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Calamaro graba una nueva versión de “Para no olvidar”

Andrés Calamaro ha grabado una nueva versión de “Para no olvidar“, la canción que compuso a mediados de los 90 para Los Rodríguez. En esta nueva visita canta con Manolo García y la guitarra flamenca es del gran Vicente Amigo. En la original de Los Rodríguez tocaba Raimundo Amador. En su día se lanzó como sencilla. Esta nueva visita al tema es más reposada, podría decir que producto de la madurez artística de los participantes.

El video está fenomenal. Las partes de Calamaro están rodadas en el barrio (Casa Lucio, Las Vistillas, el viaducto y asumo que el interior de la casa es la del loft de Redondilla que en su día reformaron Alex de la Nuez y Martina Klein).

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Un siglo de canciones 24: “El Arriero” (por Mª Carmen Martín)

29 de junio de 2009

Ay

Sea cual sea la latitud en donde se vive, idéntica es la manera en que el hombre, experimenta la soledad, el silencio, el susurro del agua.

El Arriero” (Atahualpa Yupanqui)

En las arenas bailan los remolinos,
el sol juega en el brillo del pedregal,
y prendido a la magia de los caminos,
el arriero va, el arriero va.

Es bandera de niebla su poncho al viento,
lo saludan las flautas del pajonal,
y animando la tropa par esos cerros,
el arriero va, el arriero va.

Las penas y las vaquitas
se van par la misma senda.
Las penas son de nosotros,
las vaquitas son ajenas.

Un degüello de soles muestra la tarde,
se han dormido las luces del pedregal,
y animando la tropa, dale que dale,
el arriero va, el arriero va.

Amalaya la noche traiga un recuerdo
que haga menos peso mi soledad.
Como sombra en la sombra por esos cerros,
el arriero va, el arriero va.

¿Qué tiene esta canción que me ha hecho volver a la música?

Cuando era una adolescente, Atahualpa Yupanqui, estaba en boca de nuestros hermanos mayores (cuando todavía se ocultaba ser rojo). Recuerdo la tristeza que me producían canciones como “Te recuerdo Amanda” (Victor Jara) o “Duerme, duerme negrito”. Seguramente que en esa época también escuché “El arriero” por primera vez.

En esos años de mi vida, me gustaban cantautores como Serrat, Paco Ibáñez, Pablo Guerrero, Silvio Rodríguez  y  grupos como Jarcha. Sentía que escuchando  sus canciones percibía una realidad reivindicativa social, a la vez que en sus letras se profundizaba en los sentimientos mas hermosos de los seres humanos.

He encontrado esta biografía de Héctor Roberto Chavero (el nombre real de Atahualpa Yupanqui) que seguramente os aportara parte del sentir y ser de este gran hombre.

Pasaron los años,  me dejé llevar por la rutina del día a día, por los múltiples quehaceres de mujer trabajadora y vida familiar, la música se convirtió en un ruido agradable y alguna canción tatareada. Aún teniendo en casa a una persona que ama la música, no compartía con el esa pasión.

Y todo volvió otra vez de pronto con la canción “El arriero” y un cantante: Andrés Calamaro. Acompañaba a  una persona muy especial a un concierto en Madrid, con motivo de su gira “Tinta Roja”. Pensaba que como era una música tranquila, no sería del todo aburrido. Me dejé llevar por las letras y una voz que me cautivó.

Cuando interpretó “El arriero”, sin saber por qué, pensé en mi infancia, en los labradores y en las penas que sufrieron las familias arrendadas y en mi propia familia. Imaginé a mis padres, cuando eran jóvenes y tenían que hacer parte del trabajo del campo sin máquinas. Ellas con sus vestidos negros, con sus sombreros, tapadas completamente del sol (las jóvenes bronceadas no eran atractivas) y agachadas, espigando, con el estomago vacío y  el corazón lleno de tristeza.

A partir de esa canción, algo en mi cerebro pulsó el interruptor de la luz musical. La canción que siguió en el repertorio fue “Estadio Azteca”, definitivamente ya no era una bombilla la que se iluminó, era el sol mismo lo que me deslumbró.

Existen dos grandes coincidencias con estas canciones. La primera, los autores son argentinos, la segunda, en palabras que no son mías, las dos son parte de  “La banda sonora de  mi infancia “ (Fernando Tejero, dice de Sabina que ha escrito “La banda sonora de su vida”).

