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Un siglo de canciones 75: “Una Canción (Pueblo De España Ponte A Cantar)” (por Gustavo Sierra)

1 de julio de 2010

La palabra hecha canto,

el grito estrangulado.

Vengan todos a verlo:

¡el pueblo está gritando!

A. Gómez

Corrían los años 50. Habían pasado ya 11 años desde el final de la guerra civil española y sólo apenas 5 desde la derrota de los fascismos beligerantes: a cambio, se instauró la Guerra Fría, una especie de “pásate un pelo y te meto” que ambos mandos mantenían como si fueran chulos de discoteca sin demasiado valor.

Por un motivo que era, a la vez, tanto ideológico como estético, varios intelectuales extranjeros posaron, entre la década de los 50 y la de los 60, su mirada sobre las manifestaciones artísticas, populares y cultas, de aquello que se dio en llamar cultura de la resistencia de la población y la intelectualidad española: Alan Lomax recorrió de norte a sur España recogiendo diversas manifestaciones folklóricas, yendo más allá del nacional-folklorismo y de los pseudo-gitanos para turistas; Ian Gibson también vendría para estudiar la figura, su arte y su vida, del gran Federico García Lorca (al que aún seguimos buscando), con la excusa –no sé si inventada- de un abuelo ultra-católico (es cierto que un pequeño, pero significativo número de católicos irlandeses vino en ayuda de la “perseguida iglesia española”) que vino a luchar con Franco. Y no menos importante fue la labor de dos periodistas italianos.

Sergio Liberovici y Michele Straniero eran dos periodistas influenciados por las tesis acerca del arte y la sociedad del gran Antonio Gramsci (otra víctima del fascismo por el mero hecho de usar el coco y de dar con la raíz del problema). Ambos estaban intensamente interesados por esa especie de folklore oculto que la población oprimida de un país elabora y vinieron a España con el permiso de su editorial, la Casa Einaudi, en el año 61. La situación no era demasiado buena para estos experimentos, y, casi como si fueran agentes de Moscú, los dos periodistas tuvieron que mantenerse en la más pura clandestinidad para evitar problemas, incluso dejar de verse con ciertos contactos que de repente se habían hecho del partido único.

El libro, editado en 1963, acompañado por tres discos (de los que no tengo noticia, a menos que uno de ellos sea el de Chicho Sánchez Ferlosio). se convirtió en una pequeña joya para todo interesado en folklore social, y, ni qué decir, en un importante documento antifranquista, hasta el extremo que el ministro de Información y Turismo (un tal Fraga, no sé si os suena) hizo una declaración pública contra este “libelo”. La editorial Einaudi tuvo que defenderse, no sólo de las embestidas del ministro de turno, sino además de los ataques de grupos neofascistas a sus oficinas y librerías.

En su estancia por todo el país, Liberovici y Straniero recopilaron canciones tan prohibidas y subversivas como la Canción de Bourg Madame,Los Hijos De Don León”, “Els Contrabandistas”, etc., la mayoría de ellas transformaciones de temas populares, tanto tradicionales como temas de moda (como “O Cangaceiro” o “Se Va El Caimán”)… Pero el libro contenía una pequeña trampa: una trampa afortunada que muchos seguimos agradeciendo. No todo eran canciones populares, propiamente dichas, sino que mezcladas con éstas se encontraban también textos a la usanza tradicional cuyos padres, en el anonimato, eran poetas que despuntaban o que ya lo habían hecho, como José Hierro y Jesús López Pacheco. Entre éstas estaban una historia versificada de un cura vasco que tiene la oportunidad de cargarse al caudillo mediante una hostia envenenada, y otra, “una canción” cuyo texto era tan sencillo como ardiente a la vez: “Una Canción” o “Pueblo De España Ponte A Cantar” era un canto de alabanza a la clase obrera del gran López Pacheco.

