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Manhattan sur desde el ferry a Staten Island

Panoramica

Las vistas del sur de Manhattan desde el ferry a Staten Island son espectaculares. A ser posible recomiendo las de última hora de la tarde, por la puesta de sol y las oficinas de los rascacielos encendidos con su correspondiente reflejo en las aguas de la bahía de Nueva York.

El transporte por ferry es gratuito, un añadido muy atractivo. Y se pasa al lado de La Estatua de la Libertad (que no tiene mucho por visitar y además el acceso al islote es caro).

Algunos recordaran la canción de Carly Simon “Let The River Run, tema central de la película “Armas de mujer” (“Working Girl“), cuyo video se rodó en el ferry (la protagonista Melanie Griffith vivía en Staten Island y trabajaba en Wall Street). En mi clip echo en falta el tema de Carly Simon como fondo musical…

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El club de jazz Fat Cat

Fat Cat

Nacho Gallego, mi boss en la Universidad Carlos III (codirector del MIMES, Máster en Industria Musical y Estudios Sonoros), me recomendó echar un vistazo al club de jazz Fat Cat. En su día me aconsejó ir al CAFF (Club Atlético Fernández Fierro) de Buenos Aires, hogar de la sensacional Orquesta Típica Fernandez Fierro, y acertó de pleno. Así que el cabezazo en el Fat Cat era obligado.

Nueva York y los clubes de jazz son prácticamente sinónimos. Este Fat Cat presentaba una singularidad: es además un salón de juegos. Mesas de billar (considerada una de las mejores salas de Manhattan), ping pong, ajedrez, damas, scrabble, shuffleboard y futbolines. Respecto a estos últimos, a los que denominan foosball, son trece los jugadores por cada equipo, en vez de los once habituales.

Foosball

Asumo que, tanto el nombre como el número de piezas, es un tema de patentes. Han reforzado la portería con ¡tres porteros! Delante tenemos dos defensas, cinco centrocampistas y tres delanteros.

En la partida de futbolín, jugada por madre e hijo, ganó La Mundana por diferencia de goles. Perdió por la mínima la primera y arrasó 7-2 en la segunda. Aunque quien realmente salió perdiendo fui yo porque pagué las consumiciones.

AA

Para todos los juegos, así como para música, dibujo, electrónica, carpintería, etc. tienen una escuela. (Cuando visitamos el Fat Cat estaban dando una clase de ping pong). Además de las clases organizan competiciones en las distintas especialidades de juegos y también exposiciones de arte.

Fat Cat entrada bar

La música que suena es jazz, principalmente be bop (también escuchamos el “Lucille” de Little Richard). Y cada noche hay actuaciones en vivo. A partir de las 22:00 es el turno de las jam sessions. Acuden músicos de jazz de la ciudad o que están de paso. Fat Cat es al jazz lo que la vecina cancha de la calle 4 con Seventh Avenue South es al baloncesto. (En su día ahí vi a Kareem Abdul Jabbar, Walter Berry y Michael Jordan, los tres nativos de NY). El escenario se encuentra a la derecha, nada más pasar la barra. Hay unos bancos, como de iglesia, para quien quiera sentarse. Una vez a la semana hay una noche dedicada a los baterías de jazz.

Fat Cat escenario

Mitch Borden es el responsable del Fat Cat. Este exsubmarinista de la Armada estadounidense, exenfermero, exprofesor y violinista se dio a conocer en el mundo del jazz con su anterior local, el Smalls. Lo abrió en 1994 y fue una ventana de oportunidad para todos los músicos que empezaban. Cerró en 2003 y Borden lo reabrió como club de jazz en 2006 con dos músicos como socios (entre medias el local se había convertido en un bar brasileño). Entre el cierre y reapertura de Smalls se lanzó a la aventura del Fat Cat. Y desde 2014 también regenta Mezzrow, local que sigue la estela del inolvidable y desaparecido Bradley’s (estaba en University Place, una manzana al sur de Washington Square, donde Ron Carter tocaba casi todas las noches y Betty Carter cantaba al menos una vez por semana, durante el tiempo que estuvimos viviendo en NY). En el enlace encontraran un enlace al programa de Jazz entre Amigos del gran Juan Claudio Cifuentes Cifu, rodado en Bradley’s.

Fat Cat está en el corazón del West Village. En Christopher Street casi esquina a la Séptima Avenida. Ideal para pasarse a tomar una copa, escuchar buen jazz y echarse unas partidas, después de cenar en el Village o de dar un paseo por el barrio, visita obligada cuando vas a Manhattan.

