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Not In Our House: Celtics 98 Lakers 103 (Socioapatía nos cuenta el 3-2)

16 de junio de 2008

Los Lakers hacen lo justito en ambas canastas para ganar el partido de ésta madrugada, y poder jugar uno más. La magnífica actuación de Pau y Odom (39 puntos, 24 rebotes, y 6 tapones entre los dos) disfraza la mediocridad del banquillo y la no-tan-buena noche de Kobe. Sin que sirva de precedente, ponemos un par de fotos de Gasol, que hoy sí que se merece unos cuantos halagos.

 

La primera mitad fue la misma canción que en el cuarto partido, pero con distinto baile: Un brillante inicio de los Lakers, y desinfle en el segundo cuarto. En los primeros compases del partido Bryant (al que a partir de ahora dejaremos de comparar con Michael Jordan y sí con Harry Potter) encestó cuatro triples, Gasol estuvo de carroñero en la zona rebañando canastas y faltas y todo el equipo jugaba de maravilla. Los chicos de púrpura y oro, hoy de blanco, defendieron bien (¡el segundo tapón de Pau en todas las finales!) y atacaron mejor.39-22. Con esa progresión, el partido habría acabado156-88

 

Pero los Lakers son los Lakers y en el segundo sólo anotaron 16. Las razones de siempre: un banquillo con menos chispa que una coca cola que lleva abierta tres días y la bestia Pierce. El alero de Boston encasquetó él solito un 15-0 (¡fuera de casa!) a los Lakers mientras Phil Jackson mantuvo a la segunda unidad en pista. Ya con los titulares en el parquet, LA pudo defenderse algo mejor, anotar algunas canastas (9 puntazos casi consecutivos de Lamar Odom) y maquillar la remontada que estaban encajando. Pero de nuevo Paul “carnicero” Pierce se jugó la última posesión del cuarto y encestó un triple de los que duelen. 52-55 al descanso y todo por decidir.

 

Y por fin, llevábamos 15 días esperándolo, los Lakers hicieron un buen tercer cuarto. Kobe se la jugó sólo cuatro veces y ayudó en el rebote y la creación de juego. Gasol estuvo muy astuto y puso contra las cuerdas a los pívots rivales (Kevin Garnett y PJ Brown) con cinco faltas cada uno. Se le compara en LA con Chris Martin y no sólo por su físico; cuando el líder de Coldplay se deja de falsettos afeminados es toda una estrella del rock, cuando Gasol es agresivo y está concentrado… Oh amigos, fear the beard.  El catalán no se escondió en ningún momento del partido y aparte de los 19 puntos, capturó 13 rebotes, repartió 6 asistencias y colocó dos tapones.  

 

Paul Pierce empieza el último cuarto con una penetración; saca la falta y le da un rodillazo en todos los huevos a Lamar Odom, que se pasa los tiros libres acariciándoselos con cara de dolor. Apenas cuarenta segundos más tarde, Odom responde con un triple. Ésta podría ser la imagen que resumiera el final del partido; ambos equipos intercambiaron golpes sin que ninguno pareciera imponerse. Comenzaron entonados los Lakers, para que después de perder la cohesión y los nervios con Vujacic (2 de 13 en TC) Boston se acercase hasta empatar a 90 con 4.30 por correr en el reloj.

 

Los Celtics fueron a la línea más que un cocainómano, y vimos como un enternecedor Ronny Turiaf, tiraba la toalla al público en el primer tiro libre, y el público se la devolvía en el segundo. El jugador de Martinica se ha hecho famoso por cantar, hacer bailes extraños y cheer leadear a sus compañeros durante los partidos. Los Lakers necesitan un par de gansos más como él, otro par de tipos duros y despedir al overbooking que tienen de sosos y niñatos que tienen en plantilla.

 

Los últimos instantes estuvieron llenos de pérdidas de balón, jugadas chapuceras y fallos tontos por parte de ambos equipos. Con 40 segundos para el final del partido y los Celtics dos abajo, pasó lo impensable, Paul Pierce se botó el balón en el pie, los Lakers lo recuperaron y Bryant hizo un mate al contraataque completamente solo. Mucha pizarra inútil, seis tiros libres y unos cuantos bostezos después, los Lakers consiguieron su segunda victoria de las finales.

