Un siglo de canciones 103: “Coplillas De Las Divisas” (por Rodri)

17 de mayo de 2011

“Vecinos de Villar del Río. Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a pagar. Que yo, como alcalde vuestro que soy, os debo un explicación y esa explicación que os debo…”

En el centro del balcón del Ayuntamiento de Villar del Campo, ¡perdón, del Río! se encuentra don Pablo, el alcalde de la pequeña localidad. A su lado,  un representante avispado Manolo, pianista y hombre de negocios, que no sólo trae una estrella de la canción, Carmen Vargas, sino una idea para lograr que la localidad  prospere ante el anuncio que ha hecho el Delegado del Gobierno sobre el paso de los “americanos” que traen el Plan Marshall y la riqueza en dádivas, regalos y concesiones. Villar del Campo, ¡perdón, del Río! va a nadar en la abundancia gracias a los “libertadores USA”

Los yanquis han venido, olé, salero, con mil regalos, y a las niñas bonitas van a obsequiarlas con aeroplanos. Con aeroplanos de chorro libre que corta el aire. Y, también, con rascacielos bien conservaos en frigidaire.

El 1 de Octubre de 1953, en la Plaza de Oriente de Madrid, el pueblo madrileño con multitud de representaciones de toda España tributaba a su Excelencia el Generalísimo, Jefe del Estado Español, Caudillo Francisco Franco, otro homenaje por los triunfos de su mandato. En este año, 1953, el 28 de agosto, se firmó el Concordato con la Santa Sede, Y el 26 de Septiembre, el Acuerdo de Cooperación Militar y Económico entre España y los EE.UU. Se firmó en el Palacio de Santa Cruz de Madrid por el Ministro de Asuntos Exteriores D. Alberto Martín de Artajo y el Embajador norteamericano Mr. James Clement Dunn.

Había sido muchos años, duros años, de pertinaz sequía, de retirada de embajadores, de bloqueo internacional, pero, ¡al fin! todos humillaron reconociendo que en España estaba la avanzada mundial ante el comunismo y cedieron su arrogancia ante nuestro Caudillo.

La Plaza de Oriente fue para Franco como la plaza de Villar del Campo, ¡perdón del Río! para José Isbert. Sirvió en más de cuarenta ocasiones para estos “homenajes populares”. Las fechas no fueron siempre las mismas pero el último encuentro fue el 1 de octubre de 1975. Por fin, el último.

Aunque ya la flota naval americana llegó a España en enero de ese año, 1953,  a partir de ese momento, eran nuestros “aliados” para cualquier conflicto bélico.

Americanos, llegan a España gordos y sanos. Viva el tronío de ese gran pueblo con poderío. ¡Ole, Virginia y Michigan y viva Texas que no está mal. Os recibimos, americanos con alegría. Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía.

Película de los Estudios CEA, de la Ciudad Lineal, producida por UNINCI en 1952, con argumento de Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga, guión de los dos anteriores y Miguel Mihura, música de Jesús G. Leoz y canciones de Ochaíta, Valerio y Solano. “Bienvenido Mr. Marshall”, dirigida por Berlanga, es un film adelantado a su tiempo.

Se estrenó el 4 de abril de 1953, Sábado de Gloria, en el cine Callao de la Gran Vía de Madrid.

Lolita Sevilla cantaba en el film (ya digo film porque habían venido los americanos) cuatro canciones del “otro trío de la benzina de la copla” en España,  José Antonio Ochaita, poeta de Jadraque, Guadalajara, que abandonó la docencia para dedicarse a la poesía; Alejandro Rodríguez Gómez, que usaba el seudónimo de Xandro Valerio, nacido en Moguer, Huelva, el mismo año que Ochaíta, 1910, poeta y letrista con Rafael de León en “La Parrala” y “Tatuaje”, por citar algunas. Y el maestro cacereño Juan Solano que se unió a Rafael de León cuando se deshicieron, por el paso del tiempo y la muerte, las otras ternas.

¡Ay, Tío, Páseme El Río!”, una tonadilla por bulerías, “De Sevilla Al Canadá”, un fox por alegrías. La zambra “Mi Cariño, Mi Dinero” y el pasacalle tanguillo “Coplillas De Las Divisas” (no muchos recuerdan el verdadero título) que se hizo el alma de la película.

