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50 años de “Cosmo’s Factory”

CCR

Tal día como hoy hace 50 años se editaba “Cosmo’s Factory” de la Creedence Clearwater Revival. Seis meses después lanzaban otro álbum “Pendulum“. 1970 fue un año muy fértil para el pop-rock. Por ejemplo, Grateful Dead lanzaban “Workingman’s Dead” y “American Beauty“, en mi opinión sus dos mejores LPs. Hay más ejemplos pero me ciño a estas dos bandas emblemáticas del área de la bahía de San Francisco (el otro grupo insignia Jefferson Airplane, tras su obra maestra “Volunteers” de 1969, editaron en 1970 tan solo un recopilatorio “The Worst Of Jefferson Airplane“).

El primer álbum de la CCR es de 1968. ¡En 1969 sacaron tres y dos en 1970! Algo impensable en nuestros días y más concretamente a partir de mediados de los 70.

El nombre del álbum hace referencia al local de ensayo de la banda en Berkeley, la ciudad natal de los hermanos Fogerty. Se trataba de un almacén. El batería Doug “Cosmo” Clifford (montado en la bici en la portada del LP) lo bautizó como “la fábrica”, por que John Fogerty les obligaba a ensayar todos los días y era especialmente exigente con su forma de tocar los tambores.

Cosmo’s Factory” fue n.º 1 en los principales mercados discográficos (EEUU, UK, Australia, Canadá, Francia) y n.º 2 en muchos otros países (como Italia y Holanda). Fue todo un éxito planetario.

Siendo adolescente bebía los vientos por la Creedence. Ya iba solo los domingos al Rastro. Y me sorprendía que la opinión mayoritaria, entre los aficionados habituales que nos congregamos alrededor de los puestos de discos, fuese la de que eran unos horteras. La razón principal era porque tenían éxito comercial (sus singles eran cañonazos que sonaban en las radios). Mi opinión no era tenida en cuenta porque en 1969 tenía 13 años. Uno más en 1970. Esos días aprendí que la calidad y la popularidad no estaban reñidas. Al contrario. Era mucho mejor que lo bueno triunfase. Como se supone que deberíamos haber aprendido del éxito de Beatles, Brincos, etc. Esta enseñanza que ha marcado mi rumbo profesional y personal data de esos años de la adolescencia, en los que por otra parte mis gustos eran bastante radicales y limitados al rock. La madurez amplió mis miras.

Travelin’ Band” fue el primer sencillo de los dos que anticiparon el “Cosmo’s Factory“. Se sacó en enero del 70.

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El Confidencial y Voz Pópuli blanquean a IDA y al PP de Madrid

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Una cosa es ser un medio de derechas (o de izquierdas, aunque hay pocos) y otra muy distinta es manipular la realidad, ocultar informaciones, promover bulos y falsedades, enmerdar, etc. Forma parte de lo que denomino medios golpistas. Los que intentaron tumbar a Felipe González en su día sin pasar por las urnas (una red mediática destapada por Anson, quien se asustó), promovieron la pinza, inventaron la autoría etarra de los atentados del 11M, elaboraron una teoría conspirativa al respecto y ahora se dedican a criminalizar al gobierno de coalición. Estos medios impresos, teles y radios son de sobra conocidos. Y se les han añadido varios digitales.

Me parece estupendo que El Confidencial sea de derecha liberal y Voz Pópuli de derecha conservadora y refugio de firmas antiPSOE (aunque sea un sesgo poco profesional). Pero que falten a la verdad y la oculten me resulta intolerable.

Ambos digitales dieron una gran relevancia al falso informe del contable australiano. Una semana después de su fecha original de publicación, lo cual delata claramente sus intenciones. Estaban buscando basura donde fuese. Y la encontraron en Australia. No solo dieron veracidad a un mojón, además le otorgaron gran relevancia en su portada. Y nunca se excusaron por la metedura de pata. Aquí desmonté primitivamente la farsa y posteriormente la SER y eldiario.es hicieron su labor: investigar y contactar con el contable. Algo parecido sucedió con un penoso artículo de un corresponsal del The Guardian en España (escribí una carta al medio y no he vuelto a ver su firma; no digo que una cosa sea consecuencia de la otra). Pero El Confidencial y Voz Pópuli se tragaron las inexactitudes del inglés y ofrecieron posicionamiento estelar en sus portadas a su errónea información (como al contable australiano). No cuestionaron nada. Porque servía a sus intereses antigubernamentales.

Ahora comparen como estos dos diarios digitales, con sede en Madrid, han tratado la incuestionable noticia de estos dos últimos días: IDA (Isabel Díaz Ayuso), sus tres residencias (la propia + las dos propiedad del empresario Sarasola). A lo que hay que añadir la inoperancia de su gobierno (nueve meses sin promulgar una sola ley), el escándalo de las residencias (y la querella criminal que la han puesto), etc.

El Confidencial entierra hoy lo de IDA (como hizo con la querella por las residencias, al usar un despacho de agencia y no encargar la cobertura a un periodista como hacen con otras noticias). Reducen la importancia de lo de IDA a un tercer nivel en su portada. Adjunto capturas de pantalla al respecto:

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Ahí esta IDA, abajo. Lo que no pueden es evitar el interés de los lectores. A pesar de sus esfuerzos a las 15:00 era la cuarta noticia más leída de El Confi. Y a pesar de ello no sube en su posicionamiento en portada. Tan curioso como significativo.

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Pero claro, el director de El Confidencial es el mismo que proponía una solución antidemocrática, golpista por tanto: Goirigolzarri (o Pablo Isla) como presidentes de gobierno. No creo que nadie pueda dudar de su eficacia profesional, como primeros ejecutivos de Bankia o Inditex. ¿Pero quién los ha votado? España es una democracia y hay elecciones. Cualquier propuesta fuera de este parámetro electoral es antidemocrático. Si esta es la postura del director del medio…

Voz Pópuli va un poco más allá: ignora la noticia sobre los apartamentos de IDA. ¡Simplemente no existe en sus páginas! La deriva de este medio y de muchas de sus firmas es alucinante. Han pasado de criticar la suspensión del Mobile (igual que Ana Rosa o Inda, esas eminencias científicas), a alabar a IDA porque quería traerlo a Madrid. Un ejemplo reciente: el otro día Luca Constantini (que cubre o cubría a Podemos) aún daba la tabarra con la manifestación feminista de Madrid. Y le enmendaba la plana a un virólogo que intervino el sábado en La Sexta Noche. La ignorancia es muy atrevida y la osadía de muchos periodistas no conoce limites. Se creen que saben de todo y le dicen a todo el mundo lo que tienen que hacer. Mientras su sector se hunde… igual que sucedió con los periodistas y críticos musicales.

