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Los Conciertos de la Transición 4: Inti-Illimani (por Javier García-Pelayo)

16 de marzo de 2009

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Azahar grabó “Elixir” y estaban listos para su presentación. Llegó la Semana Santa y con ella, la legalización, casi clandestina, del PCE.

 

Inti-Illimani, también eran apátridas y necesitaban visado. Varela empezó a tener problemas con un funcionario de Exteriores, el Sr. Pinilla, que no terminaba de concederlos. La gira estaba hecha, con entradas vendidas en muchos sitios. Pinilla no tragaba con lo de folklóricos andinos y los Inti me comunicaron con Horacio Altamirano (creo que secretario del PC chileno), quien me conectó con D. Joaquín Ruiz-Giménez, al que le expliqué la cuestión y me dijo que con el PC legal ya no debería haber problemas, que iba hablar con Martín Villa (ministro de Gobernación) y me diría algo. Al día siguiente me llama y me dice que, de parte de Rodolfo Martín Villa, esté mañana a las 16.30 el responsable de la empresa en el despacho del Sr. Nicolás, Director General de Seguridad. Con los papeles necesarios.

 

Pepe Varela temblaba, no le gustaba la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol, pero el de los papeles era él y tenía que ir. Mi hermano Gonzalo, último responsable, estaba tranquilo y seguro de conseguirlos. Yo me quedaba en casa. Comimos. Se fueron y me senté en la oficina, me lié un trompeta, puse los pies en la mesa y empecé a fumar tranquilo, contento de no haber ido. Sonó el teléfono. Contesté, sin casi moverme.

 

¿Señor García-Pelayo? preguntó una voz recia.

 “Javier García-Pelayo” especifiqué yo…

Le habla el Director General de Seguridad Mariano Nicolás García“.

 

Me puse en pie, apagué el pitillo y le dije, doblando el espinazo y con los pies juntos.

 

Dígame usted“. Estaba solo, en la oficina, no me podía ver…pero fue instintivo e inmediato.

 

¿A ver qué problema tienen ustedes con el grupo ese Intinosequé y las visas?… ¿Por qué me tiene que llamar don Rodolfo, habiendo los cauces normales?

 

Cogí ánimo y le dije que los cauces normales estaban cerrados, pero que el Sr. Ruiz-Giménez nos había citado, de parte de D. Rodolfo “en su despacho de usted” y que mi hermano estaba apunto de llegar a verle…

 

¿Pero quien es el Sr. Ruiz-Giménez para citar a nadie en mi despacho? Aunque yo recibo a todo el mundo, desde luego. En fin ya veremos, buenas tardes“.

 

Me senté y tardé un buen rato antes de volver a encender lo que había apagado.


Según me contaron el recibimiento fue gélido y cuando medio se enteró, cogió el teléfono y llamó a Pinilla.

 

A ver Pinilla qué pasa con las visas de los Intinoseque”. Oye alguna explicación y dice: “Que no Pinilla, que eso era antes”, vuelve a oír y repite “que eso era antes Pinilla. Ahora les mandas las visas, esos señores entran en España (mirando a Gonzalo y con tono amenazante) y si cometen algún delito… Les caerá encima todo el peso de la Ley”.

 

Les aseguró que las visas llegarían y trató de despedirlos. Pero Gonzalo le pidió que las expidiera él mismo y se las entregara en ese momento, que para eso le habían dicho, de parte de don Rodolfo, que fuera a su despacho. Se vio forzado y se las dio. Menos mal, porque Pinilla no cumplió la orden y nunca las mandó a Roma. Los recogimos en el aeropuerto con las que consiguió Gonzalo.

 

La gira fue más o menos bien, sin grandes problemas….Hasta Madrid, donde dada la cercanía de las ya anunciadas primeras elecciones decidimos hacer un macroconcierto con 10 Artistas y los Inti. Lo llamamos “Concierto por la unidad de todas las músicas”. Azahar, Burning, Gente del Pueblo, Pau Riba, Manuel Gerena, Pablo Guerrero, no se que más cantautores e Inti-Illimani cerrando. La cartelería la llevó “Gus Gusi”, uno que se echaba LSD liquido en el lagrimal porque decía que así le subía más rápido y mejor. Llenamos Madrid con 5.000 carteles (creo que la 1ª vez de tantos).

