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Las Consecuencias (Efe Eme)

27 de marzo de 2010

Las Consecuencias” es el nuevo álbum de Enrique Bunbury. Nunca he sido un fiel devoto de su música pero me rindo totalmente ante esta obra. No sólo porque sea su mejor disco –y tiene varios muy buenos, incluyendo su época con Héroes del Silencio– sino porque alcanza nuevas cotas artísticas. Lo cual a estas alturas de su carrera es bastante complicado. Y es algo que no está al alcance de todos los artistas.

La industria y sus compañeros de profesión le deben mucho a Héroes: abrieron ventanas que se habían cerrado. Me refiero al mercado europeo en general y más concretamente al alemán. Su formidable e inesperado éxito nos benefició a todos: volvieron a poner la música española en el mapa continental europeo.

De primeras me resultaba difícil entender como un grupo de rock en español rompía barreras y fronteras. Tuve la oportunidad de comprobarlo en vivo: eran buenísimos en directo. Fue en Nueva York, en un New Music Seminar. Estaba ahí con las Azúcar Moreno. Y si no recuerdo mal completaba el cartel Diego Cortés y Jaleo.

La madurez que destila “Las Consecuencias” es impresionante. Y ojo, que es un disco para todas las edades. No solamente para veteranos como quien les escribe. “Es el disco más oscuro, profundo y down tempo que he grabado en mi vida“, dice Bunbury.

Todas las canciones están compuestas por Bunbury, salvo “Frente A Frente” del genial Manuel Alejandro, probablemente el mejor compositor pop nacional. A la altura de los grandes maestros de la copla (un genero que no dejaba de ser el pop de entonces, aunque aún no se conociese el concepto). Y mira que hemos tenido –y tenemos- excelentes autores de música popular en nuestro país.

Son 10 grandes canciones. Un gran álbum de principio a fin. Con un sonido y ambientación a la altura de los más grandes. Si viniese firmado por alguien de Omaha o LA o… estaríamos hablando de uno de los discos del año. Quisiera destacar especialmente el sonido de las guitarras y unos arreglos de cuerda que crean unas atmósferas que te sumergen en la profundidad de los textos. Comenta él mismo al respecto: “Es un disco más acústico, íntimo. La sección de cuerda toma protagonismo y los instrumentos de palo sustituyen a los eléctricos. Es un disco de cámara“.

Probablemente ya conozcan “Las Consecuencias” porque ha sido nº 1 en la lista de ventas. Yo lo descubrí el lunes de esta misma semana. Y desde entonces no escucho otra cosa. Estoy atrapado. Y encantado de estarlo.

Lo que más te gusta de mí

Es lo que quieres cambiar

Y hay que estar con las botas puestas

Dispuesto a aguantar

(“Lo Que Más Te Gusta De Mi”, Enrique Bunbury)

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San Patricio (Efe Eme)

20 de marzo de 2010

San Patricio” es el nuevo álbum de los Chieftains de Paddy Moloney, quienes en esta ocasión cuentan con la inestimable colaboración del genial Ry Cooder.

El californiano es un guitarrista polifacético, de muchos registros. Su pasión por la música popular norteamericana (blues, country, etc.) no conoce limites e incluso ha ejercido de maestro para Keith Richards entre otros (hace tiempo se rumoreó que había rechazado entrar en los Rolling Stones, con los que ha grabado en diferentes ocasiones). Pero su labor no se limita a la música de su país. Cooder traspasa fronteras: con “Talking Timbuktu” –su álbum con Ali Farka Touré– se acercó a África; con “Buena Vista Social Clubresucitó a varios veteranos y venerables músicos cubanos; en “A Meeting By The River” la India , de la mano de V.M. Bhatt, fue el objeto de su atención. A todo esto hay que añadir su labor como productor y músico de sesión. Su nombre aparece en multitud de créditos. Y tampoco podemos olvidar sus bandas sonoras: la más conocida es la de “Paris, Texas”, la película  de Wim Wenders (con quien volvería a colaborar en “Buena Vista Social Club”).

