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Dos noches inolvidables con Miguel Ríos celebrando los 40 años del «Rock & Ríos»

Ricardo Rubio Europa PressMiguel Ríos y sus aliados volvieron a hacerlo. Lo de Miguel, a sus espléndidos 77 años camino de los 78, entra dentro de lo sobrenatural. ¡Qué fuerza, qué derroche de energía! ¡Y la voz! Pleno de facultades cada vez canta mejor. Anoche repitió su excelente actuación del día anterior. Dos noches seguidas dándolo todo, empujado por su público, los aliados de la noche. Además de los otros aliados, los excelentes músicos que forman la banda de esta celebración de los 40 años del «Rock & Ríos» más los artistas invitados.

Los asistentes de ambas noches estuvimos entregados desde los primeros acordes. Los de ayer fuimos los mecenas, como nos definió Miguel desde el escenario. Porque agotamos las entradas del WiZink rápidamente, propiciando una segunda fecha (la del viernes). No se trata de establecer un concurso de fidelidad o de quiénes son más fans, mas los hechos son los hechos.

Comentaba después del concierto con Javier Vargas y Osvi Grecco (a quien hacía tanto tiempo que no veía que le deseé un feliz siglo), la excelente cosecha de guitarristas eléctricos del país. En el país de la guitarra ni más ni menos. Y lo acontecido con la española, clásica o flamenca sucede también con la eléctrica. Repasé de memoria una breve lista que incluía a los que han pasado por las bandas de Miguel Ríos, incluidos los de estos 40 años del «Rock & Ríos» que además de los fijos contaron con la presencia de dos fieras como el mencionado Vargas y Jorge Salán (excepcionales ambos las dos noches), Los Canarios, los de la música progresiva catalana, los tres de Loquillo (con mis queridos Igor Paskual y Josu García) o el gran Ray Gómez. Salvador Domínguez, el gran ausente (reemplazado por Salán), es otro nombre que además de sus proyectos ha militado en bandas de Miguel y en Canarios (aparte de Los Pekenikes). Antonio García de Diego miembro de la banda original del «Rock & Ríos» también estuvo en Canarios. Precisamente respecto a Antonio descubrí hace poco sus problemas con los dedos, algo tremendo para un guitarrista. Cuando me acerqué con Miguel a lo de Paco Gento me enteré del problema. El hijo mayor de la leyenda blanca le comentó a Miguel que lo de Antonio estaba camino de solucionarse. Anoche Antonio me contó el calvario que pasó. Afortunadamente superado. Todos los guitarras con los que hablé tras el concierto citaban a John Parsons. Y también alabamos la labor de José Nortes, apoyo fundamental de Miguel Ríos, cuya labor a la guitarra a veces se olvida. Al igual que Parsons siempre está ahí.

La gran diferencia entre ambos conciertos estuvo sobre el escenario y en parte fue técnica. Ayer músicos e invitados se escucharon mejor, algo que afecta especialmente a quienes cantan. Pero como me dijo Vargas cuando «pisas el escenario tienes que darlo todo incluso en las peores circunstancias. No valen las excusas». Esto Don Miguel lo sabe a la perfección y su entrega superó las dificultades del viernes. La otra gran diferencia fue que ayer estaban más rodados. Se notó mucho en algunos de los invitados que repitieron como Anni B Sweet o Rosendo. Ella no tiró del comodín del sonido y enarboló la bandera de la sinceridad: «No me había visto nunca frente a tanta gente. Estaba nerviosa y me olvidé del principio de la letra. Me quedé en blanco. Hoy ha sido distinto, los nervios quedaron superados». Rosendo por su parte volvió de su retiro de la música para participar en la fiesta de Miguel Ríos. El «Maneras de vivir» y su presencia entusiasmaron al respetable. Fue uno de los momentos cumbres de los conciertos. En el primero estuvo menos suelto que en el segundo. El primero fue «como un buen ensayo general» según me dijo Carlos Narea, a quien me encontré el sábado a primera hora de la tarde debajo de mi casa (venía a recoger a su hijo Pablo, uno de los dos bateristas, que está viviendo en el portal de al lado). Y recordamos que hace 40 años sucedió lo mismo. Los problemas del primer día quedaron superados el segundo. No puede haber más fidelidad cuatro décadas después.

