23-F: ¿Dónde estabas tú hace treinta años? (por Rodri)

23 de febrero de 2011

A las seis en punto de la tarde del 23 de febrero de 1981 empezó la votación nominal para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como Presidente del Gobierno de España.

Radio Nacional de España emitía la investidura a través de Radio 3. Alfonso Gallego, responsable de la emisora nos había puesto de guardia (nunca mejor dicho) a tres de los que hacíamos programas. Estábamos Ramón Trecet, Victorino del Pozo y yo en la  redacción de Radio 3, la primera que tuvo junto a la Dirección de Programa Musicales y en el pasillo que llevaba al Archivo Sonoro. Radio 3  sonando de fondo con la letanía de nombrar a un congresista y su respuesta. Nosotros esperábamos que acabara para entrar a hacer nuestros programas. Más o menos, las seis y veinte de la tarde. Sobreponiéndose a nuestra conversación se escucha un estremecedor: “¡Quieto todo el mundo!

Nos miramos asombrados. Unos segundos después: sonido de disparos. Salimos corriendo para el control de Radio 3. Al otro lado del hall, vemos salir del despacho del Director de RNE a Julio de Benito, también corriendo. Llegamos juntos. Nos dice: “¡Poned música; la que sea!

Se queda un pero en el aire. En el interior de los que allí estamos hay otro “pero” (¡Joder, tenemos una oportunidad fantástica!) Por “baja” seguimos escuchando lo que pasa en el hemiciclo. Ahora sólo se recuerda a la SER. Tal vez por aquel LP que se puso y fue sonando canción a canción sin que volviera a salir una palabra de Radio 3. No puedo ni imaginar la estupefacción de nuestros oyentes.

A los quince minutos no hay manera de poder hablar con el exterior.

Posiblemente, se ha bloqueado la centralita.

Me quiero dar el “piro” Salgo fuera de la Casa de la Radio y me meto en el coche. Voy a la salida. Me paran. Un capitán alto, fornido, con barba corta, da órdenes. Quiero preguntar a un teniente que me está impidiendo llegar a la barrera. El capitán brama: “¡No hablen con los civiles!

Me doy la vuelta, dejo el coche y entro de nuevo en la Casa de la Radio.

Mucho se ha escrito sobre el “23-F” pero nunca habréis escuchado esta anécdota que es completamente auténtica y sólo la puedo contar yo. Quienes primero entraron en la Casa de la Radio, de las Fuerzas Armadas de nuestro cuartel vecino, fueron: ¡un cabo primero y dos soldados! Lo presencié a cinco metros, al lado de la escalera ya que, casi, entramos juntos. Se dirigieron a los ordenanzas de la entrada y el cabo primero, lleno de autoridad, espetó: “¡A partir de este momento no entra ni sale nadie de aquí y van a poner música militar!” 

Los conserjes no sabían que decir: “Nosotros no tenemos nada que ver con lo que se pone. Uno de ellos era Beltrán, padre de dos queridos compañeros de la Casa.

Después de aquel cabo primero ya llegó la autoridad “militar”, por supuesto, al despacho de Eduardo Sotillos.

En mi pasear constante por la Casa me encuentro con Isabel Tenaille en el hall de entrada. Hablamos. Pasa un rumboso brigada con traje de camuflaje y casco. Lleva bigote y está gordo como una foca. Pero lo que mas impresiona es el arma que lleva en las manos. Al ver a Isabel, dice con salero chulesco: “¡Ole las caras guapas!” Isabel cierra los ojos y yo aprieto los puños y me callo. Me hubiera gustado ser Bruce Lee.

En los repasos de aquel día en los distintos medios he leído, después, que Radio Nacional estaba emitiendo música clásica desde las seis de la tarde. Naturalmente. En la programación de Radio 1 estaban (grabados) los “Clásicos Populares” de Fernando Argenta que presentábamos los dos. ¡Naturalmente que emitíamos música clásica!

