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23-F: ¿Dónde estabas tú hace treinta años? (por Rodri)

23 de febrero de 2011

A las seis en punto de la tarde del 23 de febrero de 1981 empezó la votación nominal para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como Presidente del Gobierno de España.

Radio Nacional de España emitía la investidura a través de Radio 3. Alfonso Gallego, responsable de la emisora nos había puesto de guardia (nunca mejor dicho) a tres de los que hacíamos programas. Estábamos Ramón Trecet, Victorino del Pozo y yo en la  redacción de Radio 3, la primera que tuvo junto a la Dirección de Programa Musicales y en el pasillo que llevaba al Archivo Sonoro. Radio 3  sonando de fondo con la letanía de nombrar a un congresista y su respuesta. Nosotros esperábamos que acabara para entrar a hacer nuestros programas. Más o menos, las seis y veinte de la tarde. Sobreponiéndose a nuestra conversación se escucha un estremecedor: “¡Quieto todo el mundo!

Nos miramos asombrados. Unos segundos después: sonido de disparos. Salimos corriendo para el control de Radio 3. Al otro lado del hall, vemos salir del despacho del Director de RNE a Julio de Benito, también corriendo. Llegamos juntos. Nos dice: “¡Poned música; la que sea!

Se queda un pero en el aire. En el interior de los que allí estamos hay otro “pero” (¡Joder, tenemos una oportunidad fantástica!) Por “baja” seguimos escuchando lo que pasa en el hemiciclo. Ahora sólo se recuerda a la SER. Tal vez por aquel LP que se puso y fue sonando canción a canción sin que volviera a salir una palabra de Radio 3. No puedo ni imaginar la estupefacción de nuestros oyentes.

A los quince minutos no hay manera de poder hablar con el exterior.

Posiblemente, se ha bloqueado la centralita.

Me quiero dar el “piro” Salgo fuera de la Casa de la Radio y me meto en el coche. Voy a la salida. Me paran. Un capitán alto, fornido, con barba corta, da órdenes. Quiero preguntar a un teniente que me está impidiendo llegar a la barrera. El capitán brama: “¡No hablen con los civiles!

Me doy la vuelta, dejo el coche y entro de nuevo en la Casa de la Radio.

Mucho se ha escrito sobre el “23-F” pero nunca habréis escuchado esta anécdota que es completamente auténtica y sólo la puedo contar yo. Quienes primero entraron en la Casa de la Radio, de las Fuerzas Armadas de nuestro cuartel vecino, fueron: ¡un cabo primero y dos soldados! Lo presencié a cinco metros, al lado de la escalera ya que, casi, entramos juntos. Se dirigieron a los ordenanzas de la entrada y el cabo primero, lleno de autoridad, espetó: “¡A partir de este momento no entra ni sale nadie de aquí y van a poner música militar!” 

Los conserjes no sabían que decir: “Nosotros no tenemos nada que ver con lo que se pone. Uno de ellos era Beltrán, padre de dos queridos compañeros de la Casa.

Después de aquel cabo primero ya llegó la autoridad “militar”, por supuesto, al despacho de Eduardo Sotillos.

En mi pasear constante por la Casa me encuentro con Isabel Tenaille en el hall de entrada. Hablamos. Pasa un rumboso brigada con traje de camuflaje y casco. Lleva bigote y está gordo como una foca. Pero lo que mas impresiona es el arma que lleva en las manos. Al ver a Isabel, dice con salero chulesco: “¡Ole las caras guapas!” Isabel cierra los ojos y yo aprieto los puños y me callo. Me hubiera gustado ser Bruce Lee.

En los repasos de aquel día en los distintos medios he leído, después, que Radio Nacional estaba emitiendo música clásica desde las seis de la tarde. Naturalmente. En la programación de Radio 1 estaban (grabados) los “Clásicos Populares” de Fernando Argenta que presentábamos los dos. ¡Naturalmente que emitíamos música clásica!

Sobre las once de la noche ha terminado la invasión a Prado del Rey. No hay nada que hacer.  Manda Radio 1 con lo que se llamó “la noche de los transistores”. Vuelvo al coche y me largo. Atravieso la Casa de Campo, camino habitual para coger lo que hoy es Calle 30 y enfilar a la Avenida Cardenal Herrera Oria. En la gasolinera de Herrera Oria hay decenas y decenas de coches llenando los depósitos. Si hay golpe de estado que nos pille con el depósito lleno. 

Llego a casa y tranquilizo a mi mujer. Mi hijo pequeño, Álvaro, había nacido el 25 de enero. Mi mujer se ha quedado sin leche con el susto. El mayor, Diego, está dormido. (Adrian se acordará de que Carlos Tena dio unos “¡Hip, hip!” por su nacimiento, en directo, en “Para vosotros, jóvenes“, cosa de agradecer pero que nos dejó un poco cortados.

Sale el Rey por la tele y es como la llegada de los Magos al Portal de Belén. Se sigue con los transistores pero ya se mantiene la esperanza de que todo vuelva a la normalidad.

En la mañana del 24 en el Congreso, ¡como saltaban por ventanas y balcones aquellos aguerridos héroes que iban a salvar la Patria! Pues la gran mayoría se fue de rositas. La pregunta sería: ¿Dónde están aquellos golpistas treinta años después?

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