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Josephine Baker en el Panteón de Francia

josephine-Baker

Asumo que conocen la noticia de la inclusión de Josephine Baker en el Panteón de Francia. Es tan solo la sexta mujer cuyos restos descansarán entre los ilustres del país vecino (y la primera que no es blanca). Nacida en 1906 en San Luis (Misuri), como Chuck Berry, falleció en París (1975). Tuvo que abandonar su país por la segregación racial, luchó por los Derechos Civiles (rechazó la oferta de la viuda de Martin Luther King para sustituirle al frente del movimiento tras su asesinato), fue espía de la Resistencia ante la ocupación nazi de Francia y pionera feminista entre otras muchas cosas, que supongo ya conocerán. Quizás su relación con “El manisero“, el primer éxito internacional de la música cubana, sea menos conocido. Lo relataba en “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” y data de la época en la que Baker reinaba en la noche parisina.

El manisero

El recorrido de “El manisero“, un clásico de la música popular de todos los tiempos, es otra confirmación, desde tiempos remotos, de la fuerza del repertorio. Las grandes canciones viajan y superan todo tipo de barreras, incluidas las lingüísticas.

Otra referencia en “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” a Josephine Baker es cuando la relaciono con Edith PIaf y Gloria Lasso:

Josephine Baker

Esta entrada en el Panteón agranda y eterniza la leyenda y el legado de Josephine Baker. Para terminar su famoso “vestuario” con el cinturón de plátanos, que menciono en el texto. (Espero que los censores y los logaritmos de las redes no metan la pata).

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Un siglo de canciones 118: “Á Quoi Ça Sert L’Amour?” (por Elena Gabriel)

¿Para qué sirve el amor? Edith Piaf se había vuelto a enamorar en el ocaso de su vida. Una vez más. Su hombre era veinte años menor que ella y juntos cantaron el broche final de una leyenda.

La vida de Edith Piaf no tiene gran misterio: es un personaje público y los medios la han retratado y aireado hasta la saciedad. Su carrera es un canto al amor, a la vida y a la lucha. Nació con todas las de perder: según la leyenda, bajo una farola en el Boulevard de Belleville, un barrio bajo y popular de Paris, el 19 de diciembre de 1915. Aunque en realidad esto no sea del todo cierto, pero viene muy bien al personaje.

Edith Gassion, hija de un acróbata y de una cantante de origen argelino, criada por sus abuelas y recogida por su padre para recorrer Francia como artistas ambulantes, huyó de su casa con 15 años para dedicarse a cantar. Con 17 años ya era madre soltera de una niña que moriría poco después de meningitis. Siguió cantando, cantaba en las calles, en Pigalle, en Belleville, hasta que Louis Leplée -empresario de cabarets de los Campos Elíseos– la descubrió. La bautizó “la niña Piaf”, usando su apellido como símil de lo que era: una mujer pequeña, de menos de metro y medio, que canta como un “piaf” (un gorrión).

Frágil, enfermiza y apasionada, Piaf se lanzó a la vida cantando entre guerras, muertes, amores; triunfó en los escenarios y representó a Francia, a Paris. Se enamoró de un legionario, de un cantante, de un boxeador, de otro cantante, de un actor, de otro empresario, de un ciclista… et ainsi de suite.

New York, el triunfo… el amor

Exprimió el sufrimiento y la felicidad al máximo: necesitaba ese timbre de voz para cantar, desde su metro 47 de altura, su vida desgarrada. Todo giraba en torno al amor. También fue actriz, compositora de canciones, descubridora de talentos.

En 1947 su fama es internacional. Triunfa en Estados Unidos y ya es parte de la “gente guapa”. Entre sus amigos: Jean Cocteau, Marlene Dietrich, Yves Montand

Y llega Marcel Cerdan, el boxeador de moda, entrando en su vida: son la pareja que arrasa, están de moda. Pero él muere dos años más tarde en un accidente de avión. Piaf vuelve a enfrentarse a la cara amarga del amor.

La morfina y el alcohol también aparecen en su vida: la primera, para paliar los dolores de un accidente de coche; a pesar de varias curas de desintoxicación, tampoco la abandonaría. Pero sigue siendo portada de todas las revistas, protagonista del estrellato absoluto. Y sigue enamorándose.

Su boda con el cantante Jacques Pills duraría muy poco. Luego vendría Georges Moustaki. Y la poliartritis, el agotamiento, los desvanecimientos en escena… no obstante, logra salvar el Olympia, que estaba a punto de cerrar. La leyenda resiste.

Théo Sarapo: más amor.

Cuando en 1961 le presentan a Théophanis Lamboukas, un cantante 20 años menor que ella, Edith Piaf ya está muy enferma y carcomida por su mala salud. Pero el amor no entiende de estas nimiedades: se casan un año más tarde.