Sobre las once de la noche ha terminado la invasión a Prado del Rey. No hay nada que hacer.  Manda Radio 1 con lo que se llamó “la noche de los transistores”. Vuelvo al coche y me largo. Atravieso la Casa de Campo, camino habitual para coger lo que hoy es Calle 30 y enfilar a la Avenida Cardenal Herrera Oria. En la gasolinera de Herrera Oria hay decenas y decenas de coches llenando los depósitos. Si hay golpe de estado que nos pille con el depósito lleno. 

Llego a casa y tranquilizo a mi mujer. Mi hijo pequeño, Álvaro, había nacido el 25 de enero. Mi mujer se ha quedado sin leche con el susto. El mayor, Diego, está dormido. (Adrian se acordará de que Carlos Tena dio unos “¡Hip, hip!” por su nacimiento, en directo, en “Para vosotros, jóvenes“, cosa de agradecer pero que nos dejó un poco cortados.

Sale el Rey por la tele y es como la llegada de los Magos al Portal de Belén. Se sigue con los transistores pero ya se mantiene la esperanza de que todo vuelva a la normalidad.

En la mañana del 24 en el Congreso, ¡como saltaban por ventanas y balcones aquellos aguerridos héroes que iban a salvar la Patria! Pues la gran mayoría se fue de rositas. La pregunta sería: ¿Dónde están aquellos golpistas treinta años después?

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30 comentarios

Archivado bajo Cultura, General, Medios, Política

30 Respuestas a “23-F: ¿Dónde estabas tú hace treinta años? (por Rodri)

  1. Crees bien, Piera. Estábamos en la redacción de Interviú escuchando la letanía de votos de la investidura de Calvo Sotelo cuando nos sobresaltó el grito de Tejero. Nos quedamos en silencio y poco después resonaron las ráfagas de ametralladora. También recuerdo lo de la oferta de peluquería de urgencia (más o menos todos llevábamos pelo largo y barba). Salimos a la calle a tiempo para ver llegar corriendo al fotógrafo Fernando Abizanda, que gritaba “¡están matando a los diputados!”. Efectivamente, la gente se fue a sus casas, aunque creo que en la redacción se quedó un pequeño grupo en el que estaba César Lucas. Y sí, nosotros nos fuimos a ver que pasaba y nos encontramos en los bares de Atocha cercanos a la sede de CCOO de Madrid a grupos de sindicalistas que nos dieron citas para colaborar en la organización de una huelga general si se confirmaba la convocatoria. Nos dijeron que la ejecutiva confederal estaba reunida o algo así. Luego estuvimos en casa de Angel Lopez ‘Checa’ hablando con gente de Valencia y escuchando la radio. A eso de las tres de la mañana fuimos al Palace. La plaza del Congreso estaba acordonada por guardias civiles que no supe si eran leales o desleales y vimos llegar a Pardo Zancada y su destacamento de la Policía Militar. Recuerdo que todos aplaudimos porque supuníamos que entraban al Congreso para detener a los golpistas. Pero pronto salió por una de las ventanas un oficial de la PM -¿el propio Pardo Zancada?- con un megáfono para aclarar a la concurrencia que se habían unido al golpe. Fue un verdadero chasco. Saludos chaval.

  2. Tarde, pero aporto mi testimonio. Esa tarde estaba en la sala de confeccionadores del grupo Z en Madrid. Álvaro tenía puesta la radio y el soniquete de la votación nos tenía adormecidos a todos. Hasta que llegó la hora de preguntarle a Nuñez Encabo y aparecieron los civiles. Gran conmoción en toda la Redacción. Recuerdo a Javier Sáez, reaccionando casi de inmediato y recorriendo las secciones con una tijera grande en las manos: “cortes de pelo a veinte duros”, anunciaba. Casi de inmediato cerramos el chiringuito a cal y canto y todo el mundo se fue para casa, menos José Luis del Campo y yo (creo) que nos fuimos a dar una vuelta por Neptuno y luego a los alrededores de la sede de CCOO, también cerrada. En los bares del entorno encontramos pequeños grupos de sindicalistas avezados, ya organizados,coordinando gérmenes de grupos de resistencia. En ninguna parte he leído esto, pero yo lo viví y me pareció una reacción honrosa a la que nos sumamos. Felizmente no hizo falta.

    • Para quienes no conozcan Madrid: la sede de CCOO está detrás del Hotel Palace (Plaza de las Cortes 7), que a su vez se encuentra enfrente del Congreso. Si no recuerdo mal Comisiones está en la calle Lope de Vega, a dos manzanas de las Cortes (entre el Palace y el sindicato encontramos la calle Cervantes).

    • John

      Genial! De lo mas informativo que he leido sobre el Golpe estos dias, como dice A Perea, esto y lo de Fernando arriba son primicias o cuasi.

      Yo acababa de licenciarme a final de enero y me veia movilizado de nuevo

  3. Albertos

    Diego Taravilla y yo (Albertos) estábamos trabajando en Valladolid, retransmitiendo un concierto de música religiosa desde la iglesia de Santiago (creo que era esa). Esto fué por la mañana. Cuando terminamos y comimos, nos vinimos a Madrid. Charlando los tres (el conductor era uno que recordaréis que era luchador de lucha libre) durante todo el tiempo, incluso tomamos un café en Restop (Villacastín), no nos enteramos de nada. Yo vivo en Majadahonda y como pilla de paso, me habían recogido y me dejaron en casa. Cuando Mari me vió exclamó: ¿Pero te han dejado venir?, sorprendido, me informó de lo ocurrido, debian ser las ocho de la tarde. Cuando Diego y el compañero llegaron a Prado del Rey, entraron pero no salieron: ¡cogí el coche y cuando iba a salir, una tanqueta de frente!. Alli pasaron la noche.

  4. Oye, lo que dice Elena Gabriel es verdad: ¿cómo es que estaban libre y en activo después de haber intentado otro golpe de Estado en eso de la Operación Galaxia? Aquí más de uno tendría que dar explicaciones…

    • Javier Sánchez

      Amigo Gustavo, insisto, “las leyes, como los perros, solo ladran a los mal vestidos”(Pío Baroja).
      Precedentes históricos , una “jartá”; por ejemplo:
      En Agosto de 1932, el general José Sanjurjo, da un golpe de estado que solo tuvo éxito en Sevilla. Por ello, fue condenado a muerte, pena conmutada por cadena perpetua. Un año más tarde, 1933, el gobierno republicano le concede la amnistía con un destierro desestresante en Estoril. En julio del 36, Sanjurjo era el destinado a presidir la Jefatura del Estado Militar Golpista; un accidente de aviación lo evitó.

  5. Elena Gabriel

    Mi marido -Paco Iriarte, de Sissí, Oviformia- en esa época era novio de Paloma Chamorro y se pasaron la noche en casa, también con amigos, todos acojonados pendientes de las noticias. Ya se veían todos en el exilio…
    A la mañana siguiente, al ver que no había pasado nada, Paco fué al VIPS de Pº de la Habana, donde había quedado ya previamente con Manolo Campoamor para formar un grupo de música… pero Manolo no se presentó… o sea que el 23-F frustró la creación de un grupo que podría haber dado de que hablar, ja ja ja!! 😀

  6. Son las historias (así, en minúscula) de la Historia. Esta noche, por ejemplo, he visto en una tele que Jacinto Antón, excelente periodista cultural de El País, había estado esa noche en el Congreso, pero como recluta de la mili.

  7. Elena Gabriel

    Yo, la verdad, es que estaba totalmente ajena a lo que pasaba, estabamos de fiesta en casa de un amigo… cuando llegué a mi casa y mis padres me lo contaron – había amigos, todos pendientes dle teléfono,mi hermano y su mujer en Londres lla…mando, la gente llamando desde fuera, bueno…- lo primero que pregunté fue que cómo era posible que el demente ése del bigote estuviera libre después de operación galaxia… y no me impresionó en lo más mínimo, me fui a la cama derecha -bueno, haciendo eses- diciendo “nada, esto es Gaby, Fofó y Miliki Especial Cortes” y a la mañana siguiente, cuando me levanté, todo había pasado.
    Por la tarde habían soltado a las taquígrafas, una de ellas era la esposa de Pablo Castellanos, que vivían en casa (bueno, en el edificio, éramos vecinos) y todos pendientes también porque él se había quedado dentro. Pero claro, yo esto lo supe a toro pasado.
    Desde luego, siendo todos intelectuales de izquierda, entiendo que mi familia y mis amigos estuvieran acojonados.

