Un siglo de canciones 86: “Canto A La Libertad” (por Gustavo Sierra)

15 de octubre de 2010

Realmente, esta entrada debió haber sido escrita hace mucho tiempo, y es una de las que teníamos pendientes, por lo que me corroe cierto sentimiento de sensacionalismo, pero también el pensar que más vale tarde que nunca. ¡Va por usted, maestro!

José Antonio Labordeta fue, seguramente, muchas de las cosas que quiso ser en esta vida: maestro, alumno, poeta, músico, político (aunque esta palabra esté tan denostada, y seguramente él, dentro de los conocidos, fue de los que la dignificó ampliamente), viajero, aragonés, pensador, humanista, comunista (más a la manera del siglo XIX, como dijo Blanchot sobre Bertolt Brecht), amigo, esposo, padre, abuelo, filósofo, paisano, un (con perdón) grano en el culo para ciertos personajes –que son a la vez nuestro grano en el culo- durante más de 30 años; e incluso actor y hombre de TV: no sólo con Un país en la mochila, sino como actor en una pequeña serie, Del Miño al Bidasoa, basada en una novela de Cela, en la que interpretaba a Monsieur DuPont; y como pregonero (¡cómo no!) en la versión cinematográfica de Réquiem por un campesino español… Y sobre todo una gran persona: la intuición que muchos de nosotros teníamos de él al respecto nos la corroboran amigos que le conocieron personalmente.

Recomiendo la lectura de sus últimas memorias, Regular, gracias a dios, un libro magnífico en el que nuestro Labordeta recurre al flash-back que le aliviaba un poco de esa maldita enfermedad, en donde reconstruye su vida, desde su infancia en la posguerra, escuchando a hurtadillas el entusiasmo de su padre y hermanos ante las victorias aliadas, pasando por la adolescencia, en la que un padre humanista contrarrestaba la mentira institucionalizada; los años de docencia en Aix-en- Provence (Marsella), con los días convulsos que parecían avocar a Francia a una guerra civil cuyo fantasma había quedado enterrado con la ocupación alemana, a causa de la independencia de Argelia; sus días de docencia en Teruel, y su actividad de cantautor.

Labordeta nunca se tuvo por un cantante profesional, ya que supeditó esta profesión a la de la docencia, y a la más importante aún de hombre de familia, y decía ser un “cantante de fin de semana”, y más que cantautor, escribe-autor. Pero aun así, su producción musical es muy amplia y de una gran calidad, sobre todo literaria.

Su primer disco, “Cantar y Callar“, apareció en el año 69; en él ya revelaba sus influencias principales: su hermano Miguel en “El poeta” (Miguel Labordeta estuvo muy activo y tuvo relaciones con parte de los poetas de los años 50, publicando en Espadaña y en otras revistas opuestas al Garcilasismo oficial); su tierra, “Aragón”, sus gentes (labradores, emigrantes, represaliados), una reivindicación y dignificación de lo cotidiano, de lo pequeño, etc. Con el peso del fantasma de la guerra civil, y sus influencias musicales más importantes: la canción latinoamericana y la canción francesa, con Brassens a la cabeza, al que descubrió primero en Aragón, de manos de un arqueólogo francés, y luego en Marsella, invitado a su recital por un amigo español anarquista. El disco sobrevivió un año, ya que al año siguiente, por culpa del estado de excepción, fue retirado. Años después quiso reeditarlo en EDIGSA, la discográfica de los cantautores catalanes, pero el pudor (la estrechez, por qué no decirlo) de éstos a editar algo en castellano, le llevan a buscar su edición en el sello francés Le chant du monde bajo el título “Cantar i Callar“, una broma que levanta cierto descontento pero que él excusa diciendo que está en aragonés. El disco incluye dos maravillosas reseñas: una, la de Tuñón de Lara, que lo dota de una gran importancia, y otra, en catalán con acento alcoyano, a modo de bienvenida solidaria, la del gran Ovidi Montllor: de nuevo, contra lo que algunos bocazas relamidos e “informaos” dicen, los cantautores demostraron estar muy por encima de ciertas determinaciones ridículas.

