Archivo de la etiqueta: La Vie En Rose

Un siglo de canciones 20: “Strange Fruit” (par Christophe Magny)

1 de junio de 2009

etiqueta

Después de Edith Piaf y “La Vie En Rose”, vamos hoy con otra de mis tres intérpretes femeninas favoritas del siglo pasado. He de decir primero que crecí escuchando blues y jazz. Principalmente gracias a mi tía Colette Magny. Solía venir a casa los domingos y después de la comida familiar, cantaba standards de blues acompañándose con su guitarra: “Basin’ Street Blues”, “Nobody Knows You (When You’re Down And Out)”, “Saint James Infirmary”. Luego exhibiría sus propias canciones, y se dedicaría a cantar de forma profesional. Mi tío, Gilles Thibaut, era trompetista de jazz, en la movida New Orleans de la posguerra parisina. Llegó a tocar con Sidney Bechet. Es decir que esos sonidos – blues, jazz – me formaron el oído desde pequeño.

No recuerdo cuando oí a Billie Holiday por primera vez, pero sería de jovencito. Fraseaba como un saxo, con esa voz tan flexible, reconocible entre mil otras. Su pareja (musical) con Lester Young es quizás la más fascinante, la más deslumbrante que existió jamás entre un(a) cantante y un instrumentista. Lady Day y Prez se completaban, se adivinaban, se estimulaban.

El gran tema de Billie Holiday es por supuesto “Strange Fruit”, probablemente la primera canción antirracista, describiendo los horrores del linchamiento en el Sur de los EE.UU. (“Cuerpos negros colgando de los álamos”). Os daré la versión de Billie Holiday del nacimiento de este tema. Es muy distinta de la que cuenta Wikipedia, pero me fío poco de la Wiki, por muy cómoda que sea, y me quedo con la versión de Billie Holiday. Todas las citaciones que siguen son extraídas de su autobiografía “Lady Sings The Blues” (Doubleday, New York, 1956), escrita con William Duftypartitura

Es durante mi estancia en el Café Society (un club de Greenwich Village donde actuaba) que nació una canción que pasó a ser mi protesta personal – ‘Strange Fruit’. La semilla de esa canción era un poema escrito por Lewis Allan.”

Curiosamente, Lewis Allan no era negro, sino un blanco judío americano. Siempre dijo que era el único autor y compositor de “Strange Fruit”. Su nombre verdadero era Abel Meeropol (junto a su esposa acogió a los hijos de los Rosenberg después de su ejecución): “(A Allan) Le conocí en el Café Society. Cuando me enseñó el poema ese, me moló en seguida. Parecía resumir todas las cosas que habían matado a Pop.

Pop, su padre, Clarence Holiday, había muerto poco antes, en febrero 1937 en Dallas, a los 40 años. “No fue la neumonía lo que le mató. Fue Dallas, Texas. Allí se encontraba, y allí anduvo de un hospital a otro, buscando ayuda. Pero ninguno de ellos quiso ni siquiera tomarle la temperatura o ingresarle. Así eran las cosas.” Así era la América racista – conviene notar que los problemas pulmonares de Clarence Holiday tenían su raíz en la Primera Guerra Mundial, donde había sido expuesto a los gases mortales utilizados entonces. Así trataban (y siguen tratando) los EE.UU. a sus ex-combatientes.

Allan había oído como Pop había muerto, y se interesaba por supuesto a mi carrera de cantante. Sugirió que Sonny White, quien me acompañaba (al piano) y yo le pusiéramos música. Nos reunimos y en tres semanas, llevamos el trabajo a cabo. Me ayudó con los arreglos Danny Mendelsohn, otro compositor que había hecho arreglos para mí. […] Me temía que la gente iba a odiar esa canción. La primera vez que la interpreté… no hubo ni un aplauso cuando acabé. Una persona empezó a aplaudir nerviosamente. De repente todos se pusieron a aplaudir. […] Fue mi mayor éxito discográfico. Me deprimo cada vez que la canto. Me recuerda la muerte de Pop. Pero tengo que seguir cantándola, porque veinte años después de la muerte de Pop, lo que le mató sigue ocurriendo en el Sur.”

300px-ThomasShippAbramSmith

A lo largo de los años, esta canción me ha procurado muchas experiencias extrañas. Me permitía separar la buena gente de los cabrones. Una noche, en Los Angeles, una zorra se levantó en el club donde estaba cantando, y dijo: ‘¿Billie, porque no cantas esa canción tan sexy que te hizo famosa? Sabes, esa de los cuerpos desnudos colgando de los árboles’. Por supuesto, no la canté. […] Cada vez que la interpreto, me afecta tanto que tengo que ir al baño y vomitar. Me quita todas mis fuerzas. […]

Pocos cantantes se han lanzado a cantar ‘Strange Fruit’. Nunca intenté desanimarlos, pero el público sí lo hizo. Años después de mí, en el Café Society, Josh White vino con su guitarra y su camisa abierta, y la cantó. El público le gritó que dejará esa canción tranquila.”