Lamboukas, al principio contratado como secretario de Piaf, pasa a llamarse Teo Sarapo por su origen griego. “Sa ra po”, en griego, significa “Te quiero”. Cantaron juntos y juntos recogieron ovaciones. Su gran éxito, grabado en septiembre de 1962, es una canción escrita por Michel Emer (autor de grandes temas para Luis Mariano, Eartha Kitt o Ray Ventura, entre tantos otros): “A Quoi Ça Sert L’Amour?”.

Parece una broma… tanto desgaste, tanto dolor pero el amor sigue presente y, aunque todo lo justifica, ¿para qué sirve? ¿quién lo sabe?

Piaf y Sarapo lo expresaron como pocos: en el dúo Sarapo empieza la primera estrofa, Piaf responde, Sarapo sigue preguntando y la canción continúa entre ambos, como una lección de vida… entre maestra y alumno. Entre la artista y su marido, que para ella es “como un hijo que cuida a su vieja madre enferma”.

Pero fue un éxito absoluto que devolvió a la Piaf al candelero y que llenó, una vez más, las portadas de periódicos y revistas.

¿Para qué sirve el amor?

Sarapo:

¿Para qué sirve el amor? Siempre se cuentan

historias insensatas. ¿Para qué sirve amar?

Piaf:

¡El amor no se explica! ¡Es algo así! Viene vete a saber de dónde y te atrapa de golpe…

Sarapo:

Yo oí decir que el amor hace sufrir que el amor hace llorar ¿Para qué sirve amar?

Piaf:

El amor ¿para qué sirve? Para darnos alegría con lágrimas en los ojos ¡Es triste y maravilloso!

Sarapo:

Sin embargo se dice a menudo que el amor es decepcionante que haya uno de los dos que nunca es feliz…

Piaf:

Incluso cuando lo has perdido el amor que has conocido te deja un sabor a miel ¡el amor es eterno!

Sarapo:

Todo esto es muy bonito pero cuando todo se acabó no te queda nada más que una pena inmensa…

Piaf:

Todo lo que ahora te parece desgarrador mañana será para ti un recuerdo alegre

Sarapo:

Resumiendo, si entendí bien sin amor en la vida sin sus alegrías y sus penas ¿hemos vivido para nada?

Piaf:

¡Pero claro! ¡Mírame! ¡Siempre creo en él! Y siempre creeré… ¡Para eso sirve el amor! Pero tú eres el último Pero tú eres el primero Antes de ti no había nada contigo estoy bien es a ti a quien quería eras tú quien me hacía falta a ti a quien siempre querré… ¡Para eso sirve el amor!

Una lección un poco inocente tal vez… pero una declaración de principios sin dudas. Piaf y el amor, el amor y Piaf… fue lo que la mantuvo viva y el motor de su arte. Siempre creyó en el amor, aún cuando se estaba muriendo. Aunque su amante fuera veinte años más joven, aunque supiera que ya no le quedaba mucho tiempo. Pero una explicación verídica. El amor viene no se sabe de dónde, te atrapa y te envuelve… y hace girar el mundo. No en balde todo, o casi todo, se hace por amor; o, al menos, en música, en literatura, en poesía…

El 10 de octubre de 1963, Piaf muere de un aneurisma. (Curiosamente, Cocteau fallece un día después). Sarapo le sobrevivió diez años y se dedicó a poco. Tras una larga depresión reanudó su carrera y pagó las deudas de Edith.

Murió en 1970 en un accidente de coche. Ambos están enterrados en el cementerio parisino de Père-Lachaise.

À Quoi Ça Sert L’Amour?

À quoi ça sert l’amour? On raconte toujours Des histoires insensées À quoi ça sert d’aimer? L’amour ne s’explique pas! C’est une chose comme ça! Qui vient on ne sait d’où Et vous prend tout à coup. Moi, j’ai entendu dire Que l’amour fait souffrir, Que l’amour fait pleurer, À quoi ça sert d’aimer? L’amour ça sert à quoi? À nous donner de la joie Avec des larmes aux yeux… C’est triste et merveilleux! Pourtant on dit souvent Que l’amour est décevant Qu’il y en a un sur deux Qui n’est jamais heureux… Même quand on l’a perdu L’amour qu’on a connu Vous laisse un goût de miel L’amour c’est éternel! Tout ça c’est très joli, Mais quand tout est fini Il ne vous reste rien Qu’un immense chagrin… Tout ce qui maintenant Te semble déchirant Demain, sera pour toi Un souvenir de joie! En somme, si j’ai compris, Sans amour dans la vie, Sans ses joies, ses chagrins, On a vécu pour rien? Mais oui! Regarde-moi! À chaque fois j’y crois! Et j’y croirai toujours… Ça sert à ça, l’amour! Mais toi, t’es le dernier! Mais toi, t’es le premier! Avant toi, y avait rien Avec toi je suis bien! C’est toi que je voulais! C’est toi qu’il me fallait! Toi qui j’aimerai toujours… Ça sert à ça, l’amour!…

