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Tarantino y Los Bravos

La tarde de ayer produjo una excelente noticia para la mejor época del pop español (1966-1976): se dio a conocer el trailer de la nueva película de Quentin TarantinoÉrase una vez en… Hollywood” y la música era un éxito de Los Bravos, “Bring a Little Lovin’” (al principio suena un tema del primer LP de The Mamas & The Papas).

No sería la primera vez que Tarantino usa música española. Ya incluyó “Tu mirá” de Lole y Manuel en “Kill Bill 2“. En esa ocasión el tema era en español (como los autores). Ahora es una composición en inglés para Los Bravos de Henry Vanda y George Young (entonces miembros del grupo The Easybeats; unos meses después de Los Bravos editaron su versión). En “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” escribía al respecto. Un mínimo extracto:

Los Bravos

Y también incluía en el libro una tabla con los éxitos de Los Bravos (las canciones en español son de Manolo Díaz excepto “Como nadie más” que era la adaptación de un tema de los Bee Gees).

Hits

 

TOP es la posición más alta en listas, en paréntesis el n.º de semanas que encabezó la lista y SL es cuantas semanas permaneció en listas.

Érase una vez en… Hollywood” cuenta con Leonardo DiCaprio, Margot Robbie y Brad Pitt en los papeles principales. Localizada en el Los Angeles de 1969 aparecen personajes basados en personas reales de la época como Bruce Lee, Steve McQueen o Sharon Tate (asumo que Manson también). El estreno está previsto para agosto.

De despedida el clip original de “Bring a Little Lovin’“. ¡Así de modernos éramos!

 

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Robin Gibb, Maestro… (por Elena Gabriel)

Cuando escuchábamos “Idea”, “To Love Somebody” o “Spicks And Specks”, en los años 60, sólo sabíamos que esos tres chicos -en teoría australianos- tejían magia con sus voces.

Poco sabíamos del genio musical de Robin, el feo, el narizotas. Ignorábamos que era un maestro de la composición, del canto, de la guitarra, de los teclados… Los escuchábamos embelesados viendo llover desde nuestros dormitorios, en un pick-up, soñando con ser adultos un día.

Crecimos y ensanchamos el bajo de nuestros pantalones de pana y nos echamos a la pista, ya post- adolescentes. “Tragedy”, “Saturday Night Fever” o “Jive Talkin’” nos hicieron dar mil vueltas sobre nosotros mismos, en esas noches locas e idealizadas de los 20 años. Reyes del party, reyes del sábado noche. ¿Horteras? Tal vez… ¿Le importaba eso a alguien con esas voces?

…y pensábamos que el motor era Barry, porque daba la cara…

…pero era Robin, con su registro multifacético, y con ayuda de sus dos hermanos, quien nos ponía los pelos como escarpias.

Robin Hugh Gibb -nacido, junto a su hermano Maurice, el 22 de diciembre en la Isla de Mann, hijo de ingleses y criado en Manchester-, emigrante con su familia a Australia a los nueve años, integrante de un trío con su hermano gemelo y con Barry, el mayor. Cantaban canciones de Bob Dylan, Beatles y propias.

Responsables del mejor Pop en los 60 y del Disco Sound en los 70, escribieron las canciones más hermosas y las cantaron deliciosamente. En 1974 se vuelven bailones y nosotros con ellos. Dominan donde pisan. Fuertes en el escenario y mágicos en el estudio, siguieron juntos y por separado.

Robin Gibb fue prolífico en su carrera en solitario, con hits comoJuliety canciones hermosas y perfectamente estructuradas. Su carrera en solitario incluye seis LPs y una veintena de singles, amén de actuaciones en vivo y colaboraciones varias. Sus incursiones en el escenario fueron la guinda del pastel: mejoraba, si es posible, las versiones originales. Su prodigioso alcance vocal, su voz nasal esculpiendo armoniosos sonidos, enlazando notas y emociones, eran su sello de marca. Era el edulcorante de oídos y el arquitecto de esa maravilla…

Armonizaron como nadie: Barry era el rey del falsetto, Maurice era más standard. Pero Robin vibraba por encima de sus dos hermanos: su voz podía ser cavernosa o llegar a las cumbres más altas. De hecho, fue Robin el lead-singer original, destacando en “I Can’t See Nobody”, “New York Mining Distater Of 1941”, “Odessa”, “Lamplight” o “I’ve Gotta Get A Message To You”, entre otras. Siempre arropado por las volutas y las armonías de sus hermanos.

Fue un hombre feliz, casado dos veces, padre de cinco hijos, interesado por los Druidas, el budismo, vegano y con una visión de la vida muy serena. Músico polifacético y virtuoso.

Un cáncer acabó con su aflautada vida en mayo de 2012..

Gracias, por la música, Robin.

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Un siglo de canciones 98: “To Love Somebody” (por Elena Gabriel)

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