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Una nueva matinal

Programa Auditorio

Hacía ya unas semanas que no acudíamos a una matinal en el Auditorio Nacional. Ayer celebramos el 1 de mayo por partida doble al ser el primer domingo de mayo. El repertorio y los autores prometían: Béla Bartók y Serguéi Rajmáninov (que ahora se escribe así). Coincidía que era el cuarto y último concierto del «Ciclo Descubre… Conozcamos los nombres«. Un ciclo que nos ha encantado por su alto valor pedagógico. Irene de Juan fue la encargada de presentar e introducirnos en las obras y los autores.

A Bartók le tengo una devoción especial. Por su labor como investigador del folklore y las canciones populares de sus Cárpatos natales. Su pueblo, hoy perteneciente a Rumanía y al Imperio Austro-Húngaro cuando nació, esta enclavado en una zona en la que la influencia de la Eslovaquia actual también está presente. Precisamente las «Tres escenas campesinas» se enmarcan en la tradición popular eslovaca.

De las «Danzas sinfónicas» de Rajmáninov, su última obra compuesta antes de fallecer, me impresionó el segundo movimiento. La Mundana y un servidor coincidimos que fue lo mejor de la matinal (descontado el tradicional control de avituallamiento posterior). En tiempo de vals este andante con moto le da una vuelta de tuerca a este baile sin perder su esencia. Les dejo con una interpretación de este segundo movimiento, elegido por ser una grabación reciente (2020), editada el año pasado.

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Del Auditorio al Bernabéu

AN

Hoy domingo será una jornada de música y fútbol, desde el Auditorio Nacional (12:00) al Bernabéu (21:00), con el Barça-Atlético de Madrid en medio (16:15).

El programa de la Orquesta Nacional presenta obras de dos compositores tan diametralmente opuestos como Bela Bartók y Mozart. La propuesta me resulta tan atractiva como arriesgada. El siglo XX y el XVIII en un mismo concierto, con repertorio de dos músicos que fueron niños prodigios.

El partido del Real Madrid se las trae. Por varios motivos. El primero porque estamos en el tradicional bache que atravesamos en esta época del año. Es la pausa necesaria para recuperar el tono de cara a los momentos decisivos en Liga y Champions, donde tenemos que superar los octavos de final. Sufrimos en Copa frente al Elche ahí, pinchamos contra ellos en Liga aquí y nos ha eliminado el Athletic Club de Bilbao en los cuartos de la Copa. Era nuestro cuarto enfrentamiento con los bilbaínos en menos de dos meses. Ganamos los tres anteriores. Los dos de Liga y la final de Supercopa. De los cuatro el menos relevante ha sido el que hemos perdido. Los seis puntos de Liga son vitales, si nuestra aspiración es ganar esta competición, un trofeo de caza mayor. La Supercopa es un título, el primero de la temporada. Y lo hemos ganado. No digo que sea bueno haber sido eliminados, porque perder nunca es positivo. Pero nos ha aliviado el calendario. Son dos partidos menos antes del PSG, en un calendario ya recargado. El otro motivo principal es por el empate ayer del Sevilla en Pamplona y el enfrentamiento entre el Barça y el Atleti. El empate es lo que más nos conviene, siempre y cuando nosotros ganemos al Granada. Una derrota culé o rojiblanca dejará tocado seriamente al equipo perdedor. Los tres puntos frente al Granada son vitales. Y no será fácil. Para nada. 

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Se completó el milagro de Nadal: 21

El País

El milagro de Rafa Nadal se completó de la forma más dramática posible: en cinco sets y tras perder los dos primeros. La remontada para conseguir su Grand Slam número 21 fue épica. Como todo lo acontecido antes de llegar a este Open de Australia. No les voy a contar el partido, tan solo el resultado, porque ya lo habrán visto en todas partes. Por mi parte no supe el desenlace hasta las 20:40 más o menos.

Ayer por la mañana salí de casa rumbo al Auditorio Nacional con 2-2 en el primer set. Dejé el partido grabando. Terminado el concierto (maravilloso en su totalidad, con obras de Turina -nieto-, Prokofiev y Shostakovich), nos dirigimos a nuestro habitual aperitivo. Dada la hora, sobre las 13:45, las mesas al sol estaban llenas. Pensé para mis adentros que mejor, porque seguro que los músicos de la Orquesta Nacional que frecuentan La Quinta comentarían el resultado. Nos acercamos a un local de al lado (marroquí o árabe). Asumo que supondrán que no tenía el teléfono encendido. Poco después de las 15:00 horas llegamos a casa. Comimos y calculé que de haberse jugado cinco sets ya estarían finalizados. O a punto. Comprobé el menú de grabaciones y efectivamente estaba disponible para su visionado.