Otras diferencias fueron en los invitados. Por ejemplo, Carlos Tarque estuvo el viernes pero no pudo ayer. La gran Rebeca Jiménez no pudo el primer día (tenía un bolo en Barcelona) y anoche nos cautivó, como siempre, en «Reina de la noche«. Eva Amaral también estuvo mejor el 12. Y se notó sobre el escenario cuando ella y Miguel se arrancaron a bailar durante «El río«, superadas las dificultades del 11. Se la notaba más suelta y disfrutando con el momento. Pasó lo mismo con Alejo Stivel, mejor ayer. En cambio su compañero Ariel Rot anoche tuvo problemas al principio porque no le sonaba la guitarra en el «Sábado a la noche» de Moris. Fueron apenas unos segundos.

Johnny Cifuentes de Burning también estuvo más cómodo ayer en su «Mueve tus caderas«. Lo mismo puede decirse de los Vetusta Morla, Pucho y Guille Galván, que lo bordaron en «Extraños en el Escaparate«. Y de los Topo en su emocionante «Mis amigos dónde estarán«. En cambio a mi parecer Mikel Izal estuvo mejor el viernes. Quien estuvo espléndida los dos día fue Lucía Ruibal.

La hija de Javier Ruibal, presente también los dos días, me impresionó. Suele suceder que cuando descubres algo por primera vez quedas deslumbrado por el impacto recibido. Lo difícil es que esas sensaciones iniciales se repitan una segunda vez. Pues con Lucía Ruibal me sucedió. Y así se lo dije, entregado a su arte. La fina estampa de la bailaora, su presencia, sus taconeados, sus movimientos de brazos y el juego final con el mantón volvieron a tocarme en lo más hondo.

Víctor Manuel, quien derrocha sabiduría y veteranía a raudales, estuvo enorme en los dos recitales. Su letra del «El blues del autobús» es todo un clásico de nuestra música popular.

Ovidi Tormo, cantante de los valencianos Los Zigarros, solo estuvo el sábado. Al igual que Javier Bardem.

Nuestro laureado actor voló desde Los Ángeles para el evento. Aterrizó el mismo sábado para arrancar el concierto con «Bienvenidos«. Un reto al que se sumó Lua, la hija de Miguel Ríos. La salida al escenario de Bardem actuando como el Miguel de hace 40 años fue recibida con una estruendosa ovación. La primera de las muchas que hubo a lo largo de la noche. Vicente Paniagua, mi aliado anoche, tomó esta instantánea desde nuestras localidades. Recoge el primer momento en que cantaron juntos.

Paniagua

Cantar con Miguel Ríos es un reto para cualquier cantante. Porque el maestro granadino es el mejor. Así que imaginen lo que debió de pasar Bardem, sobre todo en un himno como «Bienvenidos«. Salió airoso del trance en la opinión mayoritaria del respetable. La alegría de verle superó sus limitaciones. La foto de Juan Barbosa publicada en El País es el documento gráfico profesional del momento.

Juan Barbosa El País

Asumo que se habrán percatado que toda esta ristra de elogios tienen un artífice, que no es otro que Miguel Ríos. Grande entre los grandes, su esfuerzo, sus ganas, han sido esenciales para poner en marcha esta fiesta del rock español, celebrando los 40 años del «Rock & Ríos«. Igual que hace cuatro décadas con los conciertos originales. Indudablemente hay un equipo detrás, a los que el propio Miguel agradeció, pero es él quien lidera la operación. Su público, nosotros, se lo hemos agradecido llevándolo en volandas dos noches seguidas. Agradeciéndole con pasíon la suya, la que despliega en todos sus emprendimientos. Hemos estado con él de principio a fin al igual que él con nosotros. Abriendo caminos.

