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Mi póker de artículos para Jot Down

Jot Down AV

En la imagen están los cuatro artículos que me publicaron en Jot Down. Están por orden cronológico y se ven el número de comentarios recibidos.

Distintos cambios en la Web del medio, así como otras vicisitudes empresariales, han hecho que por ejemplo los “me gusta” originales se hayan perdido. En esta entrada voy a clasificar los cuatro por la cantidad de likes que recibieron en su día. De mayor a menor. El último publicado fue el campeón (también en número de comentarios):

  1. Coca, medios, tiendas de discos y Wall Street: razones del colapso de las discográficas 1.015 likes
  2. El boom de los libros musicales 472 likes
  3. ¿Es Harvard de izquierdas? 122 likes
  4. «Si Fagner pasa el antidoping, le convoco»  51 likes

Los datos son del 10 de abril del año pasado.

En el caso del de “Coca, medios, tiendas de discos y Wall Street: razones del colapso de las discográficas” El Confidencial  lo enlazó en un excelente artículo de Marta MedinaDiscoplay, Madrid Rock, Tower Records… La muerte del disco: ¿asesinato o suicidio?. Medina recogía mi tesis sobre las cadenas y tiendas de discos (basada en la realidad). Y a raíz de un documental que se iba a estrenar sobre la cadena Tower Records, elaboraba un reportaje magnifico. Aprovecho para agradecerla que me llamase, reflejase el artículo de Jot Down y citase “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll“.

Pero por encima de todo ¡ya no estaba solo! Los medios empezaron a reflejar esta realidad sobre las tiendas y el colapso discográfico.

P.D.: en su día Fernando Fuentes Panadero me recordó en Facebook la existencia de Maci Rock. Desde León llegaron a tener 80 puntos de venta por toda España.

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Emilio Cañil: adiós a un pionero (Efe Eme)

30 de enero de 2010

El fallecimiento de Emilio Cañil Bartolomé, fundador de Discoplay, ha descubierto varias facetas de su persona y también de la industria de la música grabada. Y quisiera empezar destacando los comentarios -de sus clientes y colaboradores- escritos aquí, en mi blog y en otros sitios de la red: todos transmiten un enorme cariño hacia su persona y un gran respeto por su labor. Ángela, su viuda, me contaba emocionada su sentimiento de agradecimiento, por el reconocimiento para alguien que siempre huyó de los focos públicos.  

El pasado mes de noviembre Don Emilio cumplió 65 años. Natural de Rascafría, su primer trabajo en la capital fue en la editorial Aguilar. Algo decisivo en su vida y su carrera profesional. Ahí estaban la mujer de su vida y Mariano Fuentes, con quien empezaría a vender discos en el Rastro (1964-1970). Posteriormente los caminos de la joven pareja (tenían 19 años cuando se conocieron) quedaron sellados. Ellos emprendieron caminos profesionales distintos: las tiendas MF y varias iniciativas de Cañil, hasta la formación de Discoplay en 1973.

El trabajo (administrativo) en Aguilar le proporcionó la oportunidad de involucrarse en su otra gran pasión cultural: los libros. Vender música en el Rastro era un complemento a su salario. Como lo eran las distintas peripecias –el mercadillo de Benidorm durante el verano o el puesto navideño en la madrileña calle de Bravo Murillo– que desembocaron, primero, en la creación del Boletín y después en la apertura de la tienda de Gran Vía. Cuando el volumen del negocio auguraba posibilidades, dejó la editorial y se volcó en Discoplay. Ángela siguió en Aguilar. Pero ayudaba y participaba en el incipiente negocio. De hecho el nombre y el logo fueron inspiración suya: una tarde en La Bobia, mientras soñaban y planificaban su futuro.

Cuenta Rafa Cañil, su hermano, que el primer Boletín como tal, salió en 1972, pero ya antes se enviaba un doble folio doblado en cuatro partes (1969) y aún antes una cuartilla doblada como “E. Cañil Discos por Correo”. Y es precisamente este aspecto el que da pie para reseñar algunos aspectos en los que Emilio Cañil fue pionero.

La venta por correo era una aventura arriesgada en España. Las experiencias de éxito eran escasas. El Círculo de Lectores era una de ellas. Pero nunca se había intentado con la música. Y en aquella época los LPs no eran un formato cómodo y requerían un espacio para guardarlos y empaquetarlos. El primer almacén estaba cerca de la céntrica calle de la Cava Baja. Esos proto boletines que acabaron siendo el clásico BID (que llegaba a todos los rincones de España, fomentando la difusión y distribución de la Música Popular) sirvieron para empezar a cerrar la brecha entre Madrid y Barcelona con el resto del país. Otro problema añadido –encontrar clientes- fue resuelto con ingenio y eficacia: se enviaron cartas a todas las administraciones de Correos solicitando información sobre personas que tuvieran tocadiscos (un bien escaso en la España rural de entonces).