 

No contraté al “gran Mogol” para la seguridad y los porteros fueron los de la plaza de Vista Alegre. Craso error. Hubo un chaval que estuvo dándole cabezazos a todo el que veía con insignias que no le gustaban. Se subió a la torre de luces y se tiró al público. Gonzalo le invitó a que subiera a decir lo que tuviese que decir. Se aturrulló y lo pitaron y abuchearon, se bajó y siguió. Lo busqué, lo enganché con una”doble Nelson” y me lo llevaba pataleando, pero Jesús Ordovás y otros de la prensa me recriminaron mi actitud, Varela me dice de hacerse cargo, se lo dejo y al rato, otra vez. Le vuelvo a coger y llevándolo me patea, le digo que si lo vuelve hacer le rompo el brazo, que le llevo retorcido, me patea y le digo: “Voy”. Torcí y sonó. Le llevé a la Cruz Roja y les conté que se había dislocado el brazo. Él no dijo nada y se lo llevaron. Justo a tiempo, porque toda la puerta principal -desencajada por la presión- estaba llegando al ruedo con varios miles de personas detrás empujando.

 

Estaba llegando La Transición.

 

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Los Conciertos de la Transición 3: Quilapayún (por Javier García-Pelayo)

 

Los conciertos de la transición 2: Carlos Puebla y los Tradicionales (por Javier García-Pelayo)

 

Los conciertos de la transición (por Javier García-Pelayo)

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Los Conciertos de la Transición 3: Quilapayún (por Javier García-Pelayo)

9 de marzo de 2009

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El invierno es la época de presentaciones de los artistas, para su posterior trabajo de verano. Los conciertos que hicimos con ZA eran para desarrollar los Artistas de Gong. En el teatro Barceló (hoy Pachá) y otros sitios, presentamos en diferentes días a: Carlos Cano, Pablo Guerrero, Hilario Camacho, Luis Pastor y creo que Amancio Prada y Labordeta.

 

 Entre los músicos de Hilario estaba Flaco Barral, que junto con Antonio Valls, Dick Zappala y Gustavo Ros tenían un proyecto que se llamó Azahar, para el que no encontraban batería y se decidió psicodizarlo, más aún, y no llevar ese instrumento. Se grabó y preparó para ese verano.

 

Estábamos buscando como ponernos en contacto con los Quilapayún, cuando sonó el teléfono…. y eran: Quilapayún, preguntándole a Gonzalo como podían hacer una gira en España. Acordaron un número mínimo de actuaciones garantizadas y las demás al mismo precio pactado, más gastos. Les preparamos más de diez para el mes de Marzo a ellos y algo parecido, para después de Semana Santa a sus colegas Inti Illimani y a los Parra, ya para mayo- junio

 

Manuel Gerena sacaba disco y solía tener problemas gubernamentales para sus actuaciones. Decidimos probar suerte y lo preparamos para el teatro Monumental. Varela pidió los permisos… y se los concedieron. La presentación fue a teatro lleno. Después, el camerino se llenó de gente y llegó D. Santiago Carrillo ¡¡con peluca!! Manuel le presentó a Varela como el que había conseguido el milagro de los permisos y D. Santiago le dijo: “Pues le vamos a tener que contratar para que nos lo den a nosotros“. A los pocos días le detuvieron y lo demás es Historia. (Varela no se ocupó de la posterior legalización)

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Foto de El País: Santiago Carrillo (derecha) y su amigo Teodulfo Lagunero, al entrar en España en febrero de 1976.

 

Con Quilapayún sabíamos que, tiempo atrás, alguien los había querido presentar y pidió los permisos poniéndolos como “cantautores chilenos”. Fueron denegados.