Pasó algo así como una década. A finales de los 60, el movimiento de la canción de autor, que despegó inmediatamente desde Cataluña a principios de los 60, no sólo estaba despuntando como música popular “seria” (sobre todo con el bombazo Raimon y los más inventivos de los Setze Jutges), sino que estaba en uno de sus momentos más álgidos (hasta el punto de la aparición de canciones reaccionarias protesta). Por toda España –y fuera- aparecían colectivos, agrupaciones y personajes individuales, y prácticamente todos ellos tenían como libro de cabecera este libro, también llamado Cancionero de Einaudi (algunos llegan a interpretar las canciones originales de las que éstas habían tomado la forma). Uno de estos grupos fue aquel que tenía su centro en Madrid, Canción del Pueblo (Nota Bene: la inclusión de este enlace no es ni por vanidad ni por autobombo, sino porque Adolfo Celdrán lo incluye en su página, cosa que me llena de orgullo y satisfacción borbónico), en cuyas filas estaban, entre otros, nuestro amigo Antonio Gómez (en calidad de ideólogo y de poseedor de gran material discográfico), la volcánica Elisa Serna, el beatnik hispano que era Hilario Camacho, y Adolfo Celdrán, que es de quien vamos a hablar.

Las nuevas y jóvenes discográficas interesadas en el fenómeno de canción de autor, permitieron a estos cantantes salir un poco del circuito de recitales en parroquias, colegios mayores y otros recintos pequeños y seguros, para encerrarse en un estudio y grabar un primer EP. Adolfo lo hace en Movieplay/ Fonomusic en 1969 con tres canciones (“General”, un fragmento del poema “Catón de guerra alemán” de Bertolt Brecht; “Bella Ciao”, el canto de batalla de los partigiani italianos; y “Cajitas”, la versión de la famosa canción de la estadounidense Mavina ReynoldsLittle Boxes”) que es prohibido casi de inmediato (serán incluidas en la reedición del LP en 2004). Y en 1971, Adolfo graba Silencio, su primer LP, producido por Carlos Guitart y con los arreglos y dirección orquestal del gran tanguero (¿o es tanguista?) Carlos Montero: textos de Brecht, de Carlos Álvarez, León Felipe, Nicolás Guillén, suyos (“A La Voz De Un Pueblo”, v. g.)… y López Pacheco. La portada es de Juan Genovés.

Para ese año, probablemente, había desaparecido ya bastante el peligro, pues en los créditos ya figura Jesús López Pacheco como autor de la letra y de la música al estilo castellano, pero no así la carga subversiva de la canción. Una primera versión fue rechazada debido a los versos:

Todas las manos/ se van a alzar,/ un solo puño/ las unirá…

La primera versión, aparecida en el LP resulta castrada, sin que por ello pierda su significado esencial. La versión íntegra será grabada en un LP del año 77 que, bajo el nombre “Denegado“, reunía aquellas canciones que la gobernación civil le había prohibido, ya fuera su grabación, su radiodifusión o su interpretación, ya su castración, como en este caso:

Pueblo De España Ponte A Cantar
(Una Canción)

Una canción,
una canción,
llena las calles
de la ciudad.

Canta el martillo,
canta el motor,
ya canta el brazo
trabajador.

Las herramientas
tienen cantar.
Lo canta el hombre
al trabajar.

Todas las manos
se van a alzar,
un solo puño
las unirá.

¡Pueblo de España
ponte a cantar!
¡Pueblo que canta
no morirá!

Pueblo que canta
no morirá.

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Un siglo de canciones (todos los posts)

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Jorge “Flaco” Barral (los reencuentros son para el verano 3)

8 de septiembre de 2008

A Jorge “Flaco” Barral lo conozco gracias a Hilario Camacho, ya que fue una persona decisiva en la elaboración de La Estrella del Alba. Sólo puedo decir que es un “santo”, que es mucho y más teniendo en cuenta que hoy es el único día en el que yo lo soy. Pero dejemos que el mismo nos vaya contando su historia. Desde su Uruguay hasta hoy:

 

1973/75: Viajo a España y vivo en Barcelona. Actúo con Enric Herrera (ex Máquina!) y Emilio Baleriola en el Pub “La Enagua”, durante 3 meses. Hago una gira por Europa con el coro del Instituto Lasalle Bonanova y el arreglista Albert Amargós (Música Urbana). Acompaño a Mike Kennedy (cantante del grupo Los Bravos) y entro en el grupo Los Bueyes Madereros de Gato Pérez. Gracias a una actuación que realizo en Menorca con el grupo Massa con Gerard Bouvie, Emilio Baleriola, Nacho Ortega, me quedo un par de años viviendo en una casa de campo. Fueron un par de años de reflexión, pero que marcarían mis próximos años. Menorca ha sido mi segunda tierra y la llevo en mi corazón. Acompaño a Enric Barbat y con el viajo a Barcelona donde se formaría el grupo La Rondalla de la Costa con María del Mar Bonet, Enric Barbat, María Alberó, Fermí Rexach, Xavier Batlles, Gerard Bouvie, Xavier García, Krupa Quinteros, Martí Soler, Toni Xuclá, Mariano Alberó, con los que haríamos unas representaciones en teatro.”

