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Me llamo Gus o la crónica de una frustración (por Gustavo Sierra)

17 de mayo de 2009

Garci sin Plomo

La película que se disponen a ver trata de la historia de una frustración: una idea que se fue forjando épica, pasó por el desencanto y acabó en la aceptación solidaria con los demás.

El autor eligió como modelo narrativo el de la serie estadounidense “My name is Earl”, porque es la historia de un perdedor: un tío bienintencionado que se empeña en hacer el bien, cosa que suele lograr algunas veces y otras le sale el tiro por la culata, pero acaba por aceptar la situación.

La historia cuenta con la aparición estelar de “El Hombre-Culebras”. Earl tiene un amigo que es un camarero al que llama “Hombre-Cangrejo”, porque trabaja en un bar que se llama “no-sé-qué del cangrejo” (hace tiempo que no la veo); si Gus quería ser Earl necesitaba a su hombre-cangrejo particular: y ahí entra el Hombre-Culebras (porque se apellida Culebras de segundo); cosa sorprendente, porque al igual que en la serie, el Hombre-Culebras le levantó la pretendida al autor (cosas de la vida).

También aparece estelarmente el gran Antonio Gómez, aunque bajo pseudónimo. En la entrada relacionada (ver abajo) dejo en el aire si la organización no habría vetado a todos los medios de comunicación, menos a RTVE y a alguno más (los pobres de TV3 andaban por el vestíbulo haciendo lo que podían): en realidad así era y yo lo sabía porque Antonio, que estaba tan desencantado o más que yo (seguramente más) me lo había dicho. De la misma manera, cuando Antonio trató la noticia en El Periódico poco días antes del evento, me hizo aparecer a mí soslayado como “el estudiante que ya ha protestado por la organización del evento”. Todos los detalles, aquí: Los de dentro y los de fuera: Raimon 1968-2008.

Ahora bien: este y el otro “artículo” fueron fruto de la ofuscación en parte, y en parte no: alargando la oreja cuando el “proletariado” universitario habla de los jefazos, uno se da cuenta que esto no era sólo porque fuera el Raimon, no: es que así actúan siempre, en círculos viciosos de comilonas. Pero, de todas formas, yo me quedo con la lectura final: seguramente otros también lo pensaron, y quizás también lo intentaron hasta donde pudieron… Y creo que todos nos quedamos fuera (?) ¡CON LO GUAPOS QUE SOMOS!

Sin más preámbulos, aquí tenéis la historia: con (sucedáneo de) violencia, con (sucedáneo de) sexo y con el auténtico protagonista de entonces, RAIMON, al que hoy, quizás, Berzosa (Rector de la UCM) no esté escuchando. Desabróchense los cinturones, preparen café, tómenselo, y hagan hamburguesas. Disfruten de la película…

Advertimos que (incomprensiblemente) algunos enlaces ya no funcionan

Permitidme contaros la historia a lo “Me llamo Earl” (estupenda serie norteamericana).

¿Han pensado alguna vez en el tío que un buen día decide intentar organizar un recital, pero descubre que el rectorado había tenido la misma idea, y al final se queda sin invitación y lo tiene que seguir desde fuera? Ese soy yo. Intenté organizar el recital de Raimon.

Me llamo Gus

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-¡Hola Gus!
-¡Hola Hombre-Culebras!

La historia que les voy contar comienza a finales de Septiembre de 2007. Aquel año había sido un año bastante satisfactorio: había conocido por Internet a varias personas interesantes, algunas de ellas personas a las que ya admiraba entonces. Así que la idea que por aquellos días se me ocurrió no era del todo descabellada. A finales de aquel verano y principios de aquel otoño, dejé por un momento de pensar en cómo sería mi vida si viviera en una isla desierta con la monumental Pilar Rubio y, por el contrario, comencé a reflexionar en que este año se cumplían exactamente 40 años del Mayo del 68.

Mayo del 68: los asesinatos de Luther King y Robert Kennedy, la Primavera de Praga, la guerra del Vietnam, los hippies… Y el recital de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas. Aquel recital supuso un antes y un después en la carrera del artista, de la oposición anti-franquista, y un hecho admirable para los jóvenes de hoy que escuchamos y admiramos al trovador de Xàtiva. Yo nunca había visto a Raimon y pensé que era una buena excusa. Así que me decidí:

TRAIGAMOS A RAIMON A LA COMPLUTENSE

Pero no parecía fácil, y mucho menos para un individuo que no pertenece a nada concreto. Pero conocía a gente de aquí y de allí que podían ayudarme. Pues, ¡manos a la obra!

