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Se acerca el día 11 y la firma en la Feria

 

FB firmasSe acerca el día 11 de junio, la fecha programada para firmar en la Feria del Libro de Madrid (Akal, caseta 182). Y los nervios van en aumento. Es mi debut en la Feria y me estreno el día del cierre.

Cada vez duermo menos. El pavor a encontrarme solo se incrementa. Más el miedo a no vender un solo ejemplar. La Mundana me recomienda, entre risas, mirar al infinito en los momentos de soledad y no fijarme en las colas de los demás.

Filas interminables para autores consagrados como Elvira Lindo en Méndez o mi prologuista, El Gran Wyoming, en La Carreta (hace doblete: a la tarde cierra en Visor). Ambos están a la misma hora que un servidor. Y cerquita…

De cualquier manera será inolvidable. En esta carrera de momentos emocionales que estoy viviendo desde que se editó “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll“.

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Ramón de España escribe sobre Bikinis, Fútbol y Rock & Roll

Ramón de España

Anoche regresé de Sevilla y al ponerme al ordenador me encontré que Ramón de España había escrito sobre “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll“. Su nota en la sección de Cultura de El Periódico se titula “El poder del pop“. Aparte de emocionarme por sus elogios recuerda un dato del pasado del que no me acordaba y que mágicamente enlaza con el motivo de mi visita a Sevilla, los Kinks: había acudido el sábado a la presentación del magnifico libro sobre ellos, “Atardecer en Waterloo” de Manuel Recio e Iñaki Galera. Compartimos prologuista, El Gran Wyoming, el mejor del mundo; contiene un texto en exclusiva de Dave Davies y Luis Lapuente repasa la discografía. En resumidas cuenta es un trabajo muy completo sobre un grupo fundamental.

Como estamos teniendo problemas con el link de El Periódico (el community manager de Akal y un servidor) copio y pego el texto de El Periódico (aparte de haberlo enlazado ya un par de veces):

“A principios de los años 70 tuve la brillante idea -aunque ya no recuerdo por qué- de enviarle al periodista musical madrileño Adrian Vogel (nacido en Rumanía y que pasó por otros países antes de quedarse en la capital del reino) una especie de ópera rock que yo había escrito inspirándome en las operetas de los Kinks (‘Preservation’, ‘Sloap Opera’, ‘Schoolboys in disgrace’), que en aquellos tiempos formaban parte fundamental de mi alimento musical.

No nos conocíamos de nada, pero el hombre me envió una amable carta en la que me animaba a perseverar, la cual me animó a convertirme en el Bernie Taupin barcelonés para vivir como Dios de los royalties. Mi opereta no llegó a ninguna parte, aunque algunas canciones se integraron en el repertorio de Melodrama, el grupo que posteriormente sería con respecto a Jaume Sisa lo que The Band a Bob Dylan. No volví a saber nada del señor Vogel -salvo que había cambiado el periodismo por la industria discográfica- hasta que hace unos días me envió algo que tenía bastante más interés que mi pastiche de los Kinks: un libro titulado ‘Bikinis, fútbol y rock & roll’ (Crónica pop bajo el franquismo sociológico 1950-1977) que, prologado por el Gran Wyoming acaba de publicar la editorial Akal.

Ante el temor a que pase inadvertido, debo decir que estamos ante un ensayo francamente interesante dedicado a los cambios que se produjeron en la España franquista gracias a asuntos aparentemente inofensivos, como la música pop y el turismo (¿cómo olvidar la obsesión patética del landismo por las suecas?). Aunque hay quien cree que España cambió de la noche a la mañana el 20 de noviembre de 1975, con la muerte del dictador, Vogel nos demuestra que este país pasó años reprimido y adormilado, ciertamente, pero no muerto. El mundo exterior que el régimen pretendía mantener a una prudente distancia, acababa siempre por colarse a través de alguna rendija. Este libro confirma mi intuición de que la posguerra duró en España hasta principios de los años 60, y que tanto los Beatles como las suecas resultaron fundamentales a la hora de hacer avanzar las costumbres. Brillante texto el de Adrian Vogel y, desde luego, un regalo mucho más útil que aquella opereta perdida de un adolescente que se creía muy listo.”

