El sofá de casa y Leonard Cohen

Nos ha dejado Leonard Cohen. No por esperado es menos doloroso. Nos queda su legado: sus canciones y una reciente obra maestra You Want It Darker, uno de sus mejores álbumes. No podía haber mejor testamento.

En estas horas los recuerdos se amontonan (desde la década de los 80). Pero hay uno, entrañable, que es un recurrente en estos momentos: el pésame que mandó cuando supo que nuestro sofá pasaba a mejor vida.

Cuando nos conocimos en Nueva York (trabajamos juntos en Various Positions, el de “Hallelujah”: tenía la la carta libertad de la CBS estadounidense y le rescatamos desde la división internacional, por feliz iniciativa de mi jefa Bunny Freidus, VP de Operaciones Creativas). Aparte del trabajo desarrollamos una relación personal que tuvo continuidad cuando volvimos a España (“Take This Waltz” es uno de los frutos, originalmente incluida en el proyecto Poetas en Nueva York, concepto e idea del sin par Manolo Diaz).

El sofá fue adquirido en Macys (dónde si no) y viajó con nosotros a España. En sus ratos de asueto, después del trabajo y antes de salir a cenar, solía echarse sus buenas cabezadas. Tanto en Manhattan como en Madrid. La verdad es que era muy acogedor -el sofá- e invitaba al sueño. Al despertar el bueno de Leonard, fresco como una rosa, siempre agradecía a La Mundana el sueño reparador (thanks for the nap). Evidentemente para nosotros era un honor.

Imagino que ahora en este viaje sin equipaje Leonard encontrará un buen sofá para su descanso eterno…

5 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música

5 Respuestas a “El sofá de casa y Leonard Cohen

  1. ¿Tuve entonces, Adrián, el honor de compartir ese ya mítico sofá en mi estancia en Manhattan gracias a tu invitación y a la de Begoña? Si no fuera así, me consideraré afortunado: a punto estuve de compartir the couch con Leonard.

  2. aurora a, de andrés

    lo he querido compartir, mi querido Adriaan, porque es un testimonio particular, domestico y entrañable..suerte tiene la Mundana de haber podido ser testigo directo de la intimidad ensoñadora del maestro. Yo siempre creí, que , como los dioses, L.C. era inmortal. Ahora ya lo es definitivamente instalado en tu sofá comprado en Maceys….bss

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