La Cultura ausente de nuevo en el debate (salvo una breve mención al final)

EL PAÍS

Nuevamente la Cultura fue la ausente en el debate. Han sido dos debates. En ambos se pasaron por alto los asuntos culturales. Esto es tan lamentable como penoso. No solo implica no entender el inmenso legado de nuestros valores culturales (arte, literatura, música, etc.) y de nuestro patrimonio histórico-artistico, también representa una tremenda ceguera respecto a lo que representa y representará la Cultura en el PIB presente y futuro. Tan solo se mencionó un minuto terminando el segundo debate, ya pasada la medianoche, justo antes de las alocuciones finales de los candidatos.

Centrándonos en el segundo debate: Pablo Casado remontó. Era imposible que lo hiciese peor. Tuvo más protagonismo que en el primero y llevó la iniciativa en unos pocos temas. Pero en la mayoría de los cruces directos con los otros tres candidatos llevó las de perder. El domingo, en las urnas, veremos como ha salido de estas dos intervenciones. La segunda, mejor que la primera, le servirá para dejar mejor sabor de boca entre los suyos y los indecisos de la derecha. Estuvo más claro en sus mensajes, que repitió buscando el caladero de votos más derechistas.

Si Casado tenia fácil mejorar para Albert Rivera era bastante más complicado. Gastó muchas balas el primer día. ¿Le quedaba munición? Alguna tuvo. Soltó varias andanadas a los otros tres e incidió en conceptos del debate anterior. Su fogosidad fue más a la hora de interrumpir. Hasta el punto que Pablo Iglesias le reprendió y acabó llamándole impertinente (aparte de maleducado). Antes del descanso nos ofreció su imagen de “hombre de estado” pidiendo un pacto de todas las fuerza en temas tan delicados como la muerte digna y la eutanasia. Aquí dejó en fuera de juego al PP (como sucedió con el aborto donde Casado patinó). Repitió faena en la segunda parte con Pedro Sánchez en el tema de los ERE en Andalucía. Muy efectivo el rollo de papel que desplegó –y casi llegaba hasta el suelo– con los casos de corrupción del PSOE.

Pablo Iglesias daba la impresión de saber de lo que hablaba. Dominaba los datos. Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con sus planteamientos, pero maneja muy bien su información. Sus propuestas fueron claras y concretas (como la reforma del Código Penal en ref. a la violencia de género, la subida de los impuestos en los tramos superiores de ingresos, etc.). Establecido el parámetro de defensa de la Constitución en este segundo debate volvió a referirse a ella (no tan frecuentemente) para apoyar sus argumentos.

Pedro Sánchez no estuvo tan comedido. Atacó a PP y Ciudadanos. Recordó la existencia de Vox. Y el apoyo que la “ultraderecha” (así se refirió a ellos en repetidas ocasiones) daba al gobierno PP/Cs en Andalucía. Y también interrumpió para atajar bulos. Algo que no hizo el primer día. Dejó pasar por alto asuntos porque no podía, ni debía, estar a todas y caer en el error de Rivera. Aprovechó para dejar claros algunos datos sobre el sistema nacional de salud. Y recordó que PP, Ciudadanos y los independendistas rechazaron sus presupuestos provocando la convocatoria de estas elecciones generales. (Podemos se abstuvo en la votación parlamentaria).

Las espadas están en alto. El domingo sabremos. De momento dejo el pronostico de quien acertó en las andaluzas. Su proyección para el 28 de abril se aleja de las encuestas que hemos estado viendo hasta ahora.

28 A

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