Constantini

Constantini tampoco parece leer su medio. O como poco es de memoria frágil. El 23 de enero publicaban “Inditex, Pharmamar, Antolin, Iberia, la ruta de la Seda… las empresas españolas más expuestas al virus de Wuhan“. Firmaban cuatro periodistas. En el artículo añadían a las empresas del titular un convenio entre el Ayuntamiento de Zaragoza y la Terminal Marítima de Zaragoza con el operador chino Wuhan Asia-Europa Logistics. ¿Nada de esto tuvo que ver con el Covid-19? Ahora ya sabemos que el coronavirus estaba con nosotros desde hace tiempo. Y que probablemente a finales de febrero fue cuando se produjo el primer pico de contagio. Que comprobamos a partir de la semana que arrancaba el 9 de marzo… Lo que Constantini plantea como cuestión no es tal. Es, son elucubraciones periodísticas. Porque aparte de los dos millones de movimientos que señalaba el epidemiólogo hay que añadir El Rastro, que cada domingo congrega más gente que las manifestantes. Y bastante más apiñadas. El periodista insinúa dudas sobre la honradez del científico. ¿Podemos dudar de la suya? La tendenciosidad del medio en el que labora ya ha quedado en evidencia…

No quisera terminar sin referirme a este artículo de Pascual SerranoDíaz Ayuso, o cómo reírnos ante el peligro“. Serrano pone de manifiesto como las idas de olla de IDA sirven para distraer la atención de otros asuntos. Arranca con “Precisamente en los momentos en que se registra en los juzgados de la Plaza de Castilla de Madrid una querella criminal colectiva contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por presuntos delitos de homicidio imprudente, trato vejatorio, prevaricación y denegación de auxilio, ocupa las portadas de la prensa y el ruido de las redes con una ridícula foto en plan Bernarda Alba y por sus comentarios de que el virus lleva en su nombre la letra D porque apareció en diciembre. Entre parecer tonta y teatral o que te acusen en los juzgados de homicidio, es evidente que todos preferiríamos lo primero, aunque lo segundo no se pueda evitar, al menos que no se hable”. Amén.

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La carta del 5 de marzo de la Comunidad de Madrid

Carta 5 marzo

Esta entrada, sobre la carta de la Directora General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, no va de culpabilizar a nadie ni de descargar responsabilidades. Simplemente creo que en la carta se reflejan puntualmente cosas que entonces no sabíamos y que ahora sí conocemos (más o menos). La vorágine de información a veces nos hace perder la perspectiva, sobre todo en el asunto de las fechas.

El primer ejemplo lo tenemos en el segundo párrafo. El 5 de marzo el concepto de los asintomáticos como transmisores de contagio no era demasiado conocido y por eso se afirma en la misiva que “NO transmiten la enfermedad”. Un servidor tuvo la primera pista a este respecto el día 13 de marzo: Albert Bosch, presidente de la Sociedad Española de Virología, en una entrevista a la agencia EFE señalaba el tema. También quisiera recordar que el día 11 del mismo mes de marzo la OMS declaraba al coronavirus como pandemia. El gobierno ordenaba el confinamiento el día 14.

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Es difícil de entender el texto del antepenúltimo y penúltimo párrafo referido a “los contactos”. ¿Quiénes son los contactos? ¿Los que han dado positivo? Porque entonces la categoría de asintomáticos pasaría a ser de contagiados asintomáticos a la espera de “la posible aparición de casos de infección”. Y se dice que “podrán llevar su vida habitual”. Fíjense como han cambiado las cosas y a que velocidad. Esto del 5 de marzo hoy nos parece una barbáridad. Probablemente también lo fuese entonces, pero a decir verdad no estaba tan clara la cosa (aunque por mis circunstancias haya sido un pionero en lo referido a todo esto del Covid-19: estoy confinado desde el 1 de marzo a las 23:35).

Si el gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido por Díaz Ayuso (PP), elaboraba esta nota el día 5 surgen varias preguntas: ¿a qué viene montar el pollo que están montando la presidenta de Madrid y su jefe de filas Pablo Casado? ¿Cuándo hubiesen tomado el PP y sus socios las medidas de confinamiento. Esta claro que el día 5 no. ¿El 6? Tampoco lo hicieron, porque hasta que se dictó el estado de alarma la Sanidad seguía transferida a las CCAA y no hicieron nada hasta por lo menos el día 9 (y fue en temas educativos, que también están transferidos). Y miren que estoy disculpando que no lo hicieran, porque no se tenía el conocimiento que ahora tenemos.

Luego, cuando hablan del domingo 8 solo se refieren a la manifestación feminista. Olvidan el Rastro, que congrega tanta gente como la que acudió a la manifestación, y que depende exclusivamente del Ayuntamiento de Madrid, también del PP. O las misas, competiciones deportivas, bares y terrazas, etc. E insisto: es pandemia solo desde el día 11.

Tampoco se puede, ni se debe, parar un país de un día para otro. Se requiere una organización y una dotación para asegurar y preparar servicios imprescindibles. Como bien señala la carta cuando “recuerda la importancia de mantener la tranquilidad”. ¿O hemos olvidado ya las histerias con el papel higiénico, las salidas masivas de Madrid hacia los pueblos, los atascos camino de las playas incluso en pleno confinamiento, la época en la que había más multados por saltarse la reclusión que contagiados, etc.?

Ayer Adriana Lastra, portavoz parlamentaria del PSOE, ventiló esta carta en el Congreso. Y Casado se hizo el ofendidito. Mire usted, los que deberíamos estar ofendidos somos nosotros con usted y los suyos.

Por cierto, las residencias de mayores eran y siguen siendo responsabilidad de la Comunidades Autónomas. Sirva de recordatorio…

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Mi primer mes de confinamiento

He cumplido un mes de confinamiento. Lo inicié el 2 de marzo. Bueno, en realidad fue el 1 de marzo tras regresar del Clásico en el Bernabéu. Entre la aprensión con la que fui al partido y la lluvia al final no quedé con nadie para celebrar el triunfo. Llegué a casa sobre las 23:30. 23:40 lo más tarde. Y hasta hoy.

La razón de mi autoconfinamiento es por pertenecer a tres grupos de riesgo. Por eso me daba reparo ir al estadio. Mi hermano que es biólogo me tranquilizó diciendo que no podía tener tan mala suerte. Pero aún así opté por la prudencia y una medida drástica. Evidentemente porque me puedo permitir el lujo. De otra manera sería imposible haber sido un pionero.