 

Durante estos últimos años hemos mantenido cierto contacto (emails, llamadas). Pero este pasado mes de agosto tocaba darse un abrazo en directo. Y aprovechamos una actuación en el Populart (con un excelente bluesman argelino) y me contó como estando en Barcelona escuchó temas del “De paso” de Hilario y pensó que ese era un músico español al que tenía que conocer. Todo un presentimiento.

 

“En Menorca también conozco a Hilario Camacho que había ido de visita a la isla, se queda en casa unos tres meses y me acompaña en algunas actuaciones y allí, entre canutos y naturaleza, comenzamos a componer los temas de su próximo disco.”

 

Ya estamos en  1976 y “Flaco” nos sigue relatando:

 

Hilario me lleva a Madrid a grabar el LP “La Estrella del Alba” en el que comparto letras y músicas compuestas en Menorca. Me quedo en Madrid y lo acompaño en sus giras.”

 

Su historia de los 70 continúa en:

 

1977/79: Integro el grupo Azahar junto a Gustavo Ros, Antonio Valls y Dick Zapala y grabamos –para Gong– el LP “Elixir”. Esta sería una etapa muy loca en la que dimos rienda suelta a la imaginación, haciendo giras por toda la geografía española y cosechando innumerables muestras de admiración. Combino el grupo con grabaciones como músico de sesión para La Susi, Manuel Gerena, Enrique de Melchor, Gente del Pueblo, etc.”

 

Aunque en junio de 1977 yo me incorporaba a CBS, podría asegurar que tanto Hilario como yo debimos tener bastante que ver con este fichaje discográfico (lo del rock era mi territorio en Gong).

 

“1980/85: Fundo junto a Gustavo Ros el grupo Azabache y grabo 2 LP “Días de luna” con Gustavo, Daniel Hernestrosa y Ricardo Valle y “No, gracias” con Gustavo, Daniel, Miguel Torres y Hermes Calabria. Acompaño a Sergio y Estíbaliz , a Emilio José y fruto de ello abro el estudio de grabación Colores donde se grabará parte de aquella Movida Madrileña (1er LP de Siniestro Total, 091, Derribos Arias, Las Vulpes, Glutamato Ye Ye, Alphaville, etc.). A esta altura falta carretera y dejo el estudio para integrar el grupo Raza con Manolo Jiménez, Carlos López y Leonel Vignola y Tonky, con quienes grabo un LP para México y un mini LP con 6 temas .

 

1985/95: Entro en el grupo de folk Labanda junto a Leonel Vignola, Francois André, Víctor Ruiz y Terry Barrios con los que hago actuaciones en festivales, giras por España, Irlanda, Marruecos (dos), y con ellos grabo: “Un Millón de Kilómetros”,Buenos Tiempos”, y el doble LP en directo ”Rural Tour”. Paralelamente formo el grupo “Hispano Uruguaya” de estilo Bluesero con Terry, Víctor y Leonel. Combino estos grupos con Cañones y Mantequilla integrado por Jack Jamison, Judy Clericuzio, David Gwynn y Manolo Jiménez grabando y produciendo el LP “Una noche másy nos presentamos en The International Festival of Country Music 91 en el Wembley Arena de Londres, junto a Johnny Cash, June Carter, John McEuen etc. Acompaño en sus dos giras por España a los bluesmen Carey Bell y Louisiana Red (EE.UU.). También a Rick “Eureka” Jones (EE.UU.), Hilario Camacho, David Gwynn (EE.UU.) con el que grabo un par de temas en su disco “David Gwynn” , Karen James (Inglaterra) y a Ollie Hassall (Inglaterra). Grabo los LP de Kevin Ayers (Inglaterra) (ex-Soft Machine) y Moris13 mujeres”.

