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Inside Job

27 de marzo de 2011

Inclúyanme entre quienes se alegraron de ver que el documental Inside Job ganaba un Oscar. La película nos recuerda que la crisis financiera de 2008, cuyas consecuencias siguen arruinando las vidas de millones de estadounidenses, no se produjo sin más: fue posible gracias al mal comportamiento de los banqueros, los reguladores y, sí, los economistas.

Lo que la película no señala, sin embargo, es que la crisis ha generado toda una nueva serie de abusos, muchos de ellos ilegales, así como inmorales. Y las principales figuras políticas están, después de mucho tiempo, dando algunas muestras de cierta indignación. Desgraciadamente, esta indignación no se dirige contra los abusos de los bancos, sino hacia quienes tratan de hacer que los bancos respondan de esos abusos.

El detonante inmediato ha sido el pacto propuesto entre los fiscales generales de los Estados y el sector de los servicios hipotecarios. Según el senador Richard Shelby, de Alabama, el pacto es una “estafa”. El dinero que se exigiría que los bancos asignasen a la modificación de hipotecas sería una “extorsión”, declara The Wall Street Journal. Y los propios banqueros advierten de que cualquier medida contra ellos pondrá en peligro la recuperación económica.

Todo lo cual confirma que los ricos no son como ustedes y como yo: cuando infringen la ley, son los fiscales quienes se ven sometidos a juicio.

(Paul Krugman: Un abuso de más de las instituciones)

El viernes se estrenó “Inside Job, el documental de Charles Ferguson que desvela las causas de la crisis financiera mundial provocada por las hipotecas subprime y señala a sus responsables. Ganador del Oscar al mejor documental, está narrado por Matt Damon y cuenta con el testimonio de inversores como George Soros y William Ackman, economistas como Nouriel Roubini, Raghuram Rajan y Simon Johnson, y del director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn (el sustituto del huido Rodrigo Rato).

Ferguson señala en su cinta a economistas, ejecutivos de los grandes bancos y políticos, quienes impulsaron la toma de riesgos para obtener mayores rentabilidades en los activos financieros. Cuando el director de la cinta recogió el premio de la Academia de Hollywood comenzó su discurso diciendo “discúlpenme, pero debo arrancar señalando que tres años después de que estallara nuestra horrible crisis causada por el fraude financiero masivo, ni un solo ejecutivo ha sido encarcelado, y eso está mal”.

Como curiosidad, en el dossier de prensa con información sobre la película, la productora Sony insertó una tabla con las notas que otorgan las agencias de calificación de riesgos a la solvencia de deuda pública y corporativa. S&P, Fitch y Moody’s tampoco salen indemnes de las críticas en el documental de Ferguson, del que recogiendo las palabras usadas por el crítico de cine de El País, Carlos Boyero, “en su intento por ser realista y didáctico le ha salido una extraordinaria película de terror“.

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Agravios comparativos 2 (Efe Eme)

10 de enero de 2009

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Empezamos el año como lo acabamos. Con los agravios comparativos que sufre el sector musical frente a otras industrias. Y si en el ultimo artículo del año hacíamos un preámbulo sobre como los medios y la blogoesfera se hacían eco de hechos intrascendentes frente a otros de más relevancia, en este primero del año me veo obligado a seguir ese mismo camino. Antes recordemos lo que escribía el 20 de diciembre:

 

[…] Pero antes de entrar en materia, un pequeño preámbulo. Referido a mis “amigos” de la prensa. Cuya objetividad y profesionalidad tantas veces he puesto en duda. Porque frecuentemente sus agendas de prioridades difieren de la realidad. Que es precisamente lo que deberían reflejar. No pretendo suplantarles, tan sólo emitir opiniones sobre asuntos que a algunos les pasan inadvertidos (interesadamente o no, allá ellos con su conciencia). […]

 

Y ahora resulta que la noticia de la multa a SGAE de sesenta mil euros –impuesta por la Agencia de Protección de Datos– no era tal. Teddy Bautista, máximo responsable ejecutivo de la Sociedad General de Autores y Editores, me mandó un email en referencia a lo publicado en “Agravios Comparativos”. No sólo coincidía conmigo en que sanciones de 615.000 Euros (AIE) y 815.000 Euros (AGEDI) eran más trascendentes que los sesenta mil sino que además me recalcaba la falsedad de la noticia. Adjuntaba documentación al respecto. Como es fácil de suponer me quedé de piedra. Y a pesar de los comunicados que tenía en mí poder no pude resistir la tentación de verificar con la fuente origen de la información: la Agencia de Noticias EFE.