 

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La iglesia de San Francisco Xavier de Nueva York

Empieza a ser una tradición familiar celebrar la Nochebuena en Nueva York en un japonés, con nuestra amiga Lisa Kramer. Al acabar la cena surgió la inevitable pregunta del ¿qué hacemos? Lisa se excusó diciendo que iba a misa, a la iglesia de su barrio. Pregunté si cantaban. “Claro” me contestó. La Mundana y yo respondimos al unísono “¡Vamos!”. Nuestro hijo se excusó. Así que, en este sorprendente giro de acontecimientos, una judía, una agnóstica y un ateo nos encaminamos a la iglesia de San Francisco Xavier.

The Church of St. Francis Xavier, en la calle 16 entre la Quinta y la Sexta Avenida, es un edificio neobarroco de finales del XIX. Es la segunda edificación. La primera ubicación, en la misma manzana, estaba a escasos metros de la actual.

El coro, los músicos y el órgano sencillamente magníficos. Y el repertorio se podría calificar de ecuménico porque incluía obras de luteranos como Bach.

La labor de esta congregación jesuita está enfocado al barrio. Y se notaba en los ahí reunidos y en sus tareas sociales. En la foto del encabezado pueden observar algunos de los grupos de fieles que participan. El lema para la recaudación de fondo de estas Navidades ha sido “Justicia y Caridad“.

PD.: Espero que sepan agradecer que no me haya extendido sobre la figura del santo, el misionero navarro que ayudó a San Ignacio de Loyola fundar la Compañía de Jesús.

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Hielo caído del cielo en Manhattan

A los peligros habituales que acechan a los peatones, de cualquier ciudad, ahora hemos de añadir el del hielo que cae de los rascacielos de acero y vidrio. Especialmente de los energéticamente eficientes, dado que al retener la temperatura del edificio no descongelan las capas de hielo que se forman en sus cubiertas. Problema más acusado en los de nueva construcción, porque la mayoría son angulares.

Esta novedad la he descubierto nada más llegar a Manhattan. Los accidentes puntuales del pasado ahora son frecuentes. El domingo pasado tuvieron que cerrar tres manzanas al sur de Central Park. Se impidió el paso tanto a peatones como al tráfico rodado. Coches aparcados en Lower Manhattan fueron atacados por témpanos de hielo, que caían a una velocidad de unos 50 km. por hora, desde algunas torres del distrito financiero. Ayer un transeúnte de 55 años sufrió cortes en la nariz y la boca producidas por una pequeña masa de hielo (tuvo suerte porque prácticamente se deshizo con el contacto).

Habrá que andarse con cuidado!!!

¡Qué tengan, o hayan tenido, una Feliz Navidad!

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Yo no voy a Brooklyn

Bridge DUMBO

Si todo ha salido acorde a lo planeado cuando vean esta entrada Los Mundano estaremos en Nueva York. En Manhattan más concretamente. Y no, yo no voy a Brooklyn. Ni siquiera la vista del skyline de Manhattan me llama la atención. Esa pulsión me queda satisfecha en el trayecto del aeropuerto a la isla, según te vas acercando al Midtown Tunnel. Este túnel sude peaje atraviesa el East River y conecta Queens con Manhattan. La vista de todo el East Side es imponente. Más completa que desde Brooklyn. Las del West Side desde Nueva Jersey también están muy bien. Pero, vamos, tampoco voy a New Jersey por la vistas,… ni para nada dicho sea de paso, salvo que sea estrictamente necesario (un concierto, un partido). De todos modos, las mejores vistas son las que hay desde el ferry que hace el trayecto a Staten Island, de ida y vuelta, desde la punta sur de Manhattan.

Paso de modas y tendencias. En los casi cinco años que vivimos ahí experimentamos la consolidación de Soho y el nacimiento de Tribeca y de Noho. Muchos de los bohemios que estuvieron en el inicio de estos barrios fueron víctimas de la gentrificación. (Algunos incluso eran supervivientes de los tiempos del Village o del Lower East Side). Acabaron exiliados en zonas concretas de Brooklyn. Según cuentan, le han dado la vuelta a varios barrios de ahí. ¡Enhorabuena! Pero esa ya no es mi cultura. Soy de los antiguos, de cuando los de Brooklyn llegaban a Manhattan a buscarse la vida (incluso antes de que Brooklyn se integrase en la ciudad de Nueva York).

