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50 años de Woodstock esta noche en Rock FM

Woodstock Rock FM

Rock FM celebra el 50 aniversario de Woodstock por todo lo alto. Será a partir de esta noche a las 22:00 horas cuando emitan el primer episodio. Han tenido a bien contar con José María Carrascal, Diego Manrique, Rafael Revert, Paco Pérez Bryan, José Ramón Pardo, Pino Sagliocco, Carlos Ituino, Bertha M Yebra, Martín JL,  Micky  y un servidor. Ha pasado medio siglo, qué se dice pronto!!!

En la foto estoy con Carlos Márquez, en los estudios de la emisora, a quien agradezco, junto a Jorge Vileilla, haber contado conmigo para estos especiales.

 

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Hasta luego Moncho y cia.

reverendo

Vaya una racha. Empezó con Cifu, siguió con Moncho Alpuente, Mariano de la Banda, Antonio Resines, Fernando Esteve y hoy Pedro Reyes.

Ayer estuve en el crematorio por lo de Fernando y sirvió de reencuentro con colegas con los que hace años no coincidía. También me gustó ver a algunos que veo más a menudo… y alguien me llamó la atención por no haber escrito nada sobre Moncho. Tanto Diego Manrique, en un medio masivo como El País, como El Gran Wyoming, en infoLibre, se han lucido. Les dejo con un copia y pega del Sr. Monzón:

