riverside South). El senador republicano John McCain apoyó a Nadler y a los sucesivos alcaldes de la ciudad. Este es también el origen de la enemistad de Trump hacia McCain, héroe de guerra a quien Trump (quien huyó de sus obligaciones militares) insultó e infravaloró sus méritos militares. Todas las negativas a Trump estaban asociadas a los beneficios fiscales y desgravaciones que el constructor pretendía y las autoridades le negaban.

Hoy en día sabemos que Nadler ha pedido la comparecencia de Mueller, autor del Informe Mueller, ante el Comité de Justicia. Su notoria ausencia en la rueda de prensa de presentación del informe que dio su jefe, el ministro de Justicia William Barr, fue muy comentada. También desde hace casi un mes Nadler ha requerido la presencia de otros protagonistas: al menos ha mandado 80 cartas pidiendo la comparecencia ante el Comité. Además de solicitar la publicación total del Informe Mueller. Al menos para los miembros del Comité, porque a nivel público podría ser complicado al haber asuntos pendientes de vistas judiciales y pertenecientes a secretos de varios sumarios.

Se avecinan tiempos que harán las delicias de los propietarios de los medios de comunicación.

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