  8. Hola.

    Ya me di cuenta de que el artículo lo firma Rodri, aunque no se quien es, pero lo que pretendí fue enlazar el blog y el post que me dió la idea para escribir el mio, de ahí que citara a Adrian y no a Rodri.
    La misma historia vista desde dos situaciones diferentes.

    Saludos.

    • Bendito Jonkepa, si no sabes quién es Rodri es que eres joven, envidia me das. José Manuel Rodríguez “Rodri” es uno de los grandes nombres de la radio española que a los de mi generación (nací en 1955) nos ayudaron a construir un criterio propio con el que juzgar lo que nos gusta y lo que no en lo que a música y a otros hechos culturales se refiere (“Para vosotros, jóvenes”, “Clásicos Populares”,… etc). Su nombre integra una ilustre lista vinculada a la radio que seguro no soy capaz de recorrer sin graves olvidos, pero que también de seguro incluye al propio Rodri, Carlos Tena, Alfonso Eduardo (”¡Súper Boom!”, qué recuerdos), Rafael Revert, Ángel Álvarez y tantos otros (sin olvidar a jovencitos que por aquel entonces velaban sus primeras armas ante los micrófonos o las escaletas, como Manolo Fernández o nuestro inefable anfitrión Mundano, Adrián Vogel). Es imposible recordar a bote pronto todo lo que Rodri ha hecho en radio, pero me viene a la cabeza cómo nos deleitó años después desgranando en Radio 5 una tan rigurosa como apasionante (y apasionada) historia del bolero –cómo no apasionarse con un tema así- y, muy recientemente, su ilustrativa “historia de la censura radiofónica”, algo que los profesionales de su época sufrieron en carne propia y de la que supieron cachondearse con gran elegancia. Con estos antecedentes personales , comprenderás que cuando, con motivo de mi primera colaboración en El Mundano (“Kurlander el Escribiente”), me desayuné con un comentario elogioso por parte de alguien a quien no conocía y a quien respeto tanto como Rodri, me emocioné sinceramente. Por cierto, el desfile de grandes radiofonistas –álgunos ya libres de ficha y obligaciones- que vuelcan su memoria y saber regularmente en El Mundano es un privilegio para los que estamos enganchados a este Blog. Gracias a todos.

  9. A mi me cogió… ¡yendo a la guardería creo!

    Pobres cabos y soldaditos, no iban a procesarlos a ellos también, bastante tenían ya!!

  10. Pues la verdad es que el post ha quedado de exposición. Hasta “primicias” y comentarios de protagonistas (lo que comenta Fernando es de manual de historia, como el propio texto de Rodri, y en general todo lo que contáis). Enhorabuena a todos y a El Mundano.
    Yo puedo aportar poca gloria a esta entrada con mi experiencia personal. Aquella tarde no tenía clase en la facultad ni grabación en la radio (tenía dos días de grabación entre semana, y programa en directo el domingo), así es que había vuelto a casa desde el curro (trabajaba de 7:00 a 16:45 en una industria química de Villaverde Alto) y, lo recuerdo perfectamente, estaba merendando una tostada con café escuchando a Rafael Luis Díaz en la SER (yo era guionista a tiempo parcial e infrapagado, o sea que ni me planteo mentir, Manolo). Al oír la ráfaga de tiros me levanté con la intención de salir a reunirme con mis amigos del PSOE y de UGT (había sido hasta hacía algunos meses secretario general de su federación química de Madrid, y acto seguido abandoné la militancia activa) para echar una mano en lo que hiciera falta. Pero mi madre (de rodillas delante de mí, nunca lo olvidaré) y un “cordón sanitario” de vecinas de la escalera blindaron la salida de mi casa con la contundencia que sólo confiere el haber perdido una guerra y mucha familia en ella. Total, que me ganaron, no tuve huevos para irme.
    Desde entonces en cada revisión semestral mi dentista me sigue encontrando restos de tostada incrustados en la garganta. A revisión urológica no voy, pero si lo hiciera seguro que también me los encontrarían en los cataplines, porque aquella tarde los tuve en el cuello.