 

1995/00: Dejo el grupo Labanda y fundo La Destilería junto a Ñaco Goñi, Claudio Gabis, Fede Aguado y Manuel Torrego. Actúo durante la temporada 95 con California Country con Gregory Salazar, Regina Eusey y Torrego y en las 96/97 con Caravana del Oeste (Javi Morrison, Manolo Jiménez, Ana Campesino y Héctor Díaz) en el parque temático Port Aventura. Formo parte del grupo de música country Abuelo Jones. Grabo el segundo LP de David Gwynn “The last buffalo”, el LP ”Navidades en familia” de Julián Granados, el de Christina Rosenvinge “Flores Raras” (en directo) y el de Laura Granados, acompaño a David Gwynn y combino todos estos trabajos con la formación de Manzanares Delta (grupo de Blues Rural) junto a Fede Aguado, Manuel Torrego y Osi Martínez . Me invita José María Barrios y Radio X a participar en el “Montevideo Blues Festival II”, con mi grupo Flaco Barral y los Criollos Blues, junto a artistas de la talla de Eddy Clearwater , Smoking Joe Kubeck y Pablo Traberzo. Produzco junto a Raíces y Ritmo y acompaño en sus dos giras 99/00 a Pablo Traberzo (guitarrista uruguayo), a King Rollo (Inglaterra) y en el Festival de Cazorla a Ian Siegal (Inglaterra).

 

2000/04 Entro a formar parte de la banda de Ñaco y los Bluescavidas, banda de Rythm & Blues integrada por Ñaco Goñi, Kapo Alburquerque y Armando Marcé, con los que sigo hasta la fecha. Con ellos he compartido escenario con Phil Guy (EE.UU.), acompañando a Amar Fundy (Francia),Velma Powell (EE.UU.) y junto a Raimundo Amador los conciertos “Reunión Blues” presentándonos en los Festivales de Blues de Béjar, Reus, Cerdanyola, Getxo, etc. Acompaño en su presentación en España a Jorge Nasser (Uruguay). Grabamos con Bluescavidas el CD “Nada que perder” con la colaboración de mi amigo Raimundo Amador, magnífico en los tres temas . Actúo esporádicamente con el dúo Kossa Nostra con Hada Guldris y me asocio en el estudio de grabación “Lagar 74” en Chinchón, donde intervengo como técnico o productor en los discos de: Los Reyes del K.O., Alias Blues Gang, Smiling Jack Smith entre otros.

 

2004/07 Sigo formando parte de la banda Ñaco y los Bluescavidas con los que he tenido el honor de seguir compartiendo escenario o participando en la grabación del nuevo CD de Ñaco “Blues con los colegas” con excelentes músicos como Miguel Ríos, Stevie Zee, Fede Aguado, Víctor Aneiros, Philip Goodman, Steve Jordan, Whisky David, George Green, Jeff Espinosa, Salvador Domínguez, Christian Rannenberg, Gaby Jogeix etc. (espero no olvidarme de alguno). El dúo Con Hada Guldris ha crecido, ahora nos llamamos Hada y Flaco y actuamos tanto en el formato dúo como con mas músicos como Manuel Torrego en la batería y José Luis Yague al contrabajo, yo sigo con la acústica en esta experiencia y hemos tenido el gustazo de tener como invitados a Ana Campesino, Gonzalo Araya, Rafa “Viñuelas”, David García, Gregory Salazar etc., y como actuaciones destacables es la presentación del “VII Festival Internacional de Castilla y León” en Valladolid en el “Café España”, Guarda “Teatro Municipal da Guarda” (Portugal) y Béjar en el Café “La Alquitara” como también otras actuaciones en “Café Jazz Populart”, “Contraclub”, “Aldana” (Cáceres), “Sala Impacto” Plasencia, etc. Cerramos el estudio de grabación Lagar74 y nos trasladamos a Colmenar de Oreja, donde abrimos el estudio “Las Vegas” con mi compañero Gustavo Ros. En el estudio “Las Vegas” grabo bajo y bouzouky con el grupo Sempervirens el CD “Geoson” con J. Miguel Jiménez, Maleny Montoro, David Galán, J. Torrego, Mally Escobar y Andrea Szamek y en el mismo estudio participo en la grabación de algunos temas del grupo “The Chekers” producido por Barrabas del grupo Vantroy . Se graban varios proyectos entre los que destaco a La Trigosa con Abel Trigo a la cabeza y al grupo River of Souls . Acompaño en algunas actuaciones al bluesero José Luis Pardo (Argentina) en su gira por España y a Zach Prather con Fred P.G. y Frank Loumeid.