 

Varela, en su santa ignorancia-sabiduría (se hacia el cortito como nadie), los pidió humildemente y apoyándose en los ponchos de las fotos, rellenó la casilla como ” grupo folclórico andino”. Se los dieron del tirón. Pepe Varela era un genio popular de una gracia, simpatía y enganche personal inmenso. Vino a casa a preparar un cocido y se quedó casi dos años de risas, desarrollo personal  y profesional en el mundo del espectáculo.

 

Quilapayún eran en ese momento apátridas, porque el golpe les cogió fuera y se quedaron sin pasaporte. Necesitaban visado. Varela los consiguió y se los mandamos a Paris. Gonzalo nos dijo de contratar el pabellón del Real Madrid, nos pareció mucho pero era el jefe, a los del pabellón también les pareció mucho y nos advirtieron del posible fracaso, pero seguimos. Hicimos los carteles y contratamos la publicidad en El País. El plan era el domingo anuncio en el periódico, diciendo que el lunes se ponían a la venta las entradas y desde el lunes cartelería durante dos semanas. El lunes, a media mañana fuimos a las taquillas del Madrid para confirmar que se habían abierto y ver la respuesta. Llegamos y al ver mucha gente maldijimos al futbol, por coincidir y complicarnos la taquilla, pero mucha barba había para futbol. Cuando llegamos, oímos al taquillero decir: “¡Que no queda ni una! ¡Que no es mi culpa!“. Quedaban fuera más de mil personas. ¡¡Habíamos agotado, en dos horas y sin cartelería, todo el taquillaje!! Un genio mi hermano.

 

La gira fue a lleno completo toda ella y como en ese tiempo no se ponía seguridad, se nos subieron al escenario todo tipo de agitadores políticos, flameando banderas prohibidas, leyendo manifiestos airados, protestas indignadas y reivindicaciones milenarias, que nos ponían los pelos de punta . Los “Quilas” tenían pánico de la DINA, yo de los delegados gubernativos y toreamos a cuerpo limpio, tuvimos suerte… y sin problemas.

 

En Madrid, el día del concierto, veo que las colas estaban, temprano seriecitas y ordenadas, pero casi todos llevaban enrolladas y escondidas, banderas, proclamas y octavillas.

 

Estamos en el backstage y nos llega el delegado gubernativo, haciendo gestos obscenos y diciéndonos: “Nos la habéis metido entera, pero a mi no me engañáis. ¡¡Estos son comunistas!! Ahora, que yo os voy a meter ¡un millón de pesetas de multa! por cada bandera, octavilla o desorden que haya aquí.” El plan era enorme. La ruina estaba garantizada (¡un millón por cada bandera, octavilla!). Probablemente sería noche de comisaría. Varela sacó la muleta y comenzó una gran faena, diciéndole de tomar una cervecita en el bar, donde al pedir algo de tapa no había o era mala y Pepe empezó a alabar las tapas y su afición por ellas y ya puestos, le propuso ir a un bar que él conocía con autentica calidad en tapas y jamón……Se lo llevó, desde el pabellón a la Plaza de Oriente y me lo trajo, completamente borracho y bien comido, cuando las sesiones, con sus agitaciones habían ya terminado. La gente, por precaución, no se llevaba las banderas de vuelta a casa. Estaban allí por los suelos, entre octavillas y demás restos de un concierto. El gubernativo nos dijo, que como éramos nosotros, sólo nos pondría un millón. Nos extendió la receta y se fue tambaleándose cual régimen a punto de desplome.

 

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Los conciertos de la transición 2: Carlos Puebla y los Tradicionales (por Javier García-Pelayo)

 

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Los conciertos de la transición 2: Carlos Puebla y los Tradicionales (por Javier García-Pelayo)

2 de marzo de 2009

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Carlos era un Poeta del pueblo. Era el cantor de la revolución cubana. Y “la mejor guitarra prima, del Caribe“, según afirmaba Pedrito, para coger impulso y fuerza y poder decir “pero yo soy la voz de oro, del Caribe. Yo le enseñé a cantar a Machin. Tú obselva. ¿Cuando aplaude la gente? Cuando yo canto“. Tenía razón. Cantaba los estribillos y comunicaba con la voz y el gesto de las maracas, como a nadie que yo haya visto.

 

Lo de las comparaciones, venia a cuento porque Pedrito decía: “Yo soy un buen cubano y comunista, chico. Hago el trabajo voluntario de la zafra y canto por la revolución…Pero hay cosas que no me gustan. ¿Por qué Carlos, es músico de categoría A, Santiago y yo de la B y el comemielda de Felongo de la C?  De acueldo que es un gran compositol y la mejor guit… Machin, pero somos comunistas, chico. El grupo durante la revolución, para distraer, daba serenatas mientras, por la puerta de atrás, sacaban o metían armas y gente.”

 

El sueldo y las casas eran diferentes. Felongo vivía con ” su negra” en un cuarto. Santiago y Pedro en apartamentos y Carlos en una casita y tenia un coche Seat 127.

 

En Asturias vino a verlos un cubano, que los conocía y les explicó que se tuvo que marchar, porque el jefe del comité de vigilancia de su manzana, le tomó fila su mujer y lo tenia amargado. A Carlos no le gustaban los “gusaneras” y no le dio crédito y por supuesto siguió cantando: “Yo también, yo también pertenezco al comité“.

 

Para las sesiones del teatro Monumental de Madrid, preparamos la grabación de un disco en directo. Eran una maquina. Llevaban cantando juntos, todos los días, más de 20 años. 


Felongo había sido bebedor y le sentaba muy mal probar un sorbo de alcohol. El día de presentarse en Madrid tuvo visitas y bebió algo, que le sentó fatal. Cuando llegamos al hotel alertados, vemos a Rafael vomitando desde la cama y los otros diciéndole:”Eres la vergüenza de la revolución, comemielda, que eres un comemielda” y Felongo se volvía y después de proyectar un golpe de vomito, lloraba diciendo: “Mi negra, mi negra…” y seguía vomitando. Varela, experto en esas lides, les dijo “Dejarme a mi”. Fue a la farmacia de al lado, volvió con un bote de amoniaco, echó a todos y empezamos a sujetarlo y meterle el amoniaco por las narices. Aquello fue tremendo, se le salían los ojos y las tripas, pero faltaban horas para el debut y Varela le siguió aplicando, intermitentemente, el tratamiento junto con cafés solos, cargados y sin azúcar.

 

Cuando llegamos al teatro, entramos a través del solitario patio de butacas, llevando a Felongo entre Varela y yo, llegando a la puerta de camerinos, en el pasillo enmoquetado proyectó de nuevo, los dejé entrar y fui a ocuparme de mis asuntos. La actuación está grabada en un disco publicado. Es impecable. Fue un gran éxito. ¡Que grandes profesionales!

 

En Tenerife llenaron la plaza de toros y en Sevilla fueron a visitar a Machín, que era amigo y salió de Cuba antes de la revolución, no era “gusanera” y lo respetaban mucho. Paseamos con mucho placer. Probamos una calidad, que a mi casi me tumba y Pedrito (1ª y única vez desde hacia más de 30 años) se puso estupendo y después de la magnifica actuación me fui con Pedrito y  Felongo al cabaret Viña Blanca, que tenían buena música cubana. Pedimos unas botellas para las chicas, que se sentaron con nosotros. Las sacaron a bailar y nunca he visto más clase, ritmo y saber hacer que esa noche de baile cubano y cabaret.

 

Sabiendo que iban a grabar en directo, Pedro me hablo del gusto que le daría grabar, cantando él, un disco  de estudio  con “canciones de amol, tradicionales cubanas”, al estilo de sus referentes que eran El Trío Matamoros. Lo comenté con Gonzalo a quien le pareció estupendo y Carlos dijo que él solo cantaba a la revolución y Pedro dijo que el que quería cantar y debía hacerlo era él mismo; Pero que Carlos, por favor, pusiera la guitarra. En dos ó tres horas, se grabó el que yo creo que es el mejor disco de canción tradicional cubana y se llamó “Los Tradicionales acompañados por Carlos Puebla“. Grabaron la de “dale, dale suavecito” con mi nombre en vez de chofer. Por no sé que accidente se borró y perdió esa canción en el estudio. El disco, con bellísimas canciones, se publicó en Gong.

