Archivo de la etiqueta: América

50 años de “Despierta” de Miguel Ríos

Despierta 50 Años

Acaba de lanzarse al mercado una edición especial en CD con cinco temas extra del “Despierta” de Miguel Ríos. Se supone que es por los 50 años del que fue el segundo LP del gran Miguel Ríos. Pero en realidad este aniversario seria el año que viene (el álbum se editó originalmente en 1970). 50 años son los que cumple el pelotazo mundial del “Himno a la alegría” (1969). Entre los bonus tracks de esta Edición Especial 50 Aniversario se encuentra la versión en inglés del “Himno a la alegría“: “A Song Of Joy“. Amplió el eco del éxito mundial del granadino. En mi libro “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” detallaba este éxito internacional:

A Song Of Joy

La primera semana de febrero de 1970 “Himno a la alegría” llegaba al n.º 1 de la lista de ventas española. Hacía falta un LP. Miguel Ríos conocía a Nicky Graham y su banda, The End, apadrinados por Bill Wyman de los Rolling Stones y afincados en Madrid. Eran asiduos en la programación de dos salas punteras: Picadilly y Nika’s (abierta por el cineasta Nicholas Ray). Miguel se hizo con sus servicios para la grabación de “Despierta“.

Este álbum es un gran salto en la carrera de Miguel: compone ocho de las 12 canciones del LP (solo o en compañía de Graham y los otros miembros de The End).

Escuchando el disco hoy, una vez más confirmamos el excelente estado de salud del pop rock español de la época. En sonoridad, arreglos y producción. En este aspecto hay que destacar la labor de Waldo del Ríos y Rafael Trabucchelli. Y además está su influencia en el repertorio español posterior (como sucede en el tema “América“, del mismo titulo que la que grabaría años después Nino Bravo y en la que replicaron los coros de la grabación de Ríos).

En “Despierta” encontramos los inicios del que va a ser el nuevo Miguel Ríos. Más concienciado y heredero de las tendencias hippies del momento. La canción que daba titulo al disco fue el segundo sencillo del álbum.

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Elliot Roberts (1943-2019)

Trasher's Wheat 1985

Ayer me enteré del fallecimiento de Elliot Roberts, un gigante de la industria musical estadounidense. Sucedió el día 21 de junio. Tenía 76 años, cumplidos el pasado mes de febrero.

Nacido y criado en el Bronx neoyorkino acortó su apellido judío (Rabinowitz) y tras abandonar los estudios universitarios (dejó dos carreras) quiso ser actor. Empezó a trabajar en el departamento de envíos de la William Morris Agency de Nueva York. Ahí conoció a David Geffen, otro gigante. Aunque debería decir que Geffen es el gigante de la industria cultural de Estados Unidos. Esta relación devino en amistad y compartieron negocios y aventuras empresariales (Geffen-Roberts Company y Asylum Records en 1971).

Fueron Geffen y Roberts quienes convencieron a Bob Dylan para que abandonase su discográfica de siempre (Columbia Records/CBS) para unirse a la discográfica Asylum y a su oficina de representación (Geffen-Roberts Co.). Editó dos álbumes con ellos: “Planet Waves” y “Before The Flood“, un doble en directo con The Band. Posteriormente Dylan volvería a su casa de siempre.

En 1973 Geffen, Roberts, Elmer Valentine (dueño del Whisky a Go-Go) y Lou Adler abrieron el club The Roxy en el Sunset Strip de West Hollywood. Neil Young inauguró el local.

Roberts y Geffen dejaron de ser socios por culpa de terceros. Un joven agente, Irving Azoff, que trabajaba en la Geffen-Roberts Co. fue el causante principal del cisma: The Eagles cambiaron de pareja de baile, abandonaron a Geffen-Roberts y se fueron con Azoff, quien montaba su propia oficina. Geffen y Roberts, ambos impulsivos y apasionados, chocaron en su forma de afrontar la situación. Geffen fue frío y cerebral y Roberts diríamos que más hippy. El primero tomó una actitud profesional y siguió trabajando con Azoff (convenció a Warner Bros. para que le financiase un sello, Giant Records) y los Eagles (en Asylum y luego en Geffen Records, donde también tuvo a Don Henley), mientras que Roberts roto el amor fraternal juró odio eterno al traidor y al grupo. Y formó Lookout Management. Las malas lenguas dicen que la movida de Geffen con Azoff fue para quitárselo de en medio de MCA (donde presidía la cia.) y poder vender Geffen Records a los nuevos dueños de MCA.