La vida de Billie Holiday merecería un post, victima del racismo, de las drogas duras, maltratada por los hombres, por el music business. La policía la persiguió toda su vida por historias de drogas, hasta en la habitación del hospital neoyorquino donde murió en 1959, a los 44 años. Así trataron los EE.UU. a sus más grandes artistas, Billie Holiday, Lester Young, Charlie Parker y tantos más. ¿Su máxima culpa? Ser negros…

Entre las versiones de “Strange Fruit” que conozco, la mejor para mí – aparte del original – es la de Robert Wyatt. También la cantaron Nina Simone y John Martyn, al quien homenajeé hace poco. Y Colette Magny, por supuesto.

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

14 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Un siglo de canciones 6 : “La Vie En Rose” (par Christophe Magny)

8 de febrero de 2009 

bigedithpiaf_jpg

Edith Piaf… Para mí una de las tres más grandes intérpretes femeninas del siglo pasado (igual algún día os desvelo mis otras dos favoritas). Recuerdo ver a Piaf de niño en la tele, se me ponían los pelos de punta, al escuchar esa voz increíble saliendo de un cuerpo tan diminuto. Siempre vestida de negro, moviendo sólo las manos, transmitía sin embargo toda la emoción del mundo. Se solía decir que hubiera podido cantar la guía telefónica y llegar a emocionar al público. Hay tres artistas que siento no haber visto en vivo: Edith Piaf, John Coltrane, y Jimi Hendrix. Los demás, o estaban muertos cuando llegué a la edad de atender conciertos, o los he visto, o pasé.

 

Podía haber elegido “L’Hymne à L’Amour” o “Milord”, sus otras canciones históricas. Pero “La Vie En Rose” es sin lugar a dudas la canción de Piaf que más proyección internacional tuvo. ¿Versiones? Innumerables. Las buenas (a mi modo de ver) a cargo de Marlene Dietrich o Charles Aznavour. Las discutibles – Cyndi Lauper o Donna Summer. Y la peor, la de Grace Jones, que es cantante como yo soy alpinista.

 

Las versiones jazzísticas están entre las mejores: Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Dee Dee Bridgewater, Diana Krall o Madeleine Peyroux (menudo casting). Luego vienen las exóticas: Africando, Lisa Ono o Milva. Las cutres: Céline Dion, Tony Bennett, Dalida o Patricia Kaas. Las impresentables: Plácido Domingo y Luciano Pavarotti (por separado), que no se pierden ni una. Las de alucine: ¿¿Jack Nicholson??

 

Pero para mí y probablemente también para la mayoría de los franceses de mi generación (es decir los casi viejetes), la versión de Piaf es insuperable. La canción fue escrita por Louiguy (música), y Marguerite Monnot (letra), ambos colaboradores habituales de Mademoiselle Piaf. Quien por motivos desconocidos acabó firmando la letra. Marianne Michel, oscura cantante francesa amiga de Piaf, fue la primera en interpretarla. Piaf la grabó en 1946, y el éxito fue inmediato, brutal, primero en Francia y luego en el mundo entero.

 

La Vie En Rose” sigue siendo uno de los mayores copyrights de la Sacem (la SGAE francesa), junto con “La Mer” de Charles Trenet, y “Comme d’habitude”, la versión original de “My Way”, que firmó entre otros mi tío Gilles Thibaut. Durante años el copyright número uno fue el “Bolero” de Ravel, pero ya es de dominio público.

 

La Vie En Rose” es la canción que lanzó la carrera internacional de Edith Piaf, que la llevaría a triunfar en el Carnegie Hall de Nueva York y en todo el mundo. Simboliza su romance con Marcel Cerdan, campeón mundial de boxeo muerto en un accidente de avión en 1949. Para Edith Piaf fue la cumbre de su carrera, de su vida amorosa hasta el accidente, y el principio de un tremendo descenso al infierno del dolor, de la soledad y de las drogas duras.

 

El video está extraído de una oscura película francesa “Neuf garçons… un cœur”, dirigida por el igualmente oscuro Georges Friedland en 1948.

En este video, que supongo está filmado en los años 60, Piaf ha perdido parte de su voz, pero no su capacidad de transmitir emoción. Las tragedias que ha vivido se ven en su rostro se oyen en su voz.

Entradas anteriores en:

 

20 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones