Archivo diario: febrero 3, 2019

La 6ª de Mahler en el Auditorio Nacional

ONE DAAyer dejé grabando el Barça-Valencia y nos fuimos al Auditorio Nacional a escuchar la 6ª Sinfonía de Gustav Mahler. Al frente de la Orquesta Nacional de España estaba su director titular David Afkham. Siempre que tengo ocasión comento que esta formación es mi banda de tributo española favorita. Tengo entendido que la Orquesta Sinfónica de Tenerife también tiene un nivelazo (por los directores que ha tenido desde mediados de los 80 más la contratación de músicos de primer nivel de Europa del Este).

Esta sexta sinfonia de Mahler, una obra maestra, era la favorita de Alban Berg (la consideraba la mejor sexta de la historia). Es una composición mítica, conocida popularmente por La trágica. El apelativo no es del autor. Se la denomino así por la concatenación de desgracias que sucedieron al año de su estreno (y que el final del cuarto movimiento parece presagiar). Compuesta entre 1903 y 1904 Mahler no editó la partitura hasta 1906, cuando estrenó la sinfonía en un concierto en Essen que el mismo dirigió. Por contra, las circunstancias vitales que rodean a la composición no pudieron ser más favorables: se había casado con Alma en 1902 y su hija Anna nació mientras estaba centrado en su composición.

El director Wilhelm Furtwängler, otro nombre mítico, la consideraba la primera obra nihilista de la historia de la música. Otro mito de la dirección, su amigo Bruno Walter, nunca se atrevió con esta sinfonía. Los músicos de la Orquesta Nacional de España reflejaban en sus rostros la concentración por la complejidad de la partitura y por la alta carga emocional de la misma.

Dividida en cuatro movimientos, el primero arranca con un tema como si fuese una marcha. Este tema será constante a lo largo del movimiento. Como si fuese un estribillo (siempre me quedé con ganas de haber grabado una versión heavy a base de tres o cuatro guitarras eléctricas). Y volverá a aparecer, con variantes, en el tercer y cuarto movimiento. Este último es de una intensidad magistral. De larga duración -ayer fueron 35 minutos- es un torbellino sonoro de emociones. Sencillamente sobrecogedor.

La ovación al finalizar el concierto fue atronadora. La Mundana y un servidor nos desgañitamos con nuestros «¡bravos!»

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