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Beethoven: un tipo muy inspirado

Triple Concerto

Espero que disculpen mi comentario de clásico cuñao de la clásica, pero es que Beethoven era un tipo muy inspirado. Sé que resulta una obviedad. Para alguien como yo, que bebe los vientos por el “Roll Over Beethoven” de Chuck Berry, y lo considera un himno generacional de ruptura musical que definió y cimentó las bases ideológicas del rock ‘n’ roll y su evolución, es muy importante reconocer al genial compositor alemán. Una prueba de madurez sin duda que ya me tocaba.

Beethoven nació en Bonn, ni más ni menos. ¡Nadie nace en Bonn! Miras la lista de ilustres de la ciudad y no conoces a ninguno, salvo a Beethoven y un par de nazis (el médico de las SS del campo de concentración de Mauthausen y Klaus Barbie, el carnicero de Lyon). Y todos acaban yéndose de Bonn, incluido Beethoven que marchó a Viena.

Estos meses de pandemia he estado escuchando mucho las Sonatas para piano de Beethoven. Todas. Las 32. De mi época de Nuevos Medios tengo una espléndida grabación del pianista húngaro András Schiif en ECM.

Los dos últimos CDs que he comprado han sido el nuevo de Bob Dylan y el “Triple Concierto” de Beethoven con Daniel Barenboim, Anne-Sophie Mutter y Yo-Yo Ma. Este triple concierto para piano, violín y cello se completa con la “7ª Sinfonía“. Estoy enganchado a ambos albumes. Ya no escucho otra cosa.

El “Triple Concierto” siempre me ha fascinado. Al menos desde que lo escuché por primera vez. Como curiosidad mencionar la grabación, hace 40 años, de la Filarmónica de Berlín dirigida por Von Karajan con  unos jovencísimos Yo-Yo Ma y Anne-Sophie Mutter. Comparen las caritas de entonces con las de ahora en ambas portadas.

Karajan Triple Concerto

La nueva grabación, aparte de conmemorar los 250 años del nacimiento de Beethoven, también celebra los 20 años de la West-Eastern Divan Orchestra, el proyecto ideado por Daniel Barenboim y el filósofo Edward Said.

Les dejo con un video que recoge breves fragmentos de los tres movimiento y sobre todo las geniales opiniones de los tres interpretes. De paso les recuerdo que esta obra fue compuesta en la primera década del siglo XIX. Y su belleza ha ido aumentando con el paso de los siglos…

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La calidad perdida (Efe Eme)

16 de enero de 2010

La distribución electrónica de música limita el sonido, lo comprime, lo transforma…entonces ¿para qué hemos desarrollado un conocimiento tan preciso de cómo utilizar un micrófono?” (Manfred Eicher en Babelia)

He elegido esta cita de la entrevista realizada por Chema García Martínez, en el suplemento cultural de El País del pasado sábado, para reanudar la colaboración semanal con Efe Eme en este nuevo año.

Manfred Eicher, músico de formación clásica -alternaba su trabajo de contrabajista en la Filarmónica de Berlín con actuaciones en grupos de jazz- dio un paso adelante hace 40 años: formó un sello discográfico, ECM. Los riesgos que asumió cambiaron el panorama de la música europea. Su elenco de artistas y descubrimientos (Pat Metheny, Jan Garbarek, Hilliard Ensemble, Keith Jarrett, Egberto Gismonti, etc.) transformaron el jazz, la musca clásica y la contemporánea y posibilitó el nacimiento y desarrollo de la new age. Su influencia desde su Alemania natal ha sido tremenda.

Desde siempre me ha preocupado la calidad de reproducción del sonido. Lejos quedan mis años infantiles de singles y EPs, que destrozaba en los “comediscos” o en aquellos primeros tocatas, en los que apilabas varios vinilos (caían sobre el plato de uno en uno).

Nunca me gustaron las casetes. Apreciaba su portabilidad y el poder escuchar mi música en los coches. Eran un engorro a pesar de las mejoras en la calidad de la cinta (dióxido de cromo). Se atascaban y enrollaban en las bobinas del aparato. La aparición del Walkman de Sony acrecentó su popularidad. En sus mejores momentos en España representaban entre el 50 y el 70 por ciento de las ventas de un álbum de éxito (el resto eran para el LP de vinilo). Y el planeta se acostumbró a llevar cascos. Los “loros” o “ghetto blasters” eran la otra cara de la moneda de las casetes. Hoy en día ya no se fabrican.

Tengo la impresión que la movilidad de la música, facilitada por la reducción del tamaño de los reproductores (aparte de una pasión por los cascos que no comparto), ha ido en detrimento de nuestras exigencias de calidad. En España los melómanos que ahorrábamos para mejorar nuestros amplis, platos, capsulas, altavoces, etc. no éramos demasiados. La puntilla final la ha dado la aparición del MP3. A mi juicio son el equivalente de hoy en día a las casetes de antaño. Y no quiero entrar en asuntos de salud para nuestros oídos (en USA este asunto incluso está en los tribunales).

Pero antes de la perdida de calidad de los MP3 hubo otro fenómeno curioso (todavía presente en muchos puntos): el Top Manta. Comprar ahí era y es el claro ejemplo de que te importa un bledo la calidad de escucha o visionado. El colmo es adquirir o descargar películas que han sido rodadas durante su proyección en una sala de cine.

Estas circunstancias, unidas a la falta de exigencia del consumidor, han llevado a un “abaratamiento” de las grabaciones. Y no me refiero a la lógica disminución de los costes de producción,  por las posibilidades que ofrecen herramientas como el Pro Tools.

No acepto ser “obsoleto” porque me guste la música bien producida: desde la grabación y mezcla hasta el mastering, pasando porque esté bien tocada e interpretada.

Lo importante es mantener la capacidad para seguir produciendo música de calidad” afirmaba Eicher. Pero el deterioro al que me refiero, unido a otros factores ya tratados en notas anteriores (como la falta de adaptación de las tiendas a la revolución digital), hacen que una propuesta empresarial como la de ECM sea inviable hoy en día. Y darse cuenta que estoy hablando de una discográfica independiente creada por un músico.

Publicado en Efe Eme

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