Cuando el verso es un tirachinas

Que nadie diga que miento si afirmo tajantemente que hay en este Parlamento, entre tanto delincuente, digamos un diez por ciento de gente honrada y decente.
Así comenzaban las coplas en defensa de don Alberto Astutillo de la Vara con las que Moncho Alpuente retrataba la singular y meteórica carrera ascendente de un diputado que, saliendo de la nada, alcanzaba la gloria de la política y las finanzas, y, a pesar de ser un hombre honrado,era prejuzgado por formar parte del hemiciclo del Congreso. Todo un ejemplo de cómo alguien se puede cagar en algo cuando parece que lo está glorificando. Corrían los años ochenta y los bares estaban a rebosar. Ya tenía una carrera variopinta y cargada de genialidades. Claro que, su carrera era él y, por tanto, errática.
Decía Moncho, y no le faltaba razón, que a los periodistas que trabajaron durante el franquismo habría que darles tratamiento de víctimas. La dictadura fue un tiempo en el que la frustración hacía mella en el cuerpo y en el alma de aquellos profesionales porque las noticias trascendían, tenían peso, motivo por el cual les obligaban a cerrar el pico. Hoy se puede escribir lo que sea, no existe censura previa, pero todo va a la basura; hoy el periodismo se ha convertido en una lucha desesperada contra la impunidad en lugar de la guillotina que fue en otro tiempo. Recuerdo que hace un par de semanas en el programa en el que trabajo sacamos unas grabaciones donde altos cargos de la Comunidad de Madrid, reunidos para que dos guardias civiles mintieran en la inminente declaración que debían prestar ante el juez, prometían a los agentes que si daban una versión diferente a la de los hechos, en la que no se viera perjudicado “Nacho”, lo celebrarían con “un volquete de putas”. Así de fiesteros son. Cuando escuché esa conversación pensé que ninguno de ellos estaría al día siguiente en su despacho, por vergüenza torera, como a ellos les gusta decir, o porque alguien decente que debiera rondar por las alturas les diría: “Mala suerte, chicos, os han pillado, ya os daremos otra cosa en Telemadrid o por ahí, no os preocupéis, pero ahora toca recoger las cosas y despejar la plaza”. Al parecer no existe tal, y ante mi sorpresa no pasó nada, todo siguió igual, se aplicó la doctrina Rajoy de dejar correr el tiempo, de esperar que el temporal amainara y que la corriente del río arrastrara la maleza arrancada en la tormenta. Nadie dio explicaciones; si acaso, supongo, estarán buscando al que lo grabó, o al que lo filtró, para crujirlo.
En el tiempo que ha pasado desde aquellos tiempos a los que se refería Moncho y la actualidad, el salto ha sido notable en lo formal, pero la prensa parece tener el mismo efecto que cuando era muda. El cuarto poder ha perdido fuelle. Como ocurre con la heroína, el proceso de adaptación a la mugre impide que esta inmundicia nos afecte. La sobredosis de fechorías cometidas por los jerifaltes condiciona nuestro sistema inmunitario, y generamos un mecanismo de supervivencia para que la indignación no se transforme en procesos somáticos que provoquen ulceras cutáneas o de estómago. Nos acostumbramos, como los ciudadanos después de los bombardeos, a vivir entre escombros con ratas corriendo por todas partes, formando parte de nuestro ecosistema. Moncho sabía estas cosas y otras muchas y desarrollaba su terapia de sublimación escribiendo versos en los que retrataba la actualidad descargando con su inigualable sarcasmo todas las toxinas que le inyectaba la actualidad. Cuando le decías: “¿Te has enterado de lo que está pasando no sé dónde?”, te respondía: “Estoy terminando Francoel musical”. Como Quevedo, era consciente de que la burla es la mayor humillación a la que se puede someter al poderoso. Resaltar su estupidez, su ignorancia, devolverle el desprecio con el que gobierna la vida de los ciudadanos, ponerle frente al espejo que refleja la crueldad de los señoritos que han tenido siempre a España dentro de un puño, era su estrategia de venganza. Dejar constancia de su pestilente paso, cagarse, como las palomas, en los monumentos que se erigen a esta chusma nauseabunda que trabaja para mejorar su patrimonio a costa de construir un mundo inhabitable. Nunca los tragó. La vida le hizo anarquista y medio. A diferencia de estos siniestros pijo-facha-neoliberales-protofascistoides, no tuvo lo que ellos llaman la evolución lógica y su talento le permitió seguir siendo auténtico, adjetivo que se cotiza poco en el mercado, pero que es patrimonio de los pocos hombres honestos que en el mundo han sido. Yo siempre he sido fan suyo, y cuando la edad me permitió alternar con él, nos hicimos colegas y me metió en varios proyectos suyos de teatro, radio, música y cualquiera de las cosas que se le ocurrían, que eran muchas, y en las que incluía siempre a su legión de adoptados. Era incapaz de negarle un curro a un amigo, con lo que, a veces, tenía que hacer el trabajo de la mayoría de los colaboradores que metía en los proyectos porque no estaban cualificados para el caso. Recuerdo que en La Reina del Nilo, musical de los años ochenta, colocó en el cuerpo de baile a varios colegas del barrio que no pintaban nada allí ante la cara de estupor del coreógrafo, que estuvo a punto de sufrir un síncope cuando se encontró con la tropa que le habían asignado, en la que también había, claro está, profesionales de la danza. Si le comentabas el tema te decía: “Si se les pone por el medio, que nadie los vea, no se va a notar”.
Hicimos un trío con El Reverendo y recorrimos escenarios por todas partes cantando al Quinto Centenario, sorteando carnets del PSOE falsos en una rifa amañada, homenajeando a los gregarios del equipo Kelme de ciclismo, descubriendo que el mal estado de una sopa de pescado fue el origen de la Revolución Francesa, proponiendo decenas de actos homenaje a la memoria de Federico García Lorca para emprendedores con ánimo de lucro, y un sinfín de disparates que a veces dejaban al personal en un extraño estado de confusión, porque había leña para todos y, de una forma u otra, el público acababa sintiéndose aludido. Como suele ocurrir con los escépticos, era un visionario que acertaba siempre antes que los demás, y los personajes de sus canciones acabarían saliendo en los medios de comunicación años después por las fechorías que se apuntaban en las letras, como aquella que cantábamos dedicada a Jordi Pujol y familia que no era entendida del todo, nada menos que veinticinco años antes de que tuvieran que dar explicaciones por lo abultado de su patrimonio: “A Pujol y la Marta Ferrusola / no les gusta del ‘cupón’ hacer la cola / y prefieren la loto catalana / pues aunque algo pierden siempre ganan”.
Como descabezaba a todos los títeres, no era santo de la devoción de las autoridades competentes que jamás le dieron cuartel. Se quedó sin el puesto que añoraba de Cronista de la Villa, él, que lo sabía todo de la ciudad de Madrid que tanto amó, esa ciudad que le mataba. Los pájaros, los árboles, las esquinas, las anécdotas, los edificios, los bares, los museos, los bares, los pubs, los bares, los cafés, los bares, los antros y los bares.
Por si no lo había dicho, también sabía mucho de bares, cualquiera diría que nació en uno de los barriles de pepinillos de la taberna de la calle de Hortaleza, que cuando cerró le dejó huérfano una vez más. Tenía una manía con eso del Cronista que no sé de dónde le venía, a mí me sonaba a cosa rancia, pero él reivindicaba que sería el mejor. Todos tenemos nuestro lado freak Noctámbulo, fumador y bebedor, dio buena cuenta de la vida, que al final es de lo que se trata, y no tenía miedo a eso que la mayoría reniega a cambio de nada, a hacer uso de la libertad, que para eso está. Como decía en una de sus canciones en referencia a cuando le echaban de un bar porque cerraban: “No lo pueden negar, le doy ambiente al bar”, es lo bueno de cantar con alguien de quien eres fan, te lo pasas de puta madre y si la cosa no gusta tanto como a ti, da lo mismo, tienes siempre claro que el error está en ellos.
Un crack, la alegría de los que le han conocido. El rey del verso al servicio de la risa y del derrocamiento. Creador e iconoclasta. Me gustaría ver ese musical sobre Franco, y estoy seguro de que no sería del agrado de esta legión de choris que hoy nos mandan. Para eso escribía, imaginando sus caras y también las nuestras, por eso se reía mucho y fuerte. Como a partir de determinadas edades uno se niega a asumir la realidad, no pierdo la esperanza de que alguna noche, por ahí, nos encontremos en un bar y nos tomemos algo.
Nota del editor: la foto es del homenaje al Reverendo...

