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Aretha Franklin en el Apollo de Nueva York

Apollo 1971

Nueva York fue una ciudad clave en la carrera profesional de Aretha Franklin. Ahí llegó desde Detroit y con 18 años John Hammond la fichó para Columbia Records (CBS). Luego pasó a Atlantic Records, la discográfica neoyorquina por excelencia, bajo el manto de Jerry Wexler (y por supuesto de Ahmet Ertegun, uno de los tres cofundadores de la compañía). En el teatro Apollo de Harlem actuó una docena de veces. La primera como telonera de los teloneros. La última del cartel y por tanto la primera en salir al escenario. El 4 de junio de 1971 regresaba al Apollo como gran figura y el teatro en su marquesina anunciaba que “She’s home Aretha Franklin” (Aretha Franklin está en casa). Las fotos en blanco y negro corresponden a esta fecha.

Apollo 1971 colas

El Apollo rindió ayer su homenaje a la desaparecida reina, no solo del soul, porque era, es y será la reina de la música popular. La gente se agolpó en las afueras del teatro donde bailaron y cantaron sus canciones y depositaron flores sobre la placa con su nombre.

 

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Elvis Costello entrevista a Springsteen Vol. 2 (por Julio Valdeón Blanco)

8 de octubre de 2009

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Algunos opinan que el programa de Costello con Springsteen fue flojillo. Sostienen que, más que entrevistar, Elvis conversa, que le pudo su afán de protagonismo y metía tanto la cuchara que a ratos costaba recordar su papel. Bueno, yo estuve allí. Creo que si el británico se hubiera hecho soluble, si hubiera admitido la maldita impersonalidad que predican los libros de estilo en la seguridad de que el noventa por ciento de los periodistas son gilipollas o mansos, si no hubiera desplegado su histriónica personalidad, el acto hubiera carecido de ángel. Fue especial, precisamente, por heterodoxo, libérrimo, larguísimo y relajado, imprevisible y amable, incorrecto y ególatra.

Abundando en el programa, diré que, amén de otros dones, Springsteen conserva el de zamparse al público, cualquier público, en cuestión de minutos. Contó chistes verdes, glosó viejas glorias, carraspeó cachondo, ejerció de antagonista serio e incluso le recordó a Costello que en su día había tachado su música de «demasiado romántica». Sabía que, en realidad, el gafapasta más talentoso de Occidente ama sus discos (Costello incluso contó como, durante su primera gira por EE.UU., a finales de los setenta, se empeñó en tocar en el Stone Pony, un club de cuarta elevado a categoría totémica por las constantes apariciones de Springsteen en su escenario). Como de costumbre, el autor de “Badlands”, “Man At The Top” o “Better Days” demostró que sus entrañas fueron cocidas para alumbrar bajo los focos. A diferencia de su juventud, cuando podía noquear a un plumilla a base de monosílabos, ha aprendido a relajarse, sin parapetarse tras un muro coronado de botellas rotas, sin ponerse borde o fingirse tonto. Quizá ayudó el hecho de que mientras charlaba sostuvo una guitarra, algo así como un gesto ritual con efectos sedantes.

Durante la charla Springsteen comentó la insularidad de Nueva Jersey, un territorio reactivo a las bambalinas, asfixiado por su cercanía a la Gran Manzana. Más tarde confesó que la primera vez que pisó Nueva York tenía quince años. También explicó la dificultades por las que él y Steve Van Zandt pasaron durante sus primeras días como músicos profesionales: a diferencia de la mayoría de las bandas de Asbury Park, ellos tocaban canciones originales, no versiones, y eso los convertía en bichos raros, potenciales fumigadores de una clientela que buscaba más el tema conocido, para tararear cerveza en mano, que el penúltimo ejemplo de talento rockero surgido de las catacumbas. Tras explicar que el motor último de su música ha sido siempre la identidad, la búsqueda de unas raíces, Bruce se retrotrajo al “Darkness On The Edge Of Town”, cuando nadie daba un duro por ellos y echaron colmillos pateando audiencias. Ojalá se confirmen los rumores y antes de finales de año, a más tardar a principios del que viene, se publique la, susurran fuentes bien informadas, espectacular caja conmemorativa del Darkness, que podría, cuentan, rebosar sorpresas. Desde luego disponen de un material superlativo, con algunos de los mejores directos de la historia del rock, sin duda los mejores de Springsteen junto con los que entregaría dos años después, durante el tour de “The River”.

