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Un siglo de canciones 5: “Luna de Miel” (por Rodri)

2 de febrero de 2009

No sé la causa, el motivo o razón que hizo que fuera al cine aquella tarde de domingo. Tal vez, el haber comido tarde y no tener nada que hacer en la casa de mis tíos en Embajadores, 14. Mi tío no perdonaba siesta de dos horas ni el vaso de bicarbonato tomado nada más levantarse. Mi tía, las cosas de la casa, lavar los platos de la comida, ropa, plancha… Ambos eran horteras (*) y sólo tenían libre ese único festivo de la semana. No era plan quedarse en casa. Así que ese domingo de primavera del 59, yo solito, bajé las escaleras, crucé Embajadores y me fui a la taquilla del Pavón. La primera sesión de las cuatro. En las otras dos, ya ponían programa doble, en esta sólo una película. ¿Por qué me metería en el Pavón para ver “Luna de miel”? Pues, ¿yo qué se? Porque estaba enfrente de casa, cruzar la calle, ya lo he dicho.luna_de_miel_cine1

 Mientras una morena muy delgada y estirada que, aunque había nacido en Paris, era de ascendencia rusa y se llamaba Ludmilla Tcherina llegaba a España con su marido Anthony Steel para emprender su luna de miel en esta España de sol, de cielo azul y de arte sonaba una canción compuesta musicalmente por Mikis Theodorakis,  cantada por Marino Marini y con letra inglesa. A Marino Marini le conocía, entre otras, por “La pansé” y Maruzzella”.

 

A mí la cancioncita no me decía nada. Tenían mucha más gracia los recorridos en coche de la pareja recién casada que pasan de Galicia a Ávila y en un santiamén están en Despeñaperros. Y también hay otro coche, en el que viajan Rosita Segovia que lo conduce y era la primera bailarina de la compañía de Antonio.  Discuten, Rosita para el coche, le dice que se baje, y le abandona en medio del camino en plena cuesta. Lo aprovecha Antonio para bajar taconeando toda la carretera, saltando de protector a protector, con la música del “Zapateado” de Sarasate.

 

¡Hombre! Aquello me hizo gracia pero no pude dejar de pensar que en el Odeón ponían “La gata sobre el tejado de zinc” y la Liz Taylor, sería bajita, regordeta y todo lo que queráis pero tenía unos labios y unos ojos de morbo.

 

Total, que los novios extranjeros recogen al bailador Antonio y empiezan a viajar sin ton, ni son, por media España. Antoñito se ha enterado de que la Ludmilla es bailarina y la quiere poner en una coreografía suya.

 

Como el productor español era Cesáreo González empiezan en Galicia pero, luego pasan por Madrid para ir a Chicote, claro. Y en Granada bailan “El amor brujo” Y van a Teruel, para hacer el amor imposible de D. Diego y Doña Isabel, los amantes del lugar.

 

El director de esta película era un inglés llamado Michaell Powell al que le gustaba mucho la danza. Ya había hecho algunas más de danza.  “Las zapatillas rojas”, film que yo vi con cinco o seis años y, claro, me pareció un coñazo.

 

Lo más bonito de “Luna de miel” vino luego. Nosotros teníamos viviendo en Paris a una catalana de Vilafranca del Panades que se había venido a Madrid a destacar como cantante. Un día se marchó a Paris sin casi saber decir “oui” y en un abrir y cerrar de ojos era la reina de la canción.

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En 1956, grabó con la Orquesta de Frank PourcelExtraño en el Paraíso” un medio éxito de Gordon McRae, aquel que hizo “Oklahoma”, y éxito entero de Tony Bennett y de The Four Aces. Era un fragmento de las Danzas Polovsianas del Príncipe Igor, de Borodin. Un poeta, Francis Blanche puso letra y Gloria vendió, en 1956, un millón de discos en Francia. Era la primera vez que se llegaba a esa cifra. Al año siguiente, Glorita se hizo dos dúos con Luis Mariano, en francés y en español: “Canastos” que sonaba a todas horas por las radios españolas y “Ay, amor ya no me quieras tanto”. Después el “Bambino” o “Chiquillo”, tremenda historia de un chaval que vive con fiebre por una señora mayor. En el 58, “Gondolier”. Una cursilada que gustaba a todo el mundo.

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Y a finales del 59, ya con “Luna de miel” en Francia, decide La Voix de son Maitre que se grabe también para el mercado español. Se elige a un poeta joven, hijo de un genial pintor y dibujante que en Art Déco creó la mujer Penagos, delgada, sin caderas, deportista, fumadora, social y elegante: Rafael de Penagos. El hijo también se llama Rafael y vive, aunque es poeta, del doblaje. Y dobla mucho. En los más de cuarenta años de Rafael Penagos-hijo como doblador hay cientos de películas. Pero como yo grabé en sistema Beta todos los capítulos de la serie “Dartacán y los tres mosqueperros” para mis hijos, le oía haciendo de Cardenal Richelieu.

 

¡Nunca sabré por que siento tu pulso en mis venas!

¡Nunca sabré en que viento llegó este querer!

Mi vida llama a tu vida y busca tus ojos. Besa en tu suelo, reza en tu cielo, late en tu sien.

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¡Joé! La primera vez que escuché a Gloria Lasso cantar en español “Luna de miel” me quedé embobado. Si hubiera sonado en la película hubiera engrandecido el film. La Lasso lo cantaba de locura, la música del griego era una delicia, el Pourcel había hecho un arreglo de lucimiento y aquel, entonces para mí, desconocido poeta, lo había bordado. A Rafael de Penagos le concedieron en 1964 el Premio Nacional de Literatura por el libro de poesía “Como pasa el tiempo” pero siguió siendo actor de doblaje hasta que se retiró.

 

Gloria se retiró definitivamente por un ataque al corazón en Cuernavaca, México en el 2005. Adquirió fama de “devorahombres”. Tuvo seis lunas de miel pero, seguro, que ninguna fue como la de la canción.

 

(*) Hortera en el Madrid antiguo era el apodo de los dependientes de ciertas tiendas de mercader. Se aplicaba más para “los mancebos”.

  

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