Habrán podido comprobar que no he seguido el orden del repertorio interpretado. Me he dejado llevar por las emociones y los recuerdos. Esta parte emocional es el denominador común de ambos conciertos, tanto por parte de músicos como de público. Por esto mismo he dejado para el final el «Himno a la alegría«, cuyo mensaje es tan necesario desde hace siglos. En los dos conciertos encendimos el WiZink durante esta canción. Y representa una metáfora perfecta del paso del tiempo. Hace 40 años eran mecheros y ahora son móviles los que iluminan nuestras emociones.

P.D.: la foto del encabezado, de Ricardo Rubio de Europa Press, es del concierto del viernes 11 de marzo.

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Apoteosis de Miguel Ríos en el WiZink

Edu Galán

La celebración de los 40 años del «Rock & Ríos» de anoche en el Wizink fue apoteósica. Miguel Ríos convirtió el aniversario en la gran fiesta del rock español. Sobre el escenario juntó a varias generaciones de músicos, estrellas de nuestro rock. Y también se rindió homenaje a los desaparecidos en combate durante el «Mis amigos dónde estarán» de Topo, atención spoiler, con la participación de José Luis Jiménez y Lele Laina. Al ver en las pantallas la imagen del enorme Jesús de la Rosa eché en falta a Tele, el batería de Triana (en mi opinión Triana y Los Brincos son los mejores grupos españoles de la historia). Sucedió en la parte final del recital, en la que se rindió tributo a algunos himnos clásicos del rock nacional. Los que no pertenecen al repertorio de Miguel Ríos, ya repasados anteriormente como hace 40 años en los conciertos originales del «Rock & Ríos«.

Precisamente ayer al igual que entonces se arrancó con el «Bienvenidos«, uno de tantos himnos que son bandera del infinito pionero del rock & roll patrio. A las 22:00 puntualmente se apagaron las luces del recinto, se vieron las sombras de los músicos salir a escena y al poco (menos de dos minutos) sonaron los primeros acordes del inmortal tema compuesto por el propio Miguel (letra) y Tato Gómez (música). Tato, coproductor junto a Carlos Narea y Miguel de la grabación del «Rock & Ríos«, estuvo presente ayer al bajo, como miembro de la banda original de hace 40 años. Este inició nos incendió a todos. Por todos me refiero a los músicos -incluidos los artistas invitados-, y al público que llenaba el recinto (salvo algunos huecos en la zona de invitados de las sillas de pista). La comunión fue perfecta. Y dio lugar al denominador común de la noche: el buen rollo. Tanto en el escenario como en las gradas. Buen rollo que ha caracterizado, a lo largo de las décadas, la carrera del incombustible Miguel Ríos.

No quiero hacer spoilers (salvo el del principio) para no desvelar sorpresas a quienes asistan esta noche. Que era el primer y único concierto previsto. Mas al agotarse rápidamente las entradas se añadió una segunda fecha, la de anoche. Así que dejo para mañana la crónica del concierto, que será la de los dos.

Tras dos horas y 19 minutos de un concierto pleno de emociones a flor de piel se echó el cierre. Si nosotros, el público, estábamos exhaustos de disfrutar cantando, aplaudiendo, bailando, resulta fácil imaginar el estado de los músicos y del propio Miguel. Poco antes de la traca final a nuestro héroe, nuestro hermano mayor, se le encendieron las mejillas del esfuerzo. Y al final se le veía visiblemente emocionado y fatigado. Lo de este hombre, el sumo sacerdote del rock español como le ha definido Edu Galán, es sobrenatural. Supera todas las leyes físicas. Es un portento.

MR

P.D.: la foto del encabezado es del Facebook de Edu Galán y la pésima de abajo es mía (recoge el momento en el que Miguel guitarra en mano cantó el «Himno a la alegría«, que estos días vuelve a tomar significado al igual que un par de temas de John Lennon). Al fondo se pueden distinguir las siluetas del gran coro que acompañó este tema y otro más.