 

2007/…. He dejado a Ñaco y los Bluescavidas y el dúo con Hada. Voy por libre, ya veremos que me depara el futuro.

 

Y la carretera sigue siendo larga, muy larga.”

 

Creo que estas palabras del “Flaco” extraídas de su myspace reflejan perfectamente la vida de un músico todo terreno, que además ha estado –en muchos momentos de su carrera- en la élite profesional. Y que sigue currando día a día porque la carretera aparte de ser larga, muy larga, no tiene fin…

 

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La Estrella Del Alba: Hilario Camacho en el recuerdo a los dos años y dos días de su muerte

 

Bruno Galindo (los reencuentros son para el verano 2)

 

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Volar es para pájaros: Hilario Camacho en el recuerdo a los dos años de su muerte (por Antonio Gómez)

 

Esta noche toca Diana Krall

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La Estrella Del Alba: Hilario Camacho en el recuerdo a los dos años y dos días de su muerte

18 de agosto de 2008

Cuando le sugerí a Antonio Gómez –hace tiempo- que se fuese haciendo a la idea de escribir algo sobre Hilario Camacho, imaginaba que le costaría trabajo. Pero no cuando se lo pedí. Tampoco cuando se lo recordé. El momento crucial sería a la hora de sentarse delante del teclado. Como así me confirmó que sucedió… Pero cumplió y entregó Volar es para pájaros: Hilario Camacho en el recuerdo a los dos años de su muerte, que publicamos el pasado día 16 de agosto.

 

Por si acaso, tenía preparado un Plan B: este post. Hice los deberes, que no eran más que escanear una hoja promocional que preparé para “La estrella del alba”, el segundo álbum de Hilario para Gong y el tercero de su carrera.

 

No me acordaba de haberla escrito. Me quedé desconcertado cuando Antonio y/o Rocío –la sobrina de HC- me la entregaron hará un año y medio. La incluyo para los amigos y seguidores de Hilario. Porque además de una entrevista y comentarios a cada canción, hay un texto del propio Hilario. Un pequeño inciso: quisiera comentar que en mi opinión, tanto este álbum “La Estrella Del Alba” como “De Paso” (el primero para Gong y segundo de su carrera) son sus obras más logradas. Y me honra haber compartido su amistad en esa época.

 

Lo peor ha sido, como le ha pasado a Antonio, sentarme a escribir esta entrada. Son las seis de la tarde del domingo. Y debería ser la ultima tentativa. La de verdad. A la séptima va la vencida…

 

Hoy hace dos años y dos días que me enteré de la muerte de Hilario Camacho. Estábamos en Portugal de vacaciones. Y la prensa española llegaba con un día de retraso, en el mejor de los casos. Ese 18 de agosto de 2006 tenía que hacer una gestión bancaria en Figueira da Foz–en la sucursal donde años después detuvieron al Solitario- y sabía que en la misma acera había una tienda que traía prensa española, de forma  más o menos puntual. Compré los periodicos que tenían y no fue hasta el mediodía, en la playa, cuando leí la noticia. Y tuve que esperar a volver a Madrid para enterarme de los dimes y diretes. A través de un foro volví a tomar contacto con Antonio, que me puso al corriente… Hacia años que no nos veíamos. Y desde entonces… bueno los más fieles ya lo sabéis: es un colaborador habitual de El Mundano. ¡Gracias a Hilario! Aunque suene raro.

 

Repasando historias Antonio descubrió un “Watergate” que le montábamos. La Mundana vivía en casa de sus padres, a cuatro manzanas de la morada del Sr. Gómez. Hilario nos prestaba su casa (en los altos del Paseo de Extremadura). La trama era sencilla: le conducía a casa de Antonio y luego recogía a La Mundana. Y según me cuenta Antonio, el Sr. Camacho le contaba diversas “películas” para justificar porque tenía que pasar la noche en su casa.