El primer descubrimiento de Roberts fue la canadiense Joni Mitchell. La vio actuando en un club del Greenwich Village de Nueva York (Cafe Au Go Go) en 1966. Se mudaron juntos a Los Ángeles, a Laurel Canyon (centro artístico y bohemio). Les acompañaba el entonces novio de Mitchell, David Crosby. Al poco se les unió David Geffen. Ya situados en la costa oeste Joni Mitchell le habló de un compatriota suyo, Neil Young, que estaba en un grupo (Buffalo Springfield). Curiosamente fue Young quien provocó que la banda prescindiese de los servicios de Roberts. Cuando ellos se separaron, a los 18 meses de formarse, Neil Young llamó a Elliot Roberts para que fuese su manager. Quería empezar su carrera en solitario. Ha sido representante suyo hasta la fecha de su muerte. Son más de cincuenta años. Y “aguantar” a Neil Young no es fácil… Jimmy McDonough, autor de la biografía de Young, escribía al respecto de la relación Young/Roberts que “Ha habido otros equipos infames en el rock and roll –Dylan y Albert Grossman, Ray Charles y Joe Adams, Bruce Springsteen y Jon Landau– y, por supuesto Elvis y el Coronel Tom Parker. Elliot Roberts definitivamente vive en este salón de la infamia y es el único ser humano capaz de guiar la carrera de Neil Young.”

Con Joni MItchell rompió en 1985. La foto de Trasher’s Wheat en la que vemos a Young, Mitchell y Roberts es de ese 1985.

Roberts también fue manager (con o sin David Geffen) entre otros de Crosby, Stills & Nash, Crosby, Stills, Nash & Young (“el pegamento que nos mantenía unidos” ha declarado Graham Nash), Jackson Browne, America, Devo, Talking Heads, The Cars, Tom Petty, Tracy Chapman (su último descubrimiento de relieve) además de los ya mencionados anteriormente.

Cuando llevé el marketing internacional de Geffen Records en NY tuve el inmenso honor de conocer a Elliot Roberts. (David Geffen tenía un contrato de distribución con Warner Bros. para EEUU y Canadá y otro con CBS para el resto del mundo; Warner eran socios de Geffen Records). Me tocó trabajar con él en tres proyectos: Neil Young (dos álbumes), Joni Mitchell y el debut en solitario de Ric Ocasek, el líder de The Cars.

Con Ocasek no hubo nada que hacer. Aparte de trabajar para que se editase en los principales mercados del mundo. El álbum era flojo. No funcionó en EEUU, ni en ventas ni tuvo el apoyo de la crítica musical. No había ninguna historia que contar. En cambio con Joni Mitchell fue otra cosa. Dada la vertiente pintora de la cantautora, y que la portada del álbum “Wild Things Run Fast” era obra suya, Roberts y Mitchell tuvieron la idea de organizar presentaciones del disco en galerías de arte (en conjunción con sus pinturas). En Estados Unidos solo consiguieron hacerlo en Los Ángeles. Por mi parte coordiné con las compañías de  Inglaterra, Italia, Australia y Japón para hacerlo en Londres, Milán, Sydney y Tokyo. Salí bien parado del asunto aunque ella echó de menos no haber estado en París. Aún recuerdo la mirada de Elliot Roberts a Joni Mitchell: la calló. Y rápidamente paso a agradecer lo que CBS Records International había logrado.

Lo mejor de nuestra relación sucedió en San Francisco, en el rancho de Neil Young (una hora al norte de la ciudad). Young debutaba en Geffen Records con un disco difícil “Trans“. Influenciado por Kraftwerk se alejaba drásticamente de lo que sus seguidores podían esperar. El trasfondo del disco eran los ejercicios vocales que practicaba con su hijo Ben, quien sufría parálisis cerebral infantil. (Pero eso no lo sabíamos entonces). Young había accedido a recibir periodistas musicales y críticos en su rancho, para pasar el día con él, hablar del disco, etc. Las delegaciones australianas y japonesas habían llegado directamente y ya estaban en el rancho cuando llegué desde NY con los ingleses, Antoine de Caunes y su equipo de TV de Francia, la corresponsal italiana de la RAI, un par de medios alemanes y uno holandés. Nos recibió Elliot Roberts en el aeropuerto de LA. El trayecto fue todo un muestrario de Roberts. Todo lo que me habían contado era cierto: despierto, buena persona, bromista, rápido, inteligente, encantador, etc. Recuerdo vívidamente dos temas: la historia de porque Neil Young y él se habían comprado esos terrenos. La idea era que, según estudios geológicos que hablan sufragado, cuando los movimientos de la Falla de San Andrés fuesen perceptibles, sus propiedades se convertirían islas del Pacífico. Cuándo le pregunté cuando ocurriría eso, me contestó entre risas que en unos miles de años. Y se encendió un porro (que ya llevaba liado). El segundo asunto fue cuando nos llevó por unas carreteras rurales, con pequeñas subidas que tomaba a gran velocidad (como si fuesen dunas) y el todo terreno literalmente volaba hasta caer sobre sobre suelo firme de nuevo. El vehículo que nos seguía, con el resto de la expedición, le pitaba (asumo que pidiéndole prudencia).