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Carlos Tena y Bruce Springsteen en Efe Eme

13 de octubre de 2008

Leo con gran satisfacción en Efe Eme el artículo que Carlos Tena ha escrito sobre Bruce Springsteen. Y tiene como eje central la mítica actuación del Hammersmith Odeon de Londres en noviembre de 1975. Y quisiera aprovechar para darle las gracias a Carlos por sus cariñosas palabras hacía mi persona y mandarle un abrazo muy fuerte (además de echar de menos sus crónicas de béisbol).

 

Aquí en El Mundano ya le hemos dedicado dos posts al Boss, con esa misma actuación como telón de fondo.

 

El ultimo fue Springsteen forever y fue una sugerencia de Juan Puchades, el Director de Efe Eme, con motivo del Magic Tour.

 

El primero fue Springsteen como excusa poco antes de cumplirse el primer mes de existencia del blog. Ahí relataba como le abordabamos y omitia –por olvido- el episodio que Carlos relata ahora en Efe Eme (la prioridad eran Peel y Blackburn). Ambos escritos –el suyo y el mío- ponen de manifiesto un aspecto esencial del trabajo de las discográficas: la gestión del tiempo del artista. Y la prioridad la tienen los medios del país en el que actúan. Diego Manrique en los comentarios a mi post recuerda un episodio parecido al de Londres, pero en Barcelona, donde el que ejercía de disquero era yo. Y es en Barcelona precisamente donde Carlos Tena entrevista a Springsteen. Lo podéis leer a continuación o pinchando en Efe Eme:

“El Hammersmith Odeon londinense era uno de los locales de conciertos más cotizados durante la era dorada del rock. No sé si en la actualidad (aunque pueda suponerlo) el formidable espacio continúa recibiendo a las grande estrellas de la música internacional, cualquiera que fueren su estilo, edad, banda, y legión de fanáticos en su torno, pero me atrevo a imaginarlo repleto de jóvenes de diferentes nacionalidades, entregados a quien desde el escenario juega a hipnotizar al personal, a conducirle por unas horas a través de un torrente de canciones, para luego cruzar la puerta de salida con el alma henchida de una gozadera (permítaseme la cubanía) indefinible, un orgasmo sonoro que consigue que llegues a casa dispuesto a contagiar de esa energía a quienes no pudieron saborear ese néctar.

