Archivo diario: septiembre 5, 2021

El ajedrez y yo

Blancas abandonan

Mi relación con el ajedrez ha sido discontinua. Es lo peor que se puede hacer en disciplinas que requieren práctica y constancia. Me pasa igual con el tenis.

La afición al ajedrez me viene de pequeño. Me la inculcó mi padre, buen jugador. El reto de ganarle fue la principal motivación. Me ejercitaba, leía (tenía dos libros estupendos), seguía las partidas de los periódicos y jugaba con quien pudiese (que eran más bien pocos). Hasta que un día llegó la ansiada victoria. A partir de ahí podemos decir que solo le ganaba a mi padre una de cada 10 o 12 partidas.

Entre mi círculo no era frecuente la afición al ajedrez. Me cansé del juego. La llegada de las máquinas de jugar fue una bendición. La primera que vi la tenía Gonzalo Garciapelayo (que así firmaba entonces). No era rival para él, me ganaba con suma facilidad. Y como en el tenis las diferencias entre contendientes lastran las partidas.

Ahorré para comprarme una máquina. Estuve enganchado un tiempo. Y lo dejé. A partir de entonces el proceso de conexión/desconexión ha sido constante. La penúltima vez que volví fue con los teléfonos móviles. Descargué una app y volví a jugar hasta que las sucesivas actualizaciones y la obsolescencia de mi iPhone 5 inhabilitaron esta posibilidad. Hasta este verano, cuando empecé a ver videos de partidas del gran Magnus Carlsen en Facebook. A lo que siguieron los videos del Maestro Luisón (Luis Fernández Siles), quien explica y analiza de maravilla.

El 14 de julio me inscribi en chess.com y empezé de nuevo. A jugar (partidas cortas de 20 minutos o largas), a resolver problemas, seguir cursos e incluso me he apuntado a un torneo que arrancó el pasado 1 de septiembre. Y he jugado las dos mejores partidas de mi vida. Que al menos recuerde. Una la perdí contra un estadounidense que me tocó aleatoriamente y que me triplicaba en puntuación. Le hice sudar la gota gorda. Al acabar me mandó un mensaje de felicitación que me supo a triunfo. Esta derrota no me restó puntos en la clasificación, por la diferencia de nivel. La otra, se la gané a alguien que me doblaba en puntuación. Y me llovieron los puntos. En la imagen pueden ver el tablero final, tras mi jaque con la torre negra que provocó su abandono. El llegar hasta esta posición fue una gozada.

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