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“Hijos del agobio” de Triana en Ozono

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Revolviendo papeles y cajones me encontré con un Ozono de la segunda etapa de la revista. Hojeando el ejemplar descubro que escribí una reseña del “Hijos de agobio” de Triana. La sorpresa fue doble. Porque no recordaba haberla escrito ni que hubiese colaborado con la revista en ese segundo ciclo. De hecho un mes después entré en CBS (en Epic concretamente). Tenía 21 años (cumplidos en febrero) y ya era mayor de edad (entonces la mayoría estaba en los 21). Ya me habían declarado “no apto” para el servicio militar.

Respecto a la crítica me llama la atención, para bien, que se le dedicase una pagina entera a este magnífico segundo disco de Triana. Y no me gusta como la termino. Acaba un poco bruscamente. Quizás la frase final fuese un párrafo aparte y por problemas de espacio se incorporase al penúltimo. No sé, el caso es que no me convence. Tenía que haber rematado mejor la faena.

Estuve presente en toda la grabación de “Hijos del agobio” y siempre me apunto el mérito de “Sr. Troncoso“, con esa guitarra eléctrica final de Antonio García de Diego a sugerencia mía.

La portada de la revista es muy buena. Un orgullo y todo un honor haber sido parte del equipo fundacional de la misma.

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Un siglo de canciones 66: 5 canciones

27 de abril de 2010

Rafa Martínez del blog El auricular digital me pidió colaborar en su serie “5 canciones en la vida de…”. Ayer lo subió y lo traigo hoy a “Un siglo de canciones”, rompiendo un poco la línea habitual de esta sección. Se puede leer ahí o aquí a continuación:

Mis 5 canciones (por Adrian Vogel)

Normalmente el componente emocional es básico a la hora de seleccionar canciones. Solemos recurrir a esos temas que forman parte de la banda sonora de nuestra vida. Llevo más de un año comprobándolo en mi blog con la serie “Un siglo de canciones”, un espacio abierto –como este- a la colaboración espontánea. Y aprovecho a animaros y solicitar vuestras aportaciones.

Espero que el criterio seguido sea de vuestro agrado. Porque lo habitual es refrescar nuestra memoria musical con hechos y eventos de la infancia o adolescencia e incluso de nuestra madurez; un amor o la ruptura que tanto nos marcó; un logro o una decepción; etc. No lo toméis como un afán por ser original pero he pensado que -dado mi perfil- lo más conveniente sería darle un toque “profesional”. Esas canciones que de alguna manera dejaron huella o marcaron mi trayectoria en el mundo de la música.

Like A Shot

La primera vez que entré profesionalmente en un estudio de grabación fue con Burning, en 1975 con su segundo single. Contenía dos canciones originales de la banda: “Like A Shot” en la Cara A y “Rock and Roll” en la B. Es también una de las pocas veces que mi nombre aparece en los créditos de producción (como coproductor junto a Gonzalo García Pelayo, fundador del sello Gong). Algunos de los temas de estos primeros sencillos fueron incluidos en el ya mítico primer “Viva el Rollo”. Un proyecto impulsado por Mariskal Romero, en el que también colaboré en la producción. El álbum recogía el espíritu de una época y también de una ciudad. Y que a mediados de los 70 marcaba los años que empezamos a vivir peligrosamente. Burning fueron la banda sonora de esos tiempos.

Hace uno años el sello Munster reedito estos primeros 45s en un pack doble y me pidieron escribir los textos. Lo podéis leer pinchando aquí.

He encontrado en youtube una versión que grabaron en directo de “Like A Shot” para Radio Nacional (emisora donde algunos de nosotros colaborábamos):

 

Sr. Troncoso

Jesús de la Rosa tenía suficientes canciones para comenzar a grabar un nuevo LP de Triana. Movieplay –propietaria del sello Gong- no estaba muy por la labor. Pero nosotros –el sello y la banda- estábamos convencidos. El primer disco se estaba empezando a mover finalmente: lento pero seguro. Y el calendario de actuaciones se iba apretando poco a poco. Se trataba de aprovechar los huecos y meterse en el estudio. Triana estaban empeñados en autoproducirse, lo cual no encajaba demasiado bien en los planes de Gonzalo García Pelayo. De alguna forma serví de formula de compromiso. El grupo eran amigos y yo sería el enlace con la compañía.

Hijos Del Agobio” era un álbum más denso y complicado que el anterior. “Sr. Troncoso” debía servir de oxigeno. Pero los arreglos y la superposición de pistas grabadas (¡qué obsesión tienen los artistas con grabar todas las pistas!) no cumplían con el propósito. La canción estaba cargada del ambiente y la atmosfera de los demás temas. Sugerí eliminar todo, manteniendo sólo las guitarras acústicas y las percusiones. Aquello cogió otro color. Y ya puestos y viendo a Antonio García de Diego en la sesión comenté “por qué no aprovechamos a este excelente guitarrista y le pedimos un solo a lo “Stairway To Heaven” de los Zeppelin”. A los tres Triana se les iluminó la cara y Antonio se lució a la eléctrica.

 

La Saeta

A principios de 1981 Raimundo Fagner irrumpió en mi vida. Y en 1998 se convirtió en padrino de mi único hijo. A principios de los 80 trabajaba en CBS España y Fagner era artista de CBS Brasil, dirigida por Tomás Muñoz (había sido el fundador de la compañía en España y llevaba instalado unos meses en Río de Janeiro).