 

Nuestra amistad era lúdico-festiva, con la música como eje principal. Compartíamos nuestra pasión por lo “hippie” y la música de San Francisco. Dylan, The Byrds y Crosby, Stills, Nash & Young eran también puntos en común. Yo le enseñaba los sonidos más duros y él me introducía, entre otros, a Paul Simon y Cat Stevens (a los que erróneamente consideraba unos “babosos”).

 

Cuando salíamos nos juntábamos una buena panda. Principalmente los Triana, Varela (un amigo de Gonzalo García Pelayo y de los Triana). Javier García Pelayo (hermano de Gonzalo) mientras fue manager tanto de Triana como de Hilario. Y se añadían, cuando aparecían por Madrid, Silvio y Camarón (que arrastraba a Paco de Lucia). La mayoría de las veces acabábamos en un “after hours”, que era una venta en las afueras de Madrid. De lo más canalla y clandestino, donde dado el personal se montaban buenas jams y había que andarse con cuidado…

 

Hilario Camacho tenía una mente abierta hacia la música. Era un espíritu libre, sin ataduras. Conocía y tocaba muchos palos. Por eso no era un cantautor al uso. De hecho era más músico que letrista, como lo prueban muchas de sus canciones (con Pablo Guerrero o Joaquín Sabina por citar sólo dos ejemplos) y sus adaptaciones de poetas (desde Machado hasta Rosselló Pórcel).

 

En la hoja promocional añade un punto en la conversación que reafirma lo que aquí intento expresar: “Recuerdo que ya hace tiempo me comentaste que acabaría dándole un toque bastante funky a mi música. Ahora me doy cuenta que tenias razón. Puede que esté en el camino. “Guapachosa” es un buen ejemplo” En este sentido conocer al “Flaco” Barral fue decisivo. Y su influencia se nota a lo largo de “La Estrella Del Alba”.

 

Aparte de su propio trabajo quiero recordar un magnifico disco que hizo para María del Mar Bonet (con portada de Miró). Hay dos temazos que son inolvidables: “Soller” y “Vigila el mar” (el youtube que he enlazado es de una actuación de 1987 en TVE en el programa “Que noche la de aquel año”).

 

Víctor Alfaro en su blog Al caer el sol también le dedica un post, donde recuerda y cita a Robe de Extremoduro:me gustaba mucho Hilario Camacho; ha sido uno de los artistas que más me han marcado. En los primeros discos tenía un rollo muy hippie, que molaba mucho,” Y también encontrareis a otras luminarias de nuestra música. Víctor presentó junto a Antonio un homenaje a Hilario, que se celebró en Villalba.

 

Son este tipo de reconocimientos de sus compañeros de profesión los que hacen que Hilario Camacho sea inmortal. Y especialmente emotivo fue escuchar a Miguel Ríos y a Sole (ex Presuntos) el pasado mes de mayo cantar su “Cuerpo de ola”, en el festival “El Severo nos duele”.

Para acabar incluyo la hoja promocional. Empiezo con la ultima página, que es el texto de Hilario Camacho. Para los estudiosos: pinchando en la imagen se agranda.

 

ACTUALIZACIÓN:

 

En Al caer el sol, ese estupendo blog de Víctor Alfaro dedicado a la música española –con un acento especial en la canción de autor- acaba de subir un youtube con lo que probablemente sea la ultima entrevista en TV de Hilario. Lo podéis seguir en:

 

¿La última entrevista en TV a Hilario Camacho?

 

 

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Volar es para pájaros: Hilario Camacho en el recuerdo a los dos años de su muerte (por Antonio Gómez)

16 de agosto de 2008

1968. de izquierda a derecha: Adolfo Celdrán, Mari Lali Salas, Hilario Camacho, una pareja sin reconocer y Antonio Gómez.

 

Tengo que escribir de Hilario. De Hilario Camacho. Y me cuesta. No sé muy bien qué decir ni cómo ordenar lo que diga, porque escribir sobre él ahora, cuando se cumplen dos años de su muerte, me supone afrontar sentimientos personales muy profundos. Hilario fue amigo, un buen amigo, de esa no más de una docena de íntimos que acaban formando parte de nuestras propias vidas, aquellos a los que se puede llorar en el hombro sin miedo ni vergüenza. Y tantas veces que lo hicimos el uno sobre el otro a lo largo de 39 años de amistad intensa, incluso en los periodos en que, vueltas que da el mundo, nos vimos poco.