Ha habido algunas excepciones: el primer fin de semana, los días 7 y 8 de marzo, salí para desayunar, ir a la farmacia (el sábado 7) y comprar el periódico. Estas tres acciones se desarrollan en un radio de 10 metros (la farmacia está a medio camino entre el bar y el kiosco) y no hay más de 200 metros desde mi casa hasta el punto más lejano (el kiosco).

El domingo 8 me asusté ante la cantidad de gente que había en el barrio. Se lo comenté alarmado a los camareros del bar donde desayunaba. Equivocadamente creía que se habían juntado la manifestación feminista y la gente que va al Rastro (vivo al lado). Un parroquiano me sacó del error: la manifestación era por la tarde. Hacía una mañana espléndida, las terrazas estaban a reventar, como las calles de todo el barrio. Volví corriendo a casa.

Las otras excepciones fueron dos: el día 9 me acerqué a CEDRO para realizar una gestión. Tardé unos 50 minutos en total, desde que salí de mi portal hasta que regresé. Y la última fue ir a hacer la compra a un supermercado de El Corte Inglés. Estrené guantes de latex y mascarilla. Fui en coche. Fue una experiencia como de ciencia ficción. Madrid vacío. De tráfico y de gente. A la tienda se accedía de uno en uno. La cola para entrar era larga, no por las personas que la formábamos. La razón era porque manteníamos una generosa distancia de seguridad entre nosotros. Dentro no podía haber más de ocho personas. Al entrar te echaban un gel desinfectante en la palma para frotarte (en mi caso sobre mis guantes). Y luego te indicaban donde tenias unos guantes para ponerte y el lugar donde depositarlos al salir. Cuando lean estas líneas estaré a punto, o habré ido ya, de ir al Corte Inglés de la calle Princesa a recoger un pedido que hicimos ¡la semana pasada! Se supone que lo recoges en el garaje y el contacto humano es mínimo. Veremos como resulta.

He leído a gente en las redes y escuchado a amigos quejarse del aburrimiento. A mi en cambio este mes se me ha pasado volando. Y los quejosos llevan menos tiempo confitados. Hay días que incluso se me han hecho cortos. A pesar de echar de menos el fútbol. No he parado de hacer cosas: escuchar música; ver series; películas clásicas (aún tengo 60 grabadas por ver); La Mundana ha descubierto los servicios gratuitos de obras de teatro español, inglés (el National Theater todos los jueves ofrece una obra) y argentino (teatrix.com); he estado atento a las ruedas de prensa sobre el coronavirus del gobierno español, Boris Johnson y Trump; he navegado por la red y leído más medios digitales que antes; me he comprado una mini bici estática portátil para hacer algo de ejercicio, en realidad son unos pedales (la entrega de Amazon fue curiosa: me dejan la caja en el portal, esperan a que baje y cuando me ven salir del ascensor se despiden); etc. Curiosamente he estado menos activo en redes sociales a pesar de disponer de más tiempo, salvo el Whatsapp que ha echado humo. Quizás las barbaridades que he leído a tantos Premios Nobel me han retraído. E indignado. Aunque reconozco que he disfrutando eliminando peña y practicando el bloqueo preventivo. Otro aspecto que me llama la atención es que estoy leyendo muy poco. Me refiero a libros. Sean novelas o ensayos.

La apertura y liberación de archivos de música en directo es una gozada. Destaco los festivales de jazz de Montreux y los de la Orquesta de Jazz del Lincoln Center de Nueva York, bajo la sabia dirección artística de Wynton Marsalis. He elegido su concierto dedicado a Miles Davis para su disfrute.

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Una crítica sensata y razonada

VP copiaPensaba titular con “Por fin una crítica sensata y razonada“, pero eliminé la locución adverbial porque igual han aparecido otras críticas razonables. Que no las conozca no debe presuponer que no existan. Lo habitual en las críticas al gobierno, y a los políticos en general, es que predominen las hipérboles, los improperios, las inexactitudes, las medias verdades y por supuesto los bulos y las mentiras. Me refiereo a medios y redes sociales.

Por eso cuando cuando uno lee un artículo como el de Álvaro Nieto siente un profundo alivio. Nieto es el director de facto de Voz Pópuli. Su cargo oficial es el de director adjunto y lleva el día a día del medio digital.

Nieto en su Cinco errores que pagaremos muy caro hace un análisis detallado de la situación. Aunque olvida un asunto crucial: el dominical Rastro madrileño. No es el único que no repara en el mencionado mercado al aire libre. Parece que solo un servidor se acuerda de esta congregación masiva. Las horas de máxima afluencia son entre las 11:00 y las 13:00 y se calcula que en su pico llegan a juntarse poco más de cien mil personas (apretadas). Esto es más que el aforo de cualquiera de los principales estadios de fútbol de Madrid capital (Bernabéu y Wanda Metropolitano). El Rastro está regulado por el Ayuntamiento de Madrid. El 8 de marzo fue el último domingo que se celebró. El consistorio decidió suspender las actividades el 12 de marzo. ¡Bien hecho! Se podrá argumentar que deberían haberlo hecho antes. Vale, pero desde el sofá de casa es fácil opinar. Lo mismo podría ser aplicable a la(s) manifestación(es) de ese mismo día (8M). La caverna ha puesto el foco en estas convocatorias feministas, olvidando interesadamente lo del Rastro y otras actividades. En mi opinión tener el Rastro por la mañana y la manifestación por la tarde era demasiada presión para la capital. Mas a toro pasado siempre surge el laureado… No es fácil improvisar, de un día para otro, un cierre total para ese fin de semana (bares, restaurantes, deportes, Rastro, manifestaciones, congreso de Vox, acto del PP en Málaga, etc.). Podría cundir el pánico…

Todos cometemos el mismo pecado cuando leemos a los demás. Apuntamos lo que nos parecen carencias y olvidamos que no somos nosotros el articulista. Voy a pecar. Y no me refiero a lo apuntado del Rastro. Lo hago respecto a la responsabilidad de las autoridades locales, más concretamente las autonómicas. Nieto las menciona y cita la reacción de parte de la ciudadanía madrileña tras las primeras medidas de Díaz Ayuso (cierre escolar y universitario). A la acción siguió la reacción: cientos de residentes huyeron de la capital.  (¿Recuerdan lo del pánico del final del párrafo anterior?). Es lógico pensar que quienes eran portadores del coronavirus, asintomáticos, se convirtieran en presuntos propagadores del virus. Nieto no hace sangre al respecto. No parece ser su estilo. Lo apunta y lo deja ahí. No voy a criticar a la presidenta de Madrid por esto, pero está claro que no conoce a  la gente y sus reacciones (sean de aquí, de Valencia o de Nueva York, lugares donde ha ocurrido lo mismo). No sabe medir el impacto de su toma de decisiones. Y ella, como Torra, va a su bola. Creó una alarma innecesaria que bien ha podido perjudicar a terceros. Tengo muy claro que no era su intención. Tampoco lo es del gobierno central cuando hace o deja de hacer. Sirva este ejemplo de la Comunidad de Madrid para entender porque a veces las reacciones no son tan rápidas como desearíamos. Quien quiera entenderlo, claro está. Porque siempre tendremos a los que no quieren entender y a la mínima sacan a pasear el Premio Nobel que llevan dentro.

