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La mala gestión de Rajoy, Wert, Méndez de Vigo y Lassalle nos va a costar 57 millones

CanonDigital

La mala gestión del presidente de gobierno Mariano Rajoy (2011-2018), de sus ministros de Cultura José Ignacio Wert (2011-2015) e Iñigo Méndez de Vigo (2015-2018) y la del secretario de Estado José María Lassalle (de Cultura de 2011 a 2016 y para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital de 2016 a 2018) nos va a costar 57 millones de euros. Un despacho de la agencia EFE notificaba que el Tribunal Supremo daba la razón a varias sociedades de gestión de derechos intelectuales en concepto de compensación equitativa por copia privada. El famoso canon digital, que el PP en su día de forma demagógica eliminó y quiso cargarlo a los presupuestos del estado, reduciendo notablemente los importes a percibir. Una medida claramente discriminatoria porque no todos los españoles nos dedicábamos a las copias privadas y no teníamos que pagar por algo que hacían otros. El canon digital se imputaba a los fabricantes de equipos y dispositivos de grabación y reproducción como móviles, grabadoras o fotocopiadoras. Estos dieron batalla y subieron los precios con la excusa del canon. Algunas voces alertamos que cuando se suprimiese el canon no bajarían los precios. Como así sucedió.

Todo comenzó en 2011: el gobierno de Rajoy trasladó la compensación por copia privada a los Presupuestos Generales del Estado y fijó un límite para esa partida de cinco millones de euros anuales. La reforma, sin embargo, fue anulada por los tribunales en 2016. Una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea desautorizaba el sistema español ¡por imputar el gasto a los Presupuestos Generales del Estado! Esta sentencia obligó a cambiar la ley. Y el Supremo declaró en ese mismo 2016 que la medida original del gobierno era “inaplicable”. Un marrón considerable creado por ese brillante equipo cultural de incompetentes del Partido Popular.

La primera reclamación de las entidades de gestión de la propiedad intelectual fue al gobierno presidido por Rajoy. El silencio administrativo del Consejo de Ministros fue la formula elegida para desestimar el recurso. Muy rajoiano. Tras esas sentencias del 2016 tomó forma otro proceso: reclamar las cantidades adeudadas. Ahora, en abril de 2021, la Sección Quinta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del TS ha fijado las cantidades a percibir. Los 57 millones se reparten por años:  2015 (20 millones), 2016 (22,5 millones) y los siete primeros meses de 2017 (14.520.548 euros), cuando entró en vigor la nueva normativa..

El Supremo da la razón, entre otros, a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), la Asociación de Gestión de Derechos Intelectuales (AGEDI), la asociación de Artistas Intérpretes o Ejecutantes (AIE), el Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO) y la de Artistas Intérpretes, Sociedad de Gestión de España (AISGE), que reclamaron que se declarase la responsabilidad patrimonial del Estado por la ausencia de percepción de la compensación equitativa, desde la anulación del anterior sistema hasta la aprobación del nuevo en 2017. La Sala del Supremo también fija los porcentajes de distribución entre las tres modalidades de reproducción contempladas: 25% para la reproducción de libros y publicaciones asimiladas reglamentariamente a libros, del 30% para la reproducción de fonogramas, y del 45% para la reproducción de videogramas.

Cabe preguntarse si les embargarán los bienes a estos políticos mencionados, para hacer frente a este desembolso de 57 millones. Porque son ellos los responsables. Sus errores fueron clamorosos en su día, desde el primer minuto. Añadiría a la lista a los medios y periodistas que lanzaron campañas contra el canon y aplaudieron su supresión. No todo vale. Y muchos tenemos memoria y recordamos…

P.D.: otro día ya hablamos de la gestión de Rodrigo Rato, la escandalosa cifra del rescate de Bankia, su fusión y los despidos que se avecinan. ¡Qué bien gestionan estos del Partido Popular!

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Mi primer mes de confinamiento

He cumplido un mes de confinamiento. Lo inicié el 2 de marzo. Bueno, en realidad fue el 1 de marzo tras regresar del Clásico en el Bernabéu. Entre la aprensión con la que fui al partido y la lluvia al final no quedé con nadie para celebrar el triunfo. Llegué a casa sobre las 23:30. 23:40 lo más tarde. Y hasta hoy.

La razón de mi autoconfinamiento es por pertenecer a tres grupos de riesgo. Por eso me daba reparo ir al estadio. Mi hermano que es biólogo me tranquilizó diciendo que no podía tener tan mala suerte. Pero aún así opté por la prudencia y una medida drástica. Evidentemente porque me puedo permitir el lujo. De otra manera sería imposible haber sido un pionero.

Ha habido algunas excepciones: el primer fin de semana, los días 7 y 8 de marzo, salí para desayunar, ir a la farmacia (el sábado 7) y comprar el periódico. Estas tres acciones se desarrollan en un radio de 10 metros (la farmacia está a medio camino entre el bar y el kiosco) y no hay más de 200 metros desde mi casa hasta el punto más lejano (el kiosco).