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Noche enorme de Miguel Ríos en Madrid

MT y TBBT

Anoche estuvimos gozando de la enorme actuación de Miguel Ríos y The Black Betty Trio en el Botánico de Madrid. Casi dos horas y cuarto de concierto que nos dejaron boquiabiertos y entusiasmados. Un recital de «rock acústico en español», como bien definió el maestro desde el escenario. Y en el que presentó las canciones de su excelente nuevo álbum «Un largo tiempo» («El blues de la tercera edad«, «La estirpe de Caín» y «Memphis-Granada» crecen con cada escucha) y repasó las más conocidas de su extenso repertorio de éxitos. El buen rollo fue la nota predominante de la noche. Como bien se aprecia en la foto de La Mundana.

Buen rollo tanto en el escenario como en el público que llenó el recinto (con las limitaciones de aforo por la pandemia). Al igual que en el showcase de la Galileo me impresionaron los arreglos en temas marchosos, sobre todo en el «Bienvenidos«, donde el violín de Manu Clavijo mantenía la tensión rockera. En aquella ocasión del 7 de junio, onomástica de Don Miguel, quizás el empeño resultase más fácil al tratarse de un evento en petit comité. Lo del Botánico era otra cosa y temía que la ausencia de batería se notase. Estaba equivocado. No solo no se notó es que ni siquiera se echó en falta. Ni en el citado «Bienvenidos» ni en «Los viejos rockeros nunca mueren» y tampoco en «Rocanrol bumerang«. Todo un mérito de los arreglos, que suplieron a la perfección la ausencia redimensionando las canciones. En este aspecto un arreglo jazzero a uno de los temas fue sencillamente magistral. Y además sirvió para que todos los músicos se luciesen con sus respectivos solos.

Finalizado el concierto pude conocer a Jose Nortes y felicitarle por su labor. Como también hice con mi admirado Luis Prado (se volvió a salir con un tema propio, «Estoy gordo«, que sirvió de interludio) y me presenté a Gaby Pérez, imprescindible en su labor de multiinstrumentista, y a Manu Clavijo (con quien tenía pendiente concertar una cita para un libro que está escribiendo).

Al maestro Ríos cuando le comenté que le encontré en un estado espléndido de forma, cantando como nunca -con fuerza, garra y sentimiento- me dijo que «Me estoy cuidando como nunca lo he hecho. Solo vivo para esta gira». Y se percibe, porque está hecho un chaval, derrochando entusiasmo, con la madurez y experiencia que dan sus años de carrera y carretera. 

La apoteosis final llegó con dos hits clásicos, «Santa Lucía» y el «Himno a la alegría«, con todo el público cantando ambas canciones. Nuevamente, vuelvo al tema de los arreglos. Hay que tener bemoles para hacer el «Himno a la alegría» en formato acústico reducido y salir airoso. Los tuvieron y salieron a hombros del recinto. La sonrisa y las caritas de felicidad de todos los asistentes al abandonar el Botánico eran la mejor prueba.

P.D.: me van a tener que disculpar la mala calidad de mis dos fotos.

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Miguel Ríos pletórico en la Galileo

77

Un Miguel Ríos pletórico desgranó las canciones de su nuevo álbum «Un largo tiempo» desde el escenario de la sala Galileo, con motivo de su 77 cumpleaños. Onomástica que celebró haciendo lo que más le gusta, cantar. Y vaya si cantó. Está en plena forma.

Por la mañana presentó a los medios su nuevo trabajo e interpretó tres temas. Entre ellos uno nuevo, «Hola Ríos, Hello«, que es una revisión del «Bye Bye Ríos«. Como si fuese la respuesta a su canción de despedida y que ahora se convierte en el himno de su regreso. Precisamente con esta novedad arrancó su sesión en la noche de ayer. El ingenio de la letra hizo las delicias de los afortunados que tuvimos el honor de asistir a este recital en formato acústico. A Miguel le acompañaban los ya clásicos The Black Betty Trio, que eran cuatro. El maestro Ríos lanzó una afortunada comparación: «Como los tres mosqueteros, que también eran cuatro». Para escuchar la canción pinchen en este enlace de Rock FM, que incluye la letra y la filmación del directo para los medios.

