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Coca, medios, tiendas de discos y Wall Street: razones del colapso de las discográficas

 

Jot Down El País

Hoy se ha publicado mi nuevo artículo en Jot DownCoca, medios, tiendas de discos y Wall Street: razones del colapso de las discográficas“. Es el cuarto que escribo y el primero que aparece en la portada de El País (en su edición digital). Lo pueden leer entero a través del enlace (o en elpais.com). Recomiendo su lectura (y no solo porque sea un escrito mío). Les dejo con el principio (el primer párrafo y las primeras líneas del segundo):

Durante demasiado tiempo se ha repetido el mantra de «las compañías discográficas no supieron adaptarse a los nuevos tiempos» como razón principal de su colapso y de paso servía de justificación del latrocinio digital (extensible al top manta, brillante definición acuñada por Miguel Ríos en su día). Ya se sabe que una mentira repetida muchas veces acaba convirtiéndose en dogma de fe. Es indudable que algo hicimos mal (me permitirán que use la primera persona del plural al haber sido parte del sector musical: primero desde los medios de comunicación y, desde 1977, en varias discográficas en Madrid, Nueva York y París). Pero el derrumbe no se produce por lo que se nos achaca y sí por lo que resumo en los cuatro aspectos del título del artículo: la cocaína, los medios de comunicación, las tiendas de discos y Wall Street.

Una de las cosas que sí hicimos mal fue no imponer nuestro relato. Sucedió porque no lo teníamos articulado. Tan sencillo como eso. No es de extrañar, conociendo a algunos de los personajes que dirigían el negocio con el […]

 

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¡Qué mal lo hemos hecho los de la música!

PYMEX

Hace tiempo que me desligaron del mundo musical profesional. Lo cual no es óbice para que siga vinculado, de alguna manera, a la música. Ya sea como aficionado y consumidor (de conciertos, CDs, medios, libros) o simplemente de cotilla del tinglado. Ultimamente he añadido una nueva actividad: escribir un par de libros respecto a la música popular (“Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” y “Rock ‘n’ Roll“, de próxima aparición).

La semana pasada dos hechos llamaron mi atención sobre lo mal que lo hemos hecho los de la música (me siento participe a pesar de mi desvinculación): el resumen del 2017 de El Cultural (el excelente suplemento de El Mundo) y un brillante artículo de Elvira Lindo en El País de ayer. En el primer caso me resultó llamativa la ausencia de la música en su editorial de presentación de lo mejor del año. Luego ya la dedican una doble página, hacía el final, con preponderancia de la clásica. Sobre lo de Lindo quiere detenerme un poco más.

Elvira Lindo ha sido y es una defensora de la música popular. Así a bote pronto recuerdo sus encendidos elogios a Silvia Pérez Cruz y Salvador Sobral (le descubrí gracias a sus escritos). Su marido, Antonio Muñoz Molina, es un apasionado del jazz. Quiero decir con esto que la música no es algo ajeno a su vida. Al contrario. Por esto mismo me sorprendió que en el artículo, que versa sobre la cultura, la propiedad intelectual y las monsergas que nos contaron sobre la revolución digital y sus presuntos beneficios culturales (que solo han servido para abaratar el trabajo de los creadores, minar industrias y crear nuevos patronos, peores que los anteriores), no figurase una linea sobre la música y el daño que la piratería digital hizo al colectivo. El cual venía además de sufrir el llamado Top manta (durante bastante tiempo coexistieron ambos latrocinios).

No estoy culpando a Elvira Lindo (ni a El Cultural). Es un problema de percepción. Que refleja la falta de relato de la industria. No defendimos a SGAE (en lo que había que defenderla; SGAE obviamente tampoco supo hacerlo), ni supimos combatir las falsedades y medias verdades que se vertían en medios y las incipientes redes sociales,  no hubo una política de comunicación eficaz (o mínimamente profesional). En resumidas cuentas y por no extenderme: faltó un argumentario solido y eficaz, basado en tres o cuatro conceptos claros y directos. Algunos ejercimos de francotiradores, pero eso no fue suficiente (éramos pocos, muy pocos, y de escaso impacto y relevancia). Incluso se llegó a la desfachatez de sufrir anuncios en TV de Telefonica publicitando la velocidad de descarga (de música) de su servicio.