Raimundo llegaba con la idea de grabar un álbum europeo (en París y Lisboa). Le llevamos a un festival flamenco en Alcalá de Henares (cartel de primera con Camarón, Lole y Manuel, Manzanita, etc.). Se volvió loco. Cambio sus planes: ¡quería grabar un álbum español! Y nos pusimos manos a la obra. “Traduzir-se” fue el resultado final. El disco incluía varias colaboraciones: “Verde” con Manzanita; grabamos “La Leyenda Del Tiempo” con Camarón (la primera vez que el de la isla cantaba con alguien); había un guiño a la América de habla hispana (una canción de Pablo Milanés fue la elegida para el dúo con Mercedes Sosa); y por supuesto “La Saeta” con  Joan Manuel Serrat, el primer dueto que Serrat grababa en castellano. En su Web se puede leer que esta versión es la mejor: “Probablemente la mejor versión grabada hasta hoy del mítico tema de Antonio Machado musicado por Joan Manuel Serrat. Un extraordinario experimento que nos ha quedado como palpable demostración del talento de los dos intérpretes.

Take This Waltz

Después de pasar cinco años en la central de CBS en Nueva York volví a Madrid, en 1986. Dirigía la cia. Manolo Díaz, uno de los primeros cantautores que hubo (en los 60), compositor de éxito (suyas son muchas canciones de Los Bravos), productor y ejecutivo discográfico de relieve y además pionero de los cultivos tropicales en España (Motril).

Conocedor de mi afinidad con Leonard Cohen me pidió una gestión: estaba preparando un proyecto sobre el Poeta en Nueva York de Federico García Lorca y quería contar con Cohen. El álbum congregaba a lo más florido de la canción de autor de Europa. El bueno de Leonard sería la guinda y elevaría la dimensión del disco. El canadiense aceptó encantado –su hija se llama Lorca– y eligió el poema “Pequeño vals vienes”. “Take This Waltz” fue su adaptación del texto del poeta granadino.

Meses más tarde vino a Madrid para la presentación del álbum y viajamos a Granada, para visitar la casa-museo de Lorca y rodar un documental al respecto (se convirtió en el videoclip que podréis ver más abajo).

Para los curiosos os aconsejo leer Las Diosas de Cohen y Waits (Efe Eme)

Indicios De Arrepentimiento

Tras mi salida de CBS monté Compadres. De todos los líos en los que me metí quisiera destacar la vuelta de Carlos Berlanga al mundo de la música. Gracias a Pablo Sycet contacté con él y nos pusimos de acuerdo rápidamente. Las maquetas de las canciones nuevas eran muy buenas.

Indicios” fue el titulo del álbum. Y a fecha de hoy está considerado por la crítica como uno de los mejores discos de la historia del pop español (entre los 10 mejores de los 90). Editado cuatro años después de su primer disco en solitario –que no tuvo ninguna repercusión- se quedó a las puertas del disco de oro (entonces eran 50.000 unidades; con los parámetros de hoy lo hubiese conseguido).

 Y aquí si que me ha sido difícil elegir un tema. Tengo tantas favoritas. Casi todas. Al final me he decidido por la que fue el primer single “Indicios De Arrepentimiento”.

 

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Un siglo de canciones 15: “Amor Se Llama el Juego” (por Víctor Alfaro)

27 de abril de 2009

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Tenemos un Bob Dylan español. Se llama Joaquín Sabina. Muchos pondrán el grito en el cielo con esta afirmación. Otros, sin embargo, pensamos que canciones como “Pongamos que hablo de Madrid” o “Princesa“, tienen mucho que ver con “Talkin New York” o “Like a Rolling Stone“. Está claro que si Dylan no se hubiera dedicado a la música, no existiría el Joaquín Sabina que conocemos. Pero lo mejor del flaco de Úbeda es que sus influencias no sólo vienen del Maestro Dylan, sino de nombres tan distintos como Jacques Brel, Georges Brassans, Bambino, Tom Waits, Leonard Cohen o su buen amigo Joan Manuel Serrat.

 

La calidad de sus letras es algo que reconocen hasta sus mayores detractores, aunque, todo hay que decirlo, ha abusado en alguna ocasión de ripios más que evidentes.

 

Una de las canciones menos conocidas de Joaquín, a pesar de estar en uno de sus discos más vendidos, es “Amor Se Llama el Juego“. Fue en 1992 cuando Sabina decidió incluir esta canción de aplastante sinceridad en su disco “Física y Química“. El desolador estribillo es un retrato fiel de la dura separación entre la madre de sus hijas y él.

 

El agua apaga el fuego/, y al ardor los años.

Amor se llama el juego

en el que un par de ciegos

 juegan a hacerse daño.

 Y cada vez peor y cada vez más rotos

 y cada vez más tú, y cada vez más yo

 sin rastro de nosotros/”.

 

Una canción que le salió de las tripas y que según ha reconocido él mismo nunca ha podido cantar encima de un escenario por su carga emotiva. Sabina, que tiene un limitado sentido musical (como muchos cantautores que dan más importancia a la letra que a la música) ha sabido acompañarse desde hace más de 20 años de dos grandes músicos llamados Pancho Varona y Antonio García de Diego, aunque curiosamente, esta canción está compuesta íntegramente por él y, en mi opinión, tiene una de las mejores melodías de su repertorio.

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