A partir de ese brillante y sorpresivo arranque todo fue un torrente de emociones. Un enorme Miguel Ríos dominaba el escenario, sentado en un taburete y a veces de pie. Siempre ha transmitido lo que antaño se llamaban buenas vibraciones y ahora es buen rollo o buena vibra.

Que me aflorasen las lágrimas con algunas de sus canciones inmortales tiene su lógica. La edad, la mía, y la nostalgia son factores determinantes a la hora de escuchar «El río«, «Santa Lucía» o «Bienvenidos«. De esta última destacar la fuerza del arreglo en su versión acústica, donde el violín (Manu Clavijo) me llamó poderosamente la atención. Lo que ya es más raro es que los temas del nuevo disco «Un largo tiempo» también me pusieron los pelos de punta. Venía a confirmar mi primera impresión sobre la extraordinaria calidad de esta grabación. En su día comenté que estábamos ante uno de los grandes álbumes de Miguel Ríos. Y en algún momento establecí una comparación entre «Un largo tiempo» y el último de Springsteen. El Jefe y el Boss. Pues bien, nuestro Jefe a sus 77 años recién cumplidos aún tiene cosas que decir. El Boss no, desafortunadamente. Uno, el nuestro, se ha rebelado contra la(s) desgracia(s) que nos ha tocado sufrir y el otro se ha secado. ¡La talla creativa de Miguel Ríos y su compromiso no conoce límites! Y nunca podremos agradecérselo lo suficiente.

Tras el concierto Miguel y los músicos bajaron del escenario. Fue el momento de encuentros y conocimientos (como Edu Galán). Pude saludar a Carmen Peire, Manuel Notario, a Lua la hija de Miguel (quien sacó la tarta de cumple al escenario), Luis Prado (el Señor Mostaza, cuya labor al piano es tan importante en The Black Betty Trio), Carlos Rioyo. Me quedé con ganas de conocer a Manu Clavijo, a Jose Nortes, indispensable colaborador en esta etapa de Miguel Ríos, y a Gaby Pérez el multiinstrumentista (varios tipos de guitarras, banjo, etc.), quien nos mostró su tatuaje de Robert Johnson. Al entrar a la sala coincidimos con el gran Antonio García de Diego. Nos deseamos feliz siglo, porque no nos veíamos desde el siglo pasado. Y ya dentro confirmé que quien en la calle me había parecido ser Víctor Manuel efectivamente lo era. También hacía tiempo que no nos veíamos.

Por supuesto, Los Mundano nos hicimos la foto de rigor con el gran Miguel Ríos. ¡Todos enmascarados!

Los Mundano y Miguel Ríos 070621

P.D.: la foto de la tarta es de Ángel Díaz Briñas (Diario de Ávila) y la de los tres de unos amables jóvenes que se ofrecieron a disparar la foto, vistas nuestras dificultades para hacernos el selfie.

P.D. bis: el corazón me dio un vuelco cuando Miguel me mencionó al presentar el «Que salgan los clowns«.

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Espectaculares Wyoming & Los Insolventes

10-aniversario-wyoming-los-insolventes-con-artistas-invitados-en-madrid-1Sencillamente espectaculares anoche Wyoming & Los Insolventes celebrando sus 10 años de existencia. Si ya son buenos de por sí (tuve ocasión de comprobarlo en Coruña el pasado mes de diciembre) anoche en La Riviera, durante las casi dos horas y media de concierto, con semejantes ilustres invitados pusieron boca abajo el recinto que estaba a rebosar. A los nombres que hay en el cartel del encabezado habría que añadir y destacar alguno más. Como el de dos grandes cantantes Jesús Trujillo de King Sapo (quien sí aparece) y Maikel Rodeiro (baterista además del trio ferrolano Malditos Pendejos; también es infante de marina del Tercio Norte). Poderosa voz la de Maikel y dúctil al mismo tiempo. En el escenario lució una camiseta de Malditos Pendejos y una espectacular corbata con tres figuras en blanco y negro de Elvis. «Lo siento, tuve que dársela a Rosendo» se excusaba ante mi pregunta sobre la corbata, apoyados ambos en la barra del Galileo Galilei, a donde habíamos acudido tras el show de La Riviera.