Al llegar a la casa de Neil Young, nos esperaba con su familia, músicos, amigos y los australianos y japoneses que habían llegado antes. El salón era lo que te esperabas. Rústico, lleno de guitarras, amplis, una enorme chimenea, muebles de madera, telas en las paredes, alfombras cubriendo todo el suelo. Y una peste a marihuana que ya te embriagaba. Improvisamos una pequeña rueda de prensa mientras preparaban la cena. Tras la parte profesional del asunto nos relajamos, comimos, bebimos y Young nos tocó un par de temas con sus amigos músicos. Tuve ocasión de charlar con él. Le felicité por el riesgo que asumía con “Trans“. No es fácil que un artista de renombre de un cambio estilístico tan acusado y se lance al barro de esta manera. Estaba especialmente interesado en la opinión de los alemanes (por lo de Kraftwerk). A Roberts (y a Young) le gustó lo que dije. Y creo que fue ahí cuando me gané la confianza del manager. Respecto a mi comentario sobre asumir riesgos soltó irónicamente que David (Geffen) no compartía mi punto de vista. Años después Geffen demandó a Young por no entregar obras acorde a su estatus, por los que la compañía le pagaba un millón de dólares de adelanto.

Lo último que supe de Roberts fue la semana pasada. Unas declaraciones suyas respecto al incendio que afectó a muchos de las cintas originales propiedad de Universal (y los sellos que ha ido absorbiendo o creando). Decía: “Es un crimen que hayan desaparecido los masters originales de Billie Holiday o Buddy Holly o de todos esos artistas de los 40 0 50. Cuando la industria discográfica empezó a declinar hace unos 15 años, la gente (por los ejecutivos) fue reticente a hacer copias porque costaba dinero. Cuesta de 2.500$ a 3.000$ convertir un original analógico a una copia digital de audio en alta resolución. No quisieron gastarse el dinero… Es trágico.”

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo CDI, Cultura, Música

¿Dónde ha sido Disco de Oro o Platino “El mal querer” de Rosalía?

EMQ

Cuando están a punto de cumplirse siete meses de la edición de “El mal querer” conviene hacer una pregunta clave: ¿Dónde ha sido Disco de Oro o de Platino el álbum de Rosalía? Lanzado a principios de noviembre de 2018 solo conozco un mercado donde ha logrado primero el de Oro y luego el de Platino: España. ¿Y fuera de nuestro país? En ningún mercado que yo conozca. Espero que alguien sepa aportar más datos. Serán bienvenidos. Y de paso servirán para actualizar la Wikipedia.

Esto viene a confirmar (desafortunadamente para muchos) lo que escribí a principios de febrero. Desde entonces hasta hace poco ha estado presentando su show en América, en lo que según los titulares de El País y otros medios podría haber parecido la madre de todas las giras.

Para quienes se las den de modernos y menosprecien las certificaciones por ventas de discos (Oro y Platino) porque lo que mola es lo digital (streaming y demás), les aconsejo que comprueben las listas al respecto (actualizadas al 23 de mayo). Si se toman la molestia verán que el reguetón con J BalvinCon altura” (no incluido en el álbum) y que supuso un cambio de dirección musical, fue un acierto. Como aventuré en este post:

“El reguetón es el género latino de mayor repercusión internacional. Por tanto tiene toda la lógica del mundo que para abrir fronteras se recurra a él.”

Abrir las fronteras de ese mercado discográfico que no estuvieron accesibles hasta ese momento. Pero vamos, despreciar las ventas de discos, porque quien tu afirmas que es la bomba no los vende, es un insulto a las decenas de artistas que sí los venden y a miles. Como demuestran los múltiples discos de oro y platino en distintos países. Y que no es el caso de Rosalía.