 

Ni Doc Rivers (que lloró en la rueda de prensa previa al partido cuando le preguntaron sobre ganar hoy, Día del Padre en EEUU) ni Paul Pierce consiguieron la victoria y han dejado escapar la primera match-ball. Y puede que lo paguen caro, Kendrick Perkins sigue lesionado y los jugadores importantes de Boston  han jugado muchísimos minutos. Ahora les espera un viaje de 4000 Km. para jugar el martes. Si los Lakers (sobre todo, Kobe Bryant que hoy ha jugado sin forzar mucho) consiguen imponer la frescura de sus piernas, pueden robar un punto el próximo partido y empatar las series. Bueno, y también necesitan hacer el mejor partido de sus vidas, pero eso siempre.

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“¡Esto es Esparta!” (Sociapatía nos narra el Lakers 91 Boston Celtics 97 que pone a los Celtics 3-1)

13 de junio de 2008

Los tercos Celtics rebañan un punto decisivo que todo el mundo adjudicaba a los Lakers. Comandados por “Leónidas” Pierce y un espíritu de equipo y unión nunca visto en la historia reciente de éste deporte, remontaron un partido que iban perdiendo por 24 puntos fuera de casa. Cada vez que un jugador caía al suelo, tres corrían a levantarle; cada vez que metían una canasta, los suplentes, un punto verde en el mar amarillo del Staples, saltaban del banquillo. Salvo sorpresa serán los campeones de la NBA de la temporada 2007/2008. Y habrá ganado el mejor.

Los Lakers comenzaron arrolladores y jugando extremadamente bien en equipo (sólo 3 de los primeros 43 puntos de LA fueron de Kobe Bryant) como nunca habíamos visto en estas finales. Gasol y Odom hicieron varias de sus “tuya-mía” que les dejan boquiabiertos hasta a ellos, y que no practicaban desde Denver.

Los de púrpura y oro circularon el balón para los hombres abiertos, estuvieron agresivos por todo el campo, metieron sus tiros y acabaron el primer cuarto 35-14, la diferencia más abultada de todos los primeros cuartos de la historia de las Finales de la NBA.  

¿Estos Lakers haciendo historia? Más bien cuento; el de la Liebre y la Tortuga. En el segundo cuarto bajaron descaradamente los brazos en defensa y dejaron que los jugadores de Boston empezasen a sincronizarse. Pese a ello no perdieron toque en la canasta rival y a los Celtics no les dio resultados inmediatos (sólo consiguieron rebañar 3 puntos de la ventaja de 21) pero al menos consiguieron desatascar su circulación de balón y ganar confianza para la segunda mitad del partido. La de la debacle de Kobe Bryant y los suyos, los que entrarán en la historia por ser el primer equipo que pierde un partido de las Finales sacando más de 14 puntos de diferencia en el primer cuarto.

 

El tercer cuarto es el que muchos consideran decisivo en un partido. Haciendo una mala metáfora, es el nudo de la trama del encuentro. Llevamos cuatro partidos de serie y estos han sido los marcadores de los terceros cuartos

 

1er Partido: Celtics 31, Lakers 22

2º Partido: Celtics 29, Lakers 19

3er Partido: Celtics 25, Lakers 17

4º Partido: Celtics 31, Lakers 15

 

Boston Celtics son unos auténticos animales defendiendo en los momentos importantes y aunque no sean para nada brillantes en ataque, encestan mal que bien cuando tienen que hacerlo. Esta noche han sido aún mejores; subieron el nivel de su presión defensiva y han obligado a los Lakers a comenzar sus posesiones a 8 metros del aro. En una de ellas, el gafado Kendrick Perkins volvió a lesionarse ésta vez en el hombro. Sabedores de que cuando las cosas se tuercen para los angelinos, sólo Kobe es capaz de dar el paso adelante, aprovecharon las circunstancias para jugar con un quinteto con un solo pívot (Garnett) y el resto de “pequeñitos” se dedicaron a acosar y molestar a la mamba negra cada vez que recibía. “He visto tres o cuatro cuerpos cerca de mí cada vez que tocaba el balón” confesaba el propio Bryant después del partido.