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Un siglo de canciones 20: “Strange Fruit” (par Christophe Magny)

1 de junio de 2009

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Después de Edith Piaf y “La Vie En Rose”, vamos hoy con otra de mis tres intérpretes femeninas favoritas del siglo pasado. He de decir primero que crecí escuchando blues y jazz. Principalmente gracias a mi tía Colette Magny. Solía venir a casa los domingos y después de la comida familiar, cantaba standards de blues acompañándose con su guitarra: “Basin’ Street Blues”, “Nobody Knows You (When You’re Down And Out)”, “Saint James Infirmary”. Luego exhibiría sus propias canciones, y se dedicaría a cantar de forma profesional. Mi tío, Gilles Thibaut, era trompetista de jazz, en la movida New Orleans de la posguerra parisina. Llegó a tocar con Sidney Bechet. Es decir que esos sonidos – blues, jazz – me formaron el oído desde pequeño.

No recuerdo cuando oí a Billie Holiday por primera vez, pero sería de jovencito. Fraseaba como un saxo, con esa voz tan flexible, reconocible entre mil otras. Su pareja (musical) con Lester Young es quizás la más fascinante, la más deslumbrante que existió jamás entre un(a) cantante y un instrumentista. Lady Day y Prez se completaban, se adivinaban, se estimulaban.

El gran tema de Billie Holiday es por supuesto “Strange Fruit”, probablemente la primera canción antirracista, describiendo los horrores del linchamiento en el Sur de los EE.UU. (“Cuerpos negros colgando de los álamos”). Os daré la versión de Billie Holiday del nacimiento de este tema. Es muy distinta de la que cuenta Wikipedia, pero me fío poco de la Wiki, por muy cómoda que sea, y me quedo con la versión de Billie Holiday. Todas las citaciones que siguen son extraídas de su autobiografía “Lady Sings The Blues” (Doubleday, New York, 1956), escrita con William Duftypartitura

Es durante mi estancia en el Café Society (un club de Greenwich Village donde actuaba) que nació una canción que pasó a ser mi protesta personal – ‘Strange Fruit’. La semilla de esa canción era un poema escrito por Lewis Allan.”

Curiosamente, Lewis Allan no era negro, sino un blanco judío americano. Siempre dijo que era el único autor y compositor de “Strange Fruit”. Su nombre verdadero era Abel Meeropol (junto a su esposa acogió a los hijos de los Rosenberg después de su ejecución): “(A Allan) Le conocí en el Café Society. Cuando me enseñó el poema ese, me moló en seguida. Parecía resumir todas las cosas que habían matado a Pop.

Pop, su padre, Clarence Holiday, había muerto poco antes, en febrero 1937 en Dallas, a los 40 años. “No fue la neumonía lo que le mató. Fue Dallas, Texas. Allí se encontraba, y allí anduvo de un hospital a otro, buscando ayuda. Pero ninguno de ellos quiso ni siquiera tomarle la temperatura o ingresarle. Así eran las cosas.” Así era la América racista – conviene notar que los problemas pulmonares de Clarence Holiday tenían su raíz en la Primera Guerra Mundial, donde había sido expuesto a los gases mortales utilizados entonces. Así trataban (y siguen tratando) los EE.UU. a sus ex-combatientes.

Allan había oído como Pop había muerto, y se interesaba por supuesto a mi carrera de cantante. Sugirió que Sonny White, quien me acompañaba (al piano) y yo le pusiéramos música. Nos reunimos y en tres semanas, llevamos el trabajo a cabo. Me ayudó con los arreglos Danny Mendelsohn, otro compositor que había hecho arreglos para mí. […] Me temía que la gente iba a odiar esa canción. La primera vez que la interpreté… no hubo ni un aplauso cuando acabé. Una persona empezó a aplaudir nerviosamente. De repente todos se pusieron a aplaudir. […] Fue mi mayor éxito discográfico. Me deprimo cada vez que la canto. Me recuerda la muerte de Pop. Pero tengo que seguir cantándola, porque veinte años después de la muerte de Pop, lo que le mató sigue ocurriendo en el Sur.”

