Archivo de la etiqueta: Laura Nyro

Un siglo de canciones 84: “Spinning Wheel”

1 de octubre de 2010

Alan Peter Kuperschmidt, más conocido como Al Kooper, ha pasado a la historia entre otras cosas por tocar el órgano Hammond en “Like A Rolling Stone” de Dylan, por haberle acompañado en su transición hacía el Rock, por sus grabaciones con los Who, B.B. King, Jimi Hendrix, Cream, Rolling Stones, etc. Por las bandas que creó como The Blues Project (junto a Steve Katz ) y Blood, Sweat & Tears, los intérpretes originales de nuestra canción de hoy.

La ironía del asunto es que el éxito de “Spinning Wheel” llegó tras su marcha de la banda. La que había formado junto a Katz (su compañero en The Blues Project, el grupo blanco de blues que era un fijo en los clubs de folk del Village neoyorkino), Randy Brecker, Bobby Colomby, el ex Mothers Of Invention y ocasional miembro de Buffalo Springfield Jim Fielder, Richard Halligan, Fred Lipsius y Jerry Weiss. Tras un sorprendente primer álbum “Child Is Father To A Man” donde fusionaban el Jazz y la Clásica con la Psicodelia y el Rock. Pero la salida de Kooper (se fue a grabar el “Super Session” con Mike Bloomfield y Stepehen Stills) cambió la dirección de la banda. Katz y Colomby querían que se concentrase en los teclados y abandonase su posición de cantante de la agrupación. Se negó a dejar el micro.

Blood, Sweat & Tears iniciaron su andadura en el Greenwich Village de Nueva York. Fueron el primer grupo en combinar el Jazz y el Rock. Y la búsqueda de un sustituto para Al Kooper resultó decisiva. Se barajaron los nombres de Stephen Stills y Laura Nyro. Pero una recomendación de Judy Collins, la reina de la escena musical del Village -junto a Joan Baez-, fue clave. Y así fue como David Clayton-Thomas, el canadiense nacido en Inglaterra, entró en la nueva formación que se estaba gestando tras la salida del líder.  

En 1968/69 Blood, Sweat & Tears eran David Clayton-Thomas, Steve Katz, Bobby Colomby, Jim Fielder, Fred Lipsius, Lew Soloff, Chuck Winfield, Jerry Hyman y Dick Halligan. Ellos fueron quienes grabaron el segundo LP “Blood, Sweat & Tears“, que incluía, entre otras composiciones del nuevo cantante, su primer éxito propio: “Spinning Wheel“. Mantuvieron algunos de los arreglos que Al Kooper había dejado escritos antes de su forzada marcha. Pero el arreglo de “Spinning Wheel“, ganó un Grammy al Mejor Arreglo, fue obra del saxo Fred Lipsius y se remataba con una melodía austriaca, de principios del siglo XIX.

Nuestra canción de hoy tuvo más recorrido en los Grammys: fue nominada como Disco Del Año y Canción del Año; y el long play se lo llevó como Álbum Del Año (¡superando al “Abbey Road“!).

Producido por James William Guercio, un viejo conocido de Katz y Kooper y que también produciría a Chicago, “Spinning Wheel” se editó como sencillo en 1969, habiendo reducido casi a la mitad la duración original. Alcanzó el nº 2 de las listas Pop en julio; en agosto encabezó la lista de Easy Listening y también apareció en las de R&B.

Blood, Sweat & Tears” vio la luz a finales de 1968, fue rápidamente nº 1 y se extrajeron tres singles: todos llegaron al 2. “Spinning Wheel” era la única composición de un miembro de la banda (Clayton-Thomas). Los otros dos eran: una versión de “You’ve Made Me So Very Happy“, un tema de Brenda Holloway y Berry Gordy (el fundador de Tamla y Motown) y “And When I Die.” de Laura Nyro.

No se pierdan la imagen de David Clayton-Thomas en el video. La canción es tan buena que es fácil sobreponerse al look.

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

5 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Alice Cooper sostiene

26 de mayo de 2010

Alice Cooper sostiene lo siguiente:

Si fuera a apoyar a un grupo joven, les haría escuchar a cuatro personas: Burt Bacharach, Paul McCartney, Brian Wilson y Paul Simon, o quizás Laura Nyro. Fijarse en la construcción de esas canciones. Quiero decir, los Beatles, tan sencillos, pero me llega todo lo que me quieren decir. Cuando escucho a todas estas nuevas bandas, no lo pillo. Y es porque no saben contar una historia dentro de los confines musicales. La frontera musical de los tres minutos.”