Quisiera terminar diciendo que prefiero a un experto cientifico equivocándose que a un cuñao errando. Porque quien sabe sabe, aunque se equivoque. Y el ignorante lo seguirá siendo, acierte (de casualidad) o yerre. Con un añadido: en este tema de las medidas a tomar para frenar el coronavirus hay un debate entre los científicos especializados. Y los que saben son ellos, así que imaginen el valor de nuestras opiniones.

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Datos sobre el coronavirus

Considero necesario poner en perspectiva ciertos datos sobre la propagación del coronavirus. He elaborado la siguiente tabla, usando datos de El Confidencial (de las 14:00 horas) y de El País (de las 12:00). Y les he añadido las proporciones entre contagiados y fallecidos más las de contagiados y las altas (aunque esta última no sea un dato demasiado relevante, pero sí ligeramente orientativo).DatosCreo que es muy importante fijarnos en la comparación con Italia, país de costumbres sociales más parecidas a las nuestras que Alemania (o Francia). Aunque su número de camas hospitalarias por cada 100.000 habitantes sea superior a la nuestra (mermada por los recortes). En este sentido Francia y Alemania son las campeonas. Y Alemania además es la campeona de Europa en stock de mascarillas, respiradores, los imprescindibles kits para hacer los tests, etc.). De los países mencionados España es el de menor población.

La gran Margarita del Val (a quien tengo el honor de conocer porque nuestros hijos compartían clase y equipo de baloncesto en el cole y era/es devota de Leonard Cohen) ya apuntaba en una entrevista, el pasado día 13 en El Confidencial, el paralelismo con Italia. Entonces Del Val decía que íbamos camino de Italia. Desde anteayer desafortunadamente la hemos superado (comparando las cifras de contagiados a los mismos días: al decimoquinto día nosotros contábamos con 11.748 casos y ellos con 9.172). Les recomiendo lean la entrevista y no se queden en el titular. En ella, por ejemplo, se pronuncia respecto a la manifestación del día 8 en Madrid. La pregunta es tendenciosa porque no amplia a otros actos masivos de ese día (El Rastro, todo el fútbol –con el Wanda Metropolitano lleno–, las misas, el congreso de Vox –luego se pregunta sobre esto–, los teatros y cines, los bares y restaurantes, etc.). Su respuesta sobre la manifestación fue:

MdVPoner las cosas en perspectiva es básico. Desactiva el alarmismo, que no conduce a nada. Lo que no significa que nos relajemos. Debemos seguir los consejos básicos, como quedarse en casa y lavarse las manos. Es nuestra responsabilidad. Esto no son unas vacaciones, como desafortunadamente pretenden demasiados. Hoy fiesta en varias CCAA lo hemos vuelto a comprobar. Ya lo comenté en su momento respecto a Madrid.

 

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Emilio Cañil: adiós a un pionero (Efe Eme)

30 de enero de 2010

El fallecimiento de Emilio Cañil Bartolomé, fundador de Discoplay, ha descubierto varias facetas de su persona y también de la industria de la música grabada. Y quisiera empezar destacando los comentarios -de sus clientes y colaboradores- escritos aquí, en mi blog y en otros sitios de la red: todos transmiten un enorme cariño hacia su persona y un gran respeto por su labor. Ángela, su viuda, me contaba emocionada su sentimiento de agradecimiento, por el reconocimiento para alguien que siempre huyó de los focos públicos.  

El pasado mes de noviembre Don Emilio cumplió 65 años. Natural de Rascafría, su primer trabajo en la capital fue en la editorial Aguilar. Algo decisivo en su vida y su carrera profesional. Ahí estaban la mujer de su vida y Mariano Fuentes, con quien empezaría a vender discos en el Rastro (1964-1970). Posteriormente los caminos de la joven pareja (tenían 19 años cuando se conocieron) quedaron sellados. Ellos emprendieron caminos profesionales distintos: las tiendas MF y varias iniciativas de Cañil, hasta la formación de Discoplay en 1973.

El trabajo (administrativo) en Aguilar le proporcionó la oportunidad de involucrarse en su otra gran pasión cultural: los libros. Vender música en el Rastro era un complemento a su salario. Como lo eran las distintas peripecias –el mercadillo de Benidorm durante el verano o el puesto navideño en la madrileña calle de Bravo Murillo– que desembocaron, primero, en la creación del Boletín y después en la apertura de la tienda de Gran Vía. Cuando el volumen del negocio auguraba posibilidades, dejó la editorial y se volcó en Discoplay. Ángela siguió en Aguilar. Pero ayudaba y participaba en el incipiente negocio. De hecho el nombre y el logo fueron inspiración suya: una tarde en La Bobia, mientras soñaban y planificaban su futuro.

Cuenta Rafa Cañil, su hermano, que el primer Boletín como tal, salió en 1972, pero ya antes se enviaba un doble folio doblado en cuatro partes (1969) y aún antes una cuartilla doblada como “E. Cañil Discos por Correo”. Y es precisamente este aspecto el que da pie para reseñar algunos aspectos en los que Emilio Cañil fue pionero.

La venta por correo era una aventura arriesgada en España. Las experiencias de éxito eran escasas. El Círculo de Lectores era una de ellas. Pero nunca se había intentado con la música. Y en aquella época los LPs no eran un formato cómodo y requerían un espacio para guardarlos y empaquetarlos. El primer almacén estaba cerca de la céntrica calle de la Cava Baja. Esos proto boletines que acabaron siendo el clásico BID (que llegaba a todos los rincones de España, fomentando la difusión y distribución de la Música Popular) sirvieron para empezar a cerrar la brecha entre Madrid y Barcelona con el resto del país. Otro problema añadido –encontrar clientes- fue resuelto con ingenio y eficacia: se enviaron cartas a todas las administraciones de Correos solicitando información sobre personas que tuvieran tocadiscos (un bien escaso en la España rural de entonces).