Arrancamos desde el 2-2 del primer set. Sufrimos viendo como Nadal se desplomaba y perdía 6-2. Medvedev ganó cinco juegos seguidos, desde el empate a dos hasta el sexto con el que cerró la manga. Sufrimos mucho más aún cuando Nadal desaprovechó la ventaja para ganar el segundo set e igualar el partido. Lo perdió en el tie break, tras un buen arranque en el que logró una rotura de servicio. Un set tan largo y dispar suele ser un arma moral para quien se impone. Y desmoralizador para quien lo pierde y más si se le ha escapado el triunfo. Pero Rafa Nadal está hecho de otra pasta. Se sobrepuso a las dificultades en su juego de las dos primeras mangas y a los altibajos del tercer set, que acabó ganando 6-4. El cuarto era vital. Ganar era la tabla de salvación para poder seguir aspirando a ganar su segundo Open de Australia, en su sexta final. Y en este cuarto set comenzó nuestro drama. Con 2-2 la grabación se terminó. Eurosport había previsto 4 horas y 25 minutos de transmisión. Ellos siguieron emitiendo el partido en directo, mas nadie se molestó en cambiar los parámetros de su programación. 2-2 en el cuarto set y nos quedamos a dos velas. Acudí rápido al menú de los últimos programas emitidos y ahí estaba la final. Seleccioné y busqué el momento donde se había interrumpido mi grabación. Volvió a suceder lo mismo. Se paraba a las 4 horas y 25 minutos. Sobra decir que estábamos desesperados. Busqué en la guía de TV y descubrí que el segundo canal de Eurosport estaba emitiendo un resumen. Terminaba a las 19:00. Lo puse a grabar. Y seguimos incomunicados y esperando que dieran las siete de la tarde para empezar a ver el resumen.

La primera media hora del resumen la pasé fastforwardeando. Arrancaba con el final de una retransmisión de ciclismo, seguía con anuncios y momentos estelares de retransmisiones previas de ciclismo, billar y esquí. Cuando finalmente se pusieron a la final de Australia comenzaron con los sextos puntos del tercer y cuarto set. Ambos ganados por 6-4. En nuestro caso saltábamos de un 2-2 del cuarto al 5-4 previo al 6-4 final. Menos mal que el quinto y definitivo lo pusieron entero.

A la emoción e incertidumbre del partido se unió esta circunstancia. Mereció la pena. Porque ganó Rafa Nadal 7-5, tras desaprovechar un servicio para ganar y posteriormente romper el del ruso. Le comenté a La Mundana la primera vez que Nadal no desaprovecha las ocasiones. Me equivoqué. Cuando volvió a sacar para ganar dije que había malgastado la primera bala y que era imposible que volviese a hacerlo. Así fue. El 7-5 de este quinto set era el broche de oro a un partidazo. En el que Nadal se consagró como el tenista que más Grand Slams ha ganado de la historia.

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Oferta en Amazon de «Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo»

Oferta Amazon R&R

Esta mañana, tras poner la cafetera, encendí la tele para ver la previa de la final del Open de Australia y los primeros juegos, antes de tomar camino hacia la matinal del Auditorio. También me conecté al portátil para chequear el correo y ver si había novedades. Me encantó ver en mi buzón de entrada un email de Amazon. Porque destacaban una oferta de mi «Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo«. El ofertón del libro electrónico (6,52€) no puede ser más competitivo (y accesible). El precio de la edición impresa en papel (14,25€) también es un chollo.

Es una oferta ideal para indecisos y rezagados. Si alguna vez han estado interesados, o han contemplado adquirir este libro y no se han decidido, está ocasión es única.

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Otra matinal

Un error de programación por mi parte me lleva a otra matinal, en el Auditorio Nacional, mientras Rafa Nadal se juega el Open de Australia. Así que he programado el partido para verlo al volver. Espero no enterarme del resultado, tarea difícil a la hora del aperitivo posterior al concierto. Sobre todo si gana nuestro tenista.

El programa del concierto sinfónico es de categoria. Puro siglo XX.