Parecía lógico que Paddy Moloney, líder de Chieftains, le llamase para “San Patricio”. Donde hemos descubierto una historia muy poco conocida. El álbum rinde homenaje al Batallón San Patricio: durante la guerra entre Estados Unidos y México (1846-48) decidieron cambiar de bando. Siguiendo los dictados de su conciencia desertaron del ejercito estadounidense y su pusieron a las ordenes del general Santa Ana. Escribe Moloney en el texto que acompaña a la grabación “aunque el batallón de los San Patricios estaba compuesto por los desplazados, los despojados y los pobres diablos de muchas naciones, entre ellos esclavos fugitivos, el grueso de la tropa eran irlandeses recién emigrados a los EE.UU.…Para algunos se trataba de de una guerra religiosa; para otros, de una guerra por la libertad, y aún para otros era una aventura y una oportunidad. Finalmente para México y los San Patricios fue una guerra trágica de grandes perdidas”. Tras muchas batallas ganadas, donde el Batallón demostró su valor y destreza, su hora final llegó en el fuerte de Churubusco. Lucharon codo con codo con sus aliados mexicanos pero fueron capturados, tras agotar sus municiones. Los supervivientes fueron ejecutados por traición y unos cuantos fueron marcados con la letra D, de desertor, en ambas mejillas.

The Chieftains fabulan con la música que escucharían y cantarían las tropas mexicanas a las que seguramente se unirían los irlandeses. En lo que debió de ser un claro precedente de fusión de músicas populares, hoy conocidas como World Music.

Lila Downs, Linda Ronstadt, nuestro Carlos Núñez, Chavela Vargas, Los Tigres Del Norte son algunos de los colaboradores de esta grabación. Hasta Liam Neeson interviene, como narrador en “March To Battle (Across The Río Grande)”, donde aparece la Banda de Gaita del Batallón de San Patricio.

La importancia de esta obra es tanta que hasta The New York Times le dedicó un editorial esta semana, que coincide con la festividad del santo patrón de Irlanda. Curiosa historia la de St. Patrick, escocés de origen pero irlandés de adopción: justo el camino inverso al que siguió el whisky, el agua del diablo.

Decía NYT “casi todos hemos sido mexicanos alguna vez. Esto es: los nuevos emigrantes, pobres y humillados, impulsados por la esperanza y el hambre hacía el espinoso abrazo estadounidense…Todos somos gente que tristemente ha perdido su tierra y ha encontrado una nueva. Sean lamentos o celebraciones en un pub o en una cantina, tenga o no nuestra bandera tricolor un cactus, estamos más unidos de lo que pensamos”.

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Cifras y cifras (Efe Eme)

13 de marzo de 2010

El año pasado, a la vuelta del verano, un blog del británico The Times publicó un confuso análisis económico sobre varios aspectos del negocio musical. Pretendía demostrar que mientras disminuían los ingresos de los artistas por ventas de música grabada, aumentaban los ingresos por derechos de autor y venta de entradas por conciertos. Nada nuevo bajo el sol. La confusión radicaba en mezclar churras y merinas: ingresos brutos y netos, artistas con autores. En varios de los comentarios al post voces autorizadas intentaban clarificar las distintas modalidades. Pero quienes por aquí se hicieron eco (interesadamente) del supuesto estudio decidieron obviar las muy pertinentes explicaciones. Tampoco me sorprendió porque a estas alturas del partido ya nos conocemos todos. Pero si me llamó la atención que el asunto estuviese dando vueltas durante meses.

Que las actuaciones en directo son parte fundamental del negocio se sabe desde la noche de los tiempos. No hace falta que nadie del The Times venga a contárnoslo. Ni que los voceros habituales y promotores de Manifiestos nos lo propaguen como el maná. Pero si convendría que aclarasen que la recaudación por taquilla corresponde a ingresos brutos. A los que hay descontar gastos e inversiones: transporte, alojamiento, salarios de músicos y personal, derechos de autor, publicidad, imprenta, alquiler local, impuestos, etc. Los grandes artistas suelen exigir entre el 80 y el 90 por ciento de lo recaudado, con un mínimo garantizado, desde donde se pagan los conceptos expuestos anteriormente. Mientras que los royalties (el porcentaje que perciben los artistas sobre las ventas de sus discos) son ingresos netos. Y atención que artista y autor no son necesariamente los mismos. Un ejemplo: The Rolling Stones son el artista y Jagger/Richards sus compositores (además suelen interpretar temas ajenos).

Pero claro este panorama es aplicable sólo a los consagrados o en vías de serlo. Los que empiezan lo tienen bastante más crudo. Y el escenario varía desde pagar por tocar hasta en el mejor de los casos llegar a “lo comido por lo servido” (cubrir gastos).