Me interesa –nos interesa– la renovación de Chelsea. Era un barrio complicado en nuestra época, sobre todo en sus márgenes al oeste, cerca del río Hudson. Ahora desde un megaproyecto urbanístico para las elites (Hudson Yards) hasta el High Line, el parque elevado surgido de la iniciativa ciudadana, pasando por bares, restaurantes, tiendas, etc., Chelsea está experimentando un renacer. Elvis Costello cantaba que no quería ir a Chelsea, el londinense, nosotros vamos al neoyorquino y no queremos ir a Brooklyn.

Manhattan no tiene fin y nuestro tiempo sí. Hay que ir al grano…

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Nadler vs. Trump: una vieja rivalidad

Montaje Sarah Rogers:The Daily Beast : Fotos Getty:Reuters

Anyone who would loan Donald Trump money is taking a risk.” (Jerry Nadler)

Esta frase de Nadler de mediados de los 90 (“Cualquiera que le preste dinero a Donald Trump asume un riesgo) fue actualizada tras el triunfo de Trump: “fue elegido legalmente pero no es legitimo”. Son tan solo dos ejemplos de una vieja rivalidad.

Jerry Nadler, democrata, siempre se ha enfrentado a su conciudadano Donald Trump. Incluso cuando el actual presidente contribuía a las campañas de su partido y estaba afiliado al mismo. Representan a dos de los varios Nueva York: Nadler nacido en el seno de una modesta familia judía de Brooklyn y Trump hijo de un arribista (casero de infraviviendas) de Queens.

Actualmente uno preside el Comité de Justicia de la Cámara de Representantes (Nadler) y el otro es Jefe de Estado (Trump). El House Judiciary Committee, entre otras funciones, es el órgano que aprueba los procesos de destitución presidenciales (el famoso impeachment y del que solo habido tres precedentes, con resultados dispares: Andrew Johnson, Richard Nixon y Bill Clinton). Si el proceso de acusación prosigue su curso, el siguiente paso del recorrido se da en el Senado. En estos momentos el Partido Demócrata tiene mayoría en la Cámara de Representantes pero no en el Senado. Y se da la circunstancia que Nadler, uno de los pocos políticos electos opuestos a la guerra de Irak, fue contrario, como miembro entonces del Comité de Justicia, al impeachmente de Bush y Cheney. Alegó que era un moción perdedora dada la posición minoritaria de su partido. Algo parecido sucede hoy en día: muchos demócratas, a pesar de su mayoría en la Cámara de Representantes, consideran que su debilidad en la Cámara Alta les llevará a una derrota segura. Y sería un precio a pagar demasiado alto. Aparte de distraerles de lo que debe ser su principal objetivo: las primarias y encontrar una candidatura potente para hacer frente a Trump.

Nadler ha sido Representante desde 1992, siempre por Nueva York. De tres distritos: 17º (1992-1993), (1993-2013) y 10º (desde 2013). Las distintas remodelaciones del censo no han impedido que haya triunfado en los 12 procesos electorales que ha afrontado (y nunca bajando del 75% de los votos). Trump tomó posesión de la presidencia del país el 20 de enero de 2017. Es su primer cargo público. Perdió el voto popular pero ganó el que cuenta: el de los colegios electorales.

La rivalidad Nadler/Trump se remonta a los 80. Nadler era parlamentario del estado de Nueva York y Trump solicitó autorización para construir un complejo de ocho rascacielos en su distrito del oeste de Manhattan (con 5.700 apartamentos además de oficinas y estudios de TV y cine). Una de las torres iba a ser el edificio más alto del planeta con 150 pisos de altura. Sería una ciudad dentro de una ciudad (Trump la iba a llamar Televisión City). Nader tenía otros planes y se opuso: pretendía construir viviendas asequibles en la zona (Upper West Side), que estaba viviendo la gentrificación a la que Nadler quería poner freno. El alcalde, Ed Koch, tampoco era favorable al megaproyecto. Ante las dificultades, tanto de la ciudad como del estado, Trump fue rebajando sus expectativas. Redujo la altura del principal rascacielos así como el número de apartamentos (de 5.700 pasaron a ser 4.000). A cambio modificó el nombre: de Television City pasó a denominarse Trump City (finalmente se quedó en Riverside South). El senador republicano John McCain apoyó a Nadler y a los sucesivos alcaldes de la ciudad. Este es también el origen de la enemistad de Trump hacia McCain, héroe de guerra a quien Trump (quien huyó de sus obligaciones militares) insultó e infravaloró sus méritos militares. Todas las negativas a Trump estaban asociadas a los beneficios fiscales y desgravaciones que el constructor pretendía y las autoridades le negaban.