Algo parecido me ocurrió la noche del 18 de noviembre de 1975. Hacía sólo unas semanas que mi buen amigo Manuel Díaz Pallarés (entonces Jefe del Departamento de Promoción de la Columbia española y hoy tristemente desaparecido), me había hecho llegar la correspondiente invitación para acudir a la capital del Reino Unido, y asistir al primer concierto de un nuevo artista norteamericano llamado Bruce Springsteen, de quien me había hablado someramente otro querido colega, Adrián Vogel (hoy conduciendo en Internet su blog de El Mundano y habitual ya en las páginas de nuestra EFE EME), a quien tuve el placer de poder contratar como colaborador, durante tres años cruciales, en Radio Nacional de España, cuando él sólo contaba 18 años de edad y ya era, sin embargo, uno de los melómanos más perspicaces, sapientes y avezados, de una nueva generación que preparaba su descarga de adrenalina bajo el estallido del punk.

Entre los redactores y presentadores del programa Para vosotros, jóvenes (espantoso título, copiado del Per vuoi, giovani de la RAI), que dirigí desde 1973, la revista Rolling Stone era una de las publicaciones que corría de mano en mano. En ella trabajaba como director un avispado personaje, Jon Landau, quien tras presenciar un concierto de Bruce, junto a su legendaria banda, pronunció una de las frases que más nos impactó, en una época en la que parecía que ya se había inventado todo: “Acabo de ver el futuro del rock and roll”. No se equivocaba. A mediados de 1975, Springsteen fue portada, la misma semana, en las dos publicaciones más influyentes de USA: el Newsweek y el Time. Desde entonces, ningún personaje, presidente o actriz, cantante o científico, Papa o rey, ha merecido tal deferencia periodística.

Lo hermoso del viaje no era ya visitar de nuevo el vibrante Londres de los setenta, ni saber que ibas a disfrutar del estreno del disco Born to run, que en aquel otoño figuraba como número uno en las listas de éxitos de “Yanquilandia”, ni siquiera que en esos días tocaran en la ciudad del “Thames” gentes como Joni Mitchell o Tom Paxton, The Kinks o Nina Simone, sino que la compañía discográfica CBS me había prometido una entrevista con el joven rockero, una vez que este hubiese finalizado el primero de sus conciertos británicos. Mi nervio en el vuelo era tanto, que traté de serenar mi ánimo probando sin cesar el magnetófono Uher que llevaba en el equipaje de mano, para legar a la posteridad las palabras de Springsteen. Lo malo fue que después del espléndido espectáculo, durante el cóctel para la prensa, me acerqué al Boss, magnetófono en mano, dispuesto a entrevistarle para RNE. Una mano elefantiásica y un suave empellón cortaron mi sueño de golpe. Nadie, excepto Tony Blackburn y el malogrado John Peel (dos figuras emblemáticas del periodismo musical de la BBC) tenían la exclusiva, por lo que hube de retirar momentáneamente el micrófono y renunciar a la charla. Pocos años más tarde, en Barcelona, Springsteen me recibió diez minutos. Riendo de buena gana cuando le narré mi frustrante intento en Londres, afable y amistoso como pocos, respondió a mis breves preguntas:

¿Qué crees que es el rock and roll? ¿Eres de los que piensan que es la fusión ideal entre lo blanco y lo negro?

 

Mmmm… Como dice Little Richard, el rock and roll no es más que boggie-boogie y rythm and blues. El boggie tocado a “slow tempo” (tiempo lento) es ryhtm and blues, y tocado mucho más rápido se le  llamó rock and roll. Creo que tiene mucha razón. El rock and roll. no tiene nada de country. “Lucille” no es rock, es simplemente boggie-boogie.

¿Soy un tipo raro si te digo que a mí no me gustaba mucho Elvis Presley, menos en su dos primeros años?

 

Pues no, casi piensas como mi madre, que es un poquito fan de Elvis. Pero recuerdo haberle visto cuando yo era pequeño en el show de Ed Sullivan. Yo estaba sentado en el suelo del salón y tuve una extraña sensación y dije: “Mama, quiero tocar la guitarra”.

[Al sugerir que me gustaba mucho más Roy Orbison, Bruce sonrió comprensivo]

Las canciones y la voz de Roy son únicas, vienen de lo más recóndito del universo. Es muy tímido y escurridizo. Tiene una tremenda fragilidad física, etérea, es como si fuera un cantante de otro mundo Su rostro, su forma de ponerse ante el micrófono sin moverse y como escondiendo los ojos. Hace canciones tremendamente sensuales. [Miró hacia el techo y comenzó a reírse a carcajadas]

 

En mi habitación, de niño, solía y aún lo hago, poner sus discos y apagar la luz. [Pausa extensa] Esa voz suya es la más espiritual que nunca he escuchado.

Fue todo. Pero no es poco. Cómo no recordar ahora la expresión de placidez infantil, las miradas de Bruce, en la impresionante grabación en vídeo de A black and white night, en la que el rockero acompañó a su ídolo junto a estrellas como Tom Waits y Elvis Costello. “My dreams comes true…” que dirían los Platters.

Nacido en Freehold, al sur de New Jersey, el 23 septiembre de 1949 (el año que viene le caen sesenta tacos), Bruce Springsteen es seguramente una de las figuras centrales del rock de los últimos cinco lustros, es un espécimen bastante raro, educado entre el poderoso influjo de la luna dylaniana y el planeta Seeger. Pocos como él han sabido mantenerse fieles a una idea: música sólidamente fabricada sobre los rescoldos del rock and roll, y un texto también duro, como instrumento de denuncia y sublimación de la realidad, elevando a rango de pequeñas novelas las habituales historias de la vida ordinaria, de la aburrida cotidianidad, confiriendo a los protagonistas un cierto valor épico y paradigmático. Su repertorio hoy abarca un imponente panorama de cientos de temas, surgidos en más de treinta y cinco años de trabajo, en los que ha sido un referente corajudo y valiente, a la hora de plantarse de frente ante un país que habla de libertad y democracia, bajo el poder de las bombas, las amenazas, los complots, el espionaje, el asesinato de líderes incómodos para la Casa Blanca, la tortura y el genocidio en decenas de paises (Corea, Vietnam, Chile, Panamá, Granada, Cuba, Irak, etc.).

Springsteen es sin embargo un tipo raro, un espécimen humano que derrocha optimismo, como cuando se reafirma resueltamente en su fe en el pueblo americano, en la posibilidad del rescate de una sociedad acostumbrada a ser “la más rápida con el revólver”. Sabe que hay que cabrear a quienes están convencidos de que la fuerza bruta es la solución para acabar con las sociedades que no creen en el capitalismo salvaje. Cuando la explosión del punk y la sensual marea de la llamada new wave invadían Occidente (la primera encarnando el alarido de rabia, rebelión y anarquismo utópico; la segunda con su renuncia absoluta en la búsqueda de soluciones para cambiar el mundo), Bruce Springsteen sabía deglutir lo mejor de ambas tendencias, esgrimiendo esos seculares “valores morales” con que la sociedad calvinista fustigó el catolicismo durante siglos.