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A lo largo de los años, esta canción me ha procurado muchas experiencias extrañas. Me permitía separar la buena gente de los cabrones. Una noche, en Los Angeles, una zorra se levantó en el club donde estaba cantando, y dijo: ‘¿Billie, porque no cantas esa canción tan sexy que te hizo famosa? Sabes, esa de los cuerpos desnudos colgando de los árboles’. Por supuesto, no la canté. […] Cada vez que la interpreto, me afecta tanto que tengo que ir al baño y vomitar. Me quita todas mis fuerzas. […]

Pocos cantantes se han lanzado a cantar ‘Strange Fruit’. Nunca intenté desanimarlos, pero el público sí lo hizo. Años después de mí, en el Café Society, Josh White vino con su guitarra y su camisa abierta, y la cantó. El público le gritó que dejará esa canción tranquila.”

La vida de Billie Holiday merecería un post, victima del racismo, de las drogas duras, maltratada por los hombres, por el music business. La policía la persiguió toda su vida por historias de drogas, hasta en la habitación del hospital neoyorquino donde murió en 1959, a los 44 años. Así trataron los EE.UU. a sus más grandes artistas, Billie Holiday, Lester Young, Charlie Parker y tantos más. ¿Su máxima culpa? Ser negros…

Entre las versiones de “Strange Fruit” que conozco, la mejor para mí – aparte del original – es la de Robert Wyatt. También la cantaron Nina Simone y John Martyn, al quien homenajeé hace poco. Y Colette Magny, por supuesto.

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Un siglo de canciones 6 : “La Vie En Rose” (par Christophe Magny)

8 de febrero de 2009 

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Edith Piaf… Para mí una de las tres más grandes intérpretes femeninas del siglo pasado (igual algún día os desvelo mis otras dos favoritas). Recuerdo ver a Piaf de niño en la tele, se me ponían los pelos de punta, al escuchar esa voz increíble saliendo de un cuerpo tan diminuto. Siempre vestida de negro, moviendo sólo las manos, transmitía sin embargo toda la emoción del mundo. Se solía decir que hubiera podido cantar la guía telefónica y llegar a emocionar al público. Hay tres artistas que siento no haber visto en vivo: Edith Piaf, John Coltrane, y Jimi Hendrix. Los demás, o estaban muertos cuando llegué a la edad de atender conciertos, o los he visto, o pasé.

 

Podía haber elegido “L’Hymne à L’Amour” o “Milord”, sus otras canciones históricas. Pero “La Vie En Rose” es sin lugar a dudas la canción de Piaf que más proyección internacional tuvo. ¿Versiones? Innumerables. Las buenas (a mi modo de ver) a cargo de Marlene Dietrich o Charles Aznavour. Las discutibles – Cyndi Lauper o Donna Summer. Y la peor, la de Grace Jones, que es cantante como yo soy alpinista.

 

Las versiones jazzísticas están entre las mejores: Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Dee Dee Bridgewater, Diana Krall o Madeleine Peyroux (menudo casting). Luego vienen las exóticas: Africando, Lisa Ono o Milva. Las cutres: Céline Dion, Tony Bennett, Dalida o Patricia Kaas. Las impresentables: Plácido Domingo y Luciano Pavarotti (por separado), que no se pierden ni una. Las de alucine: ¿¿Jack Nicholson??

 

Pero para mí y probablemente también para la mayoría de los franceses de mi generación (es decir los casi viejetes), la versión de Piaf es insuperable. La canción fue escrita por Louiguy (música), y Marguerite Monnot (letra), ambos colaboradores habituales de Mademoiselle Piaf. Quien por motivos desconocidos acabó firmando la letra. Marianne Michel, oscura cantante francesa amiga de Piaf, fue la primera en interpretarla. Piaf la grabó en 1946, y el éxito fue inmediato, brutal, primero en Francia y luego en el mundo entero.

 

La Vie En Rose” sigue siendo uno de los mayores copyrights de la Sacem (la SGAE francesa), junto con “La Mer” de Charles Trenet, y “Comme d’habitude”, la versión original de “My Way”, que firmó entre otros mi tío Gilles Thibaut. Durante años el copyright número uno fue el “Bolero” de Ravel, pero ya es de dominio público.

 

La Vie En Rose” es la canción que lanzó la carrera internacional de Edith Piaf, que la llevaría a triunfar en el Carnegie Hall de Nueva York y en todo el mundo. Simboliza su romance con Marcel Cerdan, campeón mundial de boxeo muerto en un accidente de avión en 1949. Para Edith Piaf fue la cumbre de su carrera, de su vida amorosa hasta el accidente, y el principio de un tremendo descenso al infierno del dolor, de la soledad y de las drogas duras.

 

El video está extraído de una oscura película francesa “Neuf garçons… un cœur”, dirigida por el igualmente oscuro Georges Friedland en 1948.

En este video, que supongo está filmado en los años 60, Piaf ha perdido parte de su voz, pero no su capacidad de transmitir emoción. Las tragedias que ha vivido se ven en su rostro se oyen en su voz.

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