  11. Manolo Fernández

    El “famoso” capitán del que se habla era el de uno de los escuadrones del Villaviciosa 14, en Retamares, un acuartelamiento de Caballería perteneciente a la División Acorazada Brunete situado enfrente de donde estaba prevista hasta no hace mucho la edificación del nuevo edificio de Rtve. Puedo deciros que su máximo interés era encontrarse con Mari Cruz Soriano.
    A mi me pilló en la oficina de Ángel Álvarez, en la calle López de Hoyos 178, quinto centro derecha, trabajando junto a Carlos Domínguez “Charlie”, con quien ahora comparto el programa “Hecho a mano” en Radio Nacional. Estábamos escribiendo guiones para los diferentes programas de Ángel y, a la vez, escuchábamos la SER (lo siento, compañeros, no se mentir). Cuando escuchamos aquellos sólo se me ocurrió, poner a grabar un magnetofón UHER de cinta abierta (debió ser el vicio periodístico) y colocar el micro delante de la radio. Aun conservo varias cintas. A los 20 minutos del “¡Quieto todo el mundo!” y el “¡Se sienten, coño!” me llamó por teléfono mi novia (ahora mi mujer), que estaba en Canadá visitando a su hermano. “¿Que hacéis ahí?”, me dijo. Os podéis imaginar que se te pasan por la cabeza mil cosas, pero sobre todo una: ¿Dónde coño tengo guardado el pasaporte?. Después de que Charlie y yo hablamos con todos (familia y amigos más cercanos), nos bajamos a Josextu, el bar donde tomábamos las cervezas y comíamos a veces, y vimos a Gabilondo en el primer informativo. No tengo coche, así que cogí el metro y me fui a casa. Estuve, como todos, pegado a la radio. Pero cuando salió el rey a la una y pico de la madrugada me fui a la Puerta del Sol ( vivía bastante cerca), me compré una edición de El País y me acerqué al Congreso lo más cerca que me dejaron llegar.
    Por entonces yo trabajaba también en la edición de Madrid de Guía del Ocio (por allí tuve de compañeros a Fernando Trueba, Carlos Boyero o Alvaro Feito… y de jefe a Florentino Pérez) y escribí un artículo en mi sección de radio, dedicado a ese medio que aun conservo. Fue un orgullo hacerlo… y un orgullo recordarlo 30 años después.

  12. Pingback: El 23 F del 81 estaba en… « Jon Kepa

  13. Yo tenía 1 añico de edad, y mis padres, la verdad, es que ni se inmutaron. Una amiga mía cuenta que su madre llamó fuera de sí a su marido, que estaba trabajando fuera; el buen hombre dijo “¡Bah!” y se fue al cine con los compañeros. Ahora, si me pilla a mí a estas alturas me cajo-la-pata-abajo, eso seguro. Pero a mí esto siempre me ha dado un aire a teatro clásico: Lope de Vega, Calderón, “El alcalde de Zalamea”, “Fuenteovejuna”, etc, etc.