 

Javier Lascurain es el subdirector de Nacional de la Agencia y me confirmó punto por punto lo relatado por Eduardo Bautista. Veamos el hilo de los acontecimientos: el abogado de la parte contraria a SGAE le mete un gol al redactor de EFE en Sevilla, quien redacta una noticia de un año antes. Y que EFE ya había distribuido el ¡28 de diciembre de 2007! Estamos en pleno puente y el domingo 7 de diciembre de 2008 la noticia -que no es tal- es distribuida a abonados y clientes. Con el resultado y repercusión conocido por todos. Pasado el puente, el día 9 de diciembre de 2008, la agencia EFE manda una nota de rectificación donde remarca que su noticia de hace 48 horas es antigua, está obsoleta y ya fue circulada ¡un año antes! Además hay que hacer constar que la sanción está recurrida y entra en conflicto con lo dictaminado previamente en noviembre del 2006 por la Audiencia Provincial de Sevilla (autorizando la grabación de vídeos para su uso como pruebas periciales) y avalado posteriormente por la sentencia dictada por la Sección 5ª de la Audiencia Provincial de Sevilla, en fecha 28 de mayo de 2008, que ratifica la licitud y legalidad de la prueba obtenida con la grabación utilizada en el procedimiento judicial. Imagino que me agradeceréis que os dispense del galimatías legal y me centre en la chicha del asunto: EFE comete un error que es amplia y profusamente recogido por los medios y la blogoesfera. Creo que es fácil entender la difusión inmediata si una agencia de noticias, tan reputada, te envía una noticia que además reúne varios ingredientes de “éxito” (rodaje de un vídeo en un salón de bodas por parte de un detective, multa a SGAE, puente vacacional y escasez de noticias, etc.). Lo que ya no es de recibo es ignorar la rectificación cuando esa misma agencia reconoce su error y manda una nota al respecto. Eso corresponde ya a otro tipo de actitudes y a esa agenda oculta, que tan frecuentemente aparece en mis escritos.

 

El “pim pam pum” contra SGAE es similar al recibido durante años por la industria discográfica, quienes tradicionalmente han sido los “malotes” de la película. Organizaciones como las patronales RIAA (USA) y la española Promusicae (antes AFYVE) se han llevado la palma de críticas, insultos, etc. Con razón o sin ella. Igual que SGAE. Y si hay una industria parecida a la musical esa es la del automóvil. Un PIB parecido (sumando ventas legales y piratas), dominado por un puñado de multinacionales, con problemas de adaptación a los nuevos tiempos, estructuras poco eficientes, costes difíciles de soportar, tejido industrial auxiliar del que dependen miles de personas, etc.

 

Leía hace unas semanas un informe estadounidense donde afirmaban que los niveles de consumo de gasolina de los modelos actuales –de los tres gigantes de Detroit– son como los del Ford T. El primer modelo fabricado en serie. Y ya ha llovido desde entonces…

 

En la edición “salmón” de El País del pasado domingo podíamos leerla industria automotriz es hoy un sector en peligro de extinción, por las deficiencias estructurales que arrastra desde hace 15 años y su incapacidad para adaptarse a un mercado cambiante que le pide coches más pequeños, ecológicos y eficientes. Y el momento, con la implosión de la crisis económica y financiera, no puede ser menos oportuno. En este momento las plantas de las marcas estadounidenses rinden al 68%. Las asiáticas van al 84%. A esto se le suma la percepción de que su producto es malo.” Igual que le ocurre a los CDs. Y cambiando descargas de Internet por las fábricas asiáticas se completa la foto.

 

Detroit no construye coches que la gente quiere, más eficientes y limpios”, afirma Andy Stevenson, del National Resources Defense Council. Rick Wagoner, consejero delegado de GM, y Alan Mulally, su homólogo en Ford, reconocen haber negado la realidad que se movía entorno a ellos y haber fallado al colocar en el mercado el producto equivocado. ¿Os suena a lo que se dice de las compañías discográficas?