 

 Mientras escribo escucho a Hilario (“El agua en tus cabellos” en este momento), pero no quiero ponerme melancólico. Quizás mejor que pensar sea dejar rodar la memoria, que en su infinita sabiduría sabe esconder los malos momentos y sacar a flote sólo los buenos recuerdos. Nos conocimos en 1967, en noviembre, justo en el recital que supuso su presentación oficial como cantante, del que me tocó ser, cosas de la vida, presentador, y del que saldría lo que se llamó grupo Canción del Pueblo, en el que estuvieron también Elisa Serna, Adolfo Celdrán o Julia León, entro otros pioneros de la canción de autor en España. Y a partir de entonces, ¡ay madre!, cuantas palizas dialécticas hube de aguantarle, cuantas recriminaciones didácticas tuvo que soportarme, con qué ojos lascivos leímos los mismos libros eróticos que comprábamos a escondidas en el rastro y cuantos discos escuchamos juntos.

        

Él era unos meses mayor que yo, ambos del 48, y habíamos nacido y vivido la infancia y juventud en barrios aledaños: Hilario en la calle Fuencarral y yo en General Sanjurjo. Los billares de Quevedo. El muslo inmenso de Anne Bancroft en “El Graduado”, visto, más inabarcable si eso era posible, desde un lateral de una segunda fila de los cines Roxy. La discusión a la puerta de la casa de unas amigas sobre si era mejor táctica la insistencia que él practicaba o mi invencible timidez y contención. Machado, Lorca, Ginsberg, Silvio, Dylan, Taylor, Brel y tantos otros descubiertos en apasionadas veladas. Aquel recital en un pueblo de Guadalajara en la que él y sus compañeros debieron cantar encima de un carro y con un megáfono como única amplificación. Las horas pasadas en su casa familiar juntando letras y notas. El helado que nos cominos durante un recorrido turístico por Gran Canaria en una de sus visitas. Cuando al volver a Madrid tras siete años de ausencia fui a verle a un recital sin avisarle y me sorprendió porque aún mantenía en su repertorio “Cómo todos los días”, que habíamos escrito en el 68. Las reuniones de los últimos años, en los que nos vimos con menos frecuencia, en un bar cercano a mi curro y a su fisioterapeuta, despotricando, como viejos gruñones, contra todo lo que se movía, y luego él se pasaba por una tienda naturista-esotérica cercana para coquetear con la dependienta, que le ponía. Su insolencia y su inseguridad. Su permanente duda. Su apariencia bulliciosa y sus profundas depresiones. Su ansia de éxito y reconocimiento artístico y sus huidas para esconderse debajo de las piedras cada vez que los conseguía.

1983. Comiendo un polo en Canarias

No puedo dejar de confesar que, además de verdadero cariño por Hilario, siempre tuve, y aún tengo, un enorme respeto a su obra, que me parece de una calidad general poco común dentro de la música española y que tiene poco que envidiar a otros grandes músicos populares de cualquier lugar del mundo. Hubiéramos sido amigos aunque no pensara así, pero no creo que la amistad me ofusque el juicio.

 

Hilario poseía una de las voces con más feeling de la música española, era un guitarrista notable y un compositor con una habilidad melódica poco común, que siempre anduvo un paso por delante de sus compañeros, abriendo camino. Su obra, pese a lo que se ha dicho a veces con autentica ignorancia, no es la de “un cantante romántico”, sino una indagación poética personal y profunda (aunque frecuentemente utilizara textos ajenos, habitualmente de amigos, en sus canciones) sobre esa contradicción esencial del ser humano que tan exactamente definió Luis Cernuda en el título que le dio a sus obras completas: La realidad o el deseo. Todo el trabajo de Hilario, desde sus canciones de amor a las, menos frecuentes, que tratan de temas más colectivos o sociales, gira alrededor de ese enfrentamiento básico: el amor y la imposibilidad de obtenerlo plenamente; la búsqueda de la felicidad y las dificultades para encontrarla, la justicia y la injusticia, la resistencia y la huída. En definitiva, la lucha entre la utopía y la realidad.