El primer centro comercial que se abrió en Madrid fue “Claudio el Loco”, en la calle Claudio Coello del barrio de Salamanca. Y Cañil estuvo ahí desde el principio con su stand.

Discoplay también fueron los primeros en vender merchandising: chapas, camisetas, pósters (especialmente recordados por muchos de nosotros), etc. Lo mismo podemos decir de la venta de entradas para conciertos y recitales (como nos recordaba Lorenzo Rodríguez, responsable del Rock-ola).

Otra innovación fueron sus campañas de fidelización: se entregaban distintos Diplomas a los mejores clientes.

Párrafo aparte merece la apertura de la tienda de Moscú en 1992. La primera tienda occidental en la capital soviética, como resaltaba Billboard (gracias a Anselmo por el enlace).

La primera tienda se abrió en el sótano del edificio Los Sótanos de la Gran Vía. Cuando el cambio de propietario del inmueble les obligó a mudarse se marcharon a la Torre de Madrid. También tenían tiendas en la calle Hernani y en el centro comercial de La Vaguada y abrieron una en Benidorm. Sus locales de Bilbao y Pamplona también fueron pioneros en el concepto “franquicia” (aunque este nombre no se conocía en aquellos tiempos).

Hay aspectos del negocio que se han puesto de manifiesto estos días. Son de los que vengo escribiendo habitualmente en estas páginas, como el precio de los discos. Los más fieles recordareis que sostengo que el precio de los LPs, casetes, CDs, etc. no dependen de las discográficas. Es asunto exclusivo de las tiendas. Y cuando os quejáis de que son caros, en realidad os estáis refiriendo a El Corte Inglés y similares. Porque no era el caso de Discoplay. Ni de MF ni Madrid Rock (Pepe Arnedo también empezó vendiendo discos en el Rastro). Los Cañil daban el mejor precio que podían ofertar. Y cuando años más tarde aterrizó FNAC, Arnedo y sus Madrid Rock reaccionaron con una guerra de precios (que beneficiaba a los consumidores y provocaba enormes dolores de cabeza a las compañías presionadas por las tiendas, sus clientes). Y ojo, que en un principio no había IVA, como ahora. El cual subirá al 18% en unos meses. El más alto de cualquier producto cultural.

En los 80 tener un sello discográfico era algo sexy. Y las tiendas –y sus propietarios- no fueron ajenas a esta explosión (no podemos olvidar tampoco el efecto Branson). Chocolat (Baleares) montó Discmedi, que sigue en funcionamiento. En Madrid Escridiscos, primero, y Arnedo, después, fueron accionistas de la Twins de Paco Martín. Julio Ruiz (autor del post sobre el Rastro, cuyo enlace está en el 2º párrafo) cerró su tienda y se centró en su compañía, especializada en bandas sonoras (Vinilo). Pablo López en Barcelona usó el nombre de su tienda (Balada Discos) para la suya. Y nuestro héroe de hoy no fue ajeno a estas movidas. Estuvo ahí desde el principio: editó los fondos fonográficos de Moses Asch, la legendaria Folkways Recordings. Fueron más de  cien referencias: Woody Guthrie, Pete Seeger, Memphis Slim, Cisco Houston, Duke Ellington, la primera edición completa de las canciones de la Guerra Civil Española con sus textos originales, etc. En ediciones cuidadas y a un precio competitivo.

Cuando los problemas económicos se amontonaron, y los impagados alcanzaron niveles insostenibles para el normal mantenimiento del negocio, varias discográficas se aliaron para mantener Discoplay a flote. No voy a dar los nombres de los que no se sumaron al plan rescate (que incluía participación accionarial). Prefiero resaltar a los que ayudaron: independientes nacionales como Dial, Fonomusic y Nuevos Medios; multis como CBS y juraría que BMG. Que me disculpen los que apechugaron y no he mencionado. Tienen los comentarios para rectificarme.

La vida ha jubilado a Emilio Cañil a sus 65 años. Pero su obra –la actividad comercial- y su persona –culto, instruido, inquieto y sobre todo excelente persona, amigo de sus amigos) permanece en nuestros corazones. Y ahora gracias a Internet también lo hará en nuestra memoria colectiva.

Publicado en Efe Eme

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Tributo a Emilio Cañil 2 (imágenes cedidas por Antonio González Lejárraga)

26 de enero de 2010

Histórica portada del primer Boletín de Discoplay, del 1 de diciembre de 1979.

En la presentación de Folkways: Emilio (pantalón blanco, camisa verde) y Antonio (con los colores inversos: chaqueta blanca y pantalon verde).