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El Gran Wyoming presenta Bikinis, Fútbol y Rock & Roll

Un pequeño fragmento de El Gran Wyoming durante la presentación de “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” en el FNAC de Callao. Corresponde a su introducción antes de lanzarse a los folios que se trajo.

El montaje y la edición es de Jesús Escudero.

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Reportaje de Non Stop People sobre la presentación en FNAC

Leticia Larraz cubrió para el canal Non Stop People la presentación de Bikinis, Fútbol y Rock & Roll en FNAC. El Gran Wyoming y un servidor habíamos quedado con ella media hora antes del acto para una entrevista. Nos quedamos maravillados de su preparación y profesionalidad.

Anteayer estuve en el canal y Leticia Larraz volvió a entrevistarme. Esta vez fue para el programa Xtra! Al terminar me puso el reportaje en su ordenador. ¡Me quedé de piedra! ¡Me entraron ganas de salir corriendo a comprar el libro! Mi entusiasmo fue tan notorio y espontáneo que se ruborizó.

Espero que compartan mi alborozo.

Gracias Leticia!!!

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Mini crónica de la presentación de Bikinis, Fútbol y Rock & Roll

Wyoming Vogel Espino Dinares

Sirvan estas líneas como una especie de mini crónica de la presentación de Bikinis, Fútbol y Rock & Roll.

La convocatoria oficial del pasado 10 de mayo era a las 12:00 horas que no es la mejor hora para presentar un libro. Pero es la que había y la que podíamos: los compromisos televisivos de El Gran Wyoming marcaban la agenda y oigan el curro es el curro.

El mejor prologuista del mundo y un servidor habíamos quedado media hora antes para una entrevista con el canal de TV Non Stop People (el 23 en Movistar).

Hubo otros adelantados como Vicente Paniagua y Pedro Crespo, ambos de Alcazar de San Juan. Los presenté y les hice la foto Alcazar de San Juan Power. Pedro venía con Montse Domenech, una de las pioneras de las mujeres periodistas musicales, que se había entretenido por el camino. Vicente llegó antes para comprarse el libro. Yo llevaba su ejemplar (intercambiamos cromos: el y Vicente Ramos me invitan a los partidos de baloncesto del Real Madrid y que menos corresponder por mi parte).

Otro que llegó antes de tiempo fue Pedro Arjona (de El Cubri), gracias a quien existe el libro: me puso en contacto con Ramón Akal. Pedro Arjona y Vicente Paniagua tienen un punto en común; nuestra amiga la desaparecida artista plástica manchega Amelia Moreno.

Hacemos la entrevista y al terminar me asomo a ver cuánta gente hay. Mis peores presagios parecían cumplirse: estábamos en familia (bien avenidos eso sí). Wyoming me tranquiliza (o al menos lo intenta) y me cuenta que había participado en presentaciones con menos gente incluso.

En cuestión de cinco minutos el panorama cambió drásticamente: se llenó. Solo vi tres asientos vacíos y alguna gente de pie (se compensaba).

Jesús Espino, mi editor y artífice de la heroicidad de poner en marcha Bikinis, Fútbol y Rock & Roll, abrió el turno de palabra. Sabias palabras que pusieron el proyecto en contexto. Siguió El Gran Wyoming, autor del excelente prólogo “Dadme un ombligo y moveré el mundo“. Tras una brevísima introducción me dejó patidifuso: sacó cinco folios y se dispuso a leer un elaborado discurso. Casi se me saltan las lágrimas (me contuve, en un alarde de profesionalidad) cuando soltó el punch line: “¿Estamos ante una obra mayor? Sí, así es por las razones que acabo de exponer.