Cuando el mundo lo aclamaba como nuevo líder, siendo Ronald Reagan presidente de USA, el rockero rehuía el compromiso impuesto (temporalmente, claro), buscando refugio junto a su familia y amigos. Ese indudable peso histórico que el Boss detenta ya por más de 30 años, regalando esperanza a millones de desilusionados bajo el incómodo papel de “un espíritu que no puede ser derrotado”, le han valido una catarata de improperios por parte de gran parte de la sociedad internacional. Bruce Springsteen ha heredado la convicción del patriarca  Woodie Guthrie, de que la vida en su país no tiene por qué ser eternamente una convulsión de violencia sin límites, que la existencia puede ser confortable, que el mundo puede ser mejor, y utilizando el rock, enfrenta a su generación, y a las nuevas, a mirarse en el espejo de esas canciones rotundas que, en obras maestras como son los discos Born to run y The river, ha desarmado a millones de personas, como se demostró este verano en el estadio del Real Madrid, cuando el Boss dejó patente ante más de 50.000 personas que su banda y él, por fortuna, todavía tienen cuerda para unos años más.

Hace unos veinte años, en una tienda de discos de segunda mano, en el mismo Londres, me compraba un LP pirata en el que se leía: Bruce Springsteen. Hammersmith Odeon november 1975. Una muy decente grabación clandestina que perdió su valor cuando se publicaron en CD y en DVD parte de aquellos memorables conciertos. Hoy veo esas imágenes en el modesto televisor de la habitación que me sirve de hogar, aquí en La Habana, y me digo con alegría y orgullo; “Yo estaba allí”. Y mis amigos cubanos no me creen. Qué le voy a hacer…

Llegué a Madrid la noche del 19 de noviembre de 1975. En casa, mi chavala y yo planeábamos tener un hijo. Una hermosa noche de amor que rubricó inopinadamente, a las 6 de la mañana del día 20, la voz de Manuel Gerena quien nos despertaba con una noticia maravillosa: Franco había muerto. Desayuné con cava, llamé a todos mis compañeros, bailé en la terraza, y a los quince minutos sentí un temblor repentino: me di cuenta de que iba a comenzar una etapa durísima, un largo período en el que las venganzas, las noches de los cuchillos largos, los ataques indiscriminados y las agresiones, tendrían un solo objetivo: la gente “roja”, los comunistas, los anarquistas, los nacionalistas, los melenudos, los rockeros, los estudiantes rebeldes, los emigrantes, los negros, los indios… Exactamente igual que hoy mismo: “The Times Are ‘Not’ Changin”.”

 

 

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OZONO

18 de marzo de 2008

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De repente los 70 y la Contracultura aparecen de nuevo. En el caso de este blog es lógico, porque el Summer of Love (1967) y todos los acontecimientos del 68 me pillaron siendo un pre adolescente (aunque este concepto sea posterior). Más que pillarme me atraparon. Y mi adolescencia, en los 70, fue la continuación.

Nunca me había parado a pensar sobre esto hasta hace bien poco. Cuando inicié El Mundano y nombres como Lennon, Black Panthers o Sinclair fueron fluyendo espontáneamente. 

Hace dos viernes Diego A. Manrique, en el EP3, publicaba un amplio reportaje sobre la revista STAR y su impulsor, Juan José Fernández. La imagen de las distintas portadas de revistas de la época –que podéis ver más abajo- ilustraba CONTRACULTURA AL ASALTO DEL QUIOSCO que era el complemento perfecto al artículo principal. Os recomiendo leerlo, especialmente a los jóvenes. Diego mencionaba dos revistas en las que colaboré: Ozono y A.U. (el proto Ozono)

A.U. eran las iniciales de Apuntes Universitarios, una edición del Colegio Mayor Chaminade que transformamos de arriba abajo. Y desde ahí saltamos a los quioscos con Ozono (fui fundador y socio) El nombre provenía del programa de radio que tenían Juan de Pablos, Chema Martínez y Juan Romero en 99.5 (Radio Popular FM 

El 1 de marzo Rubén Caravaca escribía en su blog QUÉ FUE DEL PROHIBIDO, PROHIBIR. Donde también mencionaba a Ozono y a A.U. e incluía un semanario ya clásico, Disco Expres, donde también colaboré (aparte de la mención que RC hacía a un post de El Mundano Rubalcaba: “Rajoy fue el peor ministro del Interior de la democracia”). 