 

Y en el otro lado de la pista lo de siempre. Ahí estaba la pareja de aleros más old-school de la NBA: Ray Allen el arquetipo tirador puro y delgado, de mirada fría y muñeca asesina y el auténtico trailer de fuerza y hormonas que es Paul Pierce abriéndose paso en zigzag y aullidos hasta la canasta rival.

 

Pero si el segundo cuarto fue de Allen (19 puntos y 9 rebotes) y el tercero el de Pierce (10 de sus 20 puntos los consiguió en ese periodo) el último fue una oda al juego colectivo. Eddie House, al que hasta este partido de las series sólo se le había nombrado para decir que es el padre de ese niño de 7 años que pulula por el banquillo de Boston, anotó varios tiros difíciles y puso a su equipo por primera vez delante (83-84)  en el marcador a falta de 4 minutos para el final, mientras seguían repartiendo cera en defensa. Los Celtics habían vuelto, y todos parecían llevar escrita la palabra “héroe” en la camiseta. La grada tragaba saliva, a los Lakers les temblaban las rodillas y nadie quería la pelota. Vujacic (1 de 9 en TC) y Farmar se dedicaron a fallar triples fáciles desaprovechando los espacios que les abría Kobe con sus penetraciones y el desastre parecía consumado.

James Posey ex-compañero de Gasol en los Grizzlies (y al que solo se le suponían habilidades en defensa y hoy 18 puntazos), encestó un triple que valía oro para colocar 5 arriba a su equipo a 73 segundos del final. Dos tiros libres de Pierce y una suspensión de Allen, neutralizaron los 4 tantos que consiguieron los Lakers en ese tiempo y un tiro libre de Eddie House ponía la guinda. Boston había remontado fuera de casa un partido que iba perdiendo por 24 puntos y con su pívot titular lesionado.

Gasol que lleva tres partidos en racha frenando a Garnett pero que es incapaz de explotar en ataque (de estos ya van ocho seguidos) hizo buenos números con un 17-10, pero con la falta de actitud y agresividad que se espera en un campeón. No supo aportar cosas a su equipo cuando no jugaban para él y estuvo torpón fallando muchos tiros fáciles. Imagino que o piensa en las vacaciones o está viendo la Eurocopa, porque estamos contemplando unos “piscinazos” espectaculares por parte del de San Boi, que se tira al parquet unas cuantas veces al azar por partido cuando siente un contacto por parte de algún jugador de Boston.

 

Repasando la hoja de estadísticas, quizás llame la atención de que Kobe Bryant “sólo” haya encestado 17 puntos. Pero son engañosos. Jugó con sus compañeros, no les gritó y no se chupó el balón como si fuese suyo, no parecía Kobe y se fue a las duchas con 7 tristes puntos pero el mismo número de asistencias. En la segunda mitad volvieron los 1-contra-todos y los gritos groseros contra cualquiera que llevase una camiseta amarilla e hiciese algo mal. No es el único responsable de la derrota de LA, pero su 6 de 19 (necesitaba tirar tres veces a la canasta para que entrase una) y el egoísmo con el que jugó en momentos clave, sí que hundió a los del Phil Jackson en la pista cuando necesitaban crecerse.

En la pista y en las series. Con un 3-1 que nunca nadie ha remontado, los Celtics se ven campeones. Aún perdiendo el siguiente partido en el Staples Center, tienen dos oportunidades más en casa para rematar a los Gasolakers. No parece que vaya a ocurrir lo contrario y casi casi podemos dar por campeones a Boston Celtics, el equipo con mejor defensa del mundo y el único a día de hoy, sin un sólo jugador blanco en su rotación. ¿Un presagio para la victoria de Obama?

 

 

P.D.: Una vez dije que el baloncesto es el deporte en equipo donde más cuenta el talento individual, y ésta noche once negros vestidos de verde me han tapado la boca. Comenté que la razón del pésimo tercer partido de Paul Pierce era que estaba lejos de la gente que le apoyaba, y hoy las cámaras de la ABC han enfocado varias veces a una pequeña tropa de 30-40 personas entre familiares y amigos del escolta de Boston, que son de Los Ángeles y no suelen viajar a Massachussets. No había hablado apenas de Ray Allen aunque estuviese haciendo grandes partidos, y hoy le nombran MVP en casi todos los medios yankees. Gasol no ha sido el españolito que ha tenido una cura de humildad ésta noche. Mis disculpas.

