Un siglo de canciones 118: “Á Quoi Ça Sert L’Amour?” (por Elena Gabriel)

¿Para qué sirve el amor? Edith Piaf se había vuelto a enamorar en el ocaso de su vida. Una vez más. Su hombre era veinte años menor que ella y juntos cantaron el broche final de una leyenda.

La vida de Edith Piaf no tiene gran misterio: es un personaje público y los medios la han retratado y aireado hasta la saciedad. Su carrera es un canto al amor, a la vida y a la lucha. Nació con todas las de perder: según la leyenda, bajo una farola en el Boulevard de Belleville, un barrio bajo y popular de Paris, el 19 de diciembre de 1915. Aunque en realidad esto no sea del todo cierto, pero viene muy bien al personaje.

Edith Gassion, hija de un acróbata y de una cantante de origen argelino, criada por sus abuelas y recogida por su padre para recorrer Francia como artistas ambulantes, huyó de su casa con 15 años para dedicarse a cantar. Con 17 años ya era madre soltera de una niña que moriría poco después de meningitis. Siguió cantando, cantaba en las calles, en Pigalle, en Belleville, hasta que Louis Leplée -empresario de cabarets de los Campos Elíseos– la descubrió. La bautizó “la niña Piaf”, usando su apellido como símil de lo que era: una mujer pequeña, de menos de metro y medio, que canta como un “piaf” (un gorrión).

Frágil, enfermiza y apasionada, Piaf se lanzó a la vida cantando entre guerras, muertes, amores; triunfó en los escenarios y representó a Francia, a Paris. Se enamoró de un legionario, de un cantante, de un boxeador, de otro cantante, de un actor, de otro empresario, de un ciclista… et ainsi de suite.

New York, el triunfo… el amor

Exprimió el sufrimiento y la felicidad al máximo: necesitaba ese timbre de voz para cantar, desde su metro 47 de altura, su vida desgarrada. Todo giraba en torno al amor. También fue actriz, compositora de canciones, descubridora de talentos.

En 1947 su fama es internacional. Triunfa en Estados Unidos y ya es parte de la “gente guapa”. Entre sus amigos: Jean Cocteau, Marlene Dietrich, Yves Montand

Y llega Marcel Cerdan, el boxeador de moda, entrando en su vida: son la pareja que arrasa, están de moda. Pero él muere dos años más tarde en un accidente de avión. Piaf vuelve a enfrentarse a la cara amarga del amor.

La morfina y el alcohol también aparecen en su vida: la primera, para paliar los dolores de un accidente de coche; a pesar de varias curas de desintoxicación, tampoco la abandonaría. Pero sigue siendo portada de todas las revistas, protagonista del estrellato absoluto. Y sigue enamorándose.

Su boda con el cantante Jacques Pills duraría muy poco. Luego vendría Georges Moustaki. Y la poliartritis, el agotamiento, los desvanecimientos en escena… no obstante, logra salvar el Olympia, que estaba a punto de cerrar. La leyenda resiste.

Théo Sarapo: más amor.

Cuando en 1961 le presentan a Théophanis Lamboukas, un cantante 20 años menor que ella, Edith Piaf ya está muy enferma y carcomida por su mala salud. Pero el amor no entiende de estas nimiedades: se casan un año más tarde.

Lamboukas, al principio contratado como secretario de Piaf, pasa a llamarse Teo Sarapo por su origen griego. “Sa ra po”, en griego, significa “Te quiero”. Cantaron juntos y juntos recogieron ovaciones. Su gran éxito, grabado en septiembre de 1962, es una canción escrita por Michel Emer (autor de grandes temas para Luis Mariano, Eartha Kitt o Ray Ventura, entre tantos otros): “A Quoi Ça Sert L’Amour?”.

Parece una broma… tanto desgaste, tanto dolor pero el amor sigue presente y, aunque todo lo justifica, ¿para qué sirve? ¿quién lo sabe?

Piaf y Sarapo lo expresaron como pocos: en el dúo Sarapo empieza la primera estrofa, Piaf responde, Sarapo sigue preguntando y la canción continúa entre ambos, como una lección de vida… entre maestra y alumno. Entre la artista y su marido, que para ella es “como un hijo que cuida a su vieja madre enferma”.

Pero fue un éxito absoluto que devolvió a la Piaf al candelero y que llenó, una vez más, las portadas de periódicos y revistas.

¿Para qué sirve el amor?

Sarapo:

¿Para qué sirve el amor? Siempre se cuentan

historias insensatas. ¿Para qué sirve amar?

Piaf:

¡El amor no se explica! ¡Es algo así! Viene vete a saber de dónde y te atrapa de golpe…

Sarapo:

Yo oí decir que el amor hace sufrir que el amor hace llorar ¿Para qué sirve amar?

Piaf:

El amor ¿para qué sirve? Para darnos alegría con lágrimas en los ojos ¡Es triste y maravilloso!

