Partido grande en el Bernabéu

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Un Real Madrid-Real Sociedad es siempre atractivo a priori. La Real llegaba en puestos europeos y el Madrid estaba obligado por la victoria culé en Leganés. La atención, al menos en mi tribuna, estaba dividida en tres frentes: nuestro partido, la final de la Libertadores y la semifinal de la Copa Davis. A partir del primer minuto el foco se centró en lo que sucedía sobre el césped del Bernabéu. El toque de atención lo dio Sergio Ramos: en una sobrada tremenda dio un pase atrás a Courtois sin mirar. Willian José, ex del Castilla, no desaprovechó el regalo y anotó el 0-1. Ramos pidió perdón. Nos había puesto el encuentro muy cuesta arriba.

Con el marcador a favor la Real se hizo grande. Ocupaba muy bien los espacios. Nos presionaban arriba. Estaban encima nuestra. Nos maniataban. Llevaban el ritmo del partido. Las dos mejores ocasiones llegaron de sus botas. Dos muy claras, en la misma jugada. Falló “nuestro” Odegaard y también Willian José en el rechace. Lo mejor del Madrid en ataque era llegar, superando las dificultades que nos ponía el rival. En este aspecto destacaron Correcaminos Mendy y Hazard. El lateral era un muro infranqueable en defensa, superaba en velocidad a quien se le pusiese delante… pero el pase final no era el acertado. El belga por su parte encaraba y destilaba clase en cada intervención. Fue un martillo pilón para la defensa realista. Va a más. (Y espero que juegue más en equipo y nos ayude metiendo goles y pasándolos). Las dos oportunidades blancas llegaron en disparos desde fuera del área que Remiro tuvo dificultades en atrapar (de Mendy y Hazard). Y nosotros acusamos la falta de un delantero atento a los rechaces.

El Madrid vio la luz en el 36. Una falta magistralmente botada por Modric fue rematada con todo por Benzema (creo que la dio con el abdomen). Era el empate a uno. El estadio se convirtió en una caldera. La catarsis fue total. Los donostiarras acusaron el golpe y los nuestros volaron. Fueron 10 minutos espectaculares, con los donostiarras encerrados en su campo (no pasaron del circulo central). El aluvión blanco fue total. Se terminaban las jugadas, si se perdía el balón se recuperaba inmediatamente. Ahora quien ejercía la presión era el Madrid. Fueron los mejor minutos blancos del partido.

Al descanso se llegó con el empate a uno. En el intermedio comentábamos la buena noche de fútbol que estábamos disfrutando, el resultado de la Libertadores y lo de Nadal.

Al poco de iniciarse la segunda mitad se movió el marcador. Esta vez fue a nuestro favor. Fede Valverde, cada vez mejor y más asentado, anotaba el 2-1. El zapatazo de Valverde, tras recibir el balón de Modric, parece que dio en Oyarzabal (¿su brazo?). La euforia se desató. Solo que ahora la Real no acusó el golpe y se mantuvo firme. El partido se jugaba de igual a igual. Visto lo visto, y con un resultado corto, me preocupaba no lograr un tercer tanto. La Real podía empatar. Odegaard, de nuevo, pudo haber afinado, pero su remate flojo y sin intención fue centrado a las manos de Courtois. A Rodrygo, de cabeza, le pasó algo parecido en la portería contraria. Estaba solo sin marca. Remiro (a tiro de Benzema) y Courtois se lucieron con dos paradas. Y ese tercer gol, el de la tranquilidad llegó en el 73. Un balón largo a Bale originó un pase del galés a Benzema. El francés de cabeza la cedió atrás a Modric, quien llegaba lanzado. El zurdazo del croata fue un golazo, imparable.

El respetable mostró claramente sus preferencias: despidió con aplausos y coreando su nombre a Rodrygo para inmediatamente silbar a su sustituto, Bale. El galés que solo jugó 25 minutos pareció extenuado los últimos 10. Y una parte del público le pitaba en cada una de sus intervenciones (desde el calentamiento en la banda). Valverde fue despedido con una sonora ovación, con miles de aficionados de pie (entre los cuales me encontraba). Los cambios de Modric por Isco también fueron aplaudidos. Más Modric, que salía y se había lucido en el gol y en las jugadas de los otros dos. La entrada de Kroos fue bien recibida pero quedó tapada por la tremenda ovación a Valverde.

El 3-1 nos dejó muy buenas sensaciones. Parece que los nubarrones van quedando atrás. Y el martes tenemos Champions contra el PSG. Otro test.

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