 

Curiosamente, desde hace unos meses un músico aparece como “salvador” de la industria automovilística. Se trata ni más ni menos que del genial Neil Young. Ha transformado su Lincoln Continental de 1959 (un autentico monstruo consumidor de cantidades ingentes de gasolina) en un prototipo de coche eléctrico. Lo ha rebautizado como Lincoln Volt y lo va a presentar a un concurso –The Automotive X Prize Race– para elegir el modelo de coche de menor consumo energético (10 millones de dólares es el premio). La semana pasada Mr. Young publicaba su tercer artículo al respecto en The Huffington Post. Y está en línea con los planes del Presidente electo Obama, quien prevé que en los próximos diez años circulen por las carreteras americanas un millón de EVs (electric vehicles).  

 

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Ante la crisis todo el mundo pide ayudas a sus gobiernos (incluyendo los del porno, con Larry Flint al frente). ¿Y la música? Que atraviesa los mismos problemas que los de los coches. Quienes en España le han pedido 10.000 millones al Gobierno para afrontar la debacle (mientras su actividad se hunde en EE.UU.). El sector cree que en 2009 no venderá ni un millón de coches, como hace 13 años. ¿Pero qué quieren? Qué tengamos tres coches por habitante. ¿Se han vuelto locos? Y lo peor es aquello de “quien no llora no mama”. Así que no me extrañaría nada que la solicitud española llegue a buen puerto. Como así ha sucedido en USA donde dos de los tres grandes de Motor City (Detroit) ya han recibido el visto bueno al paquete de ayudas solicitado.

 

¿Y qué opinión nos puede merecer un sector que te devalúa el precio del coche recién comprado un 25% nada más salir del concesionario? Para que sigan diciendo que los precios de los CDs son caros…

 

¿Solicitarán ayudas económicas al Gobierno español los de la música? ¿Habrá un frente común y unido? ¿O seguiremos como siempre? Cada uno por su lado…

 

Publicado en Efe Eme

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Agravios comparativos (Efe Eme)

20 de diciembre de 2008

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He esperado para escribir este artículo. Quería que fuese el último del año. Y la velocidad de vértigo de los acontecimientos económicos ha demostrado lo acertado del planteamiento.

 

Pero antes de entrar en materia, un pequeño preámbulo. Referido a mis “amigos” de la prensa. Cuya objetividad y profesionalidad tantas veces he puesto en duda. Porque frecuentemente sus agendas de prioridades difieren de la realidad. Que es precisamente lo que deberían reflejar. No pretendo suplantarles, tan sólo emitir opiniones sobre asuntos que a algunos les pasan inadvertidos (interesadamente o no, allá ellos con su conciencia).

 

Hace unos días hemos tenido un claro ejemplo de lo que acabo de afirmar: la multa a SGAE de 60.000 euros impuesta por la Agencia de Protección de Datos por filmar en una boda. Ni me parece bien ni me parece mal. No soy competente para entrar en la materia. Pero si quiero resaltar como todos los medios, así como blogs y foros digitales, se han volcado en cubrir la noticia. Está claro que atacar a SGAE se ha convertido en la moda nacional. En el blog del padre de Ismael Serrano incluso llegaron a decirme eso tan manido de “por algo será”. Exactamente el mismo argumento que he escuchado tantas veces para justificar lo injustificable, como por ejemplo la persecución del pueblo hebreo (desde 1492 hasta el holocausto nazi, por marcar dos referentes históricos conocidos por todos). El caso es que esta sanción ha tapado otras dos de mucho más calado. Pero claro AGEDI y AIE “no venden”. El hecho es que la Comisión Nacional de Competencia ha hecho pública una resolución en la que impone a las entidades de gestión AGEDI y AIE multas de 815.000 euros y de 615.000 euros respectivamente, pues considera que abusaron de su posición dominante en el mercado de gestión de los derechos de propiedad intelectual. Tan sólo los importes marcan claramente las diferencias.