Sarapo:

Sin embargo se dice a menudo que el amor es decepcionante que haya uno de los dos que nunca es feliz…

Piaf:

Incluso cuando lo has perdido el amor que has conocido te deja un sabor a miel ¡el amor es eterno!

Sarapo:

Todo esto es muy bonito pero cuando todo se acabó no te queda nada más que una pena inmensa…

Piaf:

Todo lo que ahora te parece desgarrador mañana será para ti un recuerdo alegre

Sarapo:

Resumiendo, si entendí bien sin amor en la vida sin sus alegrías y sus penas ¿hemos vivido para nada?

Piaf:

¡Pero claro! ¡Mírame! ¡Siempre creo en él! Y siempre creeré… ¡Para eso sirve el amor! Pero tú eres el último Pero tú eres el primero Antes de ti no había nada contigo estoy bien es a ti a quien quería eras tú quien me hacía falta a ti a quien siempre querré… ¡Para eso sirve el amor!

Una lección un poco inocente tal vez… pero una declaración de principios sin dudas. Piaf y el amor, el amor y Piaf… fue lo que la mantuvo viva y el motor de su arte. Siempre creyó en el amor, aún cuando se estaba muriendo. Aunque su amante fuera veinte años más joven, aunque supiera que ya no le quedaba mucho tiempo. Pero una explicación verídica. El amor viene no se sabe de dónde, te atrapa y te envuelve… y hace girar el mundo. No en balde todo, o casi todo, se hace por amor; o, al menos, en música, en literatura, en poesía…

El 10 de octubre de 1963, Piaf muere de un aneurisma. (Curiosamente, Cocteau fallece un día después). Sarapo le sobrevivió diez años y se dedicó a poco. Tras una larga depresión reanudó su carrera y pagó las deudas de Edith.

Murió en 1970 en un accidente de coche. Ambos están enterrados en el cementerio parisino de Père-Lachaise.

À Quoi Ça Sert L’Amour?

À quoi ça sert l’amour? On raconte toujours Des histoires insensées À quoi ça sert d’aimer? L’amour ne s’explique pas! C’est une chose comme ça! Qui vient on ne sait d’où Et vous prend tout à coup. Moi, j’ai entendu dire Que l’amour fait souffrir, Que l’amour fait pleurer, À quoi ça sert d’aimer? L’amour ça sert à quoi? À nous donner de la joie Avec des larmes aux yeux… C’est triste et merveilleux! Pourtant on dit souvent Que l’amour est décevant Qu’il y en a un sur deux Qui n’est jamais heureux… Même quand on l’a perdu L’amour qu’on a connu Vous laisse un goût de miel L’amour c’est éternel! Tout ça c’est très joli, Mais quand tout est fini Il ne vous reste rien Qu’un immense chagrin… Tout ce qui maintenant Te semble déchirant Demain, sera pour toi Un souvenir de joie! En somme, si j’ai compris, Sans amour dans la vie, Sans ses joies, ses chagrins, On a vécu pour rien? Mais oui! Regarde-moi! À chaque fois j’y crois! Et j’y croirai toujours… Ça sert à ça, l’amour! Mais toi, t’es le dernier! Mais toi, t’es le premier! Avant toi, y avait rien Avec toi je suis bien! C’est toi que je voulais! C’est toi qu’il me fallait! Toi qui j’aimerai toujours… Ça sert à ça, l’amour!…

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5 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

5 Respuestas a “Un siglo de canciones 118: “Á Quoi Ça Sert L’Amour?” (por Elena Gabriel)

  1. Vida dificil de Edith Piaf,

  2. Maestro Ciruela

    Esta señora pequeñita, es uno de mis primeros y más intensos recuerdos relacionados con la música desde que yo era un chavalín. Pero un chavalín, chavalín, de cuatro o cinco años. A veces, uno cree que algo es bueno porque lo relaciona con algo de su pasado, algo que normalmente solía ser placentero, aunque luego, con los años, a veces esta impresión empalidece y lo que queda es algo muy pobre. Pero es el caso, que a lo largo de toda mi ya, larga vida, he venido escuchando esta peculiarísima y entrañable voz, desgranando esas maravillosas tonadas… “La Vie en Rose”, “Hymne à l’amour”, “Padam Padam”, “Milord”, “Non, je ne regrette rien” y tantas otras, creadas por unos compositores y letristas extraordinarios y recreadas por esta maravillosa ARTISTA. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, disfruto de su audición y momentos hay, en que la piel se me pone de gallina. Poquísima gente en el mundo, ha conseguido o va a conseguir lo que esta mujer logró; que millones de seres la recuerden cada día por medio de sus creaciones a través del tiempo.
    Elena Gabriel, sigo siempre con interés sus aportaciones al Siglo De Canciones. Me pronuncio solo, cuando algo me llega al alma como en esta ocasión. ¡Gracias!

  3. Carlos Gerona

    Bravo, Elena, un placer descubrir los secretos de las grandes canciones y sus creadores…

  4. Siempre es un placer escuchar a Piaf, y descubrir esas grandes canciones que la componían.

  5. Pingback: Bitacoras.com

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