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Matinal, avituallamiento y Bernabéu

AN

La jornada dominical en el exterior arranca a las 12:00 con una matinal en el Auditorio Nacional. En este segundo concierto del Ciclo Descubre…Conozcamos los nombres, la musicóloga Sofía Martínez Villar presenta y explica cada obra. Estuvimos en el primer concierto del ciclo y lo hizo de cine.

Al salir, nuestro aperitivo habitual, ración de calamares en La Quinta, será un poco más amplio porque aprovecharé para comer algo. La razón es el partido del Real Madrid en el Bernabéu a las 16:15. Un horario que detesto. Llegas con la comida sin reposar. En este caso la ventaja es la cercanía del estadio desde el Auditorio. Y gano tiempo.

Esta jornada de ocio superará las ocho horas de las laborales.

P.D.: si brunch surge de breakfast (desayuno) y lunch (comida) tendré que inventar algo para esta mezcla de appetizers (aperitivo) y lunch. Apunch no me convence. Tapear tampoco.

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Celebración luterana de la Navidad con Bach

Oratorio

Volvimos a las matinales de los domingos en el Auditorio Nacional, tras dos semanas de ausencia. Fuimos atraídos por el «Oratorio de Navidad» de Bach. Toda una celebración luterana del nacimiento de Jesús dividida en seis cantatas. La Orquesta y Coro Nacionales de España, dirigida por su titular David Afkham, contó con cuatro solistas.

En la imagen pueden observar las temáticas de las seis cantatas. En la matinal interpretaron la mitad, las tres primeras. Afortunadamente, tengo que añadir. Porque los 80 minutos de las tres se me hicieron largos. Y en algunos momentos tediosos. Me refiero a aquellos en los que intervenían los solistas masculinos.

En contraste con lo anterior quisiera destacar momentos sublimes, próximos al stendhalazo. Me refiero a las dos piezas corales del final de la segunda cantata. La combinación entre las voces y la cuerda me puso los pelos de punta. También el brioso arranque coral de la tercera cantata. Otro punto álgido que luego se repetía y servía para cerrar.

Pero en general, tanto fervor religioso me resultó excesivo (y no me pasa con otras obras de Bach como sus dos Pasiones). Proyectaron los textos originales en alemán con su correspondiente traducción. Lo que cantaban era bastante pueril. Y poco inspirado. La Mundana, según me contó después, optó por no leer para no decepcionarse. Sabia decisión la suya.

La mejor explicación para este «Oratorio de Navidad» nos lo ofrece la musicóloga Irene de Juan en el siguiente video:

Una vez alimentados espiritualmente fuimos a dar sustento a nuestros cuerpos, con los magníficos calamares de La Quinta de Suero de Quiñones, acompañados de un par de vinitos.

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Berg y Schumann en la matinal de ayer

07

Camino del Auditorio Nacional para la matinal de ayer sonaba el «Infidels» de Bob Dylan. Lleva instalado una semana en el CD del coche. Le comenté a La Mundana que mis comentarios en el blog y las escuchas musicales de domingo a domingo reflejaban mi edad: dos conciertos de la Orquesta Nacional de España, escuchas y/o reseñas de Bruce Springsteen, Tom Petty, Robert Plant & Alison Krauss, Miguel Ríos, Astor Piazzola y el mencionado Dylan.

Solemos llegar con tiempo al Auditorio. Ayer batimos todos los registros. Nos sentamos en los cómodos sillones que hay en la planta baja. Repasando las programaciones futuras vimos que en los dos siguientes conciertos, el octavo y noveno del Ciclo SInfónico, había obras de Robert Schumann en cada uno de ellos. Unido al de ayer más el de hace unas semanas constatamos el protagonismo de Schumann en este Ciclo.

La presencia de Alban Berg suponía una continuidad respecto al domingo anterior, donde se interpretó a Schoenberg, su maestro. El «Concierto para violín y orquesta» de Berg estaba dedicado a la memoria de Manon Gropius, la hija de 18 años del arquitecto y su esposa Alma (viuda de Mahler). También fue la última que compuso Berg que falleció meses después. Y no pudo asistir al estreno de la misma, que se celebró en Barcelona.

Para quienes escucharon el concierto por la radio mencionarles un detalle: hacia el final el solista, Christian Tetzlaff, se acercó al primer violín de la orquesta y se estableció una emocionante complicidad entre ellos mientras dialogaban con sus instrumentos. Tanto fue así que el director titular de la orquesta, David Afkham, también se emocionó. La intensidad de la composición hizo el resto.