  14. Javier Sánchez

    Sevilla, Triana, calle Pagés del Corro, cine Fantasio, sesión de tarde (17,30 -19,30 horas), se proyecta “Fedora” del gran Billy Wilder. Tal vez por la hora, el día (lunes) y la película, solo estábamos en el cine mis amigos Carmen y Paco, y yo mismo. A pesar de ser un seguidor del cine de Wilder, la película no cubrió mis espectativas. Por lo que estaba ocurriendo fuera de la sala, tal vez hubiera sido más oportuno que estuviesen proyectando “Primera Plana” (B. Wilder), ya que algunos personajes – alcalde, sheriff y medios de comunicación carroñeros- tenían a sus correspondientes en el entramado socio-político-militar que le estaba echando un pulso a la incipiente democracia ( o “demosgracias”) española.
    Al salir del cine, nos montamos en mi dos caballos sin radio y circulamos por unas calles totalmente desiertas, ajenos al avispero que nos rodeaba. Al poco rato, encontramos a un amigo que nos informó sobre el intento de reconquista que un grupo de iluminados cruzados de tradición tonsurada estaban llevando a cabo. También nos informó que un chaval de 18 años, hermano de otro amigo, había muerto en un accidente. En su entierro, tarde del 24 F, dos aguerridos acólitos de “fuerzas nuevas”, me indicaron, -haciendo uso de un infando sinsentido del humor, maldita la gracia que me hizo-, que yo estaba en la lista de “agraciados” que un grupo armado, integrantes de un voluntarioso somatén, había presentado en el Cuartel de la Guardia Civil.
    Conclusiones finales: Estuve fuera de la circulación la noche del 23 F, y mi madre hizo desaparecer varias maletas de libros-la mayoría editados por Ruedo Ibérico- comprados en los años 70 vía Toulouse, así como la colección de la revista Hermano Lobo. Mi madre disfrutaba de indulgencia plenaria, su terror estaba justificado. En la guerra civil, perdió a su padre en las tapias de un cementerio, y a su único hermano varón (22 años) en el frente del Ebro. También perdió agilidad en los mecanismos que activan la alegría.
    Mis hijos (7 y 3 añitos), como muchos otros, estuvieron a punto de quedar huérfanos y tristes.

  15. A mi me cogió en la mili, en Palma de Mallorca.

  16. Fernando

    A ver, el que mandaba el cuartel vecino de RTVE (regimiento de transmisiones, no fuerza operativa), era un tal Coronel Miguel Íñiguez, con el que comparto apellido pues fue él el que me lo dio (sí, a la sazón es mi padre).
    De ese cuartel no salió ni un solo soldado bajo su autorización a ocupar ni a visitar los pasillos y vestíbulos de Prado del Rey.

    Mi padre estaba oyendo tranquilamente la radio en casa en zapatillas cuando el famoso “quieto todo el mundo” y “se sienten, coño”. Rápidamente se levantó, se puso el uniforme, llamó a los mandos del regimiento y les convocó urgentemente en la sala de banderas del acuartelamiento. Llegó en poco tiempo (vivía entonces junto al puente de Segovia) y dio órdenes precisas de que su regimiento iba a respetar la constitución, y trasladó el mandato que en esa dirección acaba de recibir del entonces Capital General de Madrid, Quintana Lacacci (no sería más de las 7.00 o 7.30 de la tarde).
    Dice mi padre que fue la primera vez en su vida militar que por precaución se puso la pistola cerca y con balas. Tenía fama de “rojillo” entre los militares, pues hasta un par de meses antes era el jefe del gabinete técnico del Guti, y Suárez, y no estaba bien visto por el búnker, que se llamaba entonces. Mi padre llegó a temer por si algún capitán rebelde y bravucón quisiera llevárselo por delante por considerarle obstáculo para el golpe.
    Los soldados y mandos intermedios que llegaron a Prado, procedían de la Brunete. Puede que al principio, principio, mientras mi padre se dirigía de su casa al cuartel, el oficial de guardia enviara a la tele ese cabo y dos soldados que dice Rodri, pero enseguida regresarían a su cuartel, pues eran las órdenes precisas de ese Coronel que tan bien conozco.

    El coronel del Regimiento de Prado del Rey (mi padre), curiosamente, pidió ayuda a la Brunete para proteger la tele de los golpistas, que era lo que le había dicho Quintana Lacacci, que Madrid no se iba a unir, que más bien al contrario, y que iba a utilizar la Brunete para defender la constitución. Mi padre, en su propósito de defender la tele, pidió ayuda a la acorazada para esa misión, pues un regimiento de Ingenieros no tiene más armas que los Cetmes reglamentarios asignados a la la tropa y poco más. Desde la acorazada mandaron una compañía al mando de un capitán con ese menester, y con la promesa hecha a mi padre, que ese capitán al llegar, se pondría bajo sus órdenes, por estar en “su territorio”. Mi padre entonces se dio cuenta de la traición. La compañía de la acorazada, nunca le dio novedades al llegar a Prado y el Capitán de marras ni se puso a sus órdenes.