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Elvis Costello entrevista a Springsteen Vol. 1 (por Julio Valdeón Blanco)

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Elvis Costello entrevista a Springsteen Vol. 1 (por Julio Valdeón Blanco)

7 de octubre de 2009

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Llamada de Frank Stefanko, oso bueno y grande de la fotografía rock, autor de portadas míticas (“Darkness Un The Edge Of Town”, “The River”), marino experto, hombre con la cara tostada bajo las sombras de Tahití, poeta de Monument Valley y confesor/primo de su amada Patti Smith.

¿Julio? Chris tiene dos entradas para ti y Mónica. Ya sabes, el programa del viernes. ¿Podrás venir?

Mónica es mi chica.

Chris es Chris Phillips, factotum de Backstreets, el fanzine de Springsteen más leído, la biblia del de NJ.

Lo del viernes… Buf.

Se refiere a Espectáculo con Elvis Costello, el alucinante programa que el gran músico graba para el canal Sundance.

Piensa en el mítico espacio de Johnny Cash:

Piensa en un músico que entrevista a otros músicos.

El hecho de que se realice para el cable garantiza la mezcla: las entrevistas son laaargas, la lista de invitados, heterodoxa, el guión, muuuuy flexible.

Para cerrar su segunda temporada (¿la última?) Costello entrevistará a Bruce Springsteen.

En el Apollo.

A cinco minutos de nuestra casa.

Llegamos al teatro a las siete y cuarto de la tarde. Antes hemos cenado en Silvia’s, el estupendo restaurante de cocina soul. La luz lechal del atardecer neoyorquino relampaguea sobre la legendaria marquesina. Sobrevivo al mono (llevo cinco días sin fumar) salivando por anticipado. En el Apollo hemos visto a M. Ward, Antony and The Johnsons, etc., pero contemplar/escuchar a dos mitos como Springsteen & Costello sobrepasa cualquier flipe anticipado o hipotético.

La entrevista no defrauda.

Más de tres horas de charla.

Costello, hábil y parlanchín, llega con los deberes más que atornillados. Sus conocimientos musicales resultan enciclopédicos. La química con Bruce, contagiosa. El respecto que ambos se tienen, evidente.

Trato de imaginar el equivalente íbero al fenómeno que se desarrolla ante mis pasmados ojitos. Dos artistas inmensos, de larga y honda trayectoria, hablando durante horas sobre poesía, guitarras, discos, sexo, héroes, disturbios raciales, Bob Dylan, el punk, la paternidad, los Pistols, Sam & Dave, Bad Religion, la escena de Asbury Park, Nashville, el sensacionalismo de ciertos medios, la fama… Comprendo rápido que se trata, de calle, de la mejor entrevista que jamás le han hecho a Springsteen, y que semejante altura torera los haría acreedores de ingresar en el frenopático si ofrecieran algo similar en España, mi querida España.

Como aperitivo Costello había abierto con una alucinante versión de “Point Blank”, aquel grandioso, rutilante, dramático tema firmado por Bruce cuando Bruce firmaba algunos de los mejores discos de la historia del rock.

Costello solicita a Springsteen que cante “Wild Billy´s Circus Story”, oscura canción de su segundo disco… Lo acompañan Nils Lofgren y Roy Bittan, en labores de escoltar.

Más tarde Bruce acomete “American Skin (41 Shots)”, la canción que lo colocó en la portada del vomitivo New York Post acusado de odiar a la pasma de NY.

Ay amigo.

Es escuchar esa versión desnuda, rugosa, con la voz crepitando en las marmitas de una garganta inmensa, es arrancarse Springsteen a tocar y rugir, y al instante (como cuando Costello se marcó “Point Blank”, como cuando más tarde versioneé “Brilliant Disguise”, otro tema de Bruce, como cuando el propio Bruce se marque una explosiva versión de “The Rising”), y al instante, decía, corroboras porque unos son curiosos segundos con raso y brillo, artistas de culto, entrañables francotiradores, etc., y otros figuras capitales.

En directo, en un teatro, gustándose, a quince metro, Costello acojona.

Y Springsteen ni te cuento.

Ojalá, algún día, encauce de nuevo ese talento asombroso, esa pedrada de luna bluesera y aguijón folk, ese incendio de cuerdas vocales inflamadas o untadas con duende y veneno; ojalá olvide el maldito, lucrativo pero maldito contrato que firmó con la disquera (demasiada pasta, Bruce, demasiada tela, Landau, para escribir por derecho y libre), y ojalá, ay, nos entregue al fin otro disco memorable, que falta le/nos va haciendo y del “Tunnel Of Love” ya pasaron más de veinte años.

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