Elvira Lindo incide en la imposibilidad de leer o ver todo lo descargado. Empatizo con lo que dice porque es un razonamiento que use en su día respecto a la música. Y resultaba inverosímil eso de compartir la música de “mis amigos”. ¡Amigos de países en los que nunca has estado y a los que ni siquiera conoces!

De aquellos polvos vienen estos lodos: hoy nadie se acuerda del sector que fue el primero en sufrir la piratería. Todas las piraterías: desde las casetes en los 70 hasta las descargas ilegales. ¡Qué mal lo hemos hecho los de la música! 

P.D.: un aspecto importante del artículo de Elvira Lindo es el de la ansiedad (“Hemos creado un mundo de espíritus voraces“), de hecho se llama “Cultura y ansiedad“, pero se sale del marco de este post.

 

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Siguen cayendo las ventas de música grabada

21 de julio de 2010

Leo en el boletín online de la ACAM un resumen del último reporte de Promusicae referido al primer semestre de 2010: las ventas de música grabada en el mundo físico siguen cayendo de forma imparable; la venta digital de música alcanza un 25,8% del empobrecido mercado español. El problema es que en términos monetarios el descenso galopante no se compensa con la aparición y aumento de las ventas digitales.

Los miembros de Promusicae representan el 93% de las ventas “físicas” y el 94% de las digitales.

El total de las ventas de música grabada cayó un 12,3% en el primer semestre de este año respecto al mismo periodo de 2009, sumando 76,97 millones de euros.

El mercado digital representa un 25,8% del total, lo cual supone un crecimiento del 29,46% respecto al año anterior.

Según un informe de Productores de Música de España, Promusicae, un total de 57,12 millones de euros corresponden al mercado físico y 19,85 millones a las ventas digitales.

En el mismo periodo del año pasado las ventas llegaron a los 87,7 millones de euros y en 2008 a los 126,5 millones.

Los datos correspondientes al primer semestre del 2010 representan mínimos históricos. No se acaba de tocar fondo. Y ya van nueve años consecutivos de números rojos.

A los interesados, si quieren abundar en más detalles y en la comparativa respecto al mismo periodo del 2009, les recomiendo este enlace.

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Cifras y cifras (Efe Eme)

13 de marzo de 2010

El año pasado, a la vuelta del verano, un blog del británico The Times publicó un confuso análisis económico sobre varios aspectos del negocio musical. Pretendía demostrar que mientras disminuían los ingresos de los artistas por ventas de música grabada, aumentaban los ingresos por derechos de autor y venta de entradas por conciertos. Nada nuevo bajo el sol. La confusión radicaba en mezclar churras y merinas: ingresos brutos y netos, artistas con autores. En varios de los comentarios al post voces autorizadas intentaban clarificar las distintas modalidades. Pero quienes por aquí se hicieron eco (interesadamente) del supuesto estudio decidieron obviar las muy pertinentes explicaciones. Tampoco me sorprendió porque a estas alturas del partido ya nos conocemos todos. Pero si me llamó la atención que el asunto estuviese dando vueltas durante meses.

Que las actuaciones en directo son parte fundamental del negocio se sabe desde la noche de los tiempos. No hace falta que nadie del The Times venga a contárnoslo. Ni que los voceros habituales y promotores de Manifiestos nos lo propaguen como el maná. Pero si convendría que aclarasen que la recaudación por taquilla corresponde a ingresos brutos. A los que hay descontar gastos e inversiones: transporte, alojamiento, salarios de músicos y personal, derechos de autor, publicidad, imprenta, alquiler local, impuestos, etc. Los grandes artistas suelen exigir entre el 80 y el 90 por ciento de lo recaudado, con un mínimo garantizado, desde donde se pagan los conceptos expuestos anteriormente. Mientras que los royalties (el porcentaje que perciben los artistas sobre las ventas de sus discos) son ingresos netos. Y atención que artista y autor no son necesariamente los mismos. Un ejemplo: The Rolling Stones son el artista y Jagger/Richards sus compositores (además suelen interpretar temas ajenos).

Pero claro este panorama es aplicable sólo a los consagrados o en vías de serlo. Los que empiezan lo tienen bastante más crudo. Y el escenario varía desde pagar por tocar hasta en el mejor de los casos llegar a “lo comido por lo servido” (cubrir gastos).