Desde hacía tiempo participaba activamente en el foro de Hilario Camacho; allí escribía uno de los mejores tíos que he conocido en mi vida y que sí podía echarme una mano. Así que abrí un hilo en el foro que él recogió entusiasmado y prometió brindarme toda la ayuda que estuviera en su mano, que no fue ni es poca.

Como ya he dicho, no pertenezco a nada en concreto, pero sí conocía a alguien que pertenecía a algo y muy activamente. Mi buen amigo Mario, que había organizado unas estupendas jornadas en torno al filósofo Spinoza (a las que yo no asistí debido a mi natural fobia a las charlas). El caso es que se lo comenté y le encantó; y, aunque estaba horriblemente ocupado, prometió brindarme todo el apoyo de esta asociación de la Facultad de Filosofía.

Por otra parte pensé que si había alguien que en este tema debía de tener voz ese era el departamento de Filología Catalana (curiosamente coincidieron la Setmana de la Cultura Catalana con el recital, sin que se produjera ningún tipo de vinculación entre ambos acontecimientos). Pero no conocía al profesor de catalán, así que se lo dije al profesor de vasco para que se lo comentara.

Por otro lado, Toñi, una compañera de trabajo, me aconsejó proponérselo a la Sra. Decana de Geografía e Historia (aunque no recibiera beneficio económico alguno). Así pues, como se dice en el béisbol, ya tenía las bases cubiertas: debía ser ahora, porque contactar con el Rector no está al alcance de cualquier mortal.

Pero aquí vino el primer escollo. Al intentar hablar con la Sra. Decana me paró los pies una conserje bastante amable (con la que suelo fumar de vez en cuando). No me dejó ver a la Decana, pero en cambio me dieron un papel para solicitar el evento, el cual yo no dije en qué consistía. Pregunté a la secretaria si podía ser una asociación de filosofía, a lo que respondió algo así como: “Si los de Filosofía quieren organizar un acto, que usen su facultad”. La verdad es que, considerando que es en la facultad de Geografía e Historia, también llamado Edificio B de Filosofía y de Filología, en donde tenemos nuestra secretaría de alumnos, se podría decir que, en parte, es nuestra facultad. Esto tampoco me importaba: el edificio era por la cuestión sentimental del espacio, tampoco descartaba pedírselo a Filosofía. De todas maneras, comprendí que ese camino estaba cortado y pensé en atajar por otro lado.

La idea era llegar al rector, pero ¿cómo este miserable e indigno gusano mortal podría hablar con su señoría? Kafkiano, cuanto menos… Pero Mario, una vez más, tenía la solución: resultaba que una profesora amiga era además amiga del Decano: si alguien lo podía hacer ésa era ella. De manera que en cuanto tuve ocasión se lo comenté, ¡y le encantó! Prometió hablar con el Rector cuando tuviéramos la idea más definida. Eso alimentó mi esperanza. Por otro lado, me dijeron que el profesor de catalán se mostraba conforme, pero que no tenía ni pajolera idea (como servidor, que sólo tenía las ganas y la ilusión) de qué hacer.

Pero días después… Así lo conté en el foro:

Hola! Hoy traigo noticias desconcertantes sobre el tema.
Antes de ayer, mientras fumaba el cigarrito a la puerta de la facultad (¡dichosa ley!), me encontré a casi toda la plana mayor de la facultad fumando y tomando el sol (¡viva el funcionarazgo!) El caso es que estaban hablando, y en esto le oigo a alguno decir “El que va a venir es Raimon”. “¡Cómo!”, pienso yo. Se quedaron solos hablando del tema el gerente de la facultad de filosofía y una mujer; yo me acerco y les pregunto “Perdonen. ¿Dicen que va a venir?”, el gerente, un hombre que transpira simpatía por los poros de su piel (nótese la ironía) me dice “Sí”. Como tampoco parecían tener gran idea al respecto, paso del tema y me vuelvo pa dentro.
Pensé que quizás mi profe haya tenido algo que ver, así que intenté hablar con ella, pero no la encontré.

El caso es que esto complica las cosas: por un lado, si es verdad, pues yo ya no hago más na. ¿Para qué?; pero por otro, si es sólo un rumor -del que quizás sea yo la fuente- y no hago nada más, podrá quedarse esto en aguas de borrajas. ¡Qué dilema!