El primer centro comercial que se abrió en Madrid fue “Claudio el Loco”, en la calle Claudio Coello del barrio de Salamanca. Y Cañil estuvo ahí desde el principio con su stand.

Discoplay también fueron los primeros en vender merchandising: chapas, camisetas, pósters (especialmente recordados por muchos de nosotros), etc. Lo mismo podemos decir de la venta de entradas para conciertos y recitales (como nos recordaba Lorenzo Rodríguez, responsable del Rock-ola).

Otra innovación fueron sus campañas de fidelización: se entregaban distintos Diplomas a los mejores clientes.

Párrafo aparte merece la apertura de la tienda de Moscú en 1992. La primera tienda occidental en la capital soviética, como resaltaba Billboard (gracias a Anselmo por el enlace).

La primera tienda se abrió en el sótano del edificio Los Sótanos de la Gran Vía. Cuando el cambio de propietario del inmueble les obligó a mudarse se marcharon a la Torre de Madrid. También tenían tiendas en la calle Hernani y en el centro comercial de La Vaguada y abrieron una en Benidorm. Sus locales de Bilbao y Pamplona también fueron pioneros en el concepto “franquicia” (aunque este nombre no se conocía en aquellos tiempos).

Hay aspectos del negocio que se han puesto de manifiesto estos días. Son de los que vengo escribiendo habitualmente en estas páginas, como el precio de los discos. Los más fieles recordareis que sostengo que el precio de los LPs, casetes, CDs, etc. no dependen de las discográficas. Es asunto exclusivo de las tiendas. Y cuando os quejáis de que son caros, en realidad os estáis refiriendo a El Corte Inglés y similares. Porque no era el caso de Discoplay. Ni de MF ni Madrid Rock (Pepe Arnedo también empezó vendiendo discos en el Rastro). Los Cañil daban el mejor precio que podían ofertar. Y cuando años más tarde aterrizó FNAC, Arnedo y sus Madrid Rock reaccionaron con una guerra de precios (que beneficiaba a los consumidores y provocaba enormes dolores de cabeza a las compañías presionadas por las tiendas, sus clientes). Y ojo, que en un principio no había IVA, como ahora. El cual subirá al 18% en unos meses. El más alto de cualquier producto cultural.

En los 80 tener un sello discográfico era algo sexy. Y las tiendas –y sus propietarios- no fueron ajenas a esta explosión (no podemos olvidar tampoco el efecto Branson). Chocolat (Baleares) montó Discmedi, que sigue en funcionamiento. En Madrid Escridiscos, primero, y Arnedo, después, fueron accionistas de la Twins de Paco Martín. Julio Ruiz (autor del post sobre el Rastro, cuyo enlace está en el 2º párrafo) cerró su tienda y se centró en su compañía, especializada en bandas sonoras (Vinilo). Pablo López en Barcelona usó el nombre de su tienda (Balada Discos) para la suya. Y nuestro héroe de hoy no fue ajeno a estas movidas. Estuvo ahí desde el principio: editó los fondos fonográficos de Moses Asch, la legendaria Folkways Recordings. Fueron más de  cien referencias: Woody Guthrie, Pete Seeger, Memphis Slim, Cisco Houston, Duke Ellington, la primera edición completa de las canciones de la Guerra Civil Española con sus textos originales, etc. En ediciones cuidadas y a un precio competitivo.

Cuando los problemas económicos se amontonaron, y los impagados alcanzaron niveles insostenibles para el normal mantenimiento del negocio, varias discográficas se aliaron para mantener Discoplay a flote. No voy a dar los nombres de los que no se sumaron al plan rescate (que incluía participación accionarial). Prefiero resaltar a los que ayudaron: independientes nacionales como Dial, Fonomusic y Nuevos Medios; multis como CBS y juraría que BMG. Que me disculpen los que apechugaron y no he mencionado. Tienen los comentarios para rectificarme.

La vida ha jubilado a Emilio Cañil a sus 65 años. Pero su obra –la actividad comercial- y su persona –culto, instruido, inquieto y sobre todo excelente persona, amigo de sus amigos) permanece en nuestros corazones. Y ahora gracias a Internet también lo hará en nuestra memoria colectiva.

Publicado en Efe Eme

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Tributo a Emilio Cañil (por Antonio González Lejárraga)

26 de enero de 2010

Nunca he entendido con qué criterios seleccionan los periódicos a quienes merecen aparecer en su sección de necrológicas u obituarios. En innumerables ocasiones desconozco quiénes son esos próceres de la cultura a los que dedican las cotidianas hagiografías, y supongo que a la mayoría de los lectores les sucede lo mismo.

El pasado mes de diciembre falleció en Madrid, casi centenaria, Concha Linares Becerra. Ni una sola línea ha merecido una de las autoras más leídas de su época, y cuyas cotas de popularidad jamás alcanzarán, si no todos, muchos de los laureados autores que animan las páginas de los diarios. Y eso, por no mencionar los miles de ejemplares que de las obras de Concha Linares se vendieron. Puede que actualmente las novelas de las hermanas Linares (Concha y Luisa María) sean desconocidas para los “no-lectores” de hoy, pero marcaron toda una época y escribieron sin descojonar la gramática, lo que no es poco, cosa que no puede aplicarse a alguna que otra autora -eso sí, progre y feminista- de lectura obligada para miembras y demás acémilas que pueblan la vida política nacional.

Abundando en quién se merece  o no su póstumo reconocimiento, el pasado viernes falleció en Madrid Emilio Cañil Bartolomé, fundador de Discoplay, como rezaba su escueta esquela. He echado en falta algún que otro suelto, alguna gacetilla, algo, en fin, de alguno de los muchos críticos musicales, en activo o retirados, que cobraban un  sobresueldo de los singles (¡o tempora, o mores!) y elepés que las compañías discográficas les enviaban de forma gratuita y ellos vendían a Emilio en su despacho de Los Sótanos de la Gran Vía madrileña. O tan siquiera un recuerdo de alguno de los muchos cantautores, progres por supuesto, que se acercaban a Emilio a que les financiara, a fondo perdido, por supuesto, algún que otro disco o concierto. No daré nombres para no herir susceptibilidades.

Emilio Cañil Bartolomé con su “Boletín” de venta por correo llevó la música a todos los puntos de España cuando todavía no existían ni Internet ni Amazon.