Aquel 16 de agosto de hace dos años nos levantamos tarde. Estábamos de vacaciones y el día anterior habíamos vuelto de viaje. Lo recuerdo con una fidelidad que creo que el tiempo no llegará a borrar. Yo estaba en la terraza, tomando el sol, con el móvil apagado y disfrutando del sol y el descanso. Teresa, mi amante, que aliviaba su mono de actualidad delante del ordenador leyendo ávidamente los periódicos del día, bajó, se acercó a mí en silencio y me dijo que subiera, que había una noticia que no me iba a gustar. Todavía en las escaleras me comentó: “es sobre Hilario”. Y no necesité pensarlo mucho. “Ese cabrón se ha suicidado”, comenté después de soltar la blasfemia más grande que imaginarse pueda, tradicional en mi familia en momentos de dolor extremo, o de alegría inusitada, que no era el caso.

 

Internet me lo confirmó. Hilario había aparecido muerto en su cuarto de baño. No daban la causa del fallecimiento, pero cuando abrí el móvil y empecé a escuchar los mensajes que me habían dejado los amigos confirmé mi primera impresión. “Hay algo raro”, me decía Quintín Cabrera. “Chico, que parece que ha hecho una barbaridad”, comentaba Lucini. Bajé de nuevo a la terraza y puse y volví a poner, una  y otra vez,  una de sus canciones. Sólo una, que repetí hasta la saciedad quizás entre lágrimas (mi pudor me impide recordarlo exactamente).

 

Fue algo automático elegir “Volar es para pájaros”, tal vez porque siempre he pensado que era la canción que mejor expresaba ese carácter de contradicción que hay en la obra de Hilario y en su propia persona: el deseo de libertad y la dificultad que para conseguirla supone ese mundo chirriante y agresivo que lo impide. Y ese final estremecedor, ese “y caigo” con que concluye y que expresa mejor que cualquier otro de sus versos lo que de profundamente pesimista y desesperanzado había en el yo más oculto de Hilario. Una canción que en ese momento me pareció premonitoria.

1988. “La buena música”, Dirección: A. Gómez / A. Resines. Dibujos originales y ambientación: Octavio Colis. Saxo: Jorge Pardo.

 

Para acudir al tanatorio por la tarde de aquel mismo día había quedado con Pablo Guerrero, que a su vez quedó con Nacho Sáenz de Tejada. Pablo es el autor de la letra de “Volar es para pájaros, y yo siempre había dudado sobre si Hilario había metido mano en ella, como solía ser habitual. Le pregunté, y me contó. La letra es totalmente de Pablo, menos un solo verso, él último, que Hilario se empeñó en meter y con el que Pablo estaba totalmente en desacuerdo. Y en él esas dos palabras: “y caigo”, que siempre me han estremecido. Una línea cuyo añadido supone un cambio sustancial para la canción y que marcaba las diferencias de visión de dos artistas que, compartiendo un mismo mundo expresivo (la búsqueda de la felicidad en un mundo hostil que lo impide), difieren en la actitud ideológica. El final de Pablo (“miro hacia el cielo y salto”) da fe de su esperanza en la humanidad, el de Hilario es absolutamente desesperanzado.

 

En los días y semanas posteriores se especuló mucho sobre el motivo de la muerte. La autopsia confirmó que no falleció como consecuencia de las pastillas que había tomado, sino que sufrió un infarto mientras se dirigía al baño, lo que le hizo caer, darse con la cabeza en el borde de la bañera y fallecer. De verdad me gustaría apuntarme a esta opción real y en cualquier caso consoladora, pero nada pudo impedir que unos días después buscara una especie de poema que había escrito hacía tiempo y le añadiera una dedicatoria:

1955. Primera comunión

SERGEI ESENIN se suicido en 1925, junto a su cadáver se encontró un poema:

 

“En esta vida morir no es nada nuevo

pero vivir tampoco es una gran novedad”

 

MAIAKOVSKY le contesto en otro extenso poema en el que se leía:

 

“En esta vida

                    morir es demasiado fácil

¡rehacer la vida

                            resulta mucho más duro!”

 

Como se sabe, MAIAKOVSKY habría de suici­dar­se el 14 de abril de 1930. un año después se proclamaba en España la República.

 

Para Hilario Camacho

(8.6.1948 / 16.8.2006)

 

 

 

 

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