El plan Marshall nos llega del extranjero pa’nuestro avío. Y con tantos parneses va echar buen pelo Villar del Río. Traerán divisas pa’quien torée mejor corría. Y medias y camisas pa las mocitas más presumías.

Pero el Plan Marshall no se paró en el pueblo. Y los habitantes de Villar del Campo, ¡perdón, del Río!, vestidos de andaluces se quedan con dos palmos de narices y con sus ilusiones rotas viendo como en la trasera de último coche de la caravana que pasa a toda velocidad se puede leer: “Good Bye”.

Lolita Sevilla, José Isbert. Manolo Morán, Alberto Romea,  Elvira Quintillá, la maestra, Joaquín Roa, Félix Fernández, Manuel Alexandre, Rafael Alonso, José Vivó, José Franco y la voz de Fernando Rey, como narrador. Lo más florido del momento del naciente y subterráneo al mismo tiempo, cine español.

Prácticamente, todos los exteriores se rodaron en Guadalix de la Sierra, provincia de Madrid, que pasó por Villar del Campo, ¡perdón, del Río! (*)

Americanos, llegan a España gordos y sanos. Viva el tronío de ese gran pueblo con poderío. ¡Olé, Virginia y Michigan y viva Texas que no está mal!

Y no estuvo nada mal para los publicistas del Régimen. El llamado Pacto de Madrid suponía tres acuerdos: defensa mutua, cooperación económica y asistencia técnica. La defensa mutua nos sirvió para correr el gravísimo riesgo de un ataque nuclear en el pulso entre Kennedy Nikita por los misiles soviéticos en Cuba. Gentilmente cedimos la instalación de tres bases aéreas: en Morón de la Frontera (Sevilla), Zaragoza y Torrejón (Madrid); una naval, en Rota (Cádiz); dos secundarias en El Ferrol y Cartagena. Un almacén de munición y combustible en Cartagena. Estaciones de comunicaciones en  Puig Major (Mallorca), Menorca, Guardamar del Segura (Alicante), San Pablo (Sevilla), Humosa (Madrid) y Elizondo (Navarra). Hubo instalaciones de navegación en Estaca de Bares (La Coruña) y Estartit (Gerona). Y una meteorológica en Sonseca (Toledo).

Ellos podían usar sus bases en cualquier momento y para cualquier guerra con la condición de comunicarlo al gobierno español. Nosotros, no. Con Franco sólo estuvimos en guerra en Sidi-Ifni y no se permitió que ningún material procedente de EE.UU fuera empleado en aquella contienda. Todo lo que se tenía, material alemán, provenía de la guerra civil y fue un auténtico desastre.

Os recibimos, americanos con alegría. Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía.

Aquello de la leche en polvo y el queso cheddar, de lo que tanto se habla, ni siquiera fueron del presupuesto de las ayudas por los acuerdos. La National Catholic Welfare Conference donó 130 millones dólares en alimentos y ropas que distribuyó Caritas por España. Fueron migajas comparado con el Plan Marshall que atendió a Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Bélgica, Holanda

Todos los militares norteamericanos que llegaron a las bases fueron considerados agregados a la Embajada de los Estados Unidos, protegidos por la inmunidad diplomática. Si uno de aquellos soldados cometía un asesinato, la justicia española no podía procesarlo, estaba sometido al sistema americano, aunque lo hiciera en “Corea”, ya sabéis, Dr. Fleming arriba, zona de Madrid USA por excelencia.

Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía.

La película triunfó en el Festival de Cannes con la anécdota de que el actor Edward G. Robinson amenazó con retirarse si no que quitaba la escena, casi al final, cuando por una acequia, el agua lleva los restos de serpentinas y un bandera americana en el “desguace” de la fiesta que no llegó a ser.

Y otra, la imposición o no de Lolita Sevilla para la película. Fue su primera intervención en el cine y, aparte de cantar, y lucir su gracia y palmito, no tuvo ni que aprender un diálogo. Sus intervenciones se limitaron a  responder a Manolo Morán con: ¡Jozú!, ¡Vaya!, ¡Arza!… nada más.

Muchísimos años más tarde, me confesaba para mi programa “Pintan Coplas” que jamás se había sentido tan mal.

