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Miles Davis en Milán (1964)

En estos días de confinamiento y para hacerles pasar el trago les traigo un concierto de Miles Davis, un genio de la música. Digo de la música y digo bien, porque sus aportaciones van más allá del jazz en sus variadas encarnaciones. Es del 11 de octubre de 1964 en el Teatro del Arte de Milán (hoy parte del complejo Triennale di Milano).

La formación que acompaña a Miles Davis es legendaria: es la del llamado Segundo gran quinteto que duró de 1964 hasta 1968 (el Primer gran quinteto contaba con John Coltrane). Y me doy cuenta ahora que en mis 14 años y medio en CBS/Sony conocí a todos los integrantes. A Ron Carter, el único no asociado con CBS o Sony, me lo presentó Herbie Hancock una nochevieja, en la que nos invitó a una all star jam en el Blue Note neoyorquino. Además Carter era un asiduo de los clubes de jazz de NY y tocaba frecuentemente en el Bradley’s, bien como parte del cartel o como última parada antes de regresar a casa después de una actuación.

Miles Davis: trompeta

Wayne Shorter: saxo tenor

Herbie Hancock: piano

Ron Carter: contrabajo

Tony Williams: batería

 

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McCoy Tyner (1938-2020)

Hace unas horas el escritor y crítico de jazz Ted Gioia anunciaba, en su Facebook, el fallecimiento del gran McCoy Tyner. También lo vi en el muro de ese excelente guitarrista que es Ray Gómez.

El legendario pianista de 81 años y (casi) tres meses formó parte del legendario cuarteto de John Coltrane entre 1960 y 1965. Para la historia quedan las grabaciones de “My Favorite Things” (su primera con Coltrane) y “A Love Supreme” (con el cuarteto). En el video del encabezado podemos ver al cuarteto en una actuación de 1963 para la TV. McCoy Tyner simultaneó las grabaciones del cuarteto de Coltrane con las de su trio.

Tras su adiós a Coltrane incorporó a su música influencias africanas y orientales. Su extensa discografía en solitario arrancó en 1962 y finalizó en 2009. Además ha participado en innumerables grabaciones de otros gigantes del jazz como él (incluidas las de Coltrane).

El programa “Jazz entre amigos“, presentado por Juan Claudio Cifuentes y dirigido por Javier Diez, le tuvo varias veces en el programa. En el enlace encontraran la última de ellas: es el trio de McCoy Tyner aumentado con otro grande, el trompetista Freddie Hubbard, y Ralph Moore al saxo. Se rodó en el Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz de 1990.

Como dato anecdótico destacar que McCoy era el hermano mayor de Jarvis Tyner, quien fuera vicesecretario general del Partido Comunista de EEUU.

 

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Música Dodecafónica o Serial, Flamenco y Jazz (por Juan José González González)

24 de marzo de 2010

Música dodecafónica o serial. Si partimos del concepto de tonalidad (música en que los sonidos están relacionados con una nota central-tónica como “si estuvieran atados con unas gomas elásticas a ella”) la atonalidad, en cambio, descarta la referencia a una nota fija. La escala diatónica formada por las siete notas –do, re, mi, fa, sol, la, si– es una escala tonal aunque también, por ejemplo, sistemas modales de diferentes pueblos del mundo y épocas que estén construidos con relación a una frecuencia de referencia, v. gr. la música medieval, son tonales. Sin embargo, la escala cromática formada por doce semitonos posee notas extrañas a la tonalidad, y el cromatismo evoluciona desde el siglo XVI alcanzando una cumbre en la ópera “Tristán e Isolda” (1859) de Ricardo Wagner (Leipzig, 1813- Venecia, 1893) el cual inicia de alguna manera la disolución de la armonía a partir de dicha ópera. Por cierto, Cristóbal Halffter dio no hace mucho una conferencia explicando la influencia sufí en “Tristán e Isolda” a través de España y, en particular, de Raimundo Lulio.

A partir del “TristánArnold Schönberg (Viena, 1874-Los Ángeles, 1951) evoluciona la música, y desde 1906 inicia la transición (escúchese su “Sinfonía de Cámara, Opus 9”) hacia una ruptura con las estructuras tonales, entrando de lleno en esa ruptura a partir de 1909 con obras de ese año como ”Tres Piezas Para Piano”, “Erwartung” o “La Mano Feliz”, obras ya consideradas claramente atonales, es decir, desaparecía la relación con una nota fija central. Una obra revolucionaria, interesantísima y polémica de aquel período es su “Pierrot Lunaire” (1912) en que la música instrumental acompaña a una cantante cuyos sonidos vocales son un intermedio entre la voz hablada y el canto–“sprechgesang”– técnica ya empleada por Schoenberg en obras anteriores como los “Gurrelieder” de 1900-1901. No olvidemos también que el Canto Gregoriano, que tiene más de 1400 años, es atonal.

Pero Schoenberg fue más allá, creando en 1923 la música dodecafónica de forma implícita con la última de sus “Cinco Piezas Para Piano”, y ya claramente con su obra “Quinteto De Viento”, también de 1923, utilizando indistintamente, sin jerarquías, los doce sonidos de la escala cromática, ordenándolos mediante una serie, de ahí que la música dodecafónica se denomina también música serial o serialismo.

Otros dos autores: Alban Berg (Viena, 1885- Viena 1935) y Anton Webern (Viena, 1883-Mittersill, 1945), discípulos de Schoenberg entre 1904 y 1910, formaron con éste la llamada Nueva (o Segunda) Escuela de Viena. Se suele llamar Primera Escuela de Viena la que comprende el conjunto de Haydn, Mozart y Beethoven (éste en su primera época).

Es de señalar el hecho de que, así como Schoenberg compone “mirando hacia atrás”, sin embargo Webern moderniza el dodecafonismo hacia un serialismo casi integral y lanza su mensaje a futuros músicos. Para explicar el serialismo integral partimos de que si Schoenberg repartía los 12 sonidos de tal forma que ninguno fuera más reiterado que otro y ya no había jerarquía cuantitativa de una o varias notas, respecto a otras, sin embargo existía la particularidad de que Schoenberg solo se preocupaba de la frecuencia (altura) de los sonidos. Webern con su serialismo casi integral se preocupó además de la duración y del timbre de los sonidos, y posteriormente Pierre Boulez (Moutbrison, 1925) con su “Segunda Sonata Para Piano” (1949) y una cantata sobre textos de René Char: “El Sol De Las Aguas”, entró de lleno en el serialismo integral añadiendo la intensidad del sonido a los 3 elementos anteriores, como ya estaba indicado en la obra “Modos De Valor E Intensidad” (1949) de Olivier Messiaen (nacido en Avignon en 1908 y fallecido en 1992) auténtico padre del serialismo integral.

Recomiendo un CD (del sello Stradivarius) referencia STR10027 titulado: “La Nuova Scuola Di Vienna Vol. 2, Berg, Schoenberg y Webern” con obras de los tres autores, dirigidas precisamente por Pierre Boulez (que es un gran director aparte de compositor) al frente de la London Symphony Orchestra.

Como anécdota señalo que yo entré en esta música escuchando previamente muchas obras de Debussy y de Ravel, de alguna manera precursores del nuevo estilo, y posteriormente, aparte de las primeras obras de Schoenberg, me metí de lleno escuchado a diario la “Sinfonía Opus 21” (1928) de Anton Webern (incluida precisamente en el referido CD) durante muchos meses, hasta que ya disfruté de lleno con esta música igual que disfrutaba con asignaturas de la carrera cuando ¡por fin! las entendía, después de pasarlo mal estudiando y estudiando.

Otro CD más fácil de encontrar que tiene dicha obra, entre otras, es el titulado “Anton Webern” sello Naxos, ref. 8.554841, con la Ulster Orchestra dirigida por Takuo Yuasa.

Bibliografía
Diccionario de Música, por Josep Soler. Ed. Grijalbo, Barcelona, 1985.
Diccionario de la Música, por Manuel Valls Gorina. Alianza Editorial. Madrid, 1994.
Pierre Boulez, por Martine Cadien. Espasa Calpe. Madrid, 1985.
Historia General de la Música. Tomo IV: El Siglo XX, por Tomás Marco. Ed. Itsmo. Madrid, 1989.

Para terminar recomiendo un CD de flamenco y otro de jazz.

El de flamenco se titula “Yerbagüena” (Nuevos Medios) y está interpretado por un guitarrista de oro de ley: Pepe Habichuela con diversos colaboradores, entre ellos el grupo hindú The Bollywood Strings. Varios números son una auténtica joya de fusión entre el flamenco y la música de la India (los gitanos provienen del Punjab, región de la India). Destaco un número sobre todos los demás: “En El Grec” cuyos casi once minutos se hacen cortos. Es una seguiriya movida, con introducción por martinetes del gran cantaor Guadiana y con estupendos solos improvisados de Baluji Shrivastava al sitar, Chandrú al violín y el propio Pepe a la guitarra. Si el número hubiese durado 40 minutos (como el CD de jazz de John Coltrane: “Ascensión”, que tiene solo un número) a mi no me hubiera importado en absoluto. Dicho número está grabado en directo en el teatro Grec de Barcelona.

El disco de jazz que recomiendo, aparte del citado “Ascensión” (sello Impulse) es otro CD del mismo sello titulado “John Coltrane and Johnny Hartman”, para mi el mejor disco de baladas (temas lentos) del jazz después de más de cuarenta años de afición.

El extraordinario cantante Johnny Hartman (Chicago, 1923-N. York, 1983) grabó este disco en 1963 (yo lo compré entonces en vinilo) con el cuarteto del insuperable saxofonista John Coltrane (Hamlet, Carolina del Norte, 1926-Nueva York, 1966).

Ya hubiera querido Frank Sinatra llegarle a la suela de los zapatos a Hartman en calor y feeling natural (para mi Sinatra era un gran técnico pero con un fondo bastante teatral). Y el famoso fue Sinatra. Así se escribe la historia.

Publicado en BIT

 

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El Ruido Eterno de Alex Ross (por Antonio Perea)

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Un siglo de canciones 41: “In A Sentimental Mood” (por Júcaro)

26 de octubre de 2009

EllingtonandColtrane

Watlz for Debby de Bill Evans, “Come Back To Me” interpretada por Shirley Horn, “Down Here Below” cantada por Abbey Lincoln, cualquier tema de Miles Davis o “A Love Supreme” de John Coltrane, fueron algunos de los títulos que barajé de inmediato al aceptar la invitación para colaborar en esta sección de Un siglo de canciones. Finalmente, me decidí por “In a Sentimental Mood“, de Duke Ellington, en la versión de éste con John Coltrane, por tratarse de una pieza que nunca me deja indiferente y por ser uno de esos temas que puede satisfacer tanto a los expertos más exigentes como a quienes se acercan al jazz por primera vez.

Leí por algún sitio que Ellington lo compuso de manera imprevista, sin aplicar un proceso creativo rebuscado o complejo. En el transcurso de una fiesta, mientras tocaba el piano, se organizó una trifulca entre varios de los asistentes. Entonces, para calmar la tensión, Duke continuó tocando y buscó sonidos suaves y amables. Si logró apaciguar el ánimo de los contendientes, hoy carece de importancia porque lo que nos ha llegado de aquella improvisación es un tema extraordinario, mil veces versionado por los músicos más reconocidos. El listado de artistas que lo han incluido en su repertorio es tan numeroso que os remito a los buscadores de internet para comprobar cómo “In a Sentimental Mood” unió a muchos de los grandes del jazz y de otras músicas, en sus particulares interpretaciones. Aunque las de Ella Fitzgerald o Bill Evans resulten especialmente conmovedoras, me quedo con la que realizan Duke Ellington al piano y John Coltrane al saxo.

En esta versión, extraída del disco “Duke Ellington & John Coltrane, tiene buena parte de culpa Bob Thiele, un personaje peculiar que pasó de pinchadiscos a productor de vinilos tan recordados como “What A wonderful World de Louis Armstrong o “A Love Supreme de John Coltrane y que, entre otras iniciativas, dirigió la compañía discográfica Impulse. En 1962, año en que se grabaron discos del calibre de “The Brigde de Sonny Rollins o “Time Out de Dave Brubeck, Bob Thiele propició el encuentro y la grabación de este disco. Probablemente, las intenciones del productor no fueran otras que la de conseguir un éxito comercial pero nos dejó esta versión, que es la versión, de “In a Sentimental Mood.

La unión de Duke Ellington, un tipo que tocaba el piano maravillosamente y que tenía tal dominio de la orquesta que algunos han afirmado que la orquesta era su instrumento, y de John Coltrane, un músico todo elevación, elegancia, entusiasmo, tenía que dejarnos necesariamente alguna muestra del mejor jazz. Hacía unos treinta años que Ellington la había compuesto (1935) y eran unos treinta años los que separaban las biografías de Duke, con sus 65 años de orquestas y jazz, de los 37 de un John Coltrane que para entonces, ya había participado en la grabación de algunas de las piezas más codiciadas de la historia del jazz. Treinta años que no son nada cuando ambos genios se ponen a la tarea y la música fluye manera tan atemporal como sutil y emocionante.

Desde la primera nota del tema, Ellington marca un tono intimista que, en la reiteración, logra un ambiente que invita a la reflexión y el recogimiento. Luego, el poderoso y delicado saxo de Coltrane aporta lirismo, delicadeza y profundidad. Junto a ellos, la batería del Elvin Jones cumpliendo el papel de eficaz acompañamiento, sin grandes alardes ni floritura, y el más apagado y casi intrascendente bajo de Aaron Bell. Pasado el primer arrebato lírico, hay un momento de una gran belleza musical cuando Coltrane se toma un respiro. Entonces, Duke nos ofrece un piano excepcional para recordar que su magia desborda todas las categorías, penetra en todos los terrenos e irrumpe amablemente en los acordes y para demostrarnos que si su instrumento era la orquesta, también lo fue el piano.

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Jazz en la noche: Miles Davis (con Coltrane)

7 de diciembre de 2007

La magnífica interpretación en directo de un clásico del cool So What es de 1959 y se puede ver al final de esta nota.

El Miles Davis Quintet estaba formado por John Coltrane (saxo), Wynton Kelly (piano), Paul Chambers (contrabajo) y Jimmy Cobb (batería) En esta actuación de TV les acompañaba la Gil Evans Orchestra. 

Este programa formaba parte de una serie sobre los grandes del Jazz y fue conducido por el músico y actor Bobby Troupe. Que no es otro que el autor de la inmortal Route 66 cuya primera grabación cantada por Nat King Cole data de 1946. Route 66 se coló en la historia del rock gracias a las versiones de Chuck Berry, primero, y The Rolling Stones, después. Troupe también compuso The girl can´t help it que cantaba Little Richard y dio titulo a una de las primeras películas de rock & roll. Asimismo Mr Cool himself, Miles Davis, grabó una versión instrumental de su The Meaning of the Blues para el disco Miles Ahead. Como productor el polifacético Bobby Troupe es responsable de otra joya Cry me a river (1959) -para el primer album de Julia London, su 2ª esposa. Cancion originalmente compuesta para Ella Fitzgerald. Pero al negarse el autor a cambiar parte de la letra se consideró inapropiada para una cantante negra. La Fitzgerald acabaría grabándola unos pocos años después del éxito de Julia London. Como actor trabajo fundamentalmente en TV (series y concursos musicales) En cine podemos destacar su cameo en MASH (1970) de Robert Altman y la interpretación que hizo de Tommy Dorsey en la película The Gene Krupa Story (1959) 

Volviendo al clip: Atención a los solos de Davis, de Kelly y sobre todo al de Coltrane que es impresionante. A medida que John Coltrane se va creciendo va fijando la atencion de los músicos. Observar la cara de asombro y satisfacción de alguno de ellos. El propio Miles Davis que se había unido a un corrillo de músicos para echarse un pitillo queda atrapado por la intensidad del solo. 

En 1959 la tele era en blanco y negro pero en USA ofrecía Jazz en directo. Por otra parte fumar aún no era nocivo para la salud. Era más bien cool. Y además se podía fumar delante de las cámaras sin que ningún regidor o segurata se abalanzasen sobre ti…

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