    A partir de ahí temió de todo, pero confiaba que ese golpe se iba a frustrar, pues era lo que cada rato le transmitía el Capitán General de Madrid y otros mandos superiores (Jefe de Estado Mayor, subsecretario de defensa… si luego fue la noche de los transistores, esa tarde para mi padre fue la de los teléfonos, al fin y al cabo ese era el regimiento de transmisiones, por el que pasaban todos los cables y órdenes y contraórdenes). Temía, por precaución, nada más, por que conocía la existencia de exaltados; pero siempre me ha confesado que desde el principio él sabía que el golpe no iba a triunfar, y achacaba su gestación a los “cuatro” militares nostálgicos que quedaban.

    En fin.

    Por mi parte estaba haciendo la mili en el CIR 16 de Camposoto-Cádiz (sí, ser hijo de militar no me libró, al contrario). Estaba de permiso ese día completo, que era lunes y el domingo habíamos tenido faena los abuelos pues había sido jura de bandera y hacíamos los servicios los “mayores”. Sinceramente, pasé la tarde borracho ajeno a lo que pasaba en Madrid, hasta que le escuché a una niña en la calle decir que en Madrid unos guardias habían entrado en las Cortes, y pensé que se refería a una peli de la tele o a algo así. Al llegar al CIR a las 10 de la noche (hora de retreta obligatoria), nos percatamos de la gravedad del tema, máxime cuando el Capitán General de Andalucía, Merry Gordons, tenía fama de ser de los “nostálgicos”. No se sumó, felizmente, y nosotros pasamos en 24 acuartelados, pero poco más. La noche del 23 al 24 la pasamos ciertamente con los transistores, con todos mis amigos preguntándome qué podía pasar, sabiendo que yo podía conocer el tema por ser hijo de alto mando. Les dije que Tejero era un bocazas sin mucho prestigio y sin tirón entre los militares (en mi casa ya le conocíamos por el tema de la Operación Galaxia) y que no iba a triunfar porque nadie le iba a seguir. No me equivoqué mucho.
    El 24 por la mañana se dobló la Guardia por precaución, y me tocó unas cuantas garitas. Fueron las últimas, días después ascendí a Cabo, que ya te libras de las guardias en garita.
    Bueno, tenía 23 y ahora tengo 53. 30 años que han pasado como una “insolación”.
    Besos
    Viva la república…

    • RODRI

      Fernando: cuando el cabo primero entró en la Casa de la Radio ya estaba Prado del Rey “cerrado” con aquel capitán de la barba que he mencianado frente al edificio de TVE. Prado del Rey es muy grande y los que fueron no sabían donde ir.

  17. Alfonso Eduardo

    El equipo de Estudio 15-18 (Marisol del Valle, Borrego, Molina, y colaboradores) hicimos la jornada normal… pero salimos un poco antes por un oportuno “grabado” que habíamos hecho anteriormente…y salimos havia Alberto Aguilera, por donde vivía yo, a tomar el “cubata” de la tarde… Allí nos cogió la noticia y me puse a llamar a la radio enseguida…Tardó un poco pero me pasaron con Eduardo Sotillos, que dirigía… y él me tranquilizó bastante, “que no volvais…no hace falta…esto sigue en marcha….”.
    Entendí enseguida que lo de volver estaba descartado, así que …”a esperar”…
    Hicimos otras llamadas internas con doble respuesta: normalidad y normalidad…
    Acortamos “el cubata de la tarde” y nos largamos a casita…Y luego como cualquier español más….
    Después Sotillos nos justificó que en aquel momento no podía decirme nada porque estaba “rodeado”….
    Y al día siguiente…como siempre en nuestra profesión… lo más importante era tranquilizar y dejar en manos de Informativos el resto….