(If I were to take a young band, I would have them listen to four people: Burt Bacharach, Paul McCartney, Brian Wilson and Paul Simon, or maybe Laura Nyro. Listen to the construction of those songs. I mean, the Beatles – so simple, but I get everything they’re saying to me. When I hear these new bands, I don’t get it. And it’s because they don’t know how to tell a story within those musical boundaries. That three-minute musical boundary.)

 La entrevista completa pinchando aquí

2 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Un siglo de canciones 62: “Gibsom Street” (por Antonio Perea)

23 de marzo de 2010

Traer ‘Gibsom Street’ a esta antología permite conmemorar al mismo tiempo tres acontecimientos del mundo de la canción del siglo pasado. Por un  lado, la aparición en 1970 del doble álbum recopilatorio de artistas de CBSFill Your Head With Rock”, que aquí se tradujo nada traicioneramente como “Llena Tu Cabeza De Rock”. En segundo lugar la irrupción, efímera como un rayo, en el mundo de la canción rock del talento inclasificable y fascinante de Laura Nyro. Y, al fin, recordar esta inquietante “Gibsom Street”, y preguntarnos cómo pudo surgir canción tan oscura del aparentemente frágil y dulce envoltorio personal de aquella neoyorkina inolvidable.

Hay quien se refiere a “Llena Tu Cabeza De Rock” sólo como el primero de una serie de álbumes recopilatorios de lo mejor de la música joven de los setenta. Yo me permito discrepar de tal consideración, pues pertenezco a la legión de quinceañeros que siguieron el consejo implícito en el título del disco y llenaron con sus sonidos el vacío cerebral que les había dejado la desaparición, previa monumental bronca, de los Beatles. El resto de recopilatorios que, en efecto, fueron editados después con el mismo título seguido de un número de orden, no tuvieron esa trascendencia, quizá eclipsados por su ilustre predecesor. No voy  a extenderme en comentar el álbum, porque seguro que se podrá volver a él dentro de estas monografías. Sólo citaré que entre los artistas que aquellos quinceañeros “descubrimos” en sus microsurcos, aparecían Chicago, Blood Sweat & Tears, Santana, Flock, Al Stewart, Janis Joplin, Johnny Winter, Leonard Cohen

Abriendo la cara C de aquel disco, casi saturados ya nuestros oídos con algunos de los sonidos más rockeros y libres que se podían escuchar en la época, nos recibía una nota de piano aislada, un simple do natural -el origen de todo- pulsado y dejado después  resonar hasta casi extinguirse, momento en el cual comenzaba la introducción propiamente dicha a la canción “Gibsom Street”. Aquel esquema minimalista podía derivar armónicamente hacia cualquier cosa, y valiéndose de ello, Laura Nyro, compositora, intérprete  y pianista autodidacta, no cesaba de jugar a sorprendernos en cada acorde, tan pronto acariciándonos con su voz como golpeándonos con un giro inesperado de la tonalidad o con una nota mantenida en el tiempo en su garganta, sin vibrato y desprovista de acompañamiento alguno. O bien daba entrada a un episodio instrumental de percusión y metal, de esos tan queridos en la época (trompeteo lo he oído llamar), y que apresados en el profundo interior de esta canción no tardábamos en “echar de más”. ¿Quién demonios es esta Laura Nyro?¿Cómo se pueden encerrar tantas sensaciones en poco más de cuatro  minutos y medio?

La historia de Laura Nyro (1947- 1997) está tan llena de incógnitas como su propia música, hasta el punto de que algún comentarista le ha llamado “la J.D.Sallinger del rock”. Comenzó su notoriedad musical a los 17 años y se retiró abruptamente a los 24 tras comprobar que el éxito profesional no le aportaba la plenitud de espíritu que buscaba. Para entonces su talento había puesto ya a sus pies a iconos como Al Kooper y Blood Sweat & Tears (estuvo a punto de ser su vocalista antes de la incorporación de David Clayton-Thomas), Joni Mitchell, Carole King o Miles Davis. Transcurridos casi cuarenta años desde aquel mutis y más de una década después de su muerte, su música conserva intacta la vigencia tanto en su forma como en su temática, y cuenta con un ejército de admiradores de diferentes generaciones.