El “sesudo” reporte no matizaba sobre estos aspectos. Y tampoco mencionaba que el periodo estudiado coincidió con el retorno de todas las vacas sagradas (Neil Young, Rolling Stones, Bob Dylan, Madonna, Leonard Cohen, The Who, Bruce Springsteen, Elton John, Billy Joel, Eagles, etc.).

A todo esto hay que añadir que solamente contemplaban una parte de lo percibido por derechos de autor y afines.

Hace unas semanas el anuario de la Asociación de Promotores Musicales (APM) hizo públicas sus cifras para España, desde el año 2000 hasta el 2008. En estos 9 años ha aumentado la recaudación un 115% (de los 69,9 millones de euros del 2000 a los 150,1 del 2008). Esto se puede deber a varios factores como el progresivo aumento del precio de las entradas o el ya mencionado de la vuelta a la actividad de las viejas glorias. Más interesante me parece el del crecimiento del número de espectadores: de 21,8 millones a 33,4 millones. Representa una subida de un 34,8%. La explicación puede encontrarse en el incremento de la población entre el 2000 y el 2008. Pero hay otra y nos la ofrece la propia APM: la oferta de espectáculos ha aumentado un 50%: de los 71. 045 de 2000 a los 144.859. La APM agrupa desde el año 2000 a 39 empresas, entre ellas las de los principales promotores, Doctor Music y Live Nation, que concentran el 80% de los conciertos que la iniciativa privada organiza en España.

En paralelo la revista Billboard daba a conocer las cifras de las giras del 2009 en Estados Unidos. Los que más vendieron fueron U2, seguidos de Bruce Springsteen y Madonna. No hay un solo artista nuevo en este Top 10. Pero lo destacable es que lo recaudado por los irlandeses en 2009 los colocaría en quinto lugar en el 2008. La más taquillera del año pasado –Madonna- obtuvo más del doble que U2 en 2009.

¿Estas cifras estadounidenses son un aviso de lo que se avecina o son producto de la crisis? De momento dan que pensar. 

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A mal tiempo mejor cara (Efe Eme)

6 de marzo de 2010

Peret y Luis Mendo (VP de AIE)

Tuve la oportunidad de asistir en directo a la gala de entrega de los Premios de la Música (emitida anoche por la 2). Y me alegró profundamente por el buen ambiente que se palpaba entre los asistentes. A pesar de los malos momentos que vive gran parte del sector dedicado a la música nacional. El ambiente de camaradería y buen humor era notable. Con su punto de competividad, como no podía ser menos. Pero en definitiva muy buen rollo. Algo que desde luego tenemos que agradecer a la Academia de las Ciencias de la Música, organizadora de la ceremonia.

Hubo algunas ausencias notables entre ejecutivos, artistas y autores. Destacaría la de algún Presidente de multinacional – ¿porqué ninguna de sus grabaciones fue premiada?- o la del habitual ausente Joaquín Sabina –es la tercera vez- quien además tuvo el feo detalle de hacerlo el día que todos teníamos presente a Tato Luzardo.

Luzardo, quien fue batería de los Canarios, era el gerente de la Academia y estaba pasando los momentos más difíciles de su vida. Confiaba en que pudiera ganar esta batalla aunque las noticias al respecto eran tan pesimistas que, horas después, al redactar estas líneas, llegaba la noticia de su fallecimiento. Tuve la oportunidad de conocerle en 1977: era Director Internacional de Ariola. Y yo acababa de empezar a trabajar como Jefe de Producto del sello A&M Records en CBS (en la recién estrenada división de Epic). Hasta ese momento eran los de Ariola quienes distribuían a A&M en España. Fui a Barcelona para entrevistarme con él: debía pasarme los trastos (masters, negativos, fotos, clips, bios, etc.) y -si tenía a bien hacerlo- ponerme al día. ¡Y vaya si lo hizo! Me dio varios consejos y recomendaciones. Acertó en casi todo. Pero el más importante, el decisivo, fue que no perdiese mucho el tiempo, a pesar de las presiones que iba a tener, con el nuevo de Peter Frampton (“I’m In You”) y me volcase en Supertramp. Compartió conmigo cifras y detalles. Tanto del anterior “Frampton Comes Alive” como el del piano. Sabiendo que perdían la licencia se habían apresurado a editar “Even In The Quietest Moments”. Sólo les daba tiempo a hacer una primera tirada. Cargaron la mano y ¡se les había agotado! Lo que podían ser malas noticias, para mi compañía, a mi me sonó a música celestial. Teníamos un éxito entre las manos, ya testado, y con una demanda que ya solamente podíamos satisfacer nosotros.