 

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Los conciertos de la transición (por Javier García-Pelayo)

23 de febrero de 2009

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De izquierda a derecha: Gonzalo, Santiago, Javier, Carlos, Varela, Pedro y Rafael

 

 

Triana estaban preparando la salida de su segundo LP “Hijos del Agobio“. Desacuerdos estructurales y técnicos sobre la puesta en escena nos hicieron ver, que para conservar nuestra amistad, era mejor no seguir trabajando juntos. Desde “El Patio“ y el primer contrato en el club Argentina (17.000 Pts.) pasando por el M&M de Vicente Romero (20.000 Pts.), los dos conseguidos a través de ese figura del rock español, Javier Gálvez. Hasta los últimos, en toda España, a más de 200.000 Pts., dejaban un buen recuerdo y un tiempo, de casi tres años imborrables, que era mejor no estropear por un éxito, en ciernes. Siguieron, un tiempo, ensayando en el garaje de casa, en Pozuelo. Pero Pepe Varela y yo atendimos la llamada de Gonzalo (García Pelayo), para dedicarnos a montar conciertos. Se acababa el 76 y empezaba un 77 que venía agitado, Adolfo Suárez había dicho de hacer legal, lo que era normal en la calle. Y la calle estaba alborotada y con ganas de reunirse, vibrar y votar.

 

Gonzalo, en la serie Gong editaba, con éxito, discos de cantautores españoles, caribeños y  del cono sur americano. Hablamos con la embajada cubana y les contratamos a Carlos Puebla y los Tradicionales. Una cantidad por concierto más gastos. Un numero de conciertos garantizado y los que pasaran, al mismo precio que los ya acordados. Le pagábamos a la embajada y ellos le pagaban a los músicos, su nomina mensual de trabajadores del estado.

 

Carlos llevaba, desde la revolución, cantando con el grupo tres horas diarias en el programa: “Carlos Puebla le canta al Pueblo” de Radio La Habana. Y girando por todo el mundo comunista, como contrapartida cultural, en los acuerdos entre países.

 

Gonzalo se ocupaba de los acuerdos con los artistas y la dirección general. Varela de pedir los permisos necesarios, pastorear y torear los problemas sueltos. Yo de la venta, producción y realización de los conciertos. En casa de Gonzalo. Un pasillo. Una habitación con una maquina de escribir, una mesa redonda y cuatro sillas de formica, un teléfono y la ventana al patio interior.

 

En Madrid Yolanda Castilla del Teatro Monumental, nos atendió muy bien y en el resto de España les firmamos 18 actuaciones, a realizar en 30 días.

 

El más joven de Los Tradicionales, Pedro tendría 60 y pico años, Rafael casi 70, Santiago casi 80 y Carlos 70 y bastantes. Era el mes de Enero y la embajada, siguiendo su costumbre, les hizo unos trajes para la gira. Varela siempre dijo que les habían comprado las telas en “toldos la Estrella“. Eran para que les sirvieran en Cuba, fresquitos. Hubo que hacer otros.

 

No hubo problemas de permisos, excepto en el Ferrol del Caudillo, que los denegaron. Pero lo vimos natural.

 

El “rider” del artista era fácil, solo pedían una loseta, de mármol, o adoquín de buena piedra. Y algo más difícil, pero con alternativas. La tapadera de una lata de betún de limpiar zapatos, de marca antigua. Pero si ya no la había, valían otras, que si encontrábamos.