En fin, hablaré con mi profe y seguiremos informando. Si alguien se entera de algo, que me lo comunique.

(Mucho después, ese “sí” seco y agrio -al menos en apariencia- resonaría en mi memoria simbólicamente). Plómez me sacó de dudas: efectivamente la idea estaba ya en marcha desde hacía mucho tiempo, desde antes del verano (antes de que a mí se me ocurriera, para ser justo) y se iba a hacer. Por un lado, me sentía aliviado: podría descansar del tema y sentarme a esperar (también tenía/ tengo otras cosas de las que ocuparme); pero también un poco decepcionado: ¡me hubiera gustado tanto…! En fin, a diente regalado no le mires el caballo que los paquetes grandes aprietan en los calzoncillos… (?) Pero aún, quizás, podría hacer algo: siguiendo el consejo de Plómez intenté ponerme en contacto con el gabinete del rector, porque, como me dijo mi profesora “Si hay algo que les guste, eso son los voluntarios”; pero en este caso no querían voluntarios, y no recibí respuesta.

Pasó el tiempo, dejé de luchar, y me senté a esperar mientras intentaba leer a Marx para hacer un trabajo. Finalmente se anunció el evento y volví a intentar ponerme en contacto con el gabinete del rector. En esta ocasión me respondieron con un mensaje auto-generado (supongo). Tampoco quería parecer una especie de desquiciado, así que me contenté con la idea de ver a Raimon cantar, que nunca es poco. Pero pronto veríamos que la idea que yo tenía sobre la organización de un recital conmemorativo y la que tenía el rectorado coincidía, únicamente, en el recital sin más.

La idea era recoger las invitaciones en c/ Obispo Trejo nº 2 de 10 u 11 a 14’00, restringidas a dos invitaciones por persona desde el día 12 (lunes) hasta el 16 para la comunidad universitaria; y a partir del 19 hasta el 22 para la gente ajena a la universidad hasta completar los cerca de 810 asientos del auditorio. El recital me hacía una ilusión tremenda, pero aquel lunes uno tenía cosas que hacer.

Al día siguiente, mi mesa de trabajo tembló bajo la palma de mi mano cuando al día siguiente vi en la Web de la Complutense que las entradas para el recital se habían agotado (ciertas fuentes datan el momento de agote dos horas después de ponerse a disposición del público). Pensé mal entonces, luego me relajé: no sería la primera vez que un número tan alto de localidades se acababa tan rápidamente; el recital se esperaba con gran expectación… Pero, por lo visto, mucha gente tenía ya su plaza reservada. Caí en una tremenda especie de depresión y de resentimiento: ¡qué usaran a Raimon para estos pactos! De cualquier manera, decidí no sentenciar hasta no ver las fotos: ahora que las he visto puedo sentenciar que, mientras había gente que, por justicia, por tomarse la molestia de ir hasta allá, merecían estar en el auditorio, había otros que no guardaron cola ni esperaron día.

No obstante, uno siempre intentaba pensar bien, hasta que algún profesor amigo que se quedó sin entradas te confiesa que tiene también la misma sospecha y que intuye que pretendían hacer del recital un acto lo más institucional posible (y más aún si uno de estos profesores se refiere a la organización como “panda de mamones”: obviamente, no daré nombres). Por fortuna accedieron a poner una pantalla para poder seguirlo, cosa que ya he contado en la entrada anterior.

Decidí ir, dejar mi orgullo de lado, y disfrutar como si lo hubiera organizado yo el recital. Al fin y al cabo, soy uno más: soy igual que aquellos que estuvieron ayer conmigo, jóvenes y viejos, dentro y fuera, que fueron a disfrutar de un recital porque les gusta y no porque al día siguiente saldrá en la foto (a menos que la prensa -a excepción de la Gran Prensa- hubiera tenido que seguir el recital desde fuera: eso explicaría la falta de imágenes en algunos medios). Muy posiblemente alguno de ellos, con mis mismos medios y posibilidades, incluso menos, pensó o intentó hacerlo. Entonces es mejor disfrutar, aunque mi madre se cabreara al oír a uno decir “No era lo que me esperaba”… “¡Joío cabrón”, me dijo ella refiriéndose al personaje, “¡Pues haber cedido tu sitio!” Claro, era uno de los de dentro. Pero, en fin, fue agradable: parecía que estuviera con nosotros, e incluso, tal vez incluso, pudo haber hecho un guiño a los manifestantes contra Bolonia cuando en medio de una canción recitó en lengua de Castilla:

“Si sólo los ricos estudian,/ sólo los ricos sabrán,/ nos engañarán con cualquier cosa:…”

¿Lo hizo a posta? Pues yo diría que sí, porque estos versos están en catalán (comprobadlo pinchando el título: No el coneixia de res) y él los recito en castellano. ¡Bendito seas, Raimon! ¡Bendito seas mil veces!