 

Confío que este ejemplo os ponga en situación de lo que pretendo explicar: los agravios comparativos que sufre el mundo de la música frente a otros sectores. Ya he escrito anteriormente sobre uno de los más obvios, el distinto trato fiscal. La música soporta el tipo máximo del IVA (16%) mientras otros “productos culturales” soportan el tipo mínimo. Como el Pronto, la revista de Ana Rosa o el AS (por citar solamente tres ejemplos). Además tienen la subvención por papel. Pero no parecen tener suficiente. Las empresas editoras de medios de comunicación han solicitado recientemente ayuda económica al gobierno, aprovechando la crisis. ¿Más aun? ¿Y quien ayuda al sector musical?

 

El sector de la construcción español representaba un 18,5% del PIB  que es casi el doble que el de la media de la eurozona. Esto más que síntoma de fortaleza era termómetro de lo que se avecinaba. Porque esa distorsión al alza no podía presagiar nada bueno. Y ante la crisis ¿a quien ayudaran nuestros gobernantes? Las discográficas llevan en crisis desde el cambio del siglo. ¿Las ayuda el gobierno? Quizás habría que haber nombrado a un asesor de La Moncloa como jefe de la patronal (Promusicae) como han hecho los constructores. Me podréis argumentar que la crisis de la construcción arrastra a promotoras inmobiliarias, empresas auxiliares, bancos y cajas que ven peligrar el pago de sus hipotecas y prestamos, etc., etc. Pero la industria discográfica también crea un tejido industrial de empresas de servicios auxiliares (estudios de grabación, fábricas, imprentas, diseñadores, transportistas, etc.). Y el crédito bancario se les ha restringido desde hace al menos cuatro años. Especialmente a las independientes. Y no se han producido suspensiones de pagos como las de Habitat, Riviera Invest (¿una estafa?), Obralia, Pedralbes, Cenavi… o Martinsa, la mayor de la historia de España. Todo un escándalo porque se apuntaron revalorizaciones de terrenos hasta del 19.000% (y su propietario retiró poco más de cien millones de la caja de la empresa antes de presentar la situación concursal y posteriormente se declaró insolvente). Constructores que en Madrid provocaron la repetición de las últimas elecciones autonómicas. Y son poderes fácticos en tantas autonomías (Baleares, Murcia, Valencia). ¿Algún ejemplo equiparable en la música?

 

El jueves de esta semana el diario El Mundo llevaba a su portada el siguiente titular “Aguinaldo fiscal del Gobierno a los banqueros y sus ejecutivos”, que aderezaban con un editorial “Un favor inexplicable del gobierno a banqueros y bancarios”.

 

Evidentemente somos los contribuyentes los que pagamos la fiesta de los demás.

 

Si anteriormente mencionaba la aportación del ladrillo al PIB, es lógico que haga lo mismo con la música. Pero antes veamos algunos datos de finales del siglo pasado. Creció del 3,1 en 1992 al 4,5 en 1997, cuando el Top Manta y las descargas de Internet estaban bajo mínimos. En seis años, entre 2001 y 2006, la venta de discos en España ha caído más de la mitad, y mantiene un ritmo de descenso imparable que dibuja un negro panorama y un futuro más que incierto para las discográficas que continúan abiertas, a pesar de las dificultades. Este descenso representa un 0,10% del PIB. Según los últimos datos disponibles estaríamos hablando –a pesar de todo- de un 5% del PIB. Y particularmente pienso que deberíamos considerar la economía sumergida (“la piratería”) y a lo mejor la cifra se dispararía al 7%. En cualquier caso representa más que el sector de la energía. Que también está subvencionado y hemos estado pagando –desde hace años- ese impuesto por pasar a tener competencia. Vamos, que de ser un monopolio se les privatiza y además les tenemos que financiar las instalaciones e inversiones que “les hemos regalado”. ¿Se conocen otros casos similares? En la música desde luego que no.

 

No me he olvidado de los puestos de trabajo perdidos. En 2003 según el libro blanco de Promusicae (que representa el 93% de las ventas) había 52.850 personas, después de una destrucción de empleo del 20% desde el 2000. Más lo que vino después, que han sido los peores años.

 

¿Hay agravios comparativos? La respuesta no está en el viento. Al menos para mi está en las cifras y datos… y no en atacar sin ton ni son desde todos los frentes a las discográficas y a SGAE.

 

Publicado en Efe Eme

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