Años después cuando me incorporé a las divisiones de RCA y Zafiro, dentro de BMGBertelsmann, la B de BMG, compró Ariola-, Tato llevaba internacional de España y América Latina, desde las oficinas centrales de Madrid. Y ahí nos conocimos y tratamos más profundamente. Y supe de su rol decisivo y personal en la entrada de Sabina en Argentina (y también en México).

El pasado jueves en la entrega de los Premios de la Música su nombre estaba en mente de todos y en boca de algunos de los presentadores y premiados. ¡Animo, mucho animo para los suyos!

Siguiendo con los nombres propios quisiera destacar la excelente labor de Alaska como presentadora del acto. Parecía como si lo hubiese llevado haciendo toda su vida. Fue una MC perfecta.

De los artistas e invitados que ayudaron en el reparto de galardones hubo una inmensa sorpresa para mí: Diana Navarro. Conocía su obra como profesional, excelente cantante, pero su registro y veta humorística fue toda una revelación. Bien acompañada por Manuel Illán tuve la oportunidad de felicitarla y expresarle mi mas rendida admiración.

En cuanto a aspectos digamos más “técnicos” hay dos personas que quiero mencionar. Son Los Nachos: Nacho Mastretta y Nacho Sáenz de Tejada. El primero, Mastretta, amenizó con su clarinete los distintos intervalos. Sus interludios musicales fueron de nivel, subrayando las locuciones y el anuncio de los premiados. El segundo, Sáenz de Tejada, productor de la velada, consiguió con talento e imaginación que algo que suele ser largo y tedioso fuese ameno y entretenido. Con unas actuaciones en directo que demuestran que el panorama artístico alberga muchas esperanzas respecto a nuevos talentos.

E. Bautista y J.C. Calderón

Bebo Valdés, Juan Carlos Calderón y Peret fueron los ilustres veteranos que recibieron el reconocimiento de la Academia, por sus dilatadas e impresionantes carreras.

Los grandes triunfadores de la noche fueron Fito y los Fitipaldis y Miguel Poveda. Algo ya sabido, porque la lista de ganadores era pública desde hacía semanas. Cosa que no acabo de entender bien porque quita intriga y suspense a la tarde/noche.

Si empezaba esta nota con toque personal (Tato Luzardo) quiero acabarla de igual manera. Y en este caso me refiero a Juanjo Castillo y a Juan de Pablos. Juanjo nos proporcionó a José Luis Lozano y a mí las mejores localidades. Y el maestro De Pablos me dio el respingo de la noche al mencionarme, cuando recogió su merecido trofeo por su enorme labor de 40 años difundiendo la mejor música desde sus programas de radio en 99.5, Onda 2, Radio El País y Radio 3.

Como el titulo del ultimo y premiado álbum de Mastretta ¡Qué Vivan Los Músicos!

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La gala de entrega de Los Premios de la Música

5 de marzo de 2010

Anoche estuve en la gala de entrega de Los Premios de la Música. No se la pierdan esta noche en la 2 a las 22:00. Creo que les va a merecer la pena. Yo al menos disfruté de lo lindo.

Acabo de entregar a Efe Eme mi “crónica” del evento para la habitual columna “La música de El Mundano” de todos los sábados. La he titulado “A mal tiempo mejor cara”. A ver si lo vivido anoche coincide con la retransmisión dentro de unas horas. Porque el buen rollo a veces se recoge fielmente y traspasa la pantalla. Pero no siempre ocurre.

Me voy camino Cogolludo, a por el cabrito del Saboya. Disfruten de estas fotos del personal que ayudó a que la noche funcionase como un reloj… y recuerden la cita hoy a las 10 de la noche en la 2.

 

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Cash: Canciones de amor y muerte (Efe Eme)

27 de febrero de 2010

Esta semana se ha puesto a la venta “American VI: Ain’t No Grave”, un documento sonoro desgarrador. El segundo álbum póstumo de Johnny Cash, grabado durante sus últimas semanas de vida. Cuatro meses después de la muerte de su amada esposa June Carter.

Cash, al igual que Elvis Presley y Carl Perkins, comenzó su carrera en Sun Records, propietaria de los legendarios estudios del mismo nombre. En estos tres nombres hemos condensado la gloria de la música popular blanca de EE.UU. Representantes de tres géneros que fueron decisivos para la revolución que vino posteriormente, en los 60: country, rockabilly y rock&roll. Desde luego Sam Phillips, responsable de la discográfica de Memphis, tenía muy buen ojo (y mejores oídos).