El repertorio de Wyoming & Los Insolventes es insuperable (y cambiante, porque hubo variantes respecto al de Coruña de hace 10 meses): clásicos de Beatles, algunos pasados por el tamiz de Joe Cocker y Leon Russell (del «Mad Dogs & Englishmen«) y que también se puede aplicar al «The Letter«, David Bowie, el momento apostólico sobre el «Land Of A Thousand Dances«, el «My Sharona«, The Clash, etc. y sobre todo algunos de los himnos inmortales del rock nacional. Que fueron los que más enfervorizaron al público presente. Le comentaba al final a Julián Hernández de Siniestro Total (una alegría verle de nuevo en forma tras un periodo complicado) que tres de Beatles, tres de Bowie y otras tres de Siniestro. La Mundana nos hizo esta foto al acabar, en un bar enfrente de La Riviera.

Julián SIniestro 261018

El dominio escenico de El Gran Wyoming es incuestionable. Aparte de su innegable faceta de showman. Aguantar el tirón de cantar tanto tiempo es admirable. Y además se marcó un excelente solo de guitarra (y presumió de ello, como no podía ser menos, además de vacilarle a ese estupendo guitarrista que es Miguel Ángel Ariza –»sí, sí, ahora afina, claro, después de esta exhibición que he dado»).

Los Insolventes no hacen honor a su nombre en cuanto a su solvencia musical: son excelente músicos. Y ayer contaron con los dos baterístas que han formado parte de su historia. Muchas veces tocando juntos (como hacían James Brown y la Allman Brothers Band que llevaban dos baterías). Otro subidón fueron las coristas. Las tres excelentes. En su punto justo, apoyando los temas y haciéndolos crecer. Mientras disfrutaban con su labor (y contagiaban ese entusiasmo). Fue una alegría ver a mi apreciada Cristina Narea como una de las tres integrantes. Lo mismo puede decirse de José Alberto Solís, al bajo y los saltos: entusiasmo contagioso. Y Mr. Cool, Manolo Villalta, a los teclados, con su sempiterno cigarrillo, creando «colchones» y ambientes sonoros que envuelven las canciones y proporcionan seguridad y bienestar al resto de los músicos. Mientras, a esas horas, se realizaba el recuento de las votaciones en SGAE. Villalta salió elegido para formar parte de la Junta Directiva. Ya le he dado el pésame esta mañana.

Drogas, Iván, Miguel, Eugenio,Julián, ROsen

Esta foto de los camerinos está «robada» del Facebook de Eugenio Muñoz. (La he recortado porque en la parte superior había mucha zona en negro). En ella, aparte de Eugenio, intimo colaborador de Rosendo, se encuentran varias de las estrellas del rock que arroparon anoche a Wyoming & Los Insolventes.

Algunas fotos mías del momento final cuando Wyoming reunió a todos sobre el escenario.

La Mundana me ha pasado las dos siguientes del apoteósico final con todos interpretando el «Maneras de vivir«.

Final Maneras de vivirFF Maneras de vivir

John Echevarría me ha pasado algunas fotos (desenfocadas). También rodó unos fragmentos del «Bienvenidos» de Miguel Ríos y el «Agradecidos» de Rosendo, que he subido a mis redes sociales. Subo aquí esta de Miguel Ríos porque, a pesar del problema técnico, me parece un fotón que recoge fielmente uno de los momentos cumbre de ayer (y recuerda a la portada de uno de sus míticos álbumes).

Miguel de John

Los hermanos Monzón (Seju y Chechu) me han hecho llegar fotos de gran calidad. No en vano son de Domingo J. Casas (un maestro) y una de Julio P. Sotillo.

Miguel y Chechu

Todos DomiTodos Julio

¡Una gran noche! Mágica, divertida y de muy buen rollo. Una noche de rock & roll. ¡Qué más se puede pedir!