En primer plano Antonio, quien tapa a Juan Carlos Olea (músico ex Almas Humildes y miembro de Onda 2). Al lado de JCO está Christophe Magny (con cazadora marrón) y a Emilio lo encontramos a su espalda, a la derecha de la imágen. Antonio me comenta que cree que quien está a la izquierda y de espaldas es Alvarito Ibernia, antiguo miembro de Las Madres del Cordero y traductor principal de los cuadernillos que incluían los LPs de Folkways.

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Tributo a Emilio Cañil (por Antonio González Lejárraga)

26 de enero de 2010

Nunca he entendido con qué criterios seleccionan los periódicos a quienes merecen aparecer en su sección de necrológicas u obituarios. En innumerables ocasiones desconozco quiénes son esos próceres de la cultura a los que dedican las cotidianas hagiografías, y supongo que a la mayoría de los lectores les sucede lo mismo.

El pasado mes de diciembre falleció en Madrid, casi centenaria, Concha Linares Becerra. Ni una sola línea ha merecido una de las autoras más leídas de su época, y cuyas cotas de popularidad jamás alcanzarán, si no todos, muchos de los laureados autores que animan las páginas de los diarios. Y eso, por no mencionar los miles de ejemplares que de las obras de Concha Linares se vendieron. Puede que actualmente las novelas de las hermanas Linares (Concha y Luisa María) sean desconocidas para los “no-lectores” de hoy, pero marcaron toda una época y escribieron sin descojonar la gramática, lo que no es poco, cosa que no puede aplicarse a alguna que otra autora -eso sí, progre y feminista- de lectura obligada para miembras y demás acémilas que pueblan la vida política nacional.

Abundando en quién se merece  o no su póstumo reconocimiento, el pasado viernes falleció en Madrid Emilio Cañil Bartolomé, fundador de Discoplay, como rezaba su escueta esquela. He echado en falta algún que otro suelto, alguna gacetilla, algo, en fin, de alguno de los muchos críticos musicales, en activo o retirados, que cobraban un  sobresueldo de los singles (¡o tempora, o mores!) y elepés que las compañías discográficas les enviaban de forma gratuita y ellos vendían a Emilio en su despacho de Los Sótanos de la Gran Vía madrileña. O tan siquiera un recuerdo de alguno de los muchos cantautores, progres por supuesto, que se acercaban a Emilio a que les financiara, a fondo perdido, por supuesto, algún que otro disco o concierto. No daré nombres para no herir susceptibilidades.

Emilio Cañil Bartolomé con su “Boletín” de venta por correo llevó la música a todos los puntos de España cuando todavía no existían ni Internet ni Amazon.

Sus comienzos, vendiendo discos en el Rastro con Mariano Fuentes, creador de las tiendas MF y con Arnedo, fundador de Madrid Rock, le llevaron a montar una pequeña tienda en Los Sótanos de la Gran Vía en la que, junto a los discos, se vendían los primeros “posters” que conocimos. ¿Quién de mi generación no recuerda el de Che Guevara, el de Jesucristo con la palabra “Wanted”, el de Antonio Machado retratado por su hermano José, el de Miguel Hernández por Buero Vallejo? Por sólo citar los más solicitados.

Aquella pequeña tienda devino en un “Boletín” que llegó a varios cientos de miles de clientes: gracias a Discoplay accedieron a todo tipo de estilos musicales y a unos precios que no eran los de los grandes almacenes, en aquella época cuasi-monopolizadores de las ventas de discos. Durante muchos años Discoplay fue el referente en nuestro país. Se importaron los grandes catálogos de música clásica de los países del Este. Se trajeron discos de Estados Unidos. Se editaron nuevos “posters”…

Emilio Cañil, a pesar de sus muchos aciertos, vio como su pequeño imperio se resquebrajaba a raíz de una serie de huelgas salvajes de correos en los años 80, así como de unas arriesgadas decisiones empresariales (la apertura de una tienda en Moscú…).

Conviene recordar cómo arriesgó su dinero y se lanzó a editar de una manera exquisita los fondos fonográficos de Moses Asch, la legendaria Folkways Recordings. Con su apoyo incansable llegamos a editar más de  cien referencias con lo mejorcito de la música popular americana: Woody Guthrie, Pete Seeger, Memphis Slim, Cisco Houston, Duke Ellington, la primera edición completa de las canciones de la Guerra Civil Española con sus textos originales, etc. En ediciones cuidadas y a un precio competitivo.

También con su esfuerzo y entusiasmo, pudimos ver a Simon & Garfunkel en el campo del Rayo Vallecano en su gira Europea, después del regreso en el concierto de Central Park de 1980.

Tras la quiebra de Discoplay sólo vi a Emilio en dos ocasiones y le encontré muy desmejorado y desencantado de ver cómo muchos a los que él había ayudado generosamente le daban la espalda. Así es la vida.

Descanse en paz Emilio Cañil Bartolomé, mercader de melodías, como reza en un dibujo dedicado por Ceesepe con motivo de un boletín especial que ilustró, dedicado a las tribus urbanas del momento.

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