 Cuentan que cuando el Hombre de Negro agonizaba rubricó un pacto con Rick Rubin, su productor: cada vez que el cantante se sintiera con fuerzas habría un ingeniero y un guitarrista a su disposición, veinticuatro horas al día, siete días a la semana, a un mero golpe de teléfono. De esta forma se grabaron las pistas de “American V: A Hundred Highways”, publicado póstumamente en 2006, y “American VI: Ain’t No Grave”.

El arranque es sobrecogedor. Te pone los pelos de punta desde los primeros compases de “Ain´t No Grave (Gonna Hold This Body Down)”, un espiritual compuesto originalmente por un pastor Pentecostal, Claude Edy. Sigue con “Redemption Day”, una de las grandes canciones de Sheryl Crow. A continuación nos encontramos con una obra maestra de Kris KristoffersonFor The Good Times”. Alcanzó la cima de las listas interpretada por Ray Price (también fue versionada por Chet Atkins, Al Green, Kenny Rodgers y Willie Nelson). No es mi intención repasar tema a tema. Tan sólo decir que la siguiente es un tema del propio Cash “I Corinthians 15:55”, cuyo titulo ya da pistas sobre la temática. Encontramos otras versiones, entre otros autores aparece Tom Paxton.

Toda una experiencia la escucha de este disco. Marcado por dos tragedias. La muerte de un ser querido y la enfermedad que le consume hasta el fatal desenlace. Rubin ha sabido mantener la crudeza y profundidad de las grabaciones originales. Subrayando y matizando, a posteriori,  con unos arreglos impecables.

No es un álbum fácil. ¿Pero cuantas grandes obras lo son? Atrévanse. Me lo agradecerán, sobre todo cuando tengan un mal día, aunque parezca un contrasentido. Como mínimo les emocionará, que no es poco.

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Abbey Road (Efe Eme)

20 de febrero de 2010

El Mundano me ha brindado varias oportunidades. Las que más valoro: reestablecer relaciones y contar con colaboraciones de conocidos y desconocidos. Algunos de estos últimos al “desvirtualizarse” (afortunada descripción, original de José Luis Orihuela según me contó Antonio Cambronero) se han convertido en habituales de mi mundano círculo social.

Estos pasados días han surgido noticias sobre el futuro de los estudios Abbey Road. Un tema muy relacionado con la temática de mis dos ultimas entradas. Muchas ideas y sentimientos surgen alrededor de este hecho empresarial, pero dotado de una fuerte carga emocional. O romanticismo barato, en versión de escépticos y “sabelotodos”.

Aprovecho el momento para rescatar del blog un post -escrito por Antonio Perea– y traer a colación una anécdota: la hoy tan conocida condición de becario, antaño conocida como aprendiz o discípulo, en los estudios ingleses era muy singular. A semejanza de los novatos en un equipo de futbol, que tienen que ejercer de utilleros, en las salas de grabación los aspirantes a técnico de sonido empezaban sirviendo el te.

El relato de Antonio Perea hace referencia uno de estos “unsung heroes” del mundo de las grabaciones. Pero no nos confundamos: eran reputados y muy apreciados profesionales. John Kurlander es uno de ellos. Además fue un “producto” de los estudios Abbey Road.

Kurlander, el escribiente” nos cuenta como una decisión afecta a la configuración del álbum de los Beatles. Pero no sigo porque es mejor dejar sitio al texto del amigo Perea. Fue el primero que me envió y el ilustre José Manuel RodríguezRodri” nos aportó pruebas gráficas de la época.

<<< Se llama John Kurlander, y mucho antes de participar en la producción musical de la trilogía cinematográfica “El Señor de los Anillos” ya era un valorado técnico de sonido reclamado por grandes artistas y orquestas sinfónicas para sus grabaciones con la compañía EMI. Sin embargo, para nosotros los “beatlemaníacos” su gran minuto de gloria le sobrevino siendo un joven asistente técnico de grabación de los estudios de Abbey Road el 30 de julio de 1969. Aquel día le tocó escuchar a solas con Paul McCartney uno de los últimos montajes de las pequeñas canciones que, como teselas en un mosaico, iban a constituir el núcleo de la cara B del álbum “Abbey Road”, el último atribuible en rigor a la autoría de The Beatles.