 

 

 

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La Hidra Negra: Los Ángeles 87, Boston 81 (Socioapatía nos cuenta el Celtics 2- Lakers 1)

11 de junio de 2008

Foto de AS

Los Lakers consiguen la victoria por la mínima en un encuentro trabado y aburrido. Gracias a la inspiración de Kobe Bryant (36 puntos) y a un gran último cuarto, los de púrpura y oro pueden permitirse soñar con remontar el 2-0 que se trajeron de Boston.

 

Ningún equipo en la historia ha remontado un 3 a 0 y ésta madrugada Kobe Bryant se ha ocupado de que su equipo no tenga que hacerlo. Confiado y orgulloso, se anudó el pañuelo de kamikaze en la frente y volvió a dar un recital de tiros estéticos, penetraciones asombrosas y (como es habitual en él) sandías que no tocan ni el aro. Los árbitros le respetaron mandándole 18 veces a la línea de personal aunque sólo convirtió once.

 

Pero lo que de verdad hizo ganar a los Lakers fue su agresividad en defensa. Estuvieron concentrados y atentos a las líneas de pase, dejando a menudo libre a Ray Allen (25 puntos) pero pegados como lapas al resto de Celtics. Pau estuvo sublime parando a Garnett.  Dejó a “Big Ticket” en un abismal 6 de 21 en tiros de campo y cazó 12 rebotes. Tan bueno en defensa que se olvidó de cómo jugar en ataque (un shaquille-o’nealiano 3 de 8 en tiros libres) terminando con unos desangelados 9 puntos, su anotación más baja de todos los Playoffs. Odom (5 faltas y 5 pérdidas de balón) y Fisher estuvieron aún peor y nadie que no fuera Kobe superó la barrera de los 10 tantos.

 

¿Nadie? No. Radmanovic pierde la fuerza cuando se afeita y se cargó de faltas enseguida. Phil Jackson hizo saltar a Sasha Vujacic (el autoproclamado “La Máquina”) del banquillo para sustituirle. Aprovechó los espacios que dejaban los dobles marcajes a Bryant y se convirtió en el Robin perfecto del Batman de los Lakers. Sus compañeros supieron encontrarle solo en las esquinas y metió 20 puntos con su estilo de juego completamente europeo, incluidos tres triples cruciales en el último cuarto. No sólo estuvo brillante en ataque si no que en el otro lado de la pista secó a Paul Pierce (6 puntos y 3 pérdidas de balón) que a 4.000 Km. del calor de su grada, tuvo un día para olvidar.

 

Sorprende que en un partido de vida o muerte para los Lakers, la gran mayoría de sus jugadores estuvieran tan desentonados en ataque. Si sacamos las estadísticas de Bryant y Vujacic del cómputo, el resto de los lobeznos de Phil Jackson tuvieron un futbolístico 28% de acierto de cara al aro rival. Esa y no otra fue la razón para que no empalasen a unos Boston Celtics aún peores en ataque y que han enseñado muy poquitas cosas salvo juego sucio y la intensidad defensiva que se espera de ellos. Deberían reflexionar y recuperar su estilo de juego alegre y divertido si quieren cumplir su objetivo de ganar los dos siguientes partidos en casa

 

Kobe ya se ha sacudido sus malas actuaciones en el Garden y ahora le toca recuperar la filosofía del “pasar-primero” que tan buenos resultados le dio contra Denver, Utah y San Antonio. ¿Vencerá Bryant a su doppelgänger que le susurra al oído que se chupe el balón? ¿Podrán los Celtics dar un golpe de autoridad y recuperarse de la derrota para el siguiente partido? ¿Machacará otra vez Gasol en la cara de Garnett? ¿Cuántas asignaturas voy a suspender? Todas esas respuestas  y más el viernes en El Mundano.

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Prince Pierce: Lakers 102, Celtics 108 (Sociapatía nos narra el 0-2)

9 de junio de 2008

El alero de Boston vuelve a ser la estrella del partido. Se echó a la espalda a su equipo durante tres cuartos y medio, hasta que los Lakers ejecutaron una remontada espectacular. Cuando los angelinos ya rozaban la victoria, el 34 de los verdes fue el protagonista en un par de jugadas clave que aseguraban el 2-0 y toda la presión que ahora es para Kobe y los suyos en el tercer partido.