 

Viendo que íbamos a recorrer España con varios miles de kilómetros, alquilamos un Dodge Dart de ministro, automático y gigante y comenzamos la gira por la autopista de La Coruña (casi única en esa época). Pitillito de salida y me emociono en la pista, con lo que el coche daba de si. Carlos iba a mi lado y los otros tres detrás. Le voy dando caña al coche y nadie dice nada y cuando el marcador empezaba a pasar de los 200 k/h y los coches adelantados desaparecían en los retrovisores, se oye la voz de Rafael que canta melodioso…”Dale dale suaveciiiito…Dale dale suaveciiiito…“. Levanté pié y Carlos se volvió y le dijo ..”Calla,… come mierda. Que este carro es americano y está hecho para correl…” Pero empezaron a cantar los tres: “Dale dale suaveciiiito Javier, que la calle no es tan solo para ti”…Y ya Carlos siguió cantando él solo (era una canción suya para el trafico): “Cuando veas la roja chofér… no te la pases… que por esa común infracción…también se muere”… y los coros, desde atrás… “Dale dale suaveciiiito… Dale, dale suaveciiiito Javier”.

 

En un, enorme, buen tono personal fue desarrollándose la gira, que de publico fue más o menos bien y con mucho éxito artístico. Tenían una gran capacidad de contacto, de comunicación.”Y En Eso Llegó Fidel” era una fiesta. “Hasta siempre comandante” llenaba las salas de mecheros encendidos y gente emocionada.”Si no fuera por Emiliana” provocaba complicidad. Con “Alamar paraíso junto al mar” explicaba la revolución urbana y la presentaba diciendo: “También hicimos la revolución urbana. A un señor que tenía más de trescientos pisos, le dijimos: Oye tú, ven y mira aquí. De todos esos pisos, que tú tienes… elige el que mas tú quieras… y los demás, para la revolución“… Aquí la gente aplaudía a rabiar y Carlos seguía “Y aquel individuo se negó y le dijimos: pues, ya tenemos un piso más. Al paredón. Y lo fusilamos“. La gente aquí se partía de risas y aplausos. Acababa de ser elegido Gerald Ford y Carlos cantaba “Pues mire usted, pues mire usted. A mi me da lo mismo Ford que Chevrolet“. Y todos, por el suelo de risa. Años más tarde los balseros salían desde Alamar y llorando, casi, me alegraba de que Carlos no los viera 

 

Santiago, guitarra y voz bajas, solía decir “Yo era un negro marihuanero y borracho, tirado en la calle. La Revolución me devolvió la dignidad y me hizo un hombre”… Era un gran músico y artista, presidente del sindicato de músicos de Cuba y el único del grupo con carnet del partido comunista.

 

Pedrito, voz alta y maracas mágicas. Era pequeño, con bigotito, una garganta de plata, como una trompeta y mucha, mucha clase y simpatía. Me contaba sus viajes por el mundo y el frío que pasaron, a cuenta de los trajes-regalo, en Mongolia exterior, concretamente en Ulham Bator (o como se escriba), que se les congelaban las orejas y me explicaba como el gigantesco presidente les saludaba cariñoso, dándole unos manotazos en la espalda que le hacían tambalear…“Que listos son los Mongoles, chico!!” decía. “Actuamos en el gran teatro Stalin y como el primer día no nos entendieron ni carajo… el segundo teníamos, detrás, unos mongoles que iban levantando carteles, con las frases traducidas, mientras cantábamos…Y tremendo éxito, chico”.

 

Rafael, Felongo en el grupo, era el de la marimbula (cajón con abertura lateral con lengüetas, que pulsadas suenan como bajo-bongó) y con la mano izquierda marcaba algunos tiempos con la tapadera de la lata de betún, en la loseta de mármol: Tlin, Tlin, Tlin, Tlin…, mientras Carlos cantaba: “En eso llegó Fidel”…Tlin, Tlin, Tlin, Tlin…”se acabo la diversión, llegó el comandante y mandó a parar” Tlin, Tlin, Tlin, Tlin”.

 

(Continuará).

 

Los conciertos de la transición 2: Carlos Puebla y los Tradicionales (por Javier García-Pelayo)

Los Conciertos de la Transición 3: Quilapayún (por Javier García-Pelayo)

Los Conciertos de la Transición 4: Inti-Illimani (por Javier García-Pelayo)

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