Para el año de 1975, Labordeta ya es conocido gracias a sus recitales y a su disco, y se revela como un gran valor de la canción comprometida. Recitales a mansalva, pero no sólo en España: Francia, Suiza, Alemania… en donde los emigrantes y exiliados llevaban a sus amigos autóctonos, e Italia, en el Primo Festivale Internazionale Víctor Jara, en donde con otros compañeros como el gran trovador Pete Seeger y nuestro Benedicto, cantó para un público entre el cual se encontraba la familia del cantante chileno. En marzo de 1975 se edita “Tiempo de Espera“: un título muy significativo, ya que se esperó hasta noviembre para que la palmara, y se volvió a esperar para que la palmara de nuevo… Pero mientras, Labordeta intenta amortiguar esa espera con sus canciones, algunas tristes, como la “Carta a Lucinio”, otras satíricas, berlanguianas, como las “Meditaciones de Severino El Sordo” (meditaciones de un pregonero que se queda sólo en un pueblo); la reivindicación de la memoria de Víctor Jara en “Homenaje a Víctor Jara”, la ternura en “Canción de Cuna Sobre la Tierra Estéril”… Y dos de las que él llamaba “para levantar al personal”: “Canta Compañero, Canta”, con esa jota inicial y final que estremece los huesos; y, por supuesto, su “Canto A La Libertad”, una canción que, tal como nos dice en su directo de 1976 (otra serie de recitales de los que sólo se dieron dos, gracias a un señor al que los cantautores tiene cierto “cariño”, que fue presidente de la Xunta, y que a pesar de algunas burradas cometidas, ha sido recompensado: España y yo somos así) “a veces canto con tristeza, otras con esperanza”.

Es verdad que en 1975 se esperaba la inminente muerte del cabezón, lo cual no le quita cierto carácter cuasi-profético. El “Canto A La Libertad” es una canción que roza el utopismo, sin ser utópica: pretende enseñar que la construcción de un mundo mejor, en el que reine la igualdad, la justicia y la paz, requiere del esfuerzo de todos; reivindica a los que cayeron en la lucha por la libertad, y de cómo conseguir ese objetivo sería una manera de dignificar a “aquellos que cayeron gritando libertad”. Si alguien editara un libro sobre el nuevo cancionero internacional (como rezaba el subtítulo del sello Le Chant du monde: la Nouveau Chanson International), este canto a la libertad figuraría junto a otros como el “We Shall Overcome” de Seeger, el “This Land Is Your Land” de Guthrie, el “Blowin’ In The Wind” de Dylan, “L’estaca” de Llach y el “Al Vent” de Raimon, entre otros:

Canto a la libertad

Habrá un día en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.

Hermano, aquí mi mano,
será tuya mi frente,
y tu gesto de siempre
caerá sin levantar,
huracanes de miedo
ante la libertad.

Haremos el camino
en un mismo trazado,
uniendo nuestros hombros
para así levantar
a aquellos que cayeron
gritando libertad.

Habrá un día en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.

Sonarán las campanas
desde los campanarios,
y los campos desiertos
volverán a granar
unas espigas altas
dispuestas para el pan.

Para un pan que en los siglos
nunca fue repartido
entre todos aquellos
que hicieron lo posible
por empujar la historia
hacia la libertad.

Habrá un día en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.

También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver,
pero habrá que empujarla
para que pueda ser.

Que sea como un viento,
que arranque los matojos,
surgiendo la verdad
y limpie los caminos
de siglos de destrozos
contra la libertad.

Habrá un día en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad…

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38 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

38 Respuestas a “Un siglo de canciones 86: “Canto A La Libertad” (por Gustavo Sierra)

  1. Siempre me ha gustado el título del programa de Manolo Fernández en RNE: “Con 3 acordes”. No se puede explicar con menos palabras que, si hay talento de por medio, eso es todo lo que hace falta para hacer una obra relevante del género “canción”, desde “Blowin’ in the Wind” hasta “Twist and Shout”, pasando por “Canto a la Libertad”. (Igual el programa no se llama así por eso; en tal caso perdóname, Manolo…).

  2. Antonio Gómez

    Ante la invitación directa de Guillermo no puedo menos que dar mi opinión sobre esta cosa de la “calidad” de las canciones de José Antonio (supongo que no nos referimos a sus poemas o novelas). En primer lugar me gustaría destacar la relatividad del mismo término de “calidad”, subjetivo donde los haya