Hoy en día sabemos que Nadler ha pedido la comparecencia de Mueller, autor del Informe Mueller, ante el Comité de Justicia. Su notoria ausencia en la rueda de prensa de presentación del informe que dio su jefe, el ministro de Justicia William Barr, fue muy comentada. También desde hace casi un mes Nadler ha requerido la presencia de otros protagonistas: al menos ha mandado 80 cartas pidiendo la comparecencia ante el Comité. Además de solicitar la publicación total del Informe Mueller. Al menos para los miembros del Comité, porque a nivel público podría ser complicado al haber asuntos pendientes de vistas judiciales y pertenecientes a secretos de varios sumarios.

Se avecinan tiempos que harán las delicias de los propietarios de los medios de comunicación.

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La pista de baile del club Sugar Hill

EF GIoncarlo Valentino NYT

La pista de baile del club Sugar Hill de Brooklyn se ha convertido en un emblema del barrio de Bedford-Stuyvesant. Desde 1979, año de su inauguración, ha vivido y protagonizado todas las mutaciones musicales y sociales ocurridas desde entonces: desde el disco hasta el techno en un barrio que ha pasado de ser totalmente negro a hipster.

El fundador del club, Eddie Freeman (en la foto de Gioncarlo Valentino del New York Times), lo nombró así por una calle de su Kinston natal. Este pueblo, entonces segregado, de Carolina del Norte alojaba en una acera negocios de propietarios blancos y en la de enfrente la población afroestadounidense regentaba tiendas de alimentación, restaurantes y clubes nocturnos.

Freeman llegó en autobús a Nueva York en 1957. Con 40$ y una caja con pollo frito. Encontró varios trabajos en la zona de Bedford-Stuyvesant y ahí se instaló para vivir. Hasta que, con sus ahorros, compró un local en la Avenida DeKalb y abrió el club Sugar Hill.

Cuento todo esto para no confundir el club Sugar Hill con Sugar Hill Records y The Sugarhill Gang, los del “Rapper’s Delight“. Más o menos coinciden en el tiempo pero no están relacionados. Sugar Hill Records, propiedad de Sylvia Robinson (y su marido Joe), con financiación entre otros del mafioso Morris Levy (de quien pueden obtener bastante info. en mi libro “Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo“) también se fundó en 1979. Pero en Englewood, Nueva Jersey. El nombre de la discográfica responde al barrio Sugar Hill de Harlem (Manhattan). Su área se extiende en el oeste desde la calle 145 hasta la 155, en una zona comprendida entre las avenidas Amsterdam y Edgecombe. En la década de los años 20 del siglo pasado, durante el Harlem Renaissance, se convirtió en el lugar de residencia de los afroestadounidenses con dinero.

The Sugarhill Gang cuya primera formación, un trio, fue montada por Sylvia Robinson, también son de Englewood (NJ).

Volviendo al club de Brooklyn, su peso en la comunidad a lo largo de los años es palpable como centro de reuniones sociales y políticas. El reverendo activista Jesse Jackson presentó en el local su Coalición del Arco Iris (entre otras muchas apariciones). Hillary Clinton, tanto en su carrera electoral al Senado o a la presidencia como en las primarias de su partido, también organizó actos en el Sugar Hill.

El club, que evolucionó a ofrecer música en directo y abrió un restaurante esta ahora regentado por los hijos de Freeman (78 años): Akesha y Aaron.

Recortes G Valentino NYT

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Hudson Yards vs. Amazon

HY:Stephanie Keith:Getty Images:NYT

En Nueva York se han producido recientemente dos apuestas empresariales de envergadura: Hudson Yards y Amazon. El desenlace ha sido dispar. Pero ambas tenían el mismo trasfondo: las exenciones fiscales.

Hudson Yards es la mayor operación inmobiliaria no solo de la historia de la ciudad desde la inauguración del Rockefeller Center hace 80 años, sino probablemente del país.

Amazon, el gigante digital, pretendía instalar un centro logístico en Queens, uno de los cinco municipios que componen NY. Con un perfil de clase media (con bolsas de pobreza y áreas de potentados) y sin el glamour de Manhattan.

Jeff Bezos, el patrón de Amazon, negoció con el gobernador del estado y el alcalde de la ciudad. Logró unas exenciones fiscales e incentivos por valor de tres mil millones de dólares. Pero se encontró con la oposición de Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), elegida parlamentaria en representación por el 14º distrito congresional de Nueva York, que incluye partes de Queens. AOC se movilizó, logró algunos apoyos entre los líderes sociales de Queens y Bezos se retiró. Tras la retirada surgieron los reproches entre el alcalde y el gobernador.