La otra canción no incluida en “El mal querer” y que figura en las listas de streaming es “Me traicionaste“. La del disco inspirado en la serie “Juego de tronos“, que también parecía que iba ser el no va más (además de otras exageraciones mediáticas al respecto porque ni era de la banda sonora ni ella aparecía en la serie). El resultado a un mes de su lanzamiento: n.º 95 en Moldávia (iTunes) y n.º 425 en España (Apple Music).

Como a mi sí me importan las listas de ventas (bastante más que las de radios e incluso que las de streaming), dejo esta captura (es de la Wiki): son las posiciones más altas de los sencillos en los principales mercados donde entraron en las listas de ventas.

Sgs Rosalía Wiki

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, General, Música, Medios

Pablo Alborán en América (y Europa)

PA Prometo LAM tour

Pablo Alborán está completando una nueva gira americana con el álbum “Prometo” (y siempre con músicos en directo). En ésta de 2019 ha actuado en un festival en Córdoba (Argentina), en Miami, ofreció seis actuaciones en México –dos de  ellas en la capital–, dos en Santiago de Chile, hoy en Montevideo y concluye pasado mañana en el Hipódromo de Palermo en Buenos Aires. Volverá a España para retomar la gira de aquí y ya en junio actuará en París, Lisboa (donde ya fue n.º 1 con anterioridad) y Roma. En el Royal Albert Hall de Londres actuó este pasado marzo (como pueden apreciar en la imagen).

En la turné de 2018 se vendieron más de 200.000 entradas (con todas las localidades agotadas en los cuatro conciertos en Chile). El comienzo de este Tour Prometo en Latinoamérica fue a principios del mes de marzo del año pasado en México y desde entonces recorrió Guatemala, Panamá, Costa Rica, Colombia, Perú, Ecuador, Argentina, Uruguay y Chile. 23 shows en los que se agotaron las entradas en la mayoría de ellos y que han facilitado que este año repita.

La América de habla hispana ha sido una extension natural en la carrera de los artistas españoles. Al igual que España lo ha sido para los hispanoamericanos. Creadores como Serrat o Sabina son considerados como propios en Argentina. Ismael Serrano lleva ese mismo camino. Otros muchos han triunfado con una canción o un par de ellas. Solistas de los llamados melódicos como Camilo Sesto o Raphael han arrasado. Fenómenos globales como Julio Iglesias o Paco de Lucía han roto barreras y récords. Cito tan solo unos ejemplos del pasado (sin mencionar grupos, como Pop TopsMecano o Héroes del Silencio, o solistas, como el propio BunburyPeret, Miguel Bosé o Luz Casal, que también vendieron en Europa) porque hoy en día parece que nada de esto ocurrió. Y algunos nos venden como logros históricos sucesos que no lo son y que ni siquiera han sucedido de momento. Solo he citado algunos ejemplos relevantes desde los 60 (dejando a bastantes en el teclado). Creo que a titulo informativo sirven de muestrario.

Esta extension natural de nuestros artistas de música popular es muy saludable. Pero siempre destaco a quienes se abrieron paso en los mercados anglosajones, germánicos, italianos, francófonos, escandinavos, japoneses, etc. De ahí mi insistencia con la edad de oro del pop español (1966-1976).

Volviendo al asunto que nos ocupa: Alborán lleva girando América (incluyendo Canadá) desde 2012. Su primer álbum se editó en 2011. Sus cuatro discos de estudio y los dos directos (“En acústico” y “Tour Terral, tres noches en Las Ventas“) han sido todos multiplatino en España (y varios de ellos son platino en distintos mercados exteriores). Por cierto, con el primero ya reventó el hoy llamado WiZink Center en Madrid (creo recordar que entonces era Barclays), y con el tercero, “Terral“, llenó la plaza de toros de Las Ventas ¡tres días!

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, Música

Qué pongan el AVE a América

28 de diciembre de 2010

La T4 del aeropuerto de Barajas será un edificio todo lo singular que se quiera. Diseñado por dos arquitectos de prestigio, nuestro Antonio Lamela y el británico Richard Rogers (en su haber tiene el premio Pritzker, el Nobel de Arquitectura). Todo muy bonito, incluso espectacular. Pero con un inconveniente: parece que olvidaron que es una terminal de pasajeros. Y que su funcionalidad debería ir encaminada a facilitar su uso, teniendo en cuenta la comodidad y necesidades de los viajeros. Ahora bien si eres un triatleta, fondista o maratoniano, es perfecto. Y añades un grado de dificultad a tu abnegada disciplina deportiva: el equipaje. En invierno además tienes ropa de abrigo. Sirve de entrenamiento. Pero para el resto de mortales, digamos que incluso sería preciso recurrir a los servicios del doctor Eufemiano Fuentes y de Pascua, el preparador.