El “sesudo” reporte no matizaba sobre estos aspectos. Y tampoco mencionaba que el periodo estudiado coincidió con el retorno de todas las vacas sagradas (Neil Young, Rolling Stones, Bob Dylan, Madonna, Leonard Cohen, The Who, Bruce Springsteen, Elton John, Billy Joel, Eagles, etc.).

A todo esto hay que añadir que solamente contemplaban una parte de lo percibido por derechos de autor y afines.

Hace unas semanas el anuario de la Asociación de Promotores Musicales (APM) hizo públicas sus cifras para España, desde el año 2000 hasta el 2008. En estos 9 años ha aumentado la recaudación un 115% (de los 69,9 millones de euros del 2000 a los 150,1 del 2008). Esto se puede deber a varios factores como el progresivo aumento del precio de las entradas o el ya mencionado de la vuelta a la actividad de las viejas glorias. Más interesante me parece el del crecimiento del número de espectadores: de 21,8 millones a 33,4 millones. Representa una subida de un 34,8%. La explicación puede encontrarse en el incremento de la población entre el 2000 y el 2008. Pero hay otra y nos la ofrece la propia APM: la oferta de espectáculos ha aumentado un 50%: de los 71. 045 de 2000 a los 144.859. La APM agrupa desde el año 2000 a 39 empresas, entre ellas las de los principales promotores, Doctor Music y Live Nation, que concentran el 80% de los conciertos que la iniciativa privada organiza en España.

En paralelo la revista Billboard daba a conocer las cifras de las giras del 2009 en Estados Unidos. Los que más vendieron fueron U2, seguidos de Bruce Springsteen y Madonna. No hay un solo artista nuevo en este Top 10. Pero lo destacable es que lo recaudado por los irlandeses en 2009 los colocaría en quinto lugar en el 2008. La más taquillera del año pasado –Madonna- obtuvo más del doble que U2 en 2009.

¿Estas cifras estadounidenses son un aviso de lo que se avecina o son producto de la crisis? De momento dan que pensar. 

Publicado en Efe Eme

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Colaboraciones 2: Hasta aquí podíamos llegar (para Ritmos del Mundo)

17 de marzo de 2009

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El amigo Rubén Caravaca me llama y me pide, en nombre de la revista Ritmos del Mundo, que escriba un artículo para un especial que están preparando sobre Cultura e Industria. Como podréis ver más abajo en las fotos la extensión de lo escrito ocupa pagina y media (lastima que la revista no este disponible online y por tanto carece de enlaces). Y eso que fue editado y recortado un par de veces. A continuación os dejo la penúltima versión, con sus correspondientes vínculos:

 

Paolo Vasile, Consejero Delegado de Telecinco, en unas recientes declaraciones afirmaba que “es falso que Telecinco haga televisión basura”. Sandeces aparte lo más grave es cuando dice que la televisión está en ruina y solicita una serie de medidas, que perjudicarían a su principal competidor y a otros sectores (como el del cine). Pues bien, conviene recordar que Telecinco ganó 319 millones de euros en 2007 y 228 millones en los primeros meses de 2008. Quizás el problema radique en que su canal esté perdiendo el favor del público, como lo demuestran los últimos datos de audiencia disponibles a la hora de escribir esta nota, correspondientes al mes de enero: se confirma la perdida del liderazgo de su cadena, que se sitúa dos puntos por detrás de TVE 1 y tan sólo una décima por encima de Antena 3. Con el añadido que enero del 2009 ha sido el mes de más consumo televisivo de los últimos tiempos.

 

Cuando T5 desembarcó en España, de la mano de Valerio Lazarov, no sólo introdujeron los primeros conceptos chabacanos sino que además pretendieron nutrirse de contenidos ¡por la cara! En el caso concreto que nos ocupa, que es el de la música, consideraban territorio conquistado el que las actuaciones de artistas fuesen gratuitas. Conseguir que pagasen los gastos fue todo un triunfo. Cosa que no ocurrió con el espinoso tema de los videoclips. Recuerdo conversaciones con Lazarov en las que insistía que los videos deberían emitirse sin coste alguno para su TV. Y que si había derechos de autor que pagar deberían ser los productores (las discográficas) los que se hiciesen cargo de ellos. Pretendía que esas mismas compañías que invertían millones en rodar productos de calidad no sólo renunciasen a sus derechos -y los de artistas, intérpretes y ejecutantes- sino que además asumiesen económicamente las obligaciones de Telecinco. Leyendo, años después, al Sr. Vasile veo que nada ha cambiado. Y hasta aquí podíamos llegar.