Hija única de una bibliotecaria aficionada a la música clásica y de un trompetista que se ganaba la vida tocando jazz en los clubes y afinando pianos, Laura creció bajo la doble influencia de la pasión musical que vivió en su hogar y la pasión católica trufada de gospel que se vivía en la comunidad de su Bronx natal. Antes de liberarse de ésta, grabó en su piel la espiritualidad de las letras de sus himnos y la inaprensible técnica interpretativa de sus voces. De su hogar, y sin renunciar al Coltrane paterno, prefirió los compositores clásicos del siglo XX del gusto de su madre, entre los que sus biógrafos citan a Debussy y Ravel, pero que estoy seguro alcanzaban también territorios aún más arriesgados, como Copland o incluso Schoenberg. Sólo hay que escuchar, como ejemplo para afirmarlo, su álbum “New York Tendaberry” del que está extraída “Gibsom Street”.

Algunos dicen que Nueva York fue el auténtico amor de Laura Nyro. Su verdadero apellido era Nigro, y en su nombre artístico se intuye un acróstico del de su ciudad amada. Según aquéllos, en Nueva York se encontraba no sólo su alfa y su omega, sino también su arriba y abajo, el cielo y el infierno de su enquistado yo católico. En esta cosmogonía no sabemos donde situaba Laura el paraíso, pero a buen seguro que no lo era el Brill Building que la vio crecer artísticamente y consolidarse como figura del rock entre el asombro de los productores, el sentimiento de impotencia de los arreglistas al uso y la admiración sorprendida de las estrellas que con ella compartían estudios de grabación. Por el contrario sí sabemos que tenía un infierno, lo situó en algún lugar de su alma al que llamó “Gibsom Street”, y lo describió en esta canción bella y sombría. Se ha comentado que en ella narra la experiencia de un aborto clandestino. Yo, que como español estoy más que acostumbrado al oportunismo de los católicos biempensantes, me permito ponerlo en cuestión. Laura nunca lo aclaró. Pero que en esta canción residían los fantasmas de su más íntimo infierno, eso está para mí fuera de toda duda.

Don’t go to Gibsom ‘cross the river;
The devil is hungry, the devil is sweet…
If you are soft then you will shiver;
They hang the alley cats on Gibsom Street…
They hang the alley cats on Gibsom Street…
Gibsom, Gibsom Street…

I wish my baby were forbidden;
I wish that my world be struck by sleet…
I wish to keep my mirror hidden,
To hide the eyes that looked on Gibsom Street…
To hide the eyes that looked on Gibsom Street…
Gibsom, Gibsom Street…

Oh, my sorrow, oh, my morning,
Oh, my sorrow, oh, my morning,
Oh, my sorrow, oh, my morning…

There is a man, he knows where I’m going, yes;
He gave me a strawberry to eat…
I sucked its juices, never knowing
That I would sleep that night on Gibsom Street…

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

6 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Las jazzeras (Efe Eme)

6 de junio de 2009

El%20Mundano%2006-06-09-A

Estamos viviendo una edad de plata de las “jazz singers”. La de oro fue hace más de cincuenta años con figuras de la talla de Billie Holiday, Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald o Lena Horne, quien cumplirá 92 años el próximo 30 de junio y vive retirada en su Nueva York natal. Bessie Smith reinó entre ambas guerras mundiales y fue un claro referente para todas ellas.

Las reinas del momento son Norah Jones, Madeleine Peyroux y Diana Krall, la punta de lanza por edad y trayectoria. Algunas cosas han cambiado, y no solamente en el obvio tema racial: las tres son instrumentistas. En la onda de una excepción de su época, Nina Simone. Y es especialmente la canadiense quien destaca en este aspecto. La Krall, casada con Elvis Costello, es una excelente pianista.

DK

Diana Krall, nacida en 1964 en Nanaimo, en la isla de Vancouver -en la costa oeste canadiense- estuvo la semana pasada en Madrid promocionando su último álbum “Quiet Nights”. Es su tributo a la bossa nova brasileña –una de las pocas músicas que modificaron el jazz- sin olvidarse de sus compositores preferidos como Burt Bacharach o Rodgers/Hart. Lo cual es un vínculo con una tradición jazzera: la reinterpretación de “standards”. Y el que este disco se encuentre entre los más vendidos de España es como lo de la botella. ¿Está medio llena o medio vacía? ¿Tanto han caído las ventas para que una grabación de estas características se pueda colar en el TOP 5 de la lista de ventas? ¿Está ya el mercado discográfico definitivamente en manos de maduros y melómanos? Como yo mismo. Desde luego si es así, la caída en ventas seguirá siendo imparable: es ley de vida (por extinción). En cualquier caso la buena noticia es que su CD figure entre los más populares.