P.D.: Me quedé con las ganas de hacerme una foto con dos de los prologuistas de mi dos últimos libros, Miguel Ríos y El Gran Wyoming. Me queda el consuelo de pensar que faltaba Igor Paskual por lo que la instantánea sería incompleta.

P.D. bis: No he visto ninguna reseña hoy en los medios. En cambio en youtube pueden encontrar la filmación de «En blanco y negro» con Enrique Villareal El Drogas y fragmentos de varias partes de la actuación.

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El CD/DVD Symphonic Ríos de Miguel Ríos

Así de brillante arrancaba el concierto de Granada recogido en el CD/DVD «Symphonic Ríos» del gran Miguel Ríos. Abrir con «Memorias de la carretera» es una novedad en las actuaciones de Miguel Ríos. Lo habitual era comenzar con «Bienvenidos«, un himno desde que apareció en 1982 (incluido en el ya clásico «Rock & Ríos«). Aquí lo funde con las «Memorias de la carretera» y queda fenomenal: nos introduce a la orquesta, nos acostumbra al sonido y rompe acto y seguido con el rock de «Bienvenidos«.

Hubo una época en que grabar pop o rock con orquestas sinfónicas no era inusual. La palma se la llevaban The Royal Philarmonic Orchestra (RPO) de Londres, quienes además grababan sus propios discos de repertorio «moderno». Recuerdo especialmente uno de temas de Pink Floyd. Como casi siempre las modas dejan de serlo y nos olvidamos de ellas. Se siguió haciendo pero menos y al dejar de ser una sorpresa no prestábamos tanta atención. Hasta que llegó un puñetazo sonoro como fue el de Aretha Franklin (con la RPO) en diciembre. O ahora este «Symphonic Ríos» que se presentó la semana pasada en rueda de prensa en el teatro Real.

También solemos olvidar (al menos a mi me pasa) la fuerza sonora que una orquesta puede imprimir. Grabaciones como esta de Miguel Ríos, o la referida de Aretha Franklin, nos recuerdan la versatilidad de los músicos sinfónicos (que o son jóvenes o lo han sido).  Y la garra la tienen independientemente del estilo que interpreten, sea Wagner o rock. Otra cosa bien distinta es que estén más familiarizados con un repertorio que con otro. En cambio, somos más conscientes del peso orquestal en los temas lentos, las baladas. En «Symphonic Ríos» con incombustibles como «El río» o «Santa Lucía» se toca el cielo. Decía Miguel en la rueda prensa que había cantado «Santa Lucía» de todas las maneras posibles pero nunca con una orquesta sinfónica. Ambos temas son éxitos claves en la trayectoria del más grande de nuestros rockers. «El río«, compuesta por Fernando Arbex (en esos momentos ex de Los Estudiantes y de Los Brincos) resucitó su trayectoria y fue el primer disco con Hispavox (tras el traspiés de Sonoplay). «Santa Lucía» fue su gran hit pop tras «Himno a la alegría» (Hispavox). Fue el cohete que propulsó al álbum «Rocanrol bumerang«, su primer LP en ser disco de oro.

La larga carrera de Miguel Ríos dificulta la selección de temas para configurar el concierto con la Orquesta Ciudad de Granada (dirigida por Josep Pons). Son demasiados clásicos de la música popular española. Y seguro que todos tenemos alguna olvidada entre nuestras favoritas. Pero es indudable que todas las que están lo son. Incluyendo algún rescate como el de «Boabdil El Chico (Se Va Al Norte)«, tan vigente hoy como en su día (y elogio el buen gusto de su recuperación). Y por supuesto ese medley final de rock & roll con «Rock Around The Clock/Roll Over Beethoven/What’d I Say«. Bill Halley, Chuck Berry y el tema de Ray Charles que inició un nuevo género, el soul.

Les dejo con «El río» que parece ser el tema elegido para promover este excelente «Symphonic Ríos«. Con los dos clips insertados en este post asumo que se hacen idea de este excelente CD/DVD. Y podrán comprobar que Miguel Ríos sigue siendo un cantante excepcional.

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