Archivo diario: marzo 11, 2011

Un siglo de canciones 96: “L’Accordéon” (por Elena Gabriel)

11 de marzo de 2011

acordeón diatónico a botones (o “melodeón”): se distingue del acordeón cromático porque sus teclas, o “botones”, son redondas”.

 Juliette Gréco, nacida en Montpellier, Francia, el 7 de febrero de 1927,  hija natural,  fue una joven Resistente ante la ocupación nazi, detenida por el gobierno de Vichy, Musa del existencialismo en los años 50, vecina del barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés…  donde, al acabar la guerra, descubre la canción y el teatro. También fue amante de Miles Davies, esposa de Michel Piccoli, amiga de Boris Vian, poseedora de la Legión de Honor y, sobre todo,  la gran cantante parisina con su clásico flequillo, pelo negro e imagen de mujer fatal.

Cantó básicamente a los más grandes: Brassens, Brel, Ferré, Gainsbourg entre tantos…

En 1962, Serge Gainsbourg, a la sazón 32 años,  un amante del jazz y aspirante a famoso que no pasaba de telonero, le hizo un regalo: “L’Accordéon”. Llevaba años escribiendo canciones -su mayor éxito, “Le Poinçonneur Des Lilas”- y Juliette Gréco ya había grabado varios temas suyos: en 1959 salió su primer EP interpretando a Gainsbourg con “Les Amours Perdues”, “Il Était Une Oie” y “L’Amour À La Papa”. Un año más tarde saca un single con “La Recette De L’Amour Fou”.

En 1962 sale un EP con cuatro canciones: “Jusqu’Où, Jusqu’à Quand”; “Les Petits Cartons”; “Les Mariés”… y el maravilloso “L’Accordéon”…

 …y “L’Accordéon” era otra cosa: amante de la “canción realista”, Gainsbourg pintó  una canción mágica donde canta las miserias del acordeonista…y de su acordeón. Una poesía que en voz de Gréco es seducción pura . Una canción muy, tan francesa… con una musiquilla de fondo de acordeón rive gauche con la que por fin llegó el éxito.

Gainsbourg no la graba hasta 1964. Ese año la cantó a dúo con Philipe Clay en  la TV francesa, entonces ORTF. También la cantó en el programa de TV de Guy Lux, “Palmarès Des Chansons”, el 24 de Marzo de 1966, con Juliette Gréco y Guy Béart entre el  público.

No se puede decir que fuera un smash hit… aunque a finales de los 70 se pusiera de moda entre los amantes del folk francés. Es más bien un placer oculto, una pequeña gema escondida entre otros tantos títulos más brillantes.

 Pero entre los conocedores, “L’Accordéon” ha sabido permanecer como una canción estandarte, un icono de esa fusión de dos genios, el sonido del Paris de los primeros años 60… y un calembour -juego de palabras- sublime.

Su estribillo “accordez, accordez, accordez donc l’aumône à l’accord à l’accordéon…”  juega con  el hecho de “accorder” (conceder/afinar) una limosna al “acorde”/”acordeón”. También se deleita con “el violín” que, en argot, significa “el calabozo”…o con “verbalizar”: no se refiere a “poner en palabras” sino a “ser detenido o multado”.

 La tristeza, la soledad y un final desesperanzador pintan una estampa de músico de tercera: acaba vendiendo su acordeón por céntimos en un rastrillo.

 Una amarga ironía en esta historia de amor/amistad entre el acordeonista venido a menos y su instrumento… una historia agridulce para un Paris en blanco y negro

 

Dieu que la vie est cruelle
Au musicien des ruelles
Son copain son compagnon
C’est l’accord
éon
Qui c’est-y qui l’aide vivre
A s’asseoir quand il s’enivre
C’est-y vous, c’est moi, mais non
C’est l’accordéon
Accordez accordez accordez donc
L’aumône à l’accordl’accordéon.
Ils sont comme cul et chemise
Et quand on les verbalise
Il accompagne au violon
Son accordéon
Il passe une nuit tranquille
Puis au matin il refile
Un peu d’air dans les poumons
De l’accordéon
Accordez accordez accordez donc
L’aumône l’accordl’accordéon.
Quand parfois il lui massacre
Ses petits boutons de nacre
Il en fauche son veston
Pour l’accordéon
Lui, emprunte ses bretelles
Pour secourir la ficelle
Qui retient ses pantalons
En accordéon
Accordez accordez accordez donc
L’aumône l’accordl’accordéon.
Mais un jour par lassitude
Il laissera la solitude
Se pointer à l’horizon
De l’accordéon
Il en tirera cinquante
Centimes à la brocante
Et on fera plus attention
A l’accordéon.
 

Traducción no literal:

Dios, que cruel es la vida

para el músico callejero,

su colega, su compañero

es el acordeón.

¿Quién le ayuda a vivir,

a sentarse cuando se emborracha?

¿Es tal vez usted, soy yo? Ah, no…

es el acordeón.

Acuérdense, afinen, concedan por lo tanto

una limosna al acordeón.

 Son como carne y uña

y cuando los llevan detenidos

acompaña a la trena

a su acordeón

Pasa una noche tranquila,

luego por la mañana,

insufla un poco de aire en los pulmones

del acordeón

Acuérdense, afinen, concedan por lo tanto

una limosna al acordeón. 

Cuando a veces le destroza

sus pequeños botones de nácar

los arranca a su chaleco

para el acordeón

Y él coge sus tirantes

para ayudar a la cuerda

que ata sus pantalones

en forma de acordeón. 

Acuérdense, afinen, concedan por lo tanto

una limosna al acordeón.

Pero un día, por cansancio,

dejará que la soledad

asome en el horizonte

del acordeón.

Sacará cincuenta céntimos

en el mercadillo de segunda mano

y ya nadie hablará más

del acordeón.

Acuérdense, afinen, concedan por lo tanto

una limosna al acordeón.

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