El domingo 8 me asusté ante la cantidad de gente que había en el barrio. Se lo comenté alarmado a los camareros del bar donde desayunaba. Equivocadamente creía que se habían juntado la manifestación feminista y la gente que va al Rastro (vivo al lado). Un parroquiano me sacó del error: la manifestación era por la tarde. Hacía una mañana espléndida, las terrazas estaban a reventar, como las calles de todo el barrio. Volví corriendo a casa.

Las otras excepciones fueron dos: el día 9 me acerqué a CEDRO para realizar una gestión. Tardé unos 50 minutos en total, desde que salí de mi portal hasta que regresé. Y la última fue ir a hacer la compra a un supermercado de El Corte Inglés. Estrené guantes de latex y mascarilla. Fui en coche. Fue una experiencia como de ciencia ficción. Madrid vacío. De tráfico y de gente. A la tienda se accedía de uno en uno. La cola para entrar era larga, no por las personas que la formábamos. La razón era porque manteníamos una generosa distancia de seguridad entre nosotros. Dentro no podía haber más de ocho personas. Al entrar te echaban un gel desinfectante en la palma para frotarte (en mi caso sobre mis guantes). Y luego te indicaban donde tenias unos guantes para ponerte y el lugar donde depositarlos al salir. Cuando lean estas líneas estaré a punto, o habré ido ya, de ir al Corte Inglés de la calle Princesa a recoger un pedido que hicimos ¡la semana pasada! Se supone que lo recoges en el garaje y el contacto humano es mínimo. Veremos como resulta.

He leído a gente en las redes y escuchado a amigos quejarse del aburrimiento. A mi en cambio este mes se me ha pasado volando. Y los quejosos llevan menos tiempo confitados. Hay días que incluso se me han hecho cortos. A pesar de echar de menos el fútbol. No he parado de hacer cosas: escuchar música; ver series; películas clásicas (aún tengo 60 grabadas por ver); La Mundana ha descubierto los servicios gratuitos de obras de teatro español, inglés (el National Theater todos los jueves ofrece una obra) y argentino (teatrix.com); he estado atento a las ruedas de prensa sobre el coronavirus del gobierno español, Boris Johnson y Trump; he navegado por la red y leído más medios digitales que antes; me he comprado una mini bici estática portátil para hacer algo de ejercicio, en realidad son unos pedales (la entrega de Amazon fue curiosa: me dejan la caja en el portal, esperan a que baje y cuando me ven salir del ascensor se despiden); etc. Curiosamente he estado menos activo en redes sociales a pesar de disponer de más tiempo, salvo el Whatsapp que ha echado humo. Quizás las barbaridades que he leído a tantos Premios Nobel me han retraído. E indignado. Aunque reconozco que he disfrutando eliminando peña y practicando el bloqueo preventivo. Otro aspecto que me llama la atención es que estoy leyendo muy poco. Me refiero a libros. Sean novelas o ensayos.

La apertura y liberación de archivos de música en directo es una gozada. Destaco los festivales de jazz de Montreux y los de la Orquesta de Jazz del Lincoln Center de Nueva York, bajo la sabia dirección artística de Wynton Marsalis. He elegido su concierto dedicado a Miles Davis para su disfrute.

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Oficialmente ya soy escritor

Cafetera de letras

Oficialmente ya soy escritor, al menos de cara al Reino de España. Me acaba de llegar el SMS con la notificación de la TGSS. Confirman la tramitación de mi alta. Antes tuve que pasarme por Hacienda.

Lo de la cita previa en Hacienda es un desastre. Me citaron el pasado día 9 a las 11:40. A las 12:15 aún no me habían llamado. Pedí el formulario para reclamar. Te pones a la cola en el puesto de información, das la charla (comentas airadamente que mucho funcionario de charleta, poniéndose abrigos para salir a fumarse un pitillo o tomarse un cafetito y mientras la ciudadania tiene que aguantar pacientemente) y te dan el papel a rellenar. Coges número para otra cola: la del registro para entregar el formulario con la protesta. Y en esas te llaman, a las 12:29. 49 minutos más tarde de lo que te habían citado. Para este viaje no hacen falta estas alforjas. Va uno, sin cita previa, armado de paciencia y buenas lecturas. Se espera lo que haga falta (y eliges el horario a tu conveniencia). No este engañabobos de la cita previa que además es como el perro del hortelano, porque no te puedes presentar sin más.

En CEDRO, la sociedad de gestión de los escritores, ya estaba dado de alta. Pero es una asociación privada. Lo oficial es la Seguridad Social y Hacienda.

P.D.: Cuando en Hacienda me sellaron la reclamación observé que se comprometían a contestar en 15 días. Veremos.

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