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Un siglo de canciones 100: “Like A Rolling Stone”

25 de abril de 2011

Desde hace tiempo tenía decidido queLike A Rolling Stonefuese la número 100 de “Un siglo de canciones“. No solo es una de mis favoritas de Dylan, también lo es de todos los tiempos. Asimismo los críticos y lectores del Rolling Stone norteamericano -en dos consultas distintas- la eligieron como la mejor canción del siglo.

1965 fue una cosecha excepcional para el Pop (The Byrds y su versión del “Mr. Tambourine Man” de Dylan, “Satisfaction” de Rolling Stones, “Rubber  Soul” y “Help” de los Beatles, los hits de James Brown, “My Girl” de Temptations, The Who y suMy Generation“, la racha de éxitos de The Kinks, “Help Me, Rhonda” y “California Girls” de Beach Boys, los Miracles de Smokey Robinson, “Uptight” la primera composición de Stevie Wonder, las Supremes, etc.). Todo un año de cambios importantes en la escena musical. Tanto Bob Dylan como nuestra canción de hoy fueron protagonistas absolutos de lo que sucedió.

En marzo del 65 Dylan editó “Bringing It All Back Home“, y apuntaba su camino hacía temas más eléctricos. Era su quinto álbum, producido por Tom Wilson (quien posteriormente produciría los debuts de Simon & Garfunkel, las Mothers of Invention de Zappa y la Velvet Underground). Graduado de Harvard había sustituido al legendario John Hammond (quien fichó a Bob Dylan para Columbia Records) en la grabación de los últimos temas del “The Freewheelin’ Bob Dylan” (1963).

La última vez que trabajaron juntos fue durante la realización de “Like A Rolling Stone“, publicado como single en julio de 1965. Posteriormente se incluiría en el excelente “Highway 61 Revisited“, el disco que confirmaba la evolución estilística del genio de Minnesota. El resto del álbum estuvo bajo la supervisión de Bob Johnston. Grabado durante el verano del 65 vio la luz el 30 de agosto, avalado por el tremendo impacto de “Like A Rolling Stone“.

La primera vez que se interpretó en directo fue en el Festival de Newport, a los pocos días de haberse puesto a la venta el sencillo. En el video podemos ver un pequeño fragmento del ensayo.

Y la actuación pinchando aquí. Acompañado por Al Kooper al órgano, Barry Goldberg al piano y tres miembros de la Paul Butterfield Blues Band (el excelente guitarrista Mike Bloomfield más la sección rítmica formada por Jerome Arnold y Sam Law) esa noche del 25 de julio cambió la música. Solo fueron tres canciones entre abucheos, mal sonido, y Pete Seeger queriendo cortar la electricidad a hachazos. Abrieron con “Maggie’s Farm” (del “Bringing It All Back Home“), estrenaron nuestra protagonista de hoy y se retiraron tras tocar un esbozo de lo que luego sería “It Takes A Lot To Laugh, It Takes A Train To Cry” (incluida en “Highway 61 Revisited“).

En “No Direction Home“, el excelente film de Scorsese, Al Kooper nos desvelaba algunos aspectos de la grabación. En aquel entonces tenía 21 años, y había sido invitado al estudio por Wilson tras la sesión del primer día (se habían grabado cinco tomas, después de varios ensayos, y dada la duración del tema Dylan no se encontraba cómodo con el estado de su voz y hubo que parar). Kooper se presentó con su guitarra, pero se achantó ante la presencia y categoría de Mike Bloomfield (y además este contaba con la ventaja de haber ensayado previamente en casa de Dylan, en Woodstock, mientras terminaba de componerla). El invitado deseaba participar pero no encontraba su hueco. Hasta que Tom Wilson decidió cambiar al organista y pasarlo al piano. Se armó de valor y comentó que tenía una parte de órgano para “Like A Rolling Stone“. El productor sorprendido ante la propuesta del joven guitarrista accedió a probar o más bien no se negó (la experimentación no le era ajena: antes de fichar como productor por Columbia había formado su propio sello donde Sun Ra grabó su primer LP y Cecil Taylor formaba parte del elenco).

Mientras grababan, ya con Al Kooper al Hammond, Dylan pidió que subiesen el volumen del teclado, ante el escepticismo de Wilson quien insistía en que Kooper era guitarrista… Y así es como se fraguó la leyenda del Hammond más famoso de la historia del Rock, con una brillante y vibrante introducción que rescribió la sonoridad de la música popular.

Los poco más de seis minutos que duraba “Like A Rolling Stone” suponían un problema para su edición como single. Pero un acetato de prueba que fue pinchado en un club de moda de Nueva York obró el milagro: la demanda popular exigió que el DJ lo pusiese una y otra vez. Hasta que se desgastó. A la mañana siguiente el jefe de programas, y el locutor estrella, de la radio más importante de NY llamaron a Columbia pidiendo muestras. Habían estado la noche anterior en la discoteca. El problema de la longitud de la canción se resolvió con copias promocionales que en la Cara A llevaban las dos primeras estrofas y dos estribillos, y el resto iba en la B. Las emisoras que querían poner la canción entera lo hacían programando un lado detrás del otro.

Like A Rolling Stone” llegó al nº 2 en USA (no pudo desbancar a “Help“) y permaneció durante 12 semanas en la lista de los singles más vendidos. Esto impulsó a “Highway 61 Revisited” y alcanzó el Top 3 de la lista de ventas de LPs. Y hoy en día revistas como Mojo y Rolling Stone lo consideran entre los cinco mejores álbumes de siempre.