Si llegas en coche hay que tener cuidado en no confundirse: el parking está en “llegadas”, y no en “salidas”, que es a donde se supone que te encaminas. No deja de ser sorprendente aunque está indicado correctamente (no como esa costumbre española de señalizar a posteriori). En mi caso hay un componente añadido: una experiencia bahiana. Estaba en Salvador de Bahía (Brasil) y cogí un taxi a la puerta del hotel. El amabilísimo taxista me metió la maleta y las dos bolsas en su maletero. Y hacía el aeropuerto me llevó. El problema surgió al llegar: estábamos en “llegadas” y no en “salidas”. Ante mi estupefacción me contestó que no le había indicado a donde iba. A lo cual me limité a preguntarle si para él era habitual llevar a pasajeros con equipaje a recibir vuelos o amigos, y que yo también quería de lo que fumaba.

Una vez aparcado, en P4, hay un paseíto hasta la sala de embarque. Cinco minutos (y dos cintas transportadoras). Una vez ahí te encuentras la primera cola en el mostrador de facturación. Afortunadamente ya teníamos la tarjeta de embarque y no íbamos a facturar equipaje.

Llegados a este punto conviene recordar que para los vuelos a EE.UU. te aconsejan estar dos horas antes de la hora del despegue. A lo que tenemos que sumar el tiempo que tardas en llegar de tu casa a la T4 (55 min. en nuestro caso).

Pasado el primer control de seguridad (si llevas botas te obligan a descalzarte) y el de pasaportes, hay que encaminarse a las salas de la zona U. Es la que más lejos queda. Y en esta ocasión, el vuelo a Nueva York, era la última sala de embarque. Para llegar a U (y a las otras) hay que tomar un trenecito, tras coger un ascensor o unas escaleras mecánicas.

Podrán observar en la foto que se tarda ¡22 minutos! en llegar. Si tienes suerte y los vagones están cuando llegas al andén. De no ser así cuenten con cinco minutos de espera. Una vez que te bajas del vagón queda una larga caminata hasta llegar a tu puerta de embarque (los 22 min. ya prevén esta situación). Varias cintas transportadoras facilitan la marcha.

Esto no es tanto problema a la ida como a la vuelta. Aterrizas sobre las siete de la mañana, después de haber pasado la noche en el avión. Y lo primero que te encuentras al salir de la aeronave es una rampa. Vale, la pendiente no es muy inclinada. Pero estás zumbado y cargado de cosas. Y tras la experiencia en la aduana estadounidense te empiezas a enervar (a pesar de las horas que han transcurrido) y te acuerdas de lo grande que es Lula: exigió a los ciudadanos USA que cumpliesen las mismas medidas que se aplicaban a los brasileños en Estados Unidos… La segunda rampa es un pelín más acusada. Y te queda todavía el control de pasaportes. ¡Qué diferencia el de aquí con el de JFK! Todo indica que los norteamericanos eligen a los más bordes para este cometido. Al entrar nos toco un gigante blanco de lo más tieso. Asustaba  de lo rígido que estaba. Ni una sonrisa. Gruñía para indicarte que pusieses la mano para cogerte las huellas (los diez dedos, ambas manos) y hacerte una foto (primer plano). El colmo era que se llamaba Borman… y por supuesto cuando le deseé unas Felices Fiestas ni me contestó. Después viene la aduana y la entrega de un formulario. Al salir de NY más de lo mismo. En este caso “el ingeniero” nos descalzó a todos, daba la impresión que hablaba por señas, organizó las colas un par de veces, movió los limites frecuentemente porque lo quería todo en orden, y se ponía de los nervios porque el trasiego de personas y bultos desplazaban unos centímetros su colocación (un neurótico).

Tras las dos rampas y el visto bueno a los pasaportes queda la odisea de cintas transportadoras, escaleras mecánicas, ascensores y tren. Lo mismo que hiciste a la ida. Pero peor: estás de regreso, agotado, llegas de viaje y has dormido unas pocas horas.

Lo de aduana e inmigración es inevitable. Al igual que las medidas de seguridad. Pero por favor ¡qué pongan el AVE a América!

8 comentarios

Archivado bajo CDI, Consumo, General, Humor, Recomendaciones