A menos de 8 minutos para el final Los Ángeles Lakers iban 24 puntos abajo (71-95) Hasta entonces no habían podido frenar la inspiración del perímetro de Boston (23 para Pierce, 15 para Allen y 21 para el invitado sorpresa Leon Powe), los árbitros no les toleraban el más mínimo contacto y Kobe Bryant estaba con la cabeza en otra parte. Los suplentes habían servido de sparring a la segunda unidad de los Celtics y el público enloquecía con el “Beat L.A!” del videomarcador.  No merecía la pena ni pedir un tiempo muerto; el partido estaba más que perdido. Pero en ese momento, los Lakers comenzaron a carburar.

 

El coladero que había sido la defensa de Lakers estuvo ágil y atenta a las líneas de pase y empezaron a entrar los tiros: los fáciles y los heroicos. Un Gasol desconocido bramaba después de cada rebote que capturaba. Radmanovic, el eterno tapado por el sistema de juego de Phil Jackson, dio un paso al frente y se atrevió con jugadas que no le correspondían en la cara del mismísimo Paul “rodilla de acero” Pierce. Kobe Bryant se puso en modo mamba, y volvió a salir magia de sus zapatillas, anotando él sólo 11 puntos. En 6 minutos y medio endosaron un parcial de 31 a 9 a Boston, que veía que el partido que tenía encerrado en el puño, se le escurría entre los dedos.

 

Pero la remontada empezó tarde y con 38 segundos por jugarse y balón para Boston, los Lakers aún iban 2 puntos por debajo. Necesitaban como fuera que los Celtics no anotaran en esa posesión, pero ahí estaba Paul Pierce para aguarles la fiesta. Cargando con su enorme corpulencia contra el aro rival, consiguió sacarle una falta personal a Derek Fisher. Anotó los dos lanzamientos desde la línea de castigo y cuando los Lakers se encomendaban a todos los santos de California para meter el tiro que elevase la tensión y las oportunidades de ganar, de nuevo Pierce le puso un gorro a Sasha Vujacic que sentenciaba el encuentro.

 

Gasol repitió el esquema del primer partido: primera mitad anotadora (15 puntos) segunda reboteadora (7 rechaces). Contuvo mucho mejor a Kevin Garnett (le dejó en un paupérrimo 3 de 11 en la primera mitad) y le clavó un par de mates que añadir a la manía (ver a partir de 1:30) que se tienen estos dos pura sangres. Acabó con unos buenos 17 puntos 10 rebotes y 4 asistencias; números no muy distintos a los que suele hacer, pero que hoy sí reflejan el esfuerzo y el sudor en pista. Curada su autoestima, es de suponer que en los tres partidos de Los Ángeles vaya la yugular de quien se atreva a toserle.

 

Como ya hemos comentado, el banquillo de los Lakers no hizo absolutamente nada más que sacar el balón de fondo tras canasta rival. Con Farmar, Turiaf y Walton en pista, acumularon un parcial de -16 mientras que los suplentes de Boston aportaron nada menos que 35 puntos.

 

Párrafo aparte para la actuación arbitral (que hasta comentan en vídeo en la ESPN). Dan Crawford y Bob Delaney mandaron 38 veces a la línea a los jugadores locales, por solo 10 a los jugadores de los Lakers. Sin entrar en conspiraciones ni en quejas poco fundadas (esas cosas se las dejamos a los honrosos profesionales de marca.com) lo cierto es que señalaron más de una falta más que dudosa a favor de Boston. Pitaron faltas a los de Doc Rivers, pero muy pocas estuvieran castigadas con tiros libres. Cierto también que la defensa de los Celtics no permite penetraciones, pero los dos officials que arbitraron anoche midieron claramente con dos raseros.

 

De todas formas, Boston solo pudo encestar 27 de esos pequeños regalos arbítrales y el impacto en el partido fue relativo, comparado con su espectacular 64% desde la línea de tres puntos o las 31 asistencias para 35 canastas. Los Celtics han encontrado la forma de  trasladar la química que tienen en defensa al ataque, y han jugado de largo sus dos mejores partidos de Playoff.