  18. Jonatán

    A mí me cogió en Lleida. Como en tu caso mi hija mayor había nacido en Enero. Me costó ponerme en contacto con mi mujer (María), que tampoco estaba precisamente tranquila.
    Supe lo del golpe por el padre de mi compañero de trabajo unos minutos después de producirse. Estuve en su casa hasta más de la una.
    Antes de salir el rey por la tele, en Cataluña salió Pujol, que comunicó que había hablado con el rey y le había dado garantías de que el ejército no apoyaba el golpe.
    ¡Vaya susto!. La salida del congreso lo viví por la radio al día siguiente en Zaragoza. Ya más tranquilos.

  19. Susana prosper

    Mi padre viajaba aquella tarde a Londres. Nada más aterrizar el piloto comunica a los pasajeros que en España ha habido un golpe de estado. Os podéis imaginar la angustia.

  20. Aurora

    La secuencia mía de aquél día es tambien en el escenario de la radio. Radio Nacional, un tanto de jubileo con compañeros antes del acto. En un despacho bastantes viendo la Tele, , junto a mi, Antonio Villalobos y Fernando Delgado…, estalla todo… subo a la tercera planta, despacho de Grabaciones, me veo con el padre de mis hijos, hablamos, queremos llamar a casa (no hay móviles) para que no salgan los niños y que mi madre no se asuste demasiado (la guerra civil le había dejado heridas tan tremendas que siempre creyó que los fascistas no dejarían que la democracia se mantuviera). Nada, no hay línea Llamo a casa de mi suegra, no hay linea. Angustía. Queremos marcharnos, bajamos al enorme vestibulo, allí está el gran Beltrán -como indica Rodri padre de dos compañeros- y unos diez soldados con boina y pañuelo al cuello, Entre las manos un fusil grande (no tengo ni la menor idea, pero me parecieron metralletas). Nos impiden la salida. “Tenemos órdenes”. Yo invoco mis niños. Sin resultado. Vamos a hablar con un técnico de sonido, tambien capitan del cuartel de transmisiones que está situado junto a Prado del Rey… Está asustado tambien, nos consuela, ya vereis no va a pasar nada, ya vereis… el tambien está intentando entrar en contacto con alguien de su cuartel. Volvemos a subir en busca de algún despacho de los que tenian algun telefono directo. Por fín, hablamos con los nuestros. Pedimos tranquilidad y mentimos diciendo que volveremos enseguida.
    En fín pasa una hora y se nos ocurre salir por otra de las puertas -no la principal- al parking.Ya es de noche, Luis pone el coche en marcha nadie nos dá el alto, unos carros de combte están justo enfrente y por el camino de siempre llegamos a Concha Espina- Ramón y Cajal sin problemas…Con unos vecinos queridos pasamos la noche en blanco… Luego, ya sabeis todos como fué…

  21. A mí el 23-F me pilló en el hotel Meliá Castilla. Venía del aeropuerto de recoger a la Goombay Dance Band (los de “Sun Of Jamaica”, un inmenso éxito alemán que nos disponíamos a promover en España). Recuerdo el caos ante las confusas noticias que llegaban, la cancelación de las promos previstas para esa tarde, cancelar la cena prevista, etc. En aquella época no teníamos móviles, ni portátiles, ni… Funcionábamos a base de cabinas telefónicas y en este caso la centralita del hotel. Y además estaban los niños correteando por el lobby del hotel. Deslizándose y tirándose por el suelo… y quitándose la ropa. Oliver, el líder de la banda y el único blanco, no entendía nada de lo del golpe. Los mantuve en el Meliá (no les deje ni salir a la calle). Después de cenar en uno de los restaurantes del enorme Meliá me fui a casa a seguir intentar enterarme de lo que estaba sucediendo. La verdad es que los sucesos del Congreso me preocupaban bastante más que mi trabajo, pero tenía una responsabilidad con esta gente “secuestrada” en un 5 estrellas.

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