¿Cómo continuar después de tamaño elogio? Inexperto en estas lides, porque uno está acostumbrado a organizar este tipo de saraos, presentar a gente, etc., mas nunca me había tocado ser protagonista. Además me enfrentaba a otra realidad: curtido en dar la brasa con lo de “vengo a hablar de mi libro” y a inventarme trucos y recursos para conseguir mis propósitos ahora me tocaba hablar de mi libro en crudo y riguroso directo. Expliqué esto mismo, superé los nervios iniciales y me lancé a tumba abierta a soltar mi rollo.

En mi opinión lo mejor, aparte de Jesús y Wyoming, vino en el turno de preguntas. Se estableció un dialogo en el que participamos todos. Y se reafirmó el buen rollito que marcó el encuentro. La foto de Jordi Dinares, que encabeza este post, creo que refleja ese espíritu (incluidas las camisetas expresamente preparadas para la ocasión).

Otro momento emocionante para mi fue al final, durante la firma de ejemplares: había mencionado durante mi charla algunos aspectos destacados del planeta fútbol y su relación con las ideas que se exponen en el libro; mencioné a Amelia del Castillo como la primera mujer presidente de un equipo de fútbol, el Flecha de Pinto hoy Atlético de Pinto; como el alcalde de la localidad madrileña le había hecho la vida imposible hasta desplazarla del club que había fundado en 1961; por supuesto hice referencia a los bocatas de panceta del estadio que ahora lleva su nombre; y de repente se me acerca uno de los asistentes: “Me llamo Pepe y mi padre fue el presidente del club que reivindicó la figura de Amelia del Castillo y logró que el estadio llevase su nombre“. Me quedé de piedra. Y me pareció el mejor signo posible de lo que puede ser el devenir de Bikinis, Fútbol y Rock & Roll.

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Presentación de Bikinis, Fútbol y Rock & Roll

Alea jacta est: mañana día 10 de mayo es la presentación de mi libro Bikinis, Fútbol y Rock & Roll. A las 12:00 en el Forum del FNAC de Callao. Me acompañarán Jesús Espino, el editor (su labor ha sido decisiva), y El Gran Wyoming, autor del magnífico prólogo “Dadme un ombligo y moveré el mundo“.

Estoy de los nervios. Para qué nos vamos a engañar. ¿Vendrá gente? ¿Habrá medios? ¿Estaremos solos? Me aterroriza esta última posibilidad.

¿O soy hombre de poca fe y se montará un tumulto desbordando la capacidad del recinto? Ojalá!!! A pesar de las dificultades e incomodidades que esto pueda suponer. El poder de convocatoria del Wyoming más el de Raquel Welch es una combinación explosiva.

De todas formas puede suceder cualquier cosa. Sinceramente no veo termino medio: o todo o nada. Les contaré… pero esto ya lo saben.

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Hasta luego Moncho y cia.

reverendo

Vaya una racha. Empezó con Cifu, siguió con Moncho Alpuente, Mariano de la Banda, Antonio Resines, Fernando Esteve y hoy Pedro Reyes.

Ayer estuve en el crematorio por lo de Fernando y sirvió de reencuentro con colegas con los que hace años no coincidía. También me gustó ver a algunos que veo más a menudo… y alguien me llamó la atención por no haber escrito nada sobre Moncho. Tanto Diego Manrique, en un medio masivo como El País, como El Gran Wyoming, en infoLibre, se han lucido. Les dejo con un copia y pega del Sr. Monzón:

Cuando el verso es un tirachinas

Que nadie diga que miento si afirmo tajantemente que hay en este Parlamento, entre tanto delincuente, digamos un diez por ciento de gente honrada y decente.
Así comenzaban las coplas en defensa de don Alberto Astutillo de la Vara con las que Moncho Alpuente retrataba la singular y meteórica carrera ascendente de un diputado que, saliendo de la nada, alcanzaba la gloria de la política y las finanzas, y, a pesar de ser un hombre honrado,era prejuzgado por formar parte del hemiciclo del Congreso. Todo un ejemplo de cómo alguien se puede cagar en algo cuando parece que lo está glorificando. Corrían los años ochenta y los bares estaban a rebosar. Ya tenía una carrera variopinta y cargada de genialidades. Claro que, su carrera era él y, por tanto, errática.
Decía Moncho, y no le faltaba razón, que a los periodistas que trabajaron durante el franquismo habría que darles tratamiento de víctimas. La dictadura fue un tiempo en el que la frustración hacía mella en el cuerpo y en el alma de aquellos profesionales porque las noticias trascendían, tenían peso, motivo por el cual les obligaban a cerrar el pico. Hoy se puede escribir lo que sea, no existe censura previa, pero todo va a la basura; hoy el periodismo se ha convertido en una lucha desesperada contra la impunidad en lugar de la guillotina que fue en otro tiempo. Recuerdo que hace un par de semanas en el programa en el que trabajo sacamos unas grabaciones donde altos cargos de la Comunidad de Madrid, reunidos para que dos guardias civiles mintieran en la inminente declaración que debían prestar ante el juez, prometían a los agentes que si daban una versión diferente a la de los hechos, en la que no se viera perjudicado “Nacho”, lo celebrarían con “un volquete de putas”. Así de fiesteros son. Cuando escuché esa conversación pensé que ninguno de ellos estaría al día siguiente en su despacho, por vergüenza torera, como a ellos les gusta decir, o porque alguien decente que debiera rondar por las alturas les diría: “Mala suerte, chicos, os han pillado, ya os daremos otra cosa en Telemadrid o por ahí, no os preocupéis, pero ahora toca recoger las cosas y despejar la plaza”. Al parecer no existe tal, y ante mi sorpresa no pasó nada, todo siguió igual, se aplicó la doctrina Rajoy de dejar correr el tiempo, de esperar que el temporal amainara y que la corriente del río arrastrara la maleza arrancada en la tormenta. Nadie dio explicaciones; si acaso, supongo, estarán buscando al que lo grabó, o al que lo filtró, para crujirlo.
En el tiempo que ha pasado desde aquellos tiempos a los que se refería Moncho y la actualidad, el salto ha sido notable en lo formal, pero la prensa parece tener el mismo efecto que cuando era muda. El cuarto poder ha perdido fuelle. Como ocurre con la heroína, el proceso de adaptación a la mugre impide que esta inmundicia nos afecte. La sobredosis de fechorías cometidas por los jerifaltes condiciona nuestro sistema inmunitario, y generamos un mecanismo de supervivencia para que la indignación no se transforme en procesos somáticos que provoquen ulceras cutáneas o de estómago. Nos acostumbramos, como los ciudadanos después de los bombardeos, a vivir entre escombros con ratas corriendo por todas partes, formando parte de nuestro ecosistema. Moncho sabía estas cosas y otras muchas y desarrollaba su terapia de sublimación escribiendo versos en los que retrataba la actualidad descargando con su inigualable sarcasmo todas las toxinas que le inyectaba la actualidad. Cuando le decías: “¿Te has enterado de lo que está pasando no sé dónde?”, te respondía: “Estoy terminando Francoel musical”. Como Quevedo, era consciente de que la burla es la mayor humillación a la que se puede someter al poderoso. Resaltar su estupidez, su ignorancia, devolverle el desprecio con el que gobierna la vida de los ciudadanos, ponerle frente al espejo que refleja la crueldad de los señoritos que han tenido siempre a España dentro de un puño, era su estrategia de venganza. Dejar constancia de su pestilente paso, cagarse, como las palomas, en los monumentos que se erigen a esta chusma nauseabunda que trabaja para mejorar su patrimonio a costa de construir un mundo inhabitable. Nunca los tragó. La vida le hizo anarquista y medio. A diferencia de estos siniestros pijo-facha-neoliberales-protofascistoides, no