Archivo diario: diciembre 11, 2011

Ganó el mejor

El 1-3 del marcador es doblemente engañoso, porque la derrota del Real Madrid pudo ser más abultada o sencillamente no se habría producido si nuestra máxima estrella, Cristiano Ronaldo, no hubiese fallado dos goles cantados. Uno, en la primera parte, con 1-0 a nuestro favor: chutó fuera cuando estaba solo en las inmediaciones del punto de penalti. Fue una gran contra blanca, mal rematada. Y en la segunda parte un cabezazo, solo, sin oposición, tampoco entró. Detrás suyo estaban prestos a cabecear Ramos y Benzema. De lo que pudo ser un 2-2, en la siguiente jugada Cesc Fábregas de cabeza anotó el 1-3, a un gran pase cruzado de Dani Alves. Una contra blaugrana de libro, en la que en mi opinión Casillas falló al no salir de puños y se quedó colgado del palo.

 A Ronaldo no se le puede criticar por haber fallado dos goles. Porque hay que estar ahí para marrarlos. Pero lo de anoche fue un problema de actitud. Parecía que el partido no iba con él. No dio la impresión de esforzarse como el resto de sus compañeros. Perdía la pelota y no luchaba por rescatarla ni por recuperar la posición. Si sufría una tarascada –y el árbitro no consideraba que fuese falta o aplicaba la ley de la ventaja- tardaba en levantarse. Su comportamiento llegó a irritar a parte del respetable, que incluso llegó a silbarle. El murmullo sobre su pésima actuación sí fue unánime.

Pero si hay un jugador que quedó retratado anoche este fue Mesut Özil. Y su entrenador, que apostó ayer por él, le crucificó en la rueda de prensa posterior al Clásico. Le acusó dos veces. Una sin nombrarle echándole en cara no haber metido la pierna, en la acción en la que Messi se llevó una pelota dividida en el circulo central, y terminó con el gol del empate a uno. Y la otra fue cuando se autorecriminó por haberle alineado.

El encuentro no pudo haber empezado mejor para el Madrid. Sacó de centro el Barça. Retrasaron el esférico hacia su portería. La presión blanca provocó el fallo de Víctor Valdés y nos hicimos con la bola. Y tras un rechace a un disparo desde fuera  del área, el balón llegó a media altura a Benzema. Y la metió. Habían transcurrido 23 segundos.

Le recordé a mi hermano una frase de Laudrup que me impresionó hace unas semanas. Venía a decir que cuando el Real Madrid resultaba más peligroso era cuando no tenía la pelota… Todo se ponía de cara. Y entonces Guardiola pasó a una defensa de tres marcadores, con Busquets incrustado –o levemente adelantado- en el centro de esa línea de 3. Y Alves ocupó toda la banda derecha, desde el medio campo hasta la delantera (como aventurábamos ayer). El trabajo defensivo de Alexis y Messi, apoyando a sus compañeros, resultó admirable. Y curiosamente esta nueva disposición fue poco a poco haciéndose con el tempo del partido. Nuestras bandas se cortocircuitaron. Xabi Alonso perdió el control, aunque se sacrificaba taponando a Xavi. Hasta que llegó el gol del empate.

Una arrancada de Messi desde el centro del campo, fue muy bien aprovechada por Alexis. El argentino tras superar al tercer jugador local (Sergio Ramos) vio el hueco en el centro de la defensa, y le pasó al chileno. Pepe no llegó a tiempo, y quien casi lo hizo, desde el lateral derecho, fue un desesperado Coentrao. Alexis empató.

Lo desesperante de este tanto es que es típico del Barcelona. Y debería estar estudiado y entrenado. No me cabe duda de que así lo sea. Pero la descoordinación fue más que evidente. A lo que tengo que añadir que una vez más nos la enchufan por el centro de la defensa.

Antes de comenzar el partido comentaba con mi hermano, mientras nos repartíamos los bocatas de jamón a la catalana del Köln, el riesgo que presentaba la dupla Messi/Cesc. Y le insistía que nuestro mayor peligro era Pepe…

Después del empate volvimos a tomar la rienda del partido. Y se llegó el descanso, donde nos lamentamos de ese fallo de Cristiano que pudo haber sido el 2-0.

El punto de inflexión en la segunda parte vino con el 1-2 del minuto ocho. Un remate de Xavi desde fuera del área rebota en Marcelo, despista a Iker, y se cuela.

Entraron Kaká por Özil, Khedira por Lass (al poco de ver una amarilla; muy buen partido el suyo, de los mejores de los nuestros, lo cual nunca es buen síntoma) e Higuaín por Di María (la gran victima junto a Marcelo de la disposición táctica de los rivales).  Kaká tuvo una gran oportunidad, bien rechazada por Valdés.

Del Madrid me quedo con Benzema, Lass, una hora de Coentrao (jugó de lateral diestro, a pierna cambiada),  y un par de excelentes intervenciones de Casillas.

Del Barça destaco a un inmenso Puyol, la sobriedad y colocación de Busquets, la sensación de peligro que da Messi cuando conduce, el gran cuarto de hora final de Iniesta, cuando finalmente consiguió desembarazarse de Coentrao. Y por supuesto el habitual buen hacer de jugadores como Piqué, Abidal, Xavi, Alves y Cesc, cuyo rendimiento medio suele ser notable.

En resumidas cuentas, ganó el mejor a lo largo de los 90 minutos. Especialmente en la segunda parte. Y me gustaría resaltar para terminar que de todos los Clásicos que hemos vivido, en este 2011, el de anoche y la final de la Copa del Rey han sido los menos polémicos. En los que se han producido triunfos incontestables. Y anoche además se produjeron dos hechos plenos de deportividad: los jugadores de ambos equipos saludándose al final en el centro del campo, y aplaudiendo a las aficiones, siendo correspondidos. Y el otro aspecto es la ovación que recibió Iniesta al ser sustituido en el último minuto.

Se hizo honor al himno del Real Madrid, quien en “buena lid… cuando pierde da la mano”.

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