A proposito del joven Nicolás

Nicolás

Les supongo conocedores del caso del veinteañero Nicolás. Noticia que casi todos hemos celebrado con alborozo y evidente simpatía. Pasada la reacción inicial me preocupa la frivolidad con la que hemos consagrado a este sinvergüenza. Me explico.

En el país que creó, hace siglos, un genero literario como la novela picaresca la admiración por los pícaros ha ido in crescendo. Lo de Nicolás es el último ejemplo: convertimos en héroes a unos simples embaucadores y/o estafadores. No me vale la metáfora de Robin Hood. Si la aceptamos estamos consagrando -de hecho lo hacemos- a unos delincuentes valiéndonos de unos supuestos motivos morales y sociales.

Llevemos este ejemplo y esta tradición a nuestra situación actual, referida a la clase política. Los políticos salen de nuestras filas, de la sociedad civil. Y somos nosotros quienes les votamos y apoyamos. Los mismos que ensalzamos conductas delictivas en unos casos y en otros criticamos las de nuestros representantes electos. Todo dependerá del cristal con el que se mire. La corrupción de nuestros adversarios políticos es inadmisible. La de los afines es justificable o se hacen oídos sordos. Otra variante habitual para echar balones fuera es la del “y tu más”.

Y luego tenemos las urnas. Hay suficientes casos en los que la corrupción flagrante no ha impedido sacar los suficientes votos para seguir mandando. No solo en los grandes partidos también en formaciones menores (Ruiz Mateos, Gil, etc.). Además encontramos otro fenómeno cuando los corruptos son expulsados del partido: forman uno nuevo (¿independiente?) y arrastran votos que les mantiene en el poder, debilitando a la formación que les echó. Un castigo en las urnas para quienes actuaron correctamente.

Mi larga trayectoria profesional (empecé a trabajar con 15 años y medio) me ha llevado a conocer mucha gente en varios países. En el nuestro, España, me sorprende ver como corruptos de tomo y lomo, los delincuentes habituales del sector, se llevan las manos a la cabeza ante la corrupción actual. Escriben y propagan textos que les hace pasar por santos varones (curiosamente no hay mujeres escribiendo estas soflamas). ¿Envidia? ¿Se cree el ladrón que todos son de su condición? Mi jefa en Nueva York, en los 80, me enseñó “haz lo que digo no lo que hago”. Encaja como un guante. Así votamos lo que votamos. Y nos quejamos después…

No debemos mostrar simpatía por los pícaros, delincuentes, corruptos y corruptores, estafadores, etc. Da igual que sean de baja estofa o alta cuna. Eso deben decidirlo los tribunales e irá en función de lo defraudado. Soy el primer pecador porque reconozco que lo de Nicolás me ha hecho gracia.

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1 comentario

Archivado bajo Política

Una respuesta a “A proposito del joven Nicolás

  1. Javier Batanero

    La gracia -que a mí también me hizo- no la tiene el personaje, sino la escema que revela. El asombro, llevado a un punto de desmesura, funciona como las cosquillas.

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