tuvo lo que ellos llaman la evolución lógica y su talento le permitió seguir siendo auténtico, adjetivo que se cotiza poco en el mercado, pero que es patrimonio de los pocos hombres honestos que en el mundo han sido. Yo siempre he sido fan suyo, y cuando la edad me permitió alternar con él, nos hicimos colegas y me metió en varios proyectos suyos de teatro, radio, música y cualquiera de las cosas que se le ocurrían, que eran muchas, y en las que incluía siempre a su legión de adoptados. Era incapaz de negarle un curro a un amigo, con lo que, a veces, tenía que hacer el trabajo de la mayoría de los colaboradores que metía en los proyectos porque no estaban cualificados para el caso. Recuerdo que en La Reina del Nilo, musical de los años ochenta, colocó en el cuerpo de baile a varios colegas del barrio que no pintaban nada allí ante la cara de estupor del coreógrafo, que estuvo a punto de sufrir un síncope cuando se encontró con la tropa que le habían asignado, en la que también había, claro está, profesionales de la danza. Si le comentabas el tema te decía: “Si se les pone por el medio, que nadie los vea, no se va a notar”.
Hicimos un trío con El Reverendo y recorrimos escenarios por todas partes cantando al Quinto Centenario, sorteando carnets del PSOE falsos en una rifa amañada, homenajeando a los gregarios del equipo Kelme de ciclismo, descubriendo que el mal estado de una sopa de pescado fue el origen de la Revolución Francesa, proponiendo decenas de actos homenaje a la memoria de Federico García Lorca para emprendedores con ánimo de lucro, y un sinfín de disparates que a veces dejaban al personal en un extraño estado de confusión, porque había leña para todos y, de una forma u otra, el público acababa sintiéndose aludido. Como suele ocurrir con los escépticos, era un visionario que acertaba siempre antes que los demás, y los personajes de sus canciones acabarían saliendo en los medios de comunicación años después por las fechorías que se apuntaban en las letras, como aquella que cantábamos dedicada a Jordi Pujol y familia que no era entendida del todo, nada menos que veinticinco años antes de que tuvieran que dar explicaciones por lo abultado de su patrimonio: “A Pujol y la Marta Ferrusola / no les gusta del ‘cupón’ hacer la cola / y prefieren la loto catalana / pues aunque algo pierden siempre ganan”.
Como descabezaba a todos los títeres, no era santo de la devoción de las autoridades competentes que jamás le dieron cuartel. Se quedó sin el puesto que añoraba de Cronista de la Villa, él, que lo sabía todo de la ciudad de Madrid que tanto amó, esa ciudad que le mataba. Los pájaros, los árboles, las esquinas, las anécdotas, los edificios, los bares, los museos, los bares, los pubs, los bares, los cafés, los bares, los antros y los bares.
Por si no lo había dicho, también sabía mucho de bares, cualquiera diría que nació en uno de los barriles de pepinillos de la taberna de la calle de Hortaleza, que cuando cerró le dejó huérfano una vez más. Tenía una manía con eso del Cronista que no sé de dónde le venía, a mí me sonaba a cosa rancia, pero él reivindicaba que sería el mejor. Todos tenemos nuestro lado freak Noctámbulo, fumador y bebedor, dio buena cuenta de la vida, que al final es de lo que se trata, y no tenía miedo a eso que la mayoría reniega a cambio de nada, a hacer uso de la libertad, que para eso está. Como decía en una de sus canciones en referencia a cuando le echaban de un bar porque cerraban: “No lo pueden negar, le doy ambiente al bar”, es lo bueno de cantar con alguien de quien eres fan, te lo pasas de puta madre y si la cosa no gusta tanto como a ti, da lo mismo, tienes siempre claro que el error está en ellos.
Un crack, la alegría de los que le han conocido. El rey del verso al servicio de la risa y del derrocamiento. Creador e iconoclasta. Me gustaría ver ese musical sobre Franco, y estoy seguro de que no sería del agrado de esta legión de choris que hoy nos mandan. Para eso escribía, imaginando sus caras y también las nuestras, por eso se reía mucho y fuerte. Como a partir de determinadas edades uno se niega a asumir la realidad, no pierdo la esperanza de que alguna noche, por ahí, nos encontremos en un bar y nos tomemos algo.
Nota del editor: la foto es del homenaje al Reverendo...

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