El ocio del jubilado (por Miguel Hoyas)

Multa

La gente que todavía trabaja me pregunta a menudo qué hago diariamente, ahora que estoy jubilado…

Pues bien, por ejemplo, el otro día fui a Madrid y entré en un edificio de usos múltiples del Ayuntamiento para presentar una documentación; sin tardar en la gestión ni cinco minutos.

Cuando salí, un Policía Local estaba poniendo una infracción por estacionamiento prohibido. Rápidamente me acerqué a él y le dije:

– ¡Vaya hombre, no he tardado ni cinco minutos…! Dios le recompensaría si hiciera un pequeño gesto para con un jubilado…

Me ignoró olímpicamente y continuó rellenando la infracción.

La verdad es que me pasé un poco y le dije que no tenía vergüenza.

Me miró fríamente y empezó a llenar otra infracción alegando que, además, el vehículo no traía yo no sé qué de la hora. Entonces levanté la voz para decirle que me había percatado de que estaba tratando con un cabrón, que le habían dejado entrar en la poli porque no servía para otra cosa…

Él acabó con la segunda infracción, la colocó debajo del limpiaparabrisas, y empezó con una tercera. No me achiqué y estuve así durante unos 20 minutos llamándole de todo, desde “sieso rebanao”, hasta h de p…

Él, a cada insulto, respondía con una nueva infracción. Con cada infracción que llenaba, se le dibujaba una sonrisa que reflejaba la satisfacción de la venganza…

Después de la enésima infracción… le dije:

– Lo tengo que dejar, porque… ¡Ahí viene mi autobús!

Desde mi jubilación, ensayo cada día cómo divertirme un poco.

¡Es importante hacer algo a mi edad, para no aburrirme!

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5 comentarios

Archivado bajo Poesía, relatos y otras hierbas

5 Respuestas a “El ocio del jubilado (por Miguel Hoyas)

  1. Rafaela

    Todo el mundo sabe y ellos los primeros, que la policía está compuesta en su mayor parte por inútiles, vagos y parásitos que si no estuvieran ahí obedeciendo órdenes y lamiendo culos de sus superiores en la jerarquía, se encontrarían, muy probablemente, en la acera de enfrente, la del mundo del hampa. Nada hay más parecido a un delincuente que un policía; son extremos que se tocan demasiado a menudo. Y en medio, estamos casi todos los demás, rodeados por los lobos.

  2. Madame de Chevreuse

    Habitualmente, Adrián, se te entiende todo todito. Hoy no sé si estás con el “modo irónico” en marcha o qué pero como no sea un ejemplo de señor impertinente que acaba el día con los dientes puestos sin merecerlo, no lo pillo.
    Baci e abbracci

  3. Antonio Perea

    Así es que… ¿Miguel Hoyas, dice usted?

  4. Aunque al final no fuera el caso, en estos casos siempre hay que recordar tres palabras mágicas; no son infalibles, pero a menudo le sacarán a uno de más de un apuro… Recordad: Paco Martínez Soria (pero ¡ojo! no el de “Don R que R”)

  5. Luismita

    La policía municipal está en alto lugar en la escala de inutilidad, y lleva allí muchos años

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