De la sinfonía de Schumann, una maravilla, me quedo con el brillante primer movimiento y su grandioso final. Que quizás debería haber sido el del cuarto movimiento, el último. Desconozco la opinión de los expertos respecto a este movimiento, pero a mi me pareció glorioso.

Les dejo con un video donde explican a la perfección las dos obras del concierto de ayer. Y resaltan las citas a Bach de ambos compositores en las dos obras.

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¿Reconciliación con Mozart?

14112021

Estoy en fase de reconciliación con Mozart. No hace demasiado tiempo le comenté a Antonio Perea que tenía problemas con ciertas cosas del maestro de Salzburgo. Concretamente esas obras palaciegas, para la aristocracia de su época, o la ligereza y frivolidad de algunas de sus piezas. La obra seleccionada en el Ciclo Sinfónico del Auditorio Nacional de esta semana no parecía la más adecuada para la reconciliación. Porque reunía todo lo que no me gusta. Excesiva en duración (como una primera parte aburrida de un partido de fútbol con tres minutos de descuento), y con siete movimientos, en vez de los cuatro habituales. De los siete dos eran minuetos (una de las danzas preferidas de Luis XIV y su corte). La «Gran partita» además era solo para instrumentos de viento (de madera y metal). 13 en total, con especial protagonismo para los clarinetes. No me convence la sonoridad aislada de la sección de viento de una orquesta.

Parece que mi reconciliación con Mozart va a ser un largo y tortuoso camino (como el título de la canción de los Beatles).

La «Noche transfigurada» de Schoenberg fue todo lo contrario. Intensidad y profundidad de una belleza sublime. Y el contraste con la de Mozart fue total. Que imagino es lo que pretendía quien programó. De una composición para instrumentos de viento pasamos a otra en la que se empleó toda la sección de cuerda de la orquesta. «Noche transfigurada«, compuesta originalmente para sexteto de cuerda en 1899, fue revisada por su autor en 1917 para orquesta de cuerdas. En 1943 volvió a revisar la obra, en este caso el arreglo de 1917.

Schoenberg, padre de la música atonal y el dodecafonismo, fue el líder de la Segunda Escuela de Viena. Esta denominación provocó que hubiese que establecer una Primera Escuela, a posteriori. El invento colocó a Haydn. Mozart y Beethoven como integrantes de la misma. El relato periodístico añadió a otras figuras, como Brahms. La mayor diferencia entre ambas es que la Segunda existió de verdad y funcionó como tal. No fue el caso de la Primera, a pesar de la admiración mutua que se profesaban Haydn y Mozart, y la obvia influencia de este sobre las primeras obras del genio de Bonn. Schoenberg, además de seguidores, tuvo discípulos. Siendo Alban Berg y Anton Webern los más destacado.

La mañana que se presentó con dificultades al estar Madrid cortada al tráfico (por ¡dos! carreras), se tornó decepcionante con la obra de Mozart y me elevó con la de Schoenberg. Agradecer a la directora Shiyeon Song y a los integrantes de la orquesta de cuerda de la Orquesta Nacional de España su magnífico quehacer.

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Aperitivo musical antes del aperitivo

AN 0711211 previa

Se ha convertido en una costumbre acudir al Auditorio Nacional los domingos por la mañana, el único día de la semana que madrugo. Se podría decir que estos conciertos son el aperitivo musical antes del aperitivo en La Quinta (un vinito y unos estupendos calamares fritos).

Nos gusta llegar con tiempo, antes del inicio del concierto. A mi particularmente me gusta ver los preparativos: los músicos entrando y ocupando sus asientos, las primeras afinaciones, etc. La foto es de ayer.

El programa del Ciclo Sinfónico de esta pasada semana era irresistible. Schumann y Dvorak con dos de sus mejores obras. La interpretación superó mis expectativas, porque el primer movimiento del «Concierto para piano» de Schumann me emocionó. En los primeros compases se me humedecieron los ojos. El pianista, Kristian Bezuidenhout, estuvo espléndido y nos regaló un bis. El «Nocturno» de Clara Schumann.

Del ideólogo del romanticismo se pasaba a un autor que se tomaba libertades en sus composiciones, rompiendo (o avanzando sobre) los esquemas establecidos por Schumann. Creo que hoy en día hay críticos que lo catalogan como postromanticismo. Este mismo Dvorak también bebía de Brahms, a quien Schumann impulsó desde el principio.

AN 071121

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