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A La Habana ha llegado el libro

A La Habana ha llegado el libro Bikinis, Fútbol y Rock & Roll. De la mano del gran Luis Melero. A quien habíamos dejado saliendo de su casa de Madrid rumbo al aeropuerto, con su ejemplar recién adquirido.

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Aute en La Habana (por Rodri)

23 de marzo de 2008

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“Fue en ese cine, ¿te acuerdas? en una mañana “Al Este del Edén”. James Dean tiraba piedras a una casa blanca, entonces te besé” 

Cuando recibí, en 1972, el primer single de Rosa León con Las cuatro y diez, canción de Luis Eduardo Aute, pensé: ¡Este tío es un brujo! Yo estaba ya en la radio y, sobre todo, hacía programas musicales. Lo que ocurrió es que me había traído a la cabeza una escena, un momento real, vivido por mí y por una chica llamada Pili en el cine Colón, que estaba en la calle Génova, viendo esa película allá por el año feliz del 61. Tal vez no fuera cuando tiraba piedras, sino cuando volvía sobre el techo del tren subiéndose el jersey para quitarse el frío. 

Cuando en 1967 salió el primer disco de Aute con Don Ramón y Made in Spain, el mismo año en que Massiel sacaba Aleluya nº 1 y Rosas en el mar, yo estaba terminando mi  carrera musical  con Los Continentales. Grupo, que llevado por  Emilio Santamaría, tenía por sede matutina el establecimiento de instrumentos musicales Maxi en la calle Leganitos. La misma donde Santamaría tenía vivienda y oficina y era la niña la que gestionaba los papeles de los contratos. 

Allí, en Maxi, hablaban mucho de Aute. Le ponían por las nubes. Había pasado tan fugazmente por Los Tigres y por Los Sonor que apenas nadie le recuerda. Pero, a pesar de su apariencia desaliñada, le teníamos por un tipo pijo. Vivía en una casaza de Marques de Urquijo, al lado de Rosales; había nacido en Manila, estudiado a la norteamericana. Por lo visto hablaba inglés, francés y ¡hasta tagalo! 

Su familia se instaló en Madrid, después de estar un tiempo en Barcelona tras abandonar Filipinas. Adrian Vogel sabe mejor que yo de historias de Fábricas de Tabacos y similares. 

Pero es que contaban que era un niño prodigio, que pintaba desde los nueve años, que había sido ayudante de dirección de Joseph Mankiewicz, que había vivido en París y pintaba retratos a damas con collares ¡Joé, que asco! 

Pero, poco a poco, Aute, en cada elepé muestra su otra faceta distinta a la música, su lado (nada oculto) de pintor. Y fue ganando puestos por canciones y por cuadros. 

Leo en El País que Luís Eduardo Aute expone en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana un centenar de su obra que abarca desde 1951 (veis como era un maldito niño prodigio) hasta el 2005 con cuadros de su propiedad y otros cedidos por coleccionistas.        

En 1960, expuso por primera vez en la Galería Alcón de Madrid y hasta Transfiguraciones, que así se llama ésta de La Habana (será por empezar en Viernes Santo) debe llevar el niño unas veintiocho individuales y unas quince colectivas. 

Y luego están sus discos, sus  poemarios, sus pelis, cortos y largos, sus esculturas, sus producciones con otros artistas.        

En La Habana, en el Teatro Karl Marx le van a ofrecer La Trova le canta a Eduardo; al estilo de ¡Mira que eres canalla! pero en Caribe Marxista. Sabiendo que cada pintura ha sido una muestra de uno de sus estados anímicos quien pudiera estar gozando al mirar sus obras, al oír su música en las voces de los otros y en saborear un daiquiri como aquellos que nos tomábamos en la Embajada de Cuba en Madrid, ¡eh, Adrian! en los felices tiempos en que la música tenía más valor político que ahora. 

Y, encima, sigue cantando, componiendo y pintando. Y para los 65 brejes que debe tener, está bastante bien. Le odio. 

José Manuel Rodríguez “Rodri”

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