Sus comienzos, vendiendo discos en el Rastro con Mariano Fuentes, creador de las tiendas MF y con Arnedo, fundador de Madrid Rock, le llevaron a montar una pequeña tienda en Los Sótanos de la Gran Vía en la que, junto a los discos, se vendían los primeros “posters” que conocimos. ¿Quién de mi generación no recuerda el de Che Guevara, el de Jesucristo con la palabra “Wanted”, el de Antonio Machado retratado por su hermano José, el de Miguel Hernández por Buero Vallejo? Por sólo citar los más solicitados.

Aquella pequeña tienda devino en un “Boletín” que llegó a varios cientos de miles de clientes: gracias a Discoplay accedieron a todo tipo de estilos musicales y a unos precios que no eran los de los grandes almacenes, en aquella época cuasi-monopolizadores de las ventas de discos. Durante muchos años Discoplay fue el referente en nuestro país. Se importaron los grandes catálogos de música clásica de los países del Este. Se trajeron discos de Estados Unidos. Se editaron nuevos “posters”…

Emilio Cañil, a pesar de sus muchos aciertos, vio como su pequeño imperio se resquebrajaba a raíz de una serie de huelgas salvajes de correos en los años 80, así como de unas arriesgadas decisiones empresariales (la apertura de una tienda en Moscú…).

Conviene recordar cómo arriesgó su dinero y se lanzó a editar de una manera exquisita los fondos fonográficos de Moses Asch, la legendaria Folkways Recordings. Con su apoyo incansable llegamos a editar más de  cien referencias con lo mejorcito de la música popular americana: Woody Guthrie, Pete Seeger, Memphis Slim, Cisco Houston, Duke Ellington, la primera edición completa de las canciones de la Guerra Civil Española con sus textos originales, etc. En ediciones cuidadas y a un precio competitivo.

También con su esfuerzo y entusiasmo, pudimos ver a Simon & Garfunkel en el campo del Rayo Vallecano en su gira Europea, después del regreso en el concierto de Central Park de 1980.

Tras la quiebra de Discoplay sólo vi a Emilio en dos ocasiones y le encontré muy desmejorado y desencantado de ver cómo muchos a los que él había ayudado generosamente le daban la espalda. Así es la vida.

Descanse en paz Emilio Cañil Bartolomé, mercader de melodías, como reza en un dibujo dedicado por Ceesepe con motivo de un boletín especial que ilustró, dedicado a las tribus urbanas del momento.

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Emilio Cañil: adiós a un pionero (Efe Eme)

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El viaje madrileño 3 (por Javier García-Pelayo)

31 de octubre de 2008

 

Si usted lo vio, no es privado (la columna del viernes de Javier)

 

 

 

Siempre estábamos tiesos y no era porque gastásemos mucho, era que ganábamos poco. Siempre gastábamos más de lo que ganábamos y eso era un problema sobre todo para el señor de la pensión al cual, su mujer seguía empujando y pegándole delante nuestra. Comíamos, de fiado, en una casa de comidas (Fuente del Berro) en la cual yo tenía crédito por haber sido cliente diario el año anterior con mi hermano y los estudiantes con los que convivía antes de mi destierro. Recuerdo que sumando todas las columnas de precios de la carta resultaban algo más de 300 pesetas y una comida buena salía por unas 30 pesetas. Una vez, después de unos días de mal comer, Silvio recibió un giro de 10.000 pesetas, lo que suponía un capitalito.

 

Vamos a comer– dijo alguien

Yo no pago necesidades. Si queréis compramos grifa y nos vamos en taxi a Picadilly – aclaró Silvio rotundo,

 

Un domingo fuimos al Rastro y conocimos a gente del mercadillo hippy que se ponía debajo de las escaleras, Henry llevaba el violín y con una guitarra y unos bongos que allí había, Julio no tardó en montar un concierto “unplugged”, la gente se empezó a juntar y visto desde las escaleras era un verdadero mogollón.

 

Smash, a veces, no se llevaba bien con los cables; pero acústicos eran la leche. Tocaron cosas suyas, “The times they are a changin’”, la versión de “Teach your children” fue antológica y causó el delirio de una verdadera multitud coreándola. Estaba claro que tenían gancho, que desparramaban buen rollo. La sorpresa fue cuando las chicas de los tenderetes nos dieron el dinero que habían recaudado, sin que lo supiéramos, para nosotros. Pasamos el domingo juntos y hubo mucho rollo, armonía y buenas vibraciones, quedamos para el próximo domingo y con un vacilón enorme regresamos a nuestra pensión en los tejados de Madrid.

 

Al domingo siguiente, estando la actuación en su mejor momento, (quizás cuando Julio cantaba “The times they are a changin’”), la policía bajó por las escaleras y fuimos disueltos, nosotros y los espectadores, a empujones y con un enorme corte de rollo. Y es lo que yo digo siempre: ”las actuaciones no se deben cortar nunca”. Las de Smash en el Rastro se cortaron para siempre.

 

Así que otra vez sin dinero y sin poder pagar la pensión. La dueña ya abusaba de su marido y la situación se hacía insostenible, Julio se había bajado a una habitación legal con su mujer Margarita (tremenda fan de los Beatles), que había llegado de Sevilla con algo de dinero y estaban mejor vistos por la patrona. Silvio se mudó a otra porque llegaba su novia Carolina (rica heredera británica y hippy total), pero Henry, Antoñito, nuestro amigo Manolo y yo no teníamos un duro. El dueño nos lloraba para que nos fuéramos.

 

Las primeras lluvias del otoño llegaron y Madrid perdía amabilidad, mientras el núcleo de las buhardillas se dispersaba. Tieso como estaba fui a pedirle dinero a Gonzalo y mientras estaba en la casa llamaron al timbre, mi hermano abrió y volviendo por el largo pasillo me dice:

 

 –Javier, es la policía, pregunta por ti.

-(en voz baja) Pues diles que no estoy.

Ya he dicho que sales.

¡Ojú tío!… vamos a ver– contesté preocupado y muy asustado mientras iba hacia la puerta donde estaba el inspector, con dos “señores” más.

-(Amigable) Hombre, Javier, tiempo sin vernos.

-(Cortadísimo) Ya, claro.

Venimos a buscarte, queremos hablar contigo.

-….Pues…… yo……… ahora estoy ocupado…..estoy hablando con mi hermano porque me voy esta tarde para Sevilla.

-(Serio) Venga, déjate de tonterías, acompáñanos.

-(Serio) ¿Adonde voy a ir yo, hombre? ¿Qué quiere usted?