Tuve la oportunidad de asistir al recital que ofreció para TVE y que no tardará en emitirse. Éramos apenas un centenar los afortunados asistentes. Una joya. Si el año pasado, al aire libre en el patio del Conde Duque, ante más de dos mil personas supo recrear la intimidad y cercanía de un club de jazz, aquí ya lo tenía todo a favor de antemano. Aquella noche Seju Monzón ante mis elogios me decía “es exactamente lo mismo que me comentaba el líder de El Gran Combo de Puerto Rico: toca sencillo y llena el bolsillo.” La clave está en lo de “toca sencillo”, algo que puede parecer un contrasentido cuando nos referimos al jazz. Pero ahí es donde entra en juego la selección del repertorio. En su caso es impecable.

Es de justicia recordar a dos pioneras: Joni Mitchell y la desaparecida Laura Nyro. Se acercaron al jazz desde la canción (Mitchell) o viceversa (Nyro). Y seguro que sus caminos se debieron cruzar en Nueva York en algún momento.

El padre de la neoyorkina Laura Nyro era trompetista de jazz además de afinador de pianos. Su debut discográfico data de 1967. Y rechazó sustituir al gran Al Kooper en Blood, Sweat & Tears, la banda de jazz-rock que él había fundado. David Geffen era su manager y Jackson Browne su novio. “That Girl Can Sing” del primer disco de Browne está dedicado a la inolvidable Laura.

David Geffen y Jackson Browne debieron conocer a Joni Mitchell en Nueva York. Ciudad a la que llegó en 1967 desde su Fort Macleod natal, en el oeste canadiense, después de un periplo por Toronto y Detroit (con su entonces marido Chuck Mitchell). Pero fue David Crosby quien la animó a trasladarse a Los Angeles, tras verla actuar en un club de Florida. Sus canciones ya habían sido grabadas por algunos de los principales de la boyante escena folk del Village neoyorquino (Judy Collins, Tom Rush, Buffy St. Marie o Peter, Paul & Mary). Crosby la consiguió su primer contrato discográfico (Reprise) y editaría su primer disco en 1968. Posteriormente ficharía por Asylum, el sello que fundaron David Geffen y su entonces socio Elliot Roberts para  grabar a Jackson Browne (no conseguían que nadie lo fichase). Los Eagles, Linda Rondstadt y Bob Dylan también formarían parte del elenco. Posteriormente se mudó a Geffen Records, cuando Warner Bros. absorbió Asylum, y es cuando la conocí. Era 1983 y para apoyar “Wild Things Run Fast”, su estreno con Geffen, se organizó una gira por Europa, Japón y Australia (en algunos lugares coordinamos exposiciones de su obra pictórica en galerías de arte).

Y me centró en la figura de Joni Mitchell, porque su carrera ha sido más fructífera. La Nyro falleció en 1997, pero su ultima colección de canciones nuevas son de 1993, producidas por Gary Katz (Steely Dan).

Court and Spark” de 1974 fue la primera incursión discográfica de Mitchell en el jazz. Su banda de acompañamiento para los directos fueron los L.A. Express, el grupo del saxofonista Tom Scott. La formación original estaba formada por Max Bennett (bajo), John Guerin (batería), Larry Carlton (guitarra) y Joe Sample (teclados). Otro habitual de sus actuaciones era Wayne Shorter (Miles Davis, Weather Report, etc.). También colaboraron con ella Jaco Pastorius y Herbie Hancock. Este último recibiría en 2008 el Grammy al álbum del año 2007 por “River, The Joni Letters”, su tributo a la figura y las composiciones de Joni Mitchell. Pero aun hay más. Un genio, un grande como Charles Mingus la llamó para grabar juntos, impresionado por sus composiciones y estructuras musicales. Con las sesiones en marcha falleció y “Mingus” supuso su epitafio musical.

En esta relación de historias cruzadas entre personajes (Browne, Geffen), ciudades (Nueva York) o países (Canadá) relacionados con las jazzeras de nuestro relato, falta Larry Klein. Se casó con Joni Mitchell en 1982. Era su bajista. Y se convirtió en su “director musical” (productor discográfico). Después de 12 años de matrimonio se divorciaron. Y desde 2004 es el productor de Madeleine Peyroux. También produjo el “River, The Joni Letters” para Herbie Hancock.

Publicado en Efe Eme

6 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones