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Venecia rescata a Hedy Lamarr

El Festival de Cine de Venecia va a proyectar, en su preapertura, una version restaurada de “Éxtasis“, estrenada en la Mostra de 1934. Su primer pase, el 7 de agosto de 1934, causó un revuelo. La película, una producción checa dirigida por Gustav Machatý, mostraba por primera vez un orgasmo femenino (reflejada en el rostro de Lamarr, lo único que se veía en pantalla) y probablemente tambien fuese el primer desnudo integral femenino del cine rodado para su exhibición comercial en salas (dos escenas de 10 minutos de duración cada una: una bañándose y la otra correteando por un bosque).

La austriaca Hedy Lamarr (Viena. 1914), nacida como Hedwig Eva Maria Kiesler en el seno de una acomodada familia judia, no solo se codeó con los grandes protagonistas masculinos del Hollywood de su época (Charles Boyer, Clark Gable, James Stewart o Spencer Tracy). También estudió ingeniería desde los 16 años, que abandonó para dedicarse al mundo de la escena (posteriormente reanudaría sus estudios, privadamente, en EEUU). Sin embargo su faceta como ingeniera y sobre todo inventora es la menos conocida. Aunque ultimamente se le está dando su justa relevancia.

Lamar junto al músico George Anthill patentaron una idea que posteriormente revolucionó las comunicaciones, las militares y las de la telefonía móvil (está en la base del WiFi y del Bluetooth). En 1942 denominaron su idea como “Secret Communication System”. Era el espectro ensanchado por salto de frecuencia.

Durante el transcurso de la II Guerra Mundial Lamarr había observado que los torpedos estadounidenses, guiados por radio, eran facilmente interceptados por las fuerzas enemigas. Con Anthill llegó a la conclusión que si se pueden cambiar las notas musicales en una pianola, también podría hacerse cambiando simultáneamente las radio frecuencias. Hasta la crisis de los misiles de Cuba, veinte años después, no se puso en práctica.

La aparición del transistor y su posterior miniaturización facilitaron la implantación y desarrollo del invento, entre la industria militar y la de la telefonía móvil.

HL

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El pacto Hitler-Stalin: la primera pinza de la historia

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En 15 días se cumplen 80 años del pacto Hitler-Stalin. La primera pinza de la historia. Dicen que los extremos se tocan. En la historia reciente este es un ejemplo clarísimo. Precedente de lo que por aquí denominamos en su día la pinza, referido a lo de Anguita y Aznar. Parecería que los comunistas tienen tendencia a pactar con extremistas de la derecha o directamente con el fascismo (o pasarse a militar en el PP y hay varios ejemplos al respecto tanto desde el PC como del PT). Lo de Pablo Iglesias podría perfectamente entrar en este concepto de “pinza”. El neocomunista Iglesias con las dos investiduras fallidas de Pedro Sánchez, de las que fue directamente responsable, facilitó en la primera el afianzamiento de Rajoy y en esta segunda… de momento seguimos con los presupuestos prorrogados del PP de Rajoy y Montoro. Y ya veremos por dónde sale el sol. De entrada, no tener nuevos presupuestos no parece una medida muy progresista. Aunque a Podemos le haya servido para despedir gente con esa reforma laboral del PP, que afirman detestar. La de los 20 días por año trabajado. Por ahí fuera también tenemos ejemplos recientes como en Francia: Melenchon no apoyando a Macron frente a Le Pen. (En EEUU los simpatizantes de Bernie Sanders le dieron la espalda a Hillary Clinton frente a Donald Trump).

El 23 de agosto de 1939 los ministros de exteriores nazi y soviético, Ribbentrop y Mólotov, firmaron en Moscú el Tratado de No Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Nueve días después comenzaba la II Guerra Mundial. En 1941 los nazis iniciaron la (fracasada) invasión de la URSS.

El Tratado contenía cláusulas de no agresión mutua (que saltaron por los aires dos años después). Pero había algo más: un Protocolo adicional secreto por el que ambos países se repartían Europa del Este. Como primera consecuencia de este pacto oculto el III Reich alemán invadió Polonia y la URSS hizo lo propio con las repúblicas bálticas de Estonia y Letonia (posteriormente también Lituania) y Finlandia, a las que pronto se añadió el Reino de Rumania a la par que los nazis ganaban la batalla de Francia y se lanzaban a por el Reino de Yugoslavia y Grecia.

Este Protocolo secreto marca el primer hito de la propaganda soviética. Lo negaron hasta la saciedad. El objetivo era ocultar que el Protocolo estaba en el origen de la II Guerra Mundial. Hasta que en ¡1989! un historiador de la RDA (la Alemania comunista) no solo reconocía su existencia, es que además justificaba su firma. Hay que decir que los documentos oficiales fueron encontrados por los británicos al finalizar la guerra. La URSS negó la oficialidad de los papeles aduciendo que eran una falsificación. Se cree el ladrón que todos son de su condición. Pero en ese 1989, 50 aniversario del pacto Hitler-Stalin, la URSS tras una investigación, auspiciada por el gobierno de Gorbachov, reconoció finalmente la existencia del acuerdo secreto. La Nochebuena de ese año 1989, el Congreso Soviético condenó la firma del Protocolo adicional secreto del Tratado, así como la de otros documentos secretos firmados entre la URSS y la Alemania nazi.

En esos 50 años transcurridos, entre la firma del Tratado y el reconocimiento del Protocolo, la propaganda comunista fue afinando sus redes hasta alcanzar cotas inimaginables. Al principio los partidos comunistas, bajo la directa influencia de la URRS, justificaron el pacto. Siguieron a rajatabla las órdenes estalinistas de cesar la propaganda contra el fascismo para atacar a las democracias occidentales, enemigas de la Alemania nazi. (Lo de arremeter contra las democracias es una constante comunista; recuerden eso del Régimen del 78 aquí en España). Un ejemplo, los militantes del Partido Comunista Francés rehusaron prestar el servicio militar cuando Francia entró en guerra contra el Reich (septiembre de 1939). Acusaban al gobierno francés de lanzar una “guerra imperialista” (¿les suena, verdad?), saboteando loa esfuerzos bélicos de su país. Hubo conductas parecidas en el partido comunista británico y en los de otros países. Los intelectuales también pusieron mucho de su parte en la desinformación. Y a los que se apartaron del influjo comunista los machacaron, mientras la maquinaria encumbraba a los fieles.

Todo se repite…

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