En fin, que esto era la explicación a por qué mi madre le contaba a una chica “Yo debería estar ahí dentro”, por qué Bernat Soria y los otros ministros estaban ocupando las plazas que a mí me correspondían, y por qué este regusto amargo y este desencanto, que fue aliviado al ver a toda aquella gente que estaba como yo. A todos ellos va dirigida esta historia de una frustración personal.

Y ahí estaba yo, disfrutando del recital a pesar de todo: total, me he hecho con los dos carteles que anunciaban el evento (con permiso de los señores conserjes). Y aunque decepcionado por la actitud de las altas instancias universitarias, encantado, aunque no haya podido conocerle en persona, de haber visto a Raimon, su enorme humanidad, su genial humildad, y este guiño rebelde a los jóvenes que intentan parar Bolonia. Tal como dijo:

Dentro de cuarenta años, yo no podré estar aquí. Pero dentro de cien, contad conmigo

Espero no tener que esperar tanto para volver a verlo.

BENDITO SEAS RAIMON
BENDITO SEAS MIL Y UNA VECES

Juro por mi honor… Juro por Pilar Rubio que todo lo aquí contado es verdad (excepto la parte de Pilar Rubio, también me lo imaginaba con Leonor Waitling). Aquí, en el foro de Hilario Camacho, podéis comprobarlo, ya que lo escribí a modo de diario (aunque es posible que tengáis que registraros):

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Entrada relacionada:

Raimon en Económicas: hoy se cumplen 40 años (por Antonio Gómez)

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Un siglo de canciones 3: “Grândola, Vila Morena” (por Gustavo Sierra)

16 de enero de 2009

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Cuando Adrian dijo que podíamos elegir más de una canción, no sabía lo que se hacía respecto a mí, que he llegado a deformar trabajos enteros de la universidad para incluir una sola frase porque me gustaba como sonaba. Pero bueno, con la intención de no saturarle me limitaré simplemente a elegir aquellas canciones que, cuando las oigo, y por mucho que las oiga, todavía consiguen emocionarme y remover algo de mi interior. Y, con estas condiciones, la primera no podría ser otra que ésta.

Desde hace un año o así, tengo una pasión: mi pequeño gran MP3, que puede almacenar hasta 20 GB; me lo compré porque supe que se podían escuchar las canciones de manera aleatoria: ¡lo que siempre había querido! Oír toda la música sin un plan predeterminado, sin límites (a corto plazo: en las horas que escucho música es imposible terminar de oír todo lo que está ahí metido). Empiezo eligiendo una canción, y a partir de ahí lo dejo todo al “supuesto” azar (hay que considerar que las “listas aleatorias” no son tales, sino que funcionan mediante complejas fórmulas matemáticas). Y aquí es a donde quiero llegar: cuando dejo de oír la música de una canción anterior y comienza (ras-ras-ras…) ese paso rítmico que recuerda inevitable el paso marcial y vigoroso de los soldados portugueses el 25 de Abril de 1974, y esa clara y harmoniosa voz que Benedicto describió como indefinida:

 

Era, por un lado, una voz al mismo tiempo desgarradora y arrolladora, masculina y femenina, aguda y grave, suma de una gama extensa de vibraciones y harmónicos; y, por otra parte, aquello le ponía los pelos de gallina a cualquiera” (la traducción es mía): “Grândola Vila Morena, terra de fraternidade”… Y llega ese coro (que quizás Antonio pudiera decir quiénes lo conformaban) apoyando al grande Zeca, y que parece todo Lisboa -¡qué digo!- ¡Portugal entero! cantando a una: “O povo é quem mais ordena”… La canción es muy breve, pero es como un instante eterno, quizás porque sea histórico, quizás porque en ella esté representada la voz de su pueblo. Pero comencemos desde el principio, por ejemplo, poniendo la letra: 

“Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade
Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada esquina um amigo
Em cada rosto igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada rosto igualdade
O povo é quem mais ordena
 À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola a tua vontade
 Grândola a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade”

(Grândola, Villa Morena/ tierra de la fraternidad,/ el pueblo es quien más ordena/ dentro de ti, oh ciudad.// Dentro de ti, oh ciudad,/ el pueblo es quien más ordena,/ tierra de la fraternidad,/ Grândola, Villa Morena.// En cada esquina un amigo,/ en cada rostro igualdad,/ Grândola, Villa Morena/ tierra de la fraternidad.// Tierra de la fraternidad/ Grândola Villa Morena/ en cada rostro igualdad/ el pueblo es quien más ordena.// A la sombra de una encina/ de la que no sabía su edad/ juré tener por compañera/ Grândola, tu voluntad./ Grândola, tu voluntad/ juré tener por compañera,/ a la sombra de una encina/ de la que no sabía su edad).

 

A muchos de nosotros nos comienza gustando un artista por un hecho, digamos, romántico. No creo que esté demasiado bien, pero confieso que a veces, en el pasado, me acerqué a Lorca porque fue asesinado, a Miguel Hernández porque estuvo preso por defender la libertad, a Jimi Hendrix o a Janis Joplin porque murieron de forma escabrosa, a Lluís Llach y a Raimon porque estuvieron prohibidos, a Pablo Guerrero por la canción “Extremadura”, y a José Afonso porque hizo la banda sonora de la Revolução dos Cravos… Pero de este infantil y superficial gusto por el halo romántico se desprende algo positivo: que encuentras más de lo que creías que había; eso me pasó con todos éstos y con muchos más. Pero ciñámonos a José Afonso “Zeca”.

 

Es cierto que antes de conocer al hombre y su nombre supe que una canción había sido el santo y seña para comenzar el golpe de Estado pacífico que derrocaría a la dictadura más vieja de Europa, la de Oliveira-Salazar-Cabronação: para mí, ese dato ya decía mucho de tres cosas a la vez: 1) el carácter de los militares revolucionarios portugueses, 2) que debía ser una canción maravillosa, y, 3) que su autor debía ser genial; todo eso sencillamente del hecho de que una canción (que, por cierto, los propios militares portugueses intentaron ya llevarla a Eurovisión) pudiera ser tan importante que debiera convertirse en el toque de diana para la hora de la libertad lusitana.

 

La historia de la canción la explica muy bien este artículo de la wikipedia:

 

(…) José “Zeca” Afonso compusó esta canción como homenaje a la “Sociedad Musical Fraternidad Operaria Grandolense” de la villa portuguesa de Grândola. El 17 de mayo de 1964 Zeca actuó en esta ciudad. Esta actuación fue importante para el artista por varios motivos. En ella conoció al guitarrista Carlos Paredes, de cuya maestría con la guitarra quedó impresionado. Por otro lado, le impresionaron también la conciencia y madurez políticas de los miembros de la Sociedad Musical y sus escasos pero bien aprovechados recursos, con una biblioteca, según palabras del propio Afonso, “con claros objetivos revolucionarios“.

 

La canción fue incluida en el álbum “Cantigas de Maio”, grabado en Herouville (Francia) entre el 11 de octubre y el 4 de noviembre de 1971, que se editó en diciembre de ese año. Fue la quinta canción de ese disco, que contó con los arreglos y dirección musical de José Mário Branco. (…)

 

El 29 de marzo de 1974, “Grândola, Vila Morena” fue la canción de cierre de un espectáculo en el Coliseo de Lisboa. Asistieron al mismo varios militares del (MFA) Movimiento de las Fuerzas Armadas que la escogieron como señal de arranque para la incipiente Revolución de los Claveles. En ese espectáculo, la censura del régimen dictatorial de Salazar había prohibido varias canciones de José Zeca. Entre ellas estaban “Venham mais Cinco” (“Choca esos cinco“), “Menina dos Olhos Tristes” (“Niña de los ojos tristes“), “A Morte Saiu à Rua” (“La muerte salió a la calle“) y “Gastão Era Perfeito” (“Gastón era perfecto“).