En el Cambio 16 de la semana pasada Rubén publicó ese mismo artículo. Y saco esto a colación porque Álvaro Feito, el primer director de Ozono (el nuestro) me echó una bronca, por un artículo sobre Lou Reed que salió en el primer número, cuya portada encabeza esta entrada. En realidad yo lo había entregado para el número cero. Pero Álvaro –una excelente persona- echaba humo porque era el mismo artículo que ya me había publicado Disco Expres (doble página central). No entendía que no era exactamente el mismo: lo había actualizado y reeditado. Tampoco quería saber nada de que eran públicos distintos, distribuciones y puntos de venta más restringidos. Su lógica era la del periodista de raza (de hecho sí no recuerdo mal era el único de todos nosotros con carné). Mi postura no era profesional. Acepté el chaparrón y prometí no volver a hacerlo, aunque siempre me quedó una comezón…  

Décadas después apareció Internet. Donde este tipo de situaciones son frecuentes, una vez vencidas las resistencias de los Alvaros de turno (dicho desde el más profundo respeto y cariño hacía Álvaro Feito). El artículo del amigo Caravaca es tan sólo el último ejemplo. 

No guardo nada de esa época. Entre mudanzas, deterioro del papel, lo que abultan los montones de periódicos y revistas, me fui deshaciendo de todo. Nunca me importó demasiado. Hasta hace unos años, viendo crecer al Mundanito. Y los 70 son una época pre Internet. Así que no es fácil localizar ese pasado (tampoco soy de subastas y de bucear en ferias y muestras de coleccionistas).  

De momento lo único que he podido rescatar vía Google ha sido algo que escribimos Álvaro Feito y yo sobre Bob Dylan. Para un especial (cuya idea original creo que debió de ser para un libro, que ni siquiera recuerdo si se llegó a editar o no). Se detiene en 1974 con el Planet Waves y es un repaso a su bibliografía, discografía (comentada e incluyendo discos piratas) y filmografía. Lo podéis encontrar pinchando aquí. 

Las buenas noticias de Rubén no se quedan en lo ya mencionado. Cuando me mandó el email avisándome de lo de Cambio 16, me contó que Álvaro le habia pasado todos los números de A.U. y Ozono. Estoy como loco por hacerme con copias…            

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¿Será el ejemplar del Disco Expres donde apareció mi artículo original sobre Lou Reed?

 

ENTRADAS RELACIONADAS:

 

La prensa musical en España: el admirable trabajo de unos pioneros (por Antonio San José)

 

Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

 

 

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Carta al Director de El Mundano de Rodri

26 de diciembre de 2007

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Acabo de abrir el correo por primera vez esta tarde y hay un email con una carta dirigida a este blog. La remite un grande al cuadrado. Grande como persona y grande como profesional de la radio: José Manuel Rodríguez “Rodri”. 

No tenemos abierta una sección de Cartas al Director. Lo cual no solo es un error sino que además es incoherente con mi forma de actuar. ¡Es una de mis secciones favoritas! Así que aprovechando la indirecta de Rodri se subsana  el error:

Esta sección queda inaugurada. 

El texto de su carta, conceptualmente inspirada por Gracián y un spot de la Sexta, leía así: 

Acabo de ver, con gran indignación, (como lo del español en N.Y.) que entre los discos recomendados no se encuentra este excelente DISCO-LIBRO.

 

Me parece una ignomia.

¡¡¡La que está liando Zapatero!!! 

De paso también sirve para subsanar otro error: No haber dado cuenta de la publicación del disco-libro Una Historia de la Censura Musical en la Radio Española –Años 50 y 60. Noticia que conocía por Efe Eme y no por Rodri –que es por quien debería de haberla conocido. Así que me reservé la información. Esperando el momento adecuado. Que afortunadamente ha llegado. 

Empate a uno.

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ACTUALIZACIÓN:

Diego Manrique en El País del 4 de enero de 2008 Cuando las coplas eran inmorales cubre la noticia del libro de Rodri, con ejemplos y comentarios del autor.

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