 

La tradición de agravios comparativos que sufre la Música es larga. Pero antes de desgranar los más notables, quisiera aclarar lo que entiendo por la Industria de la Música: un amplio conglomerado de sectores que abarcan desde los productores hasta los artistas pasando por editores, salas de conciertos, managers y representantes, promotores, sociedades de gestión, empresas de luz y sonido, técnicos, estudios de grabación, autores, músicos, etc. Sin olvidar otros negocios que sin ser necesariamente dependientes de la Música intervienen como imprentas, fabricantes de camisetas, merchandising…

 

Las actitudes de los primeros espadas de la tele propiedad de Silvio Berlusconi están en línea con la de los medios de comunicación españoles, cuando recientemente solicitaban ayudas al gobierno. No sólo se benefician de subvenciones por papel, sino que además gozan del IVA reducido. La Música cotiza al tipo máximo. Este asunto del IVA es de crucial importancia y una de las principales fuentes de agravio. ¿Por qué se consideran productos culturales al Pronto, el AS o el Penthouse y no a los musicales? ¿Acaso la música popular no es cultura?

 

Uno de los principales problemas de nuestra Industria es su fragmentación en distintos sectores. Y el olvido sistemático de “la unión hace la fuerza”. Hemos sido victimas del “divide y vencerás”. Y solamente nos podemos culpar a nosotros mismos. Puedo citar varios ejemplos, pero me voy a limitar solamente a dos, que afectan al sector discográfico.

 

Tras varios intentos frustrados de intentar agrupar a las independientes en una asociación nacional me afilié a IMPALA, la organización europea. Fui acogido con los brazos abiertos y me nombraron miembro de su junta directiva. Mi principal misión era intentar –una vez más- unir a las indies españolas bajo un mismo paraguas. Los europeos no entendían que en España no estuviésemos coaligados. Algo que finalmente sucedió meses después, con el nacimiento de UFI. Anteriormente –cuando trabajaba en CBS– la AFYVE (hoy Promusicae) impulsó la creación de AGEDI, sociedad de gestión de los productores fonográficos. Uno de los objetivos a mediados de la década de los 80 fue conseguir el cobro de los derechos correspondientes a la reproducción pública de nuestros fonogramas. Concepto que fue batallado duramente por las principales empresas de medios de comunicación. El asunto se enconó y fuimos “a la huelga”: nos negamos a ofrecerles las muestras promocionales. ¿Cómo iban a obtener estrenos, exclusivas o programar novedades si no se las servíamos? Claro, podían comprarlas, una vez editadas en nuestro país. O importar. Al final, como llevábamos razón, nos impusimos. No sin antes haber comprobado que la unión de las discográficas no fue tal. Hubo “esquiroles” que traicionaron la causa común. Creyendo que obtendrían una ventaja competitiva sobre los demás, como probablemente ocurrió, pasaban copias “a escondidas” a la principal cadena de radio musical (los 40).

 

España está en una situación única. Afronta los problemas del tercer mundo, el Top Manta, y los del primero, derivados de las descargas ilegales desde Internet. Un estudio reciente señalaba que el porcentaje de descargas legales en España era del 0,10%. El año pasado la Oficina del Representante Comercial estadounidense decidió situar a España en la lista de vigilancia de países en los que no se protege este tipo de derechos. Una lista de la que forman parte 36 países entre los que figuran naciones como Brasil, Canadá, República Checa, Hungría, Indonesia, Grecia, Italia, México, Noruega, Polonia, Turquía, Ucrania, Vietnam o Taiwán. Mientras España entra, Belice y Lituania salen. Estos y otros datos llevaron al abogado Javier Cremades (Presidente del II Foro Iberoamericano de la Propiedad Intelectual) a declarar que “hasta 300.000 empleos podrían perderse en España en los próximos cuatro años” a causa de la piratería. En 2003 según el libro blanco de Promusicae (cuyos miembros representan el 93% de las ventas) había 52.850 personas, después de una destrucción de empleo del 20% desde el 2000. Más lo que vino después, los peores años.