 

A las 0.20 del día 25 de abril de 1974 en el programa Limite de Radio Renascença se emitió “Grândola, Vila Morena”, que era la segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario que derrotaría a la dictadura de Salazar y daría libertad a Portugal y a su inmenso imperio colonial. Las fuerzas del ejército portugués organizadas por el MFA serían las encargadas de conseguir la libertad con el apoyo del pueblo que las cobijó con la colocación de claveles rojos en las bocas de los cañones de los tanques y los fusiles de los soldados. La primera señal fue emitida a las 22.55 del día 24 de abril y fue la música “E depois do adeus (“Y después del adiós”), cantada por Paulo de Carvalho.

 

El propio José Afonso no fue en principio consciente de la trascendencia que había alcanzado su composición. Él lo relata así:

 

“Vivi el 25 de Abril una especie de deslumbramiento. Fui hacia el Carmen, anduve por ahí… Estaba entusiasmado de tal modo con el fenómeno político que no me fijé bien, o no le di importancia, a lo de “Gràndola”. Sólo más tarde, cuando se produjeron los ataques fascistas del 28 de septiembre o los del 11 de marzo y “Grândola” era cantada en los momentos de más grave peligro o de mayor entusiasmo, me di cuenta de todo lo que significaba y, naturalmente, tuve una cierta satisfacción.

 

El hecho de que el propio Zeca le quitara mérito al asunto dice mucho de él. Como me dijo Benedicto cuando preparé un ciclo acerca del impacto ideológico y sentimental de la Revolución de los Claveles en España, “El primero que siempre ponía en duda el mito era Zeca Afonso. No se sentía tal, era la antítesis del vanidoso. La canción fué escogida como señal sin que él lo supiera. Otelo Saraiva de Carvalho nos contó cómo el día que lo decidieron fué en un café de Lisboa en el que estaba Zeca y no le dijeron nada; no podían poner en peligro la operación…

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Saraiva de Carvalho, él mismo que, emocionado, durante el entierro de Zeca quiso poner una bandera portuguesa sobre el ataúd, si no lo hubiera impedido la esposa de Zeca, ya que fue su deseo que el ataúd no llevara más adorno que una bandera roja, símbolo de los trabajadores de todo el mundo. Tal vez han habido unos pocos grandes himnos universales de la humanidad en la más reciente historia: “We shall overcome” de Pete Seeger, “L’estaca” de Lluís Llach, “Al vent” de Raimon, “El pueblo unido jamás será vencido” de Quilapayún, “Imagine” de John Lennon, y, por supuesto, “Grândola, vila morena”; y precisamente su autor, autor de lo que muchos con justicia consideran el himno de la fraternidad, siempre decía “Nem hinos, nem bandeiras”: “ni himnos ni bandera”s. Era el suyo un pensamiento universalista y humanista. Pero, al fin y al cabo, un himno ¿nace o se hace? Yo pienso que se hace: de poco sirve que uno se levante un día diciendo “voy a escribir el himno de las juventudes nudisto-porreras” si ese himno no es acogido por el público como tal, que es lo que sí les pasó a estos himnos que aquí enumeramos. Zeca era consciente de que, incluso antes del 25 de Abril de 1974, “Grândola vila morena” ya no le pertenecía: le pertenecía al pueblo portugués, más aún: le pertenecía a la humanidad entera. No hay más que oír cómo cierra con esta canción su actuación en el Coliseu, en donde un entregado y emocionado público llega a tapar la voz del propio Zeca: igual, o incluso más, que aquel público estadounidense que acababa cantando “We shall overcome” mientras Seeger se dedicaba sólo a tocar la guitarra y a indicar las estrofas a cantar.

 

Quizás sea sólo una anécdota la elección de esta canción por parte de los capitanes de Abril, quizás podría haber sido otra, quizás tardemos mucho tiempo en ver algo así de nuevo… Pero el innegable significado artístico e histórico de la “Grândola” queda ahí: una canción que parece profética, ya que, habiendo sido hecha hacia 1971, con su peculiar “instrumentación”, ya parece vaticinar la marcha jubilosa de un pueblo hacia su libertad.

 

Hay muchos vídeos realizados con esta gran canción, incluso alguna que otra versión. Pero quiero cerrar con esta interpretación que se hizo al final del programa homenaje a Zeca en la Televisión Galega, terminando con todos los participantes del evento cantando a coro “Grândola, vila morena”, entre los que se cuentan Luis Pastor y Benedicto. Lo pongo porque, seguramente, desde 1980, ésta sea la primera ocasión en la que Benedicto se sube a un escenario a cantar:

 

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