Pero ahí la tenéis cantando y luciéndose con las“Coplillas De Las Divisas”.

Una letra tan…¡simple! de Ochaíta y Valerio sirve para definir con exactitud aquel Mr. Marshall que nunca nos llegó.

(*) Cuando aparece el Delegado del Gobierno (José Franco) para anunciar al alcalde (José  Isbert) el paso de la comitiva de los americanos, llama constantemente Villar del Campo a Villar del Río.

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11 comentarios

Archivado bajo Cine, Cultura, Música

11 Respuestas a “Un siglo de canciones 103: “Coplillas De Las Divisas” (por Rodri)

  1. Angel

    Berlanga fué un maestro, al sacar petróleo de estas cosas.
    Que bien reflejó el candor, inocencia e ignorancia de aquella época.
    Me encantan tus relatos y lo bien documentados que son, pués aún conociendo el tema, me descubres muchas anécdotas y personajes que desconocía.
    Gracias Rodri

  2. Jaime Adrada

    Rodrí…ante vos me hinojo!!!!!…Maestro, Genio!!!!…cualquiera de estos títulos te valdría. Hablar contigo, leerte, escucharte me hace crecer como persona…lo memorizo, con ímprobo trabajo por mi parte, y luego…”me tiro el pisto haciendo que sé más cosas de las que sé!!!!…jajajajaja!!!!!!
    Es muy bueno, Rodri!!!!!
    Agradecerte por divulgar, por hacernos partícipes de tus conocimientos!!!!…hasta para eso, hay que ser generoso!!!!
    Enhorabuena, amiguete, Maestro!!!!
    Abrazos y Risas de un humilde aprendiz!!!!!

  3. Yo Mesmo

    Fijate, querido Rodri, si ya hace años que te conozco y disfruto de tus saberes escritos y radiados… Pues bien, cada cosa nueva tuya me llena plenamente. He llegado a pensar si no eres como yo quisiera ser. La leshe. Norabuena otra vez, amigo. Un beso.

  4. Manolo Fernández

    Excelente, Rodri. Como siempre. Me has recordado un chistecito que, al parecer, circuló entre la casi inexistente “oposición” a costa del ministro de Asuntos Exteriores Martín de Artajo. Dicen que en uno de esos encuentros en los balcones ante un público enfervorecido, gritaban. “¡Franco! ¡Franco! ¡Artajo!”. Uno de los asistentes le dijo a su amigo: “¿Artajo?, al Manzanares, que pilla aquí al lado”. Gracias por los recuerdos, Rodri.

    • Rodri

      La primera vez que lo escuché se situaba en Sevilla. Lo mismo. Uno decía: ¿como que ar Tajo? ¡Ar Guadarquiví, que está más cerca!

  5. Gracias Rodri por esta joya. Primera noticia del título de esas”coplillas”. Me has evocado, además, recuerdos del Madrid de mi niñez escondidos hasta hoy por mi cabeza. Los estudios de la Cea quedaban en mi ruta del colegio a casa, y recuerdo durante meses allí plantado el cabezón de “El coloso de Rodas” tan grande que sobresalía por encima de las tapias y que nos hacía soñar aventuras a los chavales. Y el edificio Corea que citas, una de cuyas calles colindantes se sigue hoy como entonces llamando “Carlos Maurrás” en honor al que muchos consideran el Hitler frustrado francés, líder de la “contrarresistencia”. Grande, Rodri, como siempre. Un abrazo.

    • Rodri

      Yo tenía un tío, mi tío Enrique, que trabajaba en un Banco. Después de la guerra ya no pudo volver a trabajar allí. Y, al fin y al cabo tuvo la “suerte”, de poder entrar de “electricista” en CEA.
      A mí, de pequeño, me decían constantemente que me parecía a Manuel Luna (hoy nadie sabe quien es). Y acudí (llevado) en varias ocasiones a aquellos estudios de cine y los ví por dentro. Para mí, aquello era Jolivú.

  6. Rafael Fdez.Dopico

    Interesante, bien escrito, muy documentado…en tu línea.
    Saludos.

  7. Genial Rodri. Muchas gracias.

  8. Pingback: Bitacoras.com

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