Después de ese concierto, quise conocer más la obra de Andrés Calamaro,  descubrí a Los Rodríguez  y no puedo nombrar a tantos y tantos grupos que desde entonces he ido incorporando a mi gusto musical. Ya no oigo música, escucho música, leo lo que se publica acerca de la música, hablo de música, mis días más felices coinciden con la asistencia a un concierto, en definitiva mi ser reacciona ante la música.

Esta canción no es la única de mi vida, sin embargo es el tema que la cambió.

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Conmigo que no cuenten (Efe Eme)

29 de noviembre de 2008

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Suelen achacarnos a los de Madrid nuestra tendencia a mirarnos el ombligo. Lo cual en muchas ocasiones es cierto. Especialmente desde los medios de comunicación, que difunden problemas locales a escala nacional. Como así ha sucedido estos días con los cierres de varios locales de ocio nocturnos, sobre los que pesaban decenas de denuncias. Con el agravante de un caso concreto –Moma- que además está involucrado en el “caso guateque”, la macro corruptela del ayuntamiento de la ciudad.

 

La clausura de estas cuatro salas, But, Moma, Macumba y La Riviera –especialmente esta última- ha hecho correr ríos de tinta. Desde el blog de Andrés Calamaro hasta el de Rubén Caravaca, que publicó la nota de prensa (¿llena de medias verdades?) de la sala. Es decir de un artista a un manager. La unanimidad parece completa. Y la solidaridad con La Riviera también. Pero conmigo que no cuenten.

 

Julio Ruiz, de “Disco Grande” de Radio 3, le ha dedicado dos entradas en su blog alojado en la Web del ente público de RTVE. “Quiero ir a conciertos” titulaba ambos artículos, donde pormenorizaba la situación –local- de las actuaciones en directo en la capital. Análisis ecuánimes y pormenizados, como es habitual en él.

 

Diego A. Manrique en su columna en la edición nacional de El País del lunes escribía “Ciudad mutilada” donde añadía el componente político (PP) del asunto. Y también recordaba algunas enseñanzas de cuando fue “empresario de la noche madrileña”.

 

Conviene no olvidar –frase que repito demasiado últimamente- que el problema (local) de las salas de conciertos de tamaño medio en Madrid viene de largo. Podríamos decir que es hasta endémico. Si en su día desaparecieron algunas, fueron sustituidas por otras. Algo que ya está sucediendo con recintos que funcionan desde hace unos años y que no existían la década pasada. Echarle imaginación a la hora de buscar alternativas tampoco vendría mal. No es mi negocio así que no me atrevo a hacer sugerencias, que pueden resultar ridículas o utópicas. Pero si hay que reconocer que la situación ha mejorado muchísimo con innumerables locales, bares, etc. de aforo reducido, que son excelentes escaparates para los nuevos. ¿Por qué no puede pasar lo mismo con recintos de capacidades comprendidas entre 1.500 y 3.000 personas?

 

Manrique comentaba en su artículo sobre las corruptelas (que todos imaginamos que existen) que rodean al ocio nocturno. Fuentes consultadas por mí (que permanecerán en un prudente anonimato) añadían nueva luz. Parece que hay una coincidencia en desplazar actuaciones al extrarradio. Hacía locales manejados y controlados por los constructores y empresarios afines a las obras faraónicas que han invadido la ciudad. Y el cierre de Macumbas, Rivieras, etc. favorece este proceso de traslación.

 

Corrupciones aparte, de lo que nadie habla es de las innumerables irregularidades. Todas relacionadas con temas de seguridad y sanidad. Desde meter más gente de la autorizada hasta el ya “clásico” garrafón.

 

Que no cuenten conmigo para que apoye sitios que te ponen en situaciones de riesgo manifiesto. Y que además cobran un dineral por cada copa y cada entrada. En nuestro Madrid la frase “si vas a La Riviera pide cerveza” es un dogma. Extensible a la mayoría de lugares… ¿Cómo permitimos el envenenamiento masivo? ¿Por qué nos parece tan normal? Y a precios desorbitados… Por no mencionar las deficiencias acústicas y de visibilidad.

 

Que cuenten conmigo para averiguar porque se ha hecho la vista gorda durante tanto tiempo. Por qué se han permitido abusos y a cambio de qué. ¿Ha tenido que ocurrir una desgracia -el asesinato de un joven- para que nuestras autoridades se hayan quitado la venda de los ojos? Porque la situación de los porteros y seguratas de discotecas y clubes lleva así desde hace tiempo. En Barcelona ya lo solucionaron hace unos años. Pero parece que como no son de Madrid, no nos hemos enterado. ¿O no nos ha interesado?

 

¡Que pronto hemos olvidado lo de Alcalá 20!

 

Publicado en Efe Eme

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