 

En términos de aportación al Producto Nacional Bruto, la industria cultural y de ocio española constituye la sexta más productiva y contribuye al empleo en un 7,8% sobre el conjunto de asalariados, con incrementos anuales considerables. ¡Lo cual representa más que el sector de la Energía! El cual también está subvencionado y hemos estado pagando un impuesto por pasar a tener competencia. ¿Se conocen casos similares? En la música desde luego que no.

 

Y ciñéndonos al mundo de la Música el PIB creció del 3,1 en 1992 al 4,5 en 1997, cuando el Top Manta y las descargas de Internet estaban bajo mínimos. En seis años, entre 2001 y 2006, la venta de discos en España ha caído más de la mitad, y mantiene un ritmo de descenso imparable. Este descenso representa un 0,10% del PIB. Según los últimos datos estaríamos hablando –a pesar de todo- que la Música es el 5% del PIB.

 

S hay una industria parecida a la musical esa es la del automóvil, dominado por un puñado de multinacionales, con problemas de adaptación a los nuevos tiempos, estructuras poco eficientes, costes difíciles de soportar, un tejido industrial auxiliar del que dependen miles de personas, etc. Con el mismo PIB: 5% en España. Y le han pedido 10.000 millones al Gobierno para afrontar la debacle. El sector cree que en 2009 no venderá ni un millón de coches, como hace 13 años. ¿Pero qué quieren? Qué tengamos tres coches por habitante. ¿Se han vuelto locos? Y lo peor es aquello de “quien no llora no mama”. Así que no me extrañaría nada que la solicitud española llegue a buen puerto (como así ha sucedido en USA).

 

Desde las tribunas digitales en las que escribo (la revista Efe Eme y mi blog, El Mundano) he venido señalando como esta falta de unión sólo perjudica a la industria y al usuario final, el público. También es cierto que la mala reputación de SGAE  y de discográficas (donde se confunden las multis con las indies) tampoco ayuda. Por eso es de celebrar que la ansiada reunión de los distintos protagonistas musicales se produzca desde otros sectores, como el de la música en vivo. Porque el milagro está a punto de consumarse: la unión de los sectores que forman la Industria de la Música. El primer paso ya se ha dado. El más importante y también el más difícil e ingrato.

 

¿Y quienes son estos esforzados héroes que han trabajado tan eficientemente? Los mismos que convocaron una rueda de prensa para presentar “Por una Ley de la Música”: ARTE (Asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo), ACCES (Asociación Estatal de Salas de Música en Vivo), APM (Asociación de Promotores Musicales), ARC (Associació  de Representants, Managers i Promotors de Catalunya), ROAIM (Red de Organizaciones de Artistas e Interpretes Musicales) y UNIPROM (Unión Independiente de Promotores de Música de la Comunidad de Madrid).

 

Cuando en la presentación escuché a uno de los ponentes decir “la música popular no está considerada culturano pude evitar emocionarme. En el turno de preguntas y respuestas se plantearon asuntos muy interesantes –aparte del IVA- como el de acabar con la prohibición a menores de edad en conciertos (otro agravio respecto a hoteles o restaurantes donde se despacha alcohol en presencia de menores).

 

Inspirada en la ley francesa (vigente desde hace 25 años) y en unos trabajos previos efectuados hace unos años en Cataluña, la propuesta de Ley es una oferta integral. Y abarca desde la formación escolar (¡qué importante es la enseñanza de música!) hasta el consumidor.

 

Espero que la ola inicial de adhesiones se convierta en un tsunami y el Manifiesto recoja el número suficiente de firmas para que la ley salga adelante. Y también para que los técnicos de sonido, por ejemplo, se den cuenta de la necesidad de asociarse. Porque los del teatro si están agrupados y los de la música no. Es increíble como de siempre en la industria musical cada uno ha (hemos) hecho la guerra por su cuenta. ¿Están cambiando los tiempos? Personalmente confío en ello y como mencionaba anteriormente el milagro está a punto de producirse. Desde aquí quiero agradecer a las organizaciones y personas que han puesto en marcha tan noble iniciativa. ¡Felicidades amigos! Y a por ello porque hasta aquí podíamos llegar…

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Por una Ley de la Música (Efe Eme)

 

Agravios comparativos 2 (Efe Eme)

 

Agravios comparativos (Efe Eme)

 

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La Música no es Cultura (Efe Eme)

 

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Valor y Precio de la Música (en Efe Eme)

 

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