Stephen Ross es el billonario promotor inmobiliario de Hudson Yards. Ha logrado casi seis mil millones en exenciones fiscales y ayudas publicas. El doble que Amazon. La sección metropolitana del New York Times publicaba el desglose de los seis mil millones. Los más destacados son:

  • 2.400 millones para ampliar la linea 7 del metro
  • 1.200 millones para cuatro acres de jardines y espacios al aire libre
  • 359 millones en intereses de la emisión de bonos municipales para cubrir el agujero de ingresos presupuestado
  • 25 millones para el traslado de BlackRock a uno de los rascacielos
  • 5 millones y medio para L’Oreal USA por su traslado a uno de los edificios
  • 14 millones para el traslado de Warner Media

El proyecto Hudson Yards se ha construido sobre los railes del lado oeste de Manhattan, en una zona de almacenes y muelles portuarios abandonados. Y es el lado norte del High Line (hay varias entradas al respecto en El Mundano). Son más de media docena de rascacielos inaugurados el pasado viernes (hay varios en construcción y otros planteados, seis de ellos al oeste de la Avenida 12). Ya han surgido las primeras críticas desde el punto de vista arquitectónico. Y algunas voces alertan de la gentrificación de la zona (como ha ocurrido con el High Line: de una iniciativa popular se ha convertido en un destino residencial para millonarios).

Conclusión: hay ricos y ricos. 

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Memorial y museo del 11 S

OculusLa verdad es que me está quedando un domingo de lo más lúgubre. Esta mañana el post de Moncho y ahora este (y en medio el fallecimiento de dos padres de dos buenos amigos).

No teníamos previsto visitar el Memorial y el museo del 11 S, en la zona donde estuvieron las torres gemelas. Lo de ver un Calatrava nos daba como mucha pereza (el Oculus, que así se llama la estructura, es un intercambiador que además aloja un centro comercial de firmas de lujo). Pero cenando en nochebuena con Lisa Kramer nos convenció. Nos dijo que merecía mucho la pena. La frase operativa fue: “Tiene mucha clase para ser algo hecho en EEUU“. Así que a la mañana siguiente cogimos el autobús y bajamos al distrito financiero.

El Calatrava tiene buen lejos. Pero de cerca es como un mojón incrustado y no tiene nada que ver con el resto de la zona. La foto del encabezado es mía y la del interior del Oculus está tomada desde la tienda de Apple (cogida de Internet). La balconada que se aprecia al fondo es la entrada a nivel de calle. Hay dos, una a cada extremo.

apple store oculus

Así que la recomendación de Lisa fue un acierto, a pesar de que lo peor era obra de un europeo. El museo es sencillamente sobrecogedor. Se te saltan las lagrimas. El área que lo rodea y que incluye el espacio que conforma el Memorial es una preciosidad. Los lugares donde estaban las dos torres son ahora cascadas de aguas con un cuadrado central. En los bordes están inscritos los nombres de las casi tres mil víctimas.

El museo es la estructura que hay entre los arboles y los dos rascacielos (por la izquierda asoman los hierros de una de las alas del Oculus).

Museo

P.D.: En la zona encontramos uno de los rascacielos más bonitos de la ciudad.

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Transportes, cielos y áticos de Manhattan

WreckSi van a hacer una mudanza en Nueva York (o en EEUURent-A-Wreck (alquile una ruina) es una buena alternativa. Y además económica. También alquilan coches. Sus precios son competitivos, desde 1973, porque  operan con vehículos de segunda mano.

Para moverse por Manhattan lo mejor son los autobuses y el metro. Hay que tener una tarjeta Metrocard (sirve para ambos transportes públicos). La tarjeta vale 1$ y se carga en la misma maquina expendedora (están localizadas en las estaciones de metro). También hay taxis y Uber, pero son opciones bastante más caras.

Como podrán observar las aglomeraciones que sufrimos en el bus y en el metro fueron espectaculares (estas primeras cuatro fotos las hizo La Mundana).

MetroLas siguientes fotos están tomadas desde la terraza de la última planta del Whitney Museum. La mayoría son de La Mundana y de El Mundano Jr. (alguna mía debe haber). En las primeras fotos el tejadito rosa que se aprecia corresponde a un parque infantil instalado en ese ático.

La foto del Empire State Building del día de Navidad es de El Mundano Jr.

ESB

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