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La voz de la memoria: Homenaje a Joaquín Díaz en su 70 aniversario

Joaquín, Diego y Pablo

Joaquín Díaz, flamante premio Nacional de Antropología, recibió ayer un merecido homenaje por su 70 aniversario: La voz de la memoria. Celebrado en el salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, consistió en un recital de piano a cargo de Diego Fernández Magdaleno, otro premio Nacional (en su caso el de Música 2010). En la foto que encabeza estoy con los dos Maestros y con uno que lo será en el futuro, Pablo (hijo de Diego y estudiante de violín). Fue al acabar el concierto y la foto nos la hizo Teresa Sobredo, Doctora en estudios medievales del árabe y hermana de Evangelina Sobredo, más conocida como Cecilia. Pero vamos al principio de una mañana emocionante, por su sencillez y por el arte y talento desplegado en torno a la inmensa figura de Joaquín Díaz.

Salón de actos BBAA

En la foto apreciamos varios detalles. En primera fila está el homenajeado. Tres asientos a su izquierda está Teresa Sobredo (sentada al lado de alguien parecido a Fernando Aramburu). Justo detrás de Joaquín Díaz están la esposa de Diego Fernández Magdaleno, Tere, y su hijo Pablo. Entrando, con chaqueta beige y camisa azul, Tomás Marco.

Uno de los momentos emocionales cumbres fue el abrazo público de los dos Maestros al terminar el recital.

Fernández Magdaleno organizó el recital en ocho bloques. Cada uno de ellos, salvo el central, eran un ciclo de tres obras, que comenzaba o cerraba con una composición de Joaquín Díaz. De las 24 composiciones tan solo dos no eran de autores españoles (Montague y Bernstein). Diego incluyó compositoras españolas (no en vano tiene un ciclo de conciertos dedicados a la mujer en la música). Su interpretación fue vibrante, precisa. Con la agresividad necesaria según lo requerían algunas de las piezas o la suavidad y elegancia que precisaban otras. Contó con dos cómplices: un bellísimo Steinway y una acústica inmejorable.

Es en estas fotos donde echo de menos a un crack de la fotografía como Raúl Cancio. El sí sería capaz de captar la belleza de este imponente piano.

Mencionaba antes la excelente acústica del salón de actos de la Academia de Bellas Artes de San Fernando (calle Alcalá 13). Ambos Maestros coincidieron conmigo en esta apreciación. El pianista la destacaba comparándola con otros recintos y el mismo modelo de piano. Y al homenajeado le recalcaba que teniendo en cuenta los materiales de construcción empleados en la sala resultaba más sorprendente aún la calidad sonora. Pregunté sobre la importancia de las bóvedas y las claraboyas (de digamos doble techo creando una especie de colchón o cámara de aire). Díaz citó que probablemente fuese “el efecto Vitruvio“. Se refería al tratado arquitectónico del siglo I a.C. en el que el romano Vitruvio entendía la aplicación del sistema de proporción, el de las armonías musicales, a las piezas arquitectónicas. Además Vitruvio en su texto describía tres tipos de maquinas: “La segunda clase de máquinas -máquinas pneumáticas- consta de unos elementos que se mueven por la acción violenta del aire que pasa a presión y permite emitir sonidos y tonos armónicos.” Y un poco más adelante explicaba su utilización: “Los órganos obtienen sus efectos simplemente con el manejo experto de un solo hombre competente.” Hoy en día estos instrumentos también reciben el nombre de órganos: instrumento musical de viento, compuesto de muchos tubos donde se produce el sonido, unos fuelles que impulsan el aire y un teclado y varios registros ordenados para modificar el timbre de las voces. El órgano musical, pertenece a esa “mecánica” que Vitruvio describía en su tratado de arquitectura. La conversación derivó hacia la importancia española en la fabricación de órganos, especialmente en Cataluña y Castilla y León. Lo cual nos lleva al siguiente punto: el magnifico órgano de la Academia de Bellas Artes.

Obra de Blancafort padre tiene una pinta imponente. Una vez más agradezco a Antonio Perea por haberme sumergido en el fascinante mundo del órgano. Las clases definitivas me las ofreció en nuestro viaje a Gijón (para la presentación de “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll“). Precisamente en la ida de ese viaje paramos en Urueña (idea original de Antonio) para saludar al Maestro Joaquin Díaz en sus dominios. Ahí ya abordamos el asunto Vitruvio. Curioso que Joaquín y yo no nos hubiésemos visto desde el siglo pasado y en el breve espacio de unas tres semanas hemos coincidido dos veces. La foto con Antonio y el Maestro es del pasado 16 de junio.

Joaquín Díaz y Antonio Perea

 

 

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¡Mil gracias Gijón!

Gijón

Este pasado fin de semana he vivido en Gijón momentos inolvidables. Sobre todo por las personas que conocí y traté. Debe ser la ciudad del planeta con más buena gente por metro cuadrado.

El motivo del viaje era la presentación de “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” en la capital de la Costa Verde. El acto se celebraba en el espacio cultural de ocio Toma 3, regido por Tono, un tipo sin par y veterano de la escena cultural de la historica villa desde los tiempos en el que el local se dedicaba al cine. Elena y Marta le prestan una ayuda inestimable. Siempre están al quite. Con eficacia y simpatía. Pero no adelantemos acontecimientos porque el viaje que arrancó el viernes por la mañana tuvo una parada imprescindible en Urueña (Valladolid). Había que saludar al maestro Joaquín Díaz, a quien no veía desde el siglo pasado. Antonio Perea, que me acompañó, fue quien me avisó que pasábamos a 6 km. de la Villa del Libro. La parada era por tanto obligatoria.

Joaquín Díaz y Antonio Perea

José Miguel López de Discópolis (Radio 3) me facilitó el email de Joaquín Díaz y me dijo que contestaba rápido. Como así fue.

La visita guiada por el Maestro a su Fundación fue un lujazo. Y la conversación una delicia. Como no podía ser de otra forma recordamos a los amigos desaparecidos como Juan Claudio Cifuentes y Nacho Saenz de Tejada, repasamos las andanzas de los vivos y echamos unas risas a cuenta de los Lomax y sus vicisitudes. Me contó que acompañó a Anna, la hija de Alan Lomax cuando vino a España para saldar algunas deudas pendientes de su padre (de cuando realizó sus investigaciones aquí). ¡Hay qué ver la mala pasada que me ha jugado un defecto auditivo a la hora de recabar información!

Queda pendiente una visita mas pausada a Urueña y una visita a otro maestro, Luis Delgado, a quien por falta de tiempo no pudimos pasar a saludar. Y todo hay que decirlo: llegamos a Gijón apurados. La presentación era a las siete de la tarde y entramos a nuestro hotel a las seis menos cuarto. Ahí estaba esperándonos el gran Pedro Roldán de la Sociedad Cultural Gijonesa, organizadora del acto.

Gijón 16 J

 

Tras una rapida visita a la Sociedad, cuya sede estaba al lado del hotel, nos encaminamos  hacia el Toma 3. Precioso el sitio y muy ambientado. Conocí a Silvia y a Sergio. Abracé a Igor a quien había conocido en el C.M. Chaminade de Madrid en una charla en la que participó no hacía más de tres meses. Desvirtualicé a Rubén Figaredo y Xandru Fernández (y después a Paco Walks Softly y conocí a su encantadora compañera y a una pareja amiga igual de fenomenales que ellos). Vi a Josu Pérez, un viejo amigo de los veraneos de Cue, quien se desplazó desde Mieres (hubo peña que vino desde Oviedo). Un abrazo emotivo tras varios años sin vernos y gracias al libro nos hemos reencontrado y retomado contacto. Pensé que se vendría a cenar pero tenía que regresar a casa y preparar su estancia en Cue. Nos veremos pronto en Madrid…

El acto en si me pareció brillante. Por parte de Sergio, Igor y Silvia. Me dejaron el listón bastante alto. Creo que hablé demasiado pero cuando llegó el turno de preguntas, esa verborrea mía (panzer dialéctico en palabras de Jorge Freire), sirvió para vencer las timideces del respetable y se produjo una charla muy agradable con unas preguntas muy interesantes. Igor me marcaba el ritmo y no me dejaba irme por la tangente en preguntas espinosas de difícil respuesta. Pero que al fin y al cabo fomentaban el intercambio de impresiones.

He seleccionado algunas fotos que hizo Paco Walks Softly:

Del Toma 3 nos fuimos a cenar a la Sidreria Canteli con Pedro y el equipo de la Sociedad Cultural Gijonesa. Aparte de Pedro Roldán nos acompañaron Sara Fernández, secretaria, Ovidio Rozada, profesor de Filosofía y directivo de la Sociedad, y Víctor Luis Álvarez, socio de la SCG. Ambientazo, buen rollo y mucha política. Igor y yo manteníamos el perfil rocanrolero, hablamos de música, de artistas, proyectos, de la situación actual y sus dificultades, de la falta de planes culturales ambiciosos, etc. Aplicable tanto al mundo de la cultura como al de tantas otras áreas. Y a todo esto la excelente tabla de quesos con su membrillo reglamentario (Asturias presume de ser donde más variedades hay de quesos en España) y otras raciones iban desapareciendo y llegaban refuerzos al grito de guerra del encargado Sodomitas!!! (lo de Espartanos!!! realmente no pegaba aunque igual sí ante tanta profusión de hombres). Del restaurante el señor Paskual y un servidor volvimos al Toma 3 a rematar la noche.

Ahí le esperaban unos amigos. Una pareja encantadora, otra, y su cuñado que era ni más ni menos que Eduardo Viñuela.

Eduardo Viñuela

Eduardo es una de las fuentes bibliográficas del libro (y da clases en la universidad de Oviedo). Su “Rock Around Spain: historia, industria, escena y medios de comunicación” (Universidad de Lleida, 2013) editado junto a Kiko Mora ha sido uno de mis apoyos a la hora de confeccionar “Bikinis…“. Pero es que además es hermano de mi admirada Laura Viñuela, musicóloga y referente básico a la hora de abordar perspectivas de género en la música popular. El libro de Laura “La perspectiva de género y la música popular: dos nuevos retos para la musicología” (KRK, 2003) también forma parte de la bibliografía de “Bikinis…“. La noche anterior descubrí una charla que dio en la que afirmaba que las criticas al reggaettón tenían algo de clasista. En mi opinión se quedó corta…

LAura

Entré en contacto rápidamente con ella para animarla a venir al coloquio-presentación de Toma 3. Me dijo que no podía y se notaba que estaba al tanto del asunto. Me sorprendió gratamente que supiese del libro. Al poco descubrí la razón. Igor me manda un WhatsApp y me pregunta si sé que Laura es su mujer. Pues no tenía ni idea. Y tampoco caí en la cuenta que ella y Eduardo eran hermanos. El mundo es pequeño y Gijón nos conectó!!!

Cerramos el Toma 3 (como habrán podido apreciar los más observadores en la foto con Eduardo). A todo esto ese excelente guitarrista y mejor persona que es Igor Paskual iba a todas parte con un maletín de esos rodantes, porque tocaba con Loquillo en el festival de Aranda el sábado a la noche (que cantaba Moris).

A la mañana siguiente un único compromiso. Con Silvia y su gente de la editorial Suburbia. Habían sido excluidas de la Feria del Libro gijonesa y habían organizado un vermú literario en el Café Gregorio a partir de las 13:00. Como acto de protesta por la situación creada -sonaba a represalia del ayuntamiento, gobernado por el partido de Álvarez Cascos– y en solidaridad con los autores afectados. Así que ahí nos plantamos Antonio Perea y un servidor. Antonio recién paseado y yo recién desayunado (y encantado de haber descubierto una nota en El Comercio mientras tomaba el segundo café).

El Comercio

Creo que este comentario de Xandru Fernández de la revista SOMA define otro ambientazo (con unos vermús de categoría):

Xandru

Nosotros no estuvimos tantas horas. Nos fuimos a comer algo después de un par de vermús. Paramos en otro sitio sensacional (el único que estaba lleno en una zona de restaurantes que no tenían muchos comensales). La Sidrería El Globo. Unas croquetas de jamón de pecado. Un cachopo imponente y quien suscribe un salpicón tradicional, no el de centolla (estaba agotado). Y después a echar una pequeña siesta. Antonio quería ver el órgano de San Pedro Apóstol, iglesia que corona una de las puntas de la playa de San Lorenzo a los pies del barrio de Cimadevilla. La original databa del siglo XV y fue destruida en la Guerra Civil. La actual se construyó entre 1945 y 1955.

Organo

Antonio, autor de la foto, es the real organ man. Me puso al día de las características de este, construido por Federico Acitores (Torquemada, Palencia) en 2006. Me repasó la lista de los mejores organeros. Me quedó claro que somos potencia mundial al respecto. En El Papiol (Barcelona) está Grenzing, la organería más importante del mundo. En Cataluña también está Blancafort. Valladolid aporta dos organerías de categoría: Ana Caramazana y Berchtold Soergel en Medina de Rioseco y Joaquín Lois en Tordesillas. Pero hay al menos una docena más de organeros repartidos por la península.

Mientras Perea se decepcionaba con una performance de órgano más cercana al repertorio de Viva la Gente que al de Bach (aunque le sirvió para escuchar el aparato de Acitores) me acerqué a la mítica Librería Paradiso. Aún a sabiendas que cerraba el sábado por la tarde. Ver el libro en su escaparate fue un subidón.

Con el 5-0 de la sub 21 (hat trick de Marco Asensio) decidimos acercarnos a Cimadevilla. Estaba animado, como no podía ser menos un sábado por la noche. Pero las terrazas parecían mas enfocadas a sidra o cañas que a comida propiamente dicha. Ya llegando al final, casi en el puerto encontramos nuestro sitio. Estaba lleno y había gente cenando: El Planeta (al mediodía estuvimos en El Globo así que todo cuadraba). Luego nos enteramos que cumplía 50 años. Como en todas partes trato amable y eficaz. Pedimos una ensalada normal con cebolla que vimos a una mesa de al lado (entablamos conversación y nos recomendaron varios platos) y los clásicos bocartes. No nos atrevimos con la centolla que estaban tomando en la mesa del otro lado y optamos por una rueda de bonito al ajillo (presentada en taquitos para ayudar a compartir). Sensacional. Mientras nos relamíamos vimos salir a Lucas Alcaraz (parece que anda en tratos con el Oviedo).

La copa de despedida nos la tomamos en Toma 3. Nuestra última noche en Gijón igual que la primera.

A la mañana siguiente, otro día espléndido de sol y airecito, nos encaminamos a hacia Villardefrades, a Casa Carmela. Habíamos comido ahí a la ida, al salir de Urueña. Antonio se había dejado su sombrero. Aprovechamos para repetir su excelente tortilla, esta vez de calabacino, y un gozoso bocadillo a medias de lomo, queso y pimiento rojo (nos había encantado a la ida).

Sobre las 20:00 estábamos ya de vuelta en Madrid. Con este calorcito del que huimos el viernes por la mañana.

¡Mil gracias Gijón! ¡Quiero volver!

P.D.: Y no puedo dejar de reírme con esta foto que me mandó Igor desde la estación de autobuses: las maquinas expendedoras en Asturias venden fabada…

Fabada

 

 

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