El músico y el técnico habían ya escuchado juntos el recadito envenenado de Paul para Allen Klein contenido en “You never give me your money”, y también las arriesgadas armonías vocales concebidas para el “Sun King” de John Lennon. Iban ya por el tema también de Lennon “Mean Mr. Mustard”, cuyo acorde final daba entrada con bastante trabajo de estudio a un tema de McCartney, “Her Majesty”. A su vez, el último acorde de guitarra de éste último se solapaba a base de laboratorio con el primero del siguiente tema, “Polythene Pam”, también de Lennon. Así, entre dos muestras del poderío rockanrolero que brotaba casi involuntariamente de cualquier cosa sobre la que Lennon posara sus manos, se instalaba aquella sencilla cancioncita medio folk y acústica.

Paul no lo dudó. “No me gusta ‘Her Majesty’, tírala”, le pidió a Kurlander. Probablemente éste no contestó nada, se limitó a tocar botones y a maniobrar con los deslizantes de su mesa. Pero en su pensamiento ya se había asentado la reiterativa fórmula con la que Bartleby, el escribiente creado por la imaginación de Melville, respondía a todo requerimiento del mundo que le rodeaba: “Preferiría no hacerlo”.

Nunca sabremos, más allá de las propias y quizá interesadas opiniones de ambos protagonistas, si Kurlander desobedeció a McCartney por motivos artísticos. Quizá anticipadamente al resto del mundo le pasó con aquel temita intrascendente lo que nos pasaría después a todos. Es cierto que no tiene mucho que decir, pero a fuerza de conocerlo enamora. Lo mismo que sucede, por cierto, con la mujer a la que se refiere su letra, que un servidor se resiste a creer que fuera la Reina de Inglaterra, por mucho que Sir Paul se lo cantara a ella personalmente décadas después en un concierto con motivo del aniversario real.

Son, sin embargo, más los que creen que Kurlander tan sólo obedecía instrucciones estrictas de los ejecutivos de EMI. “Que nadie se deshaga de ningún material que graben Beatles en la sesión”, ordenaron entonces a todos los técnicos. No resulta difícil imaginar a los encorbatados directivos trasmitiéndoles la orden a los técnicos, mientras se ponían de espaldas a la cristalera del control y hacían bocina con las manos para que ni siquiera se les leyeran los labios. Y la verdad es que los descartes de las grabaciones de los de Liverpool y, muy especialmente, los de aquellas sesiones de “Abbey Road”  y las de “Get Back/ Let It Be” anteriores, iban a ser un jugoso negocio años después.

Cualquiera que fuese el motivo, Kurlander cortó laboriosamente “Her Majesty” de su ubicación original en la cinta, pero lejos de tirarlo como su autor le había solicitado, lo empalmó al final de aquella, y ya sea por olvido o por visionarismo del entonces neófito ingeniero, allí quedó. Muchos días después el equipo escuchó por última vez el montaje, y cuando habían transcurrido catorce segundos desde el último compás de “The End”, canción que estaba prevista como final del álbum, por los altavoces del estudio aparecía por arte de magia la casi mutilada versión de “Her Majesty” que había quedado de aquella sesión del 30 de julio. Allí sonaba, sola y desnuda de todo lo que no fuera la acariciante voz de McCartney y el límpido sonido de sus arpegios en Re mayor, si bien desprovista por razones técnicas de su acorde final, fagocitado éste por “Polythene Pam”. Les gustó tanto a todos aquella sorpresa, Paul incluido, que se decidió inmediatamente que quedaría tal cual en el master. Las carpetas del disco llevaban ya tiempo en imprenta, por lo que la canción tardó muchas reediciones de “Abbey Road” en figurar en la carátula del disco.

Fotos de contra y etiqueta del vinilo original de Rodri

Por cierto, se dice que muy poco tiempo después y a pesar de su juventud, John Kurlander fue ascendido a ingeniero senior, lo que constituyó una promoción en tiempo récord para la costumbres de la casa.

Sé que hablar de “Abbey Road” tomando como base “Her Majesty” es algo así como adorar a un santo por la peana. Pero aquel álbum contenía demasiadas grandes cosas como para que un lego se meta en mucha harina. La historia que cuento referida a la canción más pequeña nunca creada por Los Beatles, circula entre los “beatlemaníacos” desde hace años y la hemos visto recogida en infinidad de antologías, libros de investigación y páginas Web. Pero no puedo descartar que sea una leyenda urbana.

Advierto de que no me he molestado en contrastarlo, y no lo voy a hacer ahora porque tengo mucha plancha. Pero si alguien tiene tiempo, que se anime…>>>

Publicado en Efe Eme

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