-(En serio y llevándome) ¡Venga, venga, vamos!

 

No recuerdo qué le dije a Gonzalo ni lo que me respondió pero algo sería y me llevaron, aunque me decían que no iba detenido pero que si me negaba a ir quedaba detenido. Cuando se empeñaron en ir a la pensión me dio un síncope.

 

¡Qué no, hombre! ¿Tenéis permiso de registro?

 

Y ya se pusieron serios del todo con empujones y avasallamientos diciendo que a la pensión o a Carabanchel por haber quebrantado la provisional y la prohibición de estar en Madrid. Intenté explicar que en la pensión casi no me dejaban entrar ni a mi y que les debía dinero y si me presentaba con la policía les iba a dar un pasmo, la patrona iba a matar al posadero y todo para nada porque como ya les había dicho el año anterior, yo no fumaba y en la pensión no iban a encontrar nada de nada y que entonces para qué tanto lío. No hubo manera aunque aceptaron intentar pasar por unos señores amigos que venían de visita (¡oju, vaya plan!).

 

Qué te he dicho que no! Que ya lo sabes, que a la habitación no subes con nadie– decía el dueño a punto del ataque viendo mi compañía.

 

Yo, conciliador, le decía que ya sabía las normas, pero que por una vez ¡por favor!, por el bien de todos me dejara subir con estos “señores”.

 

¡Arriba no sube ni Dios!– gritó mientras llegaba corriendo la patrona.

Que te he dicho que ya ni tu subes.

Policía!– dijeron los “señores” volviéndose la solapa.

¡AAAH mi ruina!– exclamó el dueño tirándose al suelo mientras su mujer lo zarandeaba gritándole y pegándole.

¿Lo ves, lo ves? Sinvergüenza, hippy de mierda, que no me pagáis y me vais a matar a disgustos, y tu tienes la culpa de todo– le decía al marido.

 

El inspector los tranquilizaba mientras el dueño se agarraba a él explicándole que los papeles de la buhardilla los estaba esperando y a nosotros ni siquiera nos cobraba; la otra cuando oía lo de cobrar le pegaba patadas y chillaba en un verdadero ataque de histeria. Pero, lo que es el miedo, con dos o tres gritos del inspector cumplieron la orden de darnos la llave y retirarse callados y sin escándalo. En las habitaciones no había nadie y por supuesto ni un porro o por lo menos eso creía yo, pero el registro fue exhaustivo y minucioso a lo que ayudó el pronto encuentro de un libro en inglés que era un completo manual sobre el uso y consumo de todas las drogas desde su cultivo, cosecha, preparación y utensilios para su uso.

 

Aja, conque no fumáis.

Que no, hombre, que eso lo ha traído el guiri pero para vacilar de enrollaos, que ni él ni nosotros fumamos ni ná.

 

Y de pronto, el gran triunfo. En la costura del interior de un bolsillo apareció una brizna de yerba verde.

 

¿Y esto?– preguntó el inspector poniendo con dos dedos la brizna en la palma de su mano.

¡Ofuú! Eso no es ná– dije yo proyectando el “fu” sobre la palma de su mano y la brizna se voló.

¡Hijo puta!– me dijo mientras se agachaba buscando lo que no volvió a encontrar, pero se mosqueó mucho y se empezó a poner grosero y a dar por sentado que yo era drogadicto y traficante y que con Smash, yo aprovechaba para vender en los conciertos.

 

Dijeron que ya era bastante y que para la brigada, que ya veríamos.

 

En mi anterior “visita” a la brigada y a la Puerta del Sol, ya había visto cabezas hinchadas y cuerpos dolientes, seriamente maltrechos; por lo que cuando ya estaba en el interrogatorio les declaré que efectivamente yo estaba en Madrid de forma irregular y que me pusieran a disposición del juez, pero que me dejaran tranquilo ya que sobre tráfico de drogas yo no sabía nada. La respuesta, después de algún pescozón y tirones de pelos y patillas, fue llamar a un policía armada gigante que me cogió por el cuello de la chupa de cuero y levantándome con una sola mano me llevaba en volandas, sin pisar el suelo, con mi 1´80 cm. largos de altura.

 

-(Pataleando en el aire) ¡Eh eh! ¡Oiga! ¿Pero, qué hace?

Ahora te van a dar un repaso y luego seguimos hablando, que nos quedan 72 horas hasta llevarte al juzgado.

¡Un momento, hombre! Vamos a hablar ahora que yo no me he negado a hablar con usted.

 

Y funcionó. Ordenó que me dejaran y que me sentara. Realmente yo no sabía lo que querían, suponía que era su táctica para acojonarme, poco a poco. Lo consiguieron de golpe. Empezaron a preguntarme por un tal “el apache” y se empeñaron en que yo le conocía; la discusión fue muy larga y llena de amenazas, empujones, tirones de pelo y maltrato en general. Lo que me proponían era que yo buscase para ellos a gente que vendiera y en concreto ”al apache” y a un italiano que se suponía iba a una crepería en la calle Goya, la cual yo ni conocía. Querían que yo les comprara costo y sorprendernos en el acto. Me decían que si colaboraba no tendría problemas. Yo alucinaba y les decía que ese era su trabajo y no el mío. Pero no servía de nada y entonces les dije que cómo iba yo a buscar a nadie ni comprar si ni tenía dinero ni coche ni sabía dónde. Me cogieron y me llevaron a la calle, me metieron en un Seat 1500 negro y salimos hacia la crepería de Goya a buscar según ellos al italiano.

 

Cuando llegamos me dieron 1.000 pesetas y me dijeron que entrara y que si estaba el italiano le comprara. Yo cogí las mil ptas. y entré en el bar que estaba absolutamente vacío, detrás mía entró uno de los “señores” y se puso enfrente mía en la barra en forma de U. Pedí una coca cola y pagué con el único billete mostrándolo bien para que él lo viera. Empecé a beber la coca cola con idea de terminar pronto e irme. De pronto entró un compañero de Instituto, del año anterior, al cual yo le había invitado a fumar por primera vez y con los meses había cambiado. Cuando entró se vino hacia mi con gran cariño y alegría, me abrazó y yo noté que venía “en hippy” y muy puesto y que parte de la alegría era porque ahora me iba a invitar él a mi, lo cual hubiera sido su inmediata ruina. En ese momento me sentí como una bomba a punto de estallar, yo era el hombre trampa y eso no podía ser, así que le dí una ”tragantá” en el cuello y empecé a insultarlo, le llamé niñato de mierda, pijo asqueroso y no sé qué más, pero le ordené tajantemente que se fuera de allí que no quería verlo nunca más. El chaval me quería, me respetaba como gurú. Se desconcertó, se vino abajo, se cortó y se fue. Nunca más lo he vuelto a ver. Todavía me duele.