 

De momento, nada está perdido para los Lakers. El formato de las Finales (2-3-2) les permite jugar tres partidos seguidos en casa, para empatar e incluso ponerse por delante en la serie antes de volar de nuevo a Boston. Por supuesto, la presión es ahora mucho mayor y no pueden permitirse ni un fallo en el Staples Center si quieren llevarse el anillo. Y aunque Paul Pierce sea de Inglewood y Ray Allen también de California, van a encontrarse a un público que les tirará machetes cada vez que se atrevan a tocar el balón. Próximo partido dentro de dos días, y maldita NBA que me roba tiempo de estudio pero me lo hace ganar en diversión.

 

 

 

 

 

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Panteras Negras: Lakers 88, Celtics 98 (Socioapatía nos cuenta el Boston 1- LA 0 de las Finales de la NBA)

6 de junio de 2008

El Big Three (Garnett, Pierce y Allen) de Boston Celtics tritura a base de corazón y ganas a Los Ángeles Lakers. Paul Pierce en concreto protagoniza una de las actuaciones más vibrantes de la historia reciente de la NBA, reapareciendo en el parquet tras lesionarse y anotando dos triples decisivos en el tercer cuarto que destrozaron la moral de los Lakers para el resto del partido.

 

El baloncesto es el único deporte en equipo en el cual la voluntad de un solo jugador puede ganar un partido. La historia del encuentro de esta madrugada, puede explicarse dentro del mini partido de Paul Pierce: La estrella de los locales (curiosamente nacido y criado en Los Ángeles) llevaba un partido gris, con tres faltas y apenas 11 puntos. Tras una canasta de Kobe Bryant, a mediados del tercer periodo, el alero de Boston chocó con su compañero Kendrick Perkins, y giró su rodilla en un ángulo antinatural. Para desolación de los fans de Celtics, su estrella se retiró al vestuario a hombros de varios de sus compañeros y todo pintaba que era una lesión grave. Aún no repuestos por la trágica noticia, el propio Kendrick Perkins tuvo que abandonar el partido cojeando de su tobillo izquierdo. Boston se enfrentaba al primer partido de las Finales sin su líder y sin su pívot titular. Además, la lesión de Paul Pierce, que abandonó el campo con gestos de sufrimiento, algo inhabitual en un jugador poco dado a los aspavientos, parecía que habría de pasarle factura para más de un partido.

 

El partido continuó sin mucho acierto por parte de ninguno de los dos equipos y en un momento y por sorpresa, las cámaras enfocaron a Paul Pierce saliendo del túnel de vestuarios con un aparatoso vendaje en la rodilla y  cara de asesino. El público del Garden hizo temblar los cimientos del edificio con su ovación y el banquillo de los Celtics tuvo que parar a Pierce, que se dirigía con todos los cojones del mundo a la pista cuando aún el entrenador no había pedido el cambio a la mesa. A los Lakers les empezó a temblar todo.

 

Cuando por fin consiguió entrar en pista, el 34 de los verdes, anotó dos triples consecutivos sobreponiéndose al dolor de su rodilla. Las casi 20.000 almas del Garden tenían de punta hasta los pelos de la nariz. Cometió su cuarta falta personal, y Doc Rivers decidió mandarle de nuevo al banquillo para protegerle. Su lesión estaba aún caliente y para que no es enfriara, habían colocado una bicicleta estática por el mismo túnel por el que había aparecido diez minutos antes. Pero Pierce que no quería perderse nada de lo que ocurría en el partido, mandó que se la pusieran en el banquillo y empezó a pedalear tranquilamente. El público si no se había desgañitado lo suficiente con su reaparición de súper héroe, aclamó hasta la extenuación el gesto del guerrero Pierce. Los Lakers, aunque faltasen 15 minutos por jugarse, estaban más perdidos que un pavo en Navidad. Aquellos 6 puntos de Paul Pierce valieron mucho más que cualquiera de los otros 92 que anotó su equipo.

 

En un ambiente tan hostil, e informados a última hora de que les tocaba ser los villanos que despedazase el valiente Pierce en la película del partido, los de púrpura y oro no pudieron desplegar su juego y acabaron cayendo en lo que ha sido el común denominador de sus derrotas: la Kobe-dependencia. El escolta de los Lakers se jugó tiros dificilísimos y precipitados en vez de hacer lo que el sentido común dictaba; pasar el balón a los pívots y esperar a que estos le abrieran espacios o consiguieran los puntos por su cuenta. Kobe Bryant acabó el partido con un pobre 9 de 26 en tiros de campo y su equipo con un marcador de -13 cuando la mamba negra (ésta noche sin veneno) estuvo en pista.