Las versiones han sido innumerables. Solo voy a destacar la de los Rolling Stones en Brasil con el mismísimo Dylan.

Mucho se hablado y se ha escrito sobre el significado de la letra. El autor, tan misterioso como es habitual en él, no ha dado muchas pistas. Pero tenemos unas pocas declaraciones suyas de la época, antes de su “reclusión”. Contaba que “vomitó” la letra, desde su concepción en Londres y durante el tiempo que tardó en rematarla. Algunas veces decía que fueron diez páginas y en otras eran veinte los folios que empleó. El caso es que nunca había escrito tanto.

Se especulaba que “Miss Lonely” estaba dedicada a una mujer en concreto y se apuntaba a Edie Sedgwick, de la factoría Warhol. Y que en realidad la canción era un ataque a Andy Warhol por su comportamiento con ese juguete roto que resultó ser la Sedgwick. Marianne Faithfull y Joan Baez son otros nombres asociados. ¿Y por qué no todos las personas citadas y otras más?

El caso es que la canción mezcla venganza, ternura, desprecio, amor. Sentimientos contrapuestos. Me quedo con el todo, con el fraseo, esa forma de vomitar las palabras, el pulso y la tensión de la música. Y sobre todo con el enorme impacto y la emoción que produjo a mediados de los 60. Bruce Springsteen lo explica de película

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Un siglo de canciones 84: “Spinning Wheel”

1 de octubre de 2010

Alan Peter Kuperschmidt, más conocido como Al Kooper, ha pasado a la historia entre otras cosas por tocar el órgano Hammond en “Like A Rolling Stone” de Dylan, por haberle acompañado en su transición hacía el Rock, por sus grabaciones con los Who, B.B. King, Jimi Hendrix, Cream, Rolling Stones, etc. Por las bandas que creó como The Blues Project (junto a Steve Katz ) y Blood, Sweat & Tears, los intérpretes originales de nuestra canción de hoy.

La ironía del asunto es que el éxito de “Spinning Wheel” llegó tras su marcha de la banda. La que había formado junto a Katz (su compañero en The Blues Project, el grupo blanco de blues que era un fijo en los clubs de folk del Village neoyorkino), Randy Brecker, Bobby Colomby, el ex Mothers Of Invention y ocasional miembro de Buffalo Springfield Jim Fielder, Richard Halligan, Fred Lipsius y Jerry Weiss. Tras un sorprendente primer álbum “Child Is Father To A Man” donde fusionaban el Jazz y la Clásica con la Psicodelia y el Rock. Pero la salida de Kooper (se fue a grabar el “Super Session” con Mike Bloomfield y Stepehen Stills) cambió la dirección de la banda. Katz y Colomby querían que se concentrase en los teclados y abandonase su posición de cantante de la agrupación. Se negó a dejar el micro.

Blood, Sweat & Tears iniciaron su andadura en el Greenwich Village de Nueva York. Fueron el primer grupo en combinar el Jazz y el Rock. Y la búsqueda de un sustituto para Al Kooper resultó decisiva. Se barajaron los nombres de Stephen Stills y Laura Nyro. Pero una recomendación de Judy Collins, la reina de la escena musical del Village -junto a Joan Baez-, fue clave. Y así fue como David Clayton-Thomas, el canadiense nacido en Inglaterra, entró en la nueva formación que se estaba gestando tras la salida del líder.  

En 1968/69 Blood, Sweat & Tears eran David Clayton-Thomas, Steve Katz, Bobby Colomby, Jim Fielder, Fred Lipsius, Lew Soloff, Chuck Winfield, Jerry Hyman y Dick Halligan. Ellos fueron quienes grabaron el segundo LP “Blood, Sweat & Tears“, que incluía, entre otras composiciones del nuevo cantante, su primer éxito propio: “Spinning Wheel“. Mantuvieron algunos de los arreglos que Al Kooper había dejado escritos antes de su forzada marcha. Pero el arreglo de “Spinning Wheel“, ganó un Grammy al Mejor Arreglo, fue obra del saxo Fred Lipsius y se remataba con una melodía austriaca, de principios del siglo XIX.

Nuestra canción de hoy tuvo más recorrido en los Grammys: fue nominada como Disco Del Año y Canción del Año; y el long play se lo llevó como Álbum Del Año (¡superando al “Abbey Road“!).

Producido por James William Guercio, un viejo conocido de Katz y Kooper y que también produciría a Chicago, “Spinning Wheel” se editó como sencillo en 1969, habiendo reducido casi a la mitad la duración original. Alcanzó el nº 2 de las listas Pop en julio; en agosto encabezó la lista de Easy Listening y también apareció en las de R&B.

Blood, Sweat & Tears” vio la luz a finales de 1968, fue rápidamente nº 1 y se extrajeron tres singles: todos llegaron al 2. “Spinning Wheel” era la única composición de un miembro de la banda (Clayton-Thomas). Los otros dos eran: una versión de “You’ve Made Me So Very Happy“, un tema de Brenda Holloway y Berry Gordy (el fundador de Tamla y Motown) y “And When I Die.” de Laura Nyro.

No se pierdan la imagen de David Clayton-Thomas en el video. La canción es tan buena que es fácil sobreponerse al look.

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