Elecciones SGAE: la resaca post electoral

En el primer post de esta serie sobre las elecciones de SGAE terminaba preguntando respecto a Teddy Bautista¿Es un hombre de 75 años la persona adecuada para renovar y rejuvenecer SGAE, tras siete años de ausencia? Los socios de SGAE, con derecho a voto, parece que se hicieron la misma pregunta. Y los pocos que acudieron a la cita electoral dejaron fuera a Bautista de la Junta Directiva (quedó noveno y solo accedían ocho). El tono mesiánico de su campaña además de una excesiva repercusión mediática jugaron en su contra. No hubo un programa de actuación claro y dirigido a los socios. Eran más bien una reivindicación personal. Y así le fue (por ahora). ¿Hizo el ridículo? No creo. En sus declaraciones mencionó el concepto de “cadáver social” y su intención de dejar de serlo después de siete años de silencio. Pues bien, ahora ya está incinerado. Ridículo, lo que se dice ridículo, ha sido lo de Alejandro Sanz. Ha pasado de formar parte del frente anti Bautista a apoyarlo en estas elecciones. ¿Ha sido lo de Sanz el abrazo del oso? Probablemente, porque es difícil de entender semejante bandazo además de la decepción del resultado electoral.

Se puede decir que los grandes triunfadores de estas elecciones han sido quienes han propugnado la abstención. Dos grupos diferenciados: el de las editoriales extranjeras y el de destacados autores, tanto de Coalición Autoral como independientes que se han agregado a la propuesta. Cuando hablamos de un histórico récord negativo de participación nos referimos a que solo han votado 1.373 socios de los 18.970 con derecho a voto. Parecen números propios de la Asamblea de Compromisarios del Florentinato. En el caso de SGAE ¿puede regirse una sociedad con tan solo el 7,25% de participación? Es la mas baja de la historia de la sociedad (disculpen que repita el dato pero creo que hay que insistir en ello).

Esta mañana me reuní con Patacho Recio gracias a la mediación de Paco Renero (quien ha desarrollado una herramienta tecnológica para la recaudación de derechos). Paco y yo nos conocemos desde 1978 (como bien me recordó) y nos profesamos un cariño mutuo. Patacho y un servidor hemos coincidido varias veces pero era la primera vez que nos veíamos cara a cara. Quisiera aclarar que de entrada no me convencían demasiado los argumentos que había leído sobre la postura de la abstención y de la posible escisión que preparaban. Tras un par de horas de charla franca y abierta Patacho me ha convencido.

Después de abordar lo obvio (la baja participación y la alta abstención que refrendaba la postura de Patacho y demás protagonistas que propugnaron no acudir a la votación, el batacazo de Teddy, la inevitable “rueda” y su escisión en dos grupos que ahora parecen antagónicos, etc.) abordamos el futuro de SGAE. Patacho se mostró seguro en sus planteamientos: o se aceptaban una serie de planteamientos (ya expuestos públicamente) o la escisión era inevitable. Ante estos dos escenarios elaboró dos lineas de actuación:

  • La permanencia implica dos aspectos fundamentales: la creación de unidades de gestión de derechos independientes según las distintas modalidades (música, audiovisuales, artes escénicas) o colegios, en linea con una propuesta de Miguel Ríos publicada en El País la semana pasada; y sobre todo la modificación de los estatutos. Cuestión peliaguda está última a mi entender, por los socios afines a “la rueda”. Patacho fue categórico: “No. Se necesitan dos tercios de los votos para modificar los estatutos y los de la rueda ya sabemos que solo disponen de un tercio, unos seis mil.”
  • La creación de una nueva sociedad de gestión de derechos exclusivamente dedicada a la música.

Está segunda opción es la más interesante y la que más dificultades conlleva. Patacho, firme en sus convicciones, desgranó un calendario de actuación. El primero, expuesto anteriormente, dependía de la aceptación de los planteamientos propuestos y fijaba un horizonte temporal hasta finales de este año. Si no había acuerdo se procedía con la ruptura. La nueva sociedad estaría a pleno funcionamiento en el espacio de 12 meses. Es el tiempo que Patacho y los suyos calculan para que todos los derechos del repertorio se vayan incorporando a la nueva entidad. Acorde a los contratos de cesión, de los autores y editores de sus obras a SGAE, este plazo paulatino parece razonable y plausible.

Preguntado sobre los apoyos autorales y editoriales con los que contaban quedé impresionado ante los nombres mencionados. Especialmente al contar (de momento) con las editoriales extranjeras y gran parte de las nacionales (asociadas ambas en AEDEM y OPEM) así como de entidades como la UFI. El asunto editorial es sumamente importante dado el volumen de ingresos que representa en los ingresos de SGAE. Se estima en la mitad de lo que proviene de música.

Cuando planteé el asunto patrimonial de SGAE y la perdida de derechos sobre el mismo que conlleva dejar de ser socio, Patacho respondió rápido que “también implica despedirnos de la deuda y de otras mochilas”. La verdad es que repasando a grandes rasgos los datos de SGAE es fácil observar el lastre que arrastra la sociedad. Estamos hablando de una nómina de unos 400 empleados fijos con ¡un salario medio de 60.000€! Situaciones tan chocantes como que Sastrón disponía de dos choferes y varias secretarias con sueldos astronómicos (de ejecutivos de primer nivel). Desde luego son mochilas muy pesadas. La creación de una nueva entidad de gestión evitaría que los nuevos tuviesen que despedir y asumir los gastos que acarrean los finiquitos aparte de empezar de cero sin ningún tipo de trabas y compromisos adquiridos.

Repasando disfunciones y falta de diligencia de algunos empleados de SGAE les conté mi experiencia como editor. Quise devolver los derechos contratados a sus autores. Fue imposible. Intenté varias opciones y todo eran trabas. Mentalidad de funcionarios, excusas para no dar un palo al agua y rebotar el trabajo sobre otros. Que invariablemente caía sobre mi. Era más cómodo para mi dejar las cosas como estaban, no devolver a los autores la parte que les había adquirido y dejar de ejercer mis funciones como editor. (Las cantidades eran irrisorias, como asumo que se imaginaran).

Repito lo ya dicho: los argumentos de Patacho me han convencido. ¿Nacerá una nueva sociedad de gestión de derechos de autor solo del mundo de la música? El tiempo despejará esta incógnita.

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, Música

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s