 

Soberbia actuación de Kevin Garnett que tan alto y fuerte como Gasol, se mueve mucho mejor lejos del aro y acabó metiéndole 24 puntos y 13 rebotes e inmortalizándole como “el tipo que pasaba por allí” cuando hizo un mate de póster que puso en pie al estadio de Boston. Buen partido también de Ray Allen, que buscó sus puntos con penetraciones mucho más de lo habitual en él, y que acabó con unos sólidos 19 puntos, 8 rechaces y 5 asistencias.

 

Habrá que ver como evolucionan las lesiones de Pierce y Perkins en estos tres días hasta el segundo partido, de nuevo en Boston. En principio, si no hay intervenciones sobrenaturales ni más jugadores insensibles a la tortura, los Lakers pueden y saben hacerlo mucho mejor que hoy y tienen opciones de ganarlo. Pero cuando las cosas se ponen heroicas y cuentan más la garra y la pasión que el talento, Kobe y los suyos están perdidos de antemano.

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Infarto: Lakers 93- Spurs 91 (Socioapatía nos cuenta el 3-1)

28 de mayo de 2008

Los Lakers ganan en San Antonio en un partido con sabor a leyenda. Dos equipos titánicos, luchando concentrados con una intensidad sobrenatural y dando espectáculo durante 48 minutos que dan rabia que no fueran 84. Bryant, Gasol, y compañía están a un solo partido de las finales de la NBA

 

A falta de menos de un minuto por jugarse, los Lakers iban 7 puntos arriba. Dos fallos sangrantes de Gasol en la línea de tiros libres, y un ataque rápido de los Spurs para triple de Ginobili, recortaron la diferencia a sólo 4 puntos. Tras un mal tiro de Kobe Bryant que permitió una nueva transición rápida de Tony Parker, San Antonio Spurs empujó el marcador a un 93-91.

 

 En la siguiente posesión, la Mamba le pasó la pelota a Derek Fisher. El tiro no tocó el aro, y en la lucha por el rebote el balón salió por la línea de fondo. 5.6 segundos para el final del partido y balón para los Lakers. En vez de esperar a que los Spurs cometan una falta intencionada sobre él, Kobe Bryant se pasa de Diva e intenta un tiro saltando hacia atrás que de nuevo no toca ni el aro.

 

Con los Spurs perdiendo por dos puntos y 2.1 segundos por jugar, Robert Horry le cede la pelota Brent Barry a siete u ocho metros del aro. Barry arma el brazo para el triple imposible, pero no ve como se acerca Derek Fisher como una locomotora hasta que casi es tarde. Dribla hacia su derecha, y el base de los Lakers impacta con él. Con décimas por jugarse, y Fisher tan cerca que puede ver los pelos de su nariz, Barry vuelve a armar el brazo y lanza. Falla. Los árbitros no pitan nada. Los Lakers ganan.

 

A éste cronista le pone la piel de gallina la deportividad de los Spurs. Pese a que se pitaron faltas mucho menos claras durante el partido, y a que jugaban en casa, los jugadores y el entrenador han mostrado una nobleza fuera de lo común. “Si fuese árbitro, no habría llamado a eso una falta” comentó Gregg Popopovich. El propio Brent Barry reconoció que “aquello en un partido de temporada regular quizás podría pitarse. En un partido de las Finales de la Conferencia Oeste, nunca”

 

Analizando la hoja de estadísticas de éste dramático choque, destacan los 28 puntos y 10 rebotes (una sola asistencia) de Kobe Bryant. También remarcable el doble-doble de Gasol (10 puntos y 10 rechaces) y su papel de atalaya que reparte el juego desde el poste alto (6 asistencias) Nuestro querido Lamar Odom volvió a la normalidad con un 16-9.

 

Tim Duncan consiguió de nuevo números irracionales (29 puntos y 17 rebotes) pero la buena defensa de Gasol y Odom le hizo fallar 16 (que se dice pronto) lanzamientos a canasta. Tony Parker y Barry añadieron 23 tantos cada uno, y Ginobili firmó una actuación muy tímida, con apenas un 7 en su casillero anotador.

