Archivo diario: noviembre 15, 2018

Sanzol dirige “Luces de bohemia” de Valle-Inclán

El gran Alfredo Sanzol dirige el montaje de la versión completa de “Luces de bohemia” de Ramon María del Valle-Inclán en el Teatro María Guerrero. Recordemos que esta obra teatral se publicó primero por entregas semanales en 1920 (en la revista España). Cuatro años después se editó la versión definitiva con tres escenas más. La obra, que inauguraba un nuevo género teatral –el esperpento– no se estrenó hasta 1963. ¡En París! En España no se vio hasta el otoño de 1970. Dirigida por José Tamayo se representó primero en Valencia. En Madrid la vimos un año después en el Bellas Artes con Carlos Lemos y Agustín González (el hermano del bajista de Los Brincos) en los papeles de Max Estrella y Don Latino. No se volvió a representar hasta 1981 en Sevilla por Teatro Estudio de Sevilla (TES) y se repuso en 1982 además de en Sevilla en otras ciudades andaluzas ese mismo año y el siguiente. Lluis Pasqual en 1984 repuso la obra. La compañía Ur Teatro hizo su versión en 2002. En 2012 el Centro Dramático Nacional (CDN) bajo la dirección de Lluis Homar presenta su montaje. Y así llegamos a 2018 con Alfredo Sanzol dirigiendo esta nueva producción del CDN.

El elenco de actores es sencillamente impresionante (algunos realizan varios papeles: son 16 interpretes para 40 personajes). Son cercanos, directos, no sobreactúan, transmiten rotundamente el texto y se hacen con el personaje que representan. Mantienen la tensión durante las dos horas y cuarto que dura la función. Y en un elemento importante de la escenografía mantienen un trasiego constante modificando los atrezos del decorado. Este truco proporciona un dinamismo adicional a la obra.

Sanzol en un artículo del gran Marcos Ordoñez en El País decía: “Vuelvo a leer esta obra y no envejece: es como si cada vez sacara a la luz vicios de fábrica del funcionamiento del país. Su esencia se repite por encima de las épocas. Formalmente es prodigiosa: parece escrita ayer. Hay un anhelo modernísimo de simultaneidad, de abarcar muchos espacios e historias a lo largo de un breve tiempo. Decir que es cinematográfica es una obviedad, pero muy cierta. Y el gusto de Valle por jugar con el lenguaje es un placer de dioses. Yo la veo como una obra muy céltica: cuanto más la releo, más se me conecta la noche de Max Estrella con la de Leopold Bloom en el “Ulises” de Joyce”.

Jorge Bedoya toca el piano sobre poemas de Valle y Rubén Darío.

Anoche la estuvimos viendo (día del espectador) y salimos encantados. Altamente recomendable.

Luces de bohemia

 

 

 

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