 

El espacio se ocupa según el tiempo y mientras menos tiempo estuviese allí, mucho mejor para mí y para Italia en general; de modo que salí y me dirigí donde estaba el coche negro y aceptaron que esa no era la manera. Yo, pensando en irme de Madrid, les dije que me dejaran su teléfono y que les llamaría cuando viese algo, vi que tragaban y me adorné diciendo que “A ver si ahora que voy a meterme en el lío me detienen otros y la cago”. Me dieron suficientes garantías y quedamos que les llamaría no más tarde de tres días. Cuando vi que se montaban en el coche y se iban me entró una flojera en las piernas y me tuve que sentar en el escalón de un portal. No me lo podía creer, se habían ido.¿Se habrían creído que los iba a llamar? ¿Qué iba a trabajar con ellos…? No lo creo, pero entonces sí lo creí y me asusté una barbaridad, porque, por supuesto, no pensaba hacerlo; así que empecé otra vez por el principio, fui a casa de Gonzalo, me dio dinero y me despedí con intención de irme esa misma noche a Sevilla a casa de mi madre, que tenía mi tutela judicial.

 

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El Rastro como centro de agitación cultural: años 60, los orígenes (por Julio Ruiz)

25 de junio de 2008

Años 60, años oscuros para los jóvenes de este país. Mientras en el resto del mundo occidental el fenómeno del R&R discurría por el sendero que marcaban las bandas pop inglesas, aquí apenas se editaban y las reuniones de gente no gustaban al régimen franquista (“disuélvanse” era el grito de guerra de los “grises”, la policía de la época).

 

Con el cuarto y revalida de bachiller en el bolsillo, me encontré como premio por no destrozar zapatos de forma continúa -intentando jugar al fútbol en la Plaza de Tirso de Molina- y dedicar mi tiempo al estudio, un flamante tocadiscos de maleta, que por aquel entonces me hacía perder el sueño mas que los tobillos de las chicas.

 

Me salieron los dientes en El Rastro ya que vivía a escasos 100 metros de ese peculiar lugar, y este era el sitio perfecto para aquellos de escasos recursos que necesitaban saciar su hambre musical en forma de discos. Mi primer single, The Beatles – “Paperback Writer” / “Rain” – del sello Parlophone, sin carpeta, me costó la friolera de 15 pesetas (0,09 €) en el puesto del padre de Salvador, actualmente heredado por su hijo (Salvador). Mi primer LP Canned HeatBoogie with (mono que era mas barato, y un penoso prensado de Hispavox con licencia Liberty), comprado en el puesto de El Alimaña (José Manuel) y su socio Pepe el Taxista (más tarde conocido como El Metralleta), situado en la Plaza del Campillo Mundo Nuevo, y que de forma inconsciente fue un poco el precursor de ese mercado dominguero. Nuestra amistad continúa.

 

Y allí comienza mi historia de coleccionista. En ese lugar cada domingo ocurría algo fascinante. Algunos coleccionistas, al principio pocos, coincidíamos domingo tras domingo. Unos portaban bajo el brazo un ejemplar del Melody Maker, aunque como en mi caso no supiéramos palabra de inglés. Otros llevaban lo último recibido desde Inglaterra o Estados Unidos (actitudes ambas de prestigio entre  collectors).

 

Con el paso del tiempo el mercado creció con interesantes incorporaciones: Tony Martin (Antonio Martín) ubicado a escasos metros de El Alimaña, con su famoso lema 20% descuento, El Rubio (sin nombre conocido) con material exclusivamente made in usa y que se colocaba en la Ribera de Curtidores. También era frecuente el trueque entre coleccionistas, algunos llegaban a instalarse con un puñado de discos y muchas esperanzas de irse sin ellos o con otros distintos. De entre los coleccionistas conocí algunos que llegaron a ser altos ejecutivos de discográficas multinacionales. Sobre todos destacaba por su singularidad física, alto, rubio, ojos azules, nada parecido a la media hispana de la época, mi querido amigo, y entonces casi un niño, Adrián Vogel.

 

Con la llegada de los 80 aquella maraña dominguera llegó a convertirse en un autentico foro del mercado discográfico. Todos competíamos abiertamente por llevar, hablar o tener las novedades que los mercados nacional e internacional editaban semana a semana. Hasta allí llegaron nuevos vendedores Escridiscos (Pepe Escribano) que fue quizás el que más discos vendió de la nueva ola, Vinilo (yo mismo) que alternaba lo que en la época eran géneros alternativos: jazz y bandas sonoras, con novedades importadas de pop y los que producía con mi discográfica MR (la M de Martín, Paco y la R de Ruiz, Julio). Pistones y  Danza Invisible fueron algunos de ellos. Y Discos Barsa (Miquel Barsa) o Pata Romano (con tienda, Bangladesh) y un sin fin de pequeños vendedores que con mejor o peor suerte terminaron con tiendas de discos usados.

 

Algunos radiofónicos también crecieron con El Rastro. Rafa Abitbol (conocido allí como El Chalequillo por llevar muy a menudo un largo chaleco de punto muy de moda en la época) poseedor por cierto de una de las mejores colecciones que conozco con material de todas épocas y generalmente originales, 1as ediciones. Vicente Cagiao, Santiago Alcanda, y otros de los que no recuerdo el nombre. También pasó por allí algún aspirante a artista como Paquito Clavel, de los pocos que compraban discos. Por cierto, nunca he sabido porqué los Artistas no compran discos. No puedo olvidarme de El Sardinita que con su fanzine La pluma Eléctrica nos deleitaba con entrevistas y críticas de los artistas locales. No faltaba a ningún concierto en Rock-Ola, El Sol, La Morasol, etc. etc.

 

Y por supuesto El Rastro como embrión de lo que se conoció como La Movida (Almodóvar, Alaska, Carlos Berlanga, etc.)

 

A principio de los noventa ya teníamos tiendas importantes en Madrid (Madrid Rock –su dueño Pepe Arnedo también empezó vendiendo en un puesto del Rastro-. FNAC, El Corte Inglés). Los coleccionistas nos fuimos atomizando. Poco a poco ese maravilloso centro de reunión y mercado fue desapareciendo, de la misma forma espontánea y silenciosa como había nacido.

 

Si tenéis algún recuerdo de esa época en El Rastro me gustaría que los compartieseis.

 

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