 

Los Lakers tienen 3 oportunidades para ganar el ticket a las Finales. Los Spurs no pueden perder. Mucho más espectáculo el viernes.

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La Matanza de Texas: Spurs 103 Lakers 84 (la crónica de Sociopatia del 2-1)

26 de mayo de 2008

Los Lakers salieron al parquet con su peor cara, y San Antonio se la partió a base de triples: Los Spurs se recuperan de las dos derrotas a domicilio y descuartizan a LA en su estadio. Mientras que los “abuelos” de la NBA refrescaron sus piernas y su concentración, Bryant y compañía tuvieron malos porcentajes y escasa agresividad.

 

Los Lakers aguantaron el empuje de unos “ahora-o-nunca” Spurs hasta el segundo cuarto. Un parcial de 28-15 en ese periodo puso la primera piedra de la derrota de los angelinos. Ésta vez los tejanos sí que supieron defender su ventaja y aparecieron los secundarios que les faltaron otras noches. Tuvieron un sensacional 10 de 18 en triples, movieron el balón con mucha cabeza (22 asistencias) y pusieron un cerrojo en su pintura anulando penetraciones y tiros cercanos al aro.

 

Manu Ginobili (el primer jugador de la historia en conseguir ganar la Euroliga, un título NBA y un Mundial) tuvo pobres actuaciones en los dos partidos anteriores. Está lesionado en su tobillo izquierdo y tiene arrancada una uña de la zurda. Se pueden decir muchas cosas sobre su estilo de juego rácano y antiestético, pero a agallas al argentino no le gana nadie. Anoche su corazón bombeaba agua helada y consiguió 30 puntos heroicos (5 de 7 en triples) apareciendo justo cuando su equipo necesitaba anotar. Luchador, insensible a la fatiga y con los redaños para pedir la pelota e irse hasta la cocina cuando al resto de su equipo le temblaban las rodillas.

 

Todos los focos estaban en Manu Ginobili, pero el líder de los Spurs sigue siendo Tim Duncan. El gigante bonachón ayer se disfrazó de King Kong y consiguió unos salvajes 22 puntos y 21 (!) rebotes con sus movimientos de otro tiempo y su cuerpo de otra dimensión. Repartió además 5 asistencias, las mismas que Tony Parker (20 puntos), a quien suponemos que su mujer Eva Longoria le felicitó efusivamente en un sitio con menos luz que el AT&T Center.

 

Aparte de su ineptitud para frenar a Duncan, la pareja interior de los Lakers parecía competir por ver quién fallaba más bandejas fáciles. Los números pueden darnos una idea de su aciaga noche (Odom 2 canastas de 11 intentos, Gasol 11 fallos de 18 tiros) pero son incapaces de expresar la vergüenza ajena que supone ver posesión tras posesión a dos tipos enormes saltando a un paso de la canasta y soltar los peores tiros que pueden contemplarse en el baloncesto profesional. Al menos el bueno de Lamar aportó otras cosas (11 rebotes y 6 asistencias) pero Pau andaba por la pista como un diabético con un bajón de azúcar. Su equipo necesita como el comer que vuelva al nivel de los partidos contra Denver.

 

Numerosos engañosos de Kobe. Sus 30 puntos se acumularon en los minutos iniciales, y los últimos compases del partido cuando ya estaba casi todo vendido. Por una vez, Bryant estuvo chupón y fuera de ritmo, tomando malas decisiones y sin recursos para escaparse de Bruce “Karate Kid” Bowen. Después del partido comentó en rueda de prensa que era bueno que los campeones de la NBA les hubiesen “pateado el culo” de esa forma. ¿De verdad? Los Spurs estaban con la moral moribunda después de dos derrotas humillantes y ahora se saben grandes de nuevo. Y con confianza, son el mejor equipo de la NBA.

 

Los Lakers han perdido la oportunidad de resolver una eliminatoria cómoda y tendrán que sudar sangre si quieren pasar a las Finales. Después de la derrota de hoy, necesitan ganar en la cancha de los Spurs (invictos en San Antonio desde el inicio de los Playoff) si quieren luchar por el anillo El marcador de las Finales refleja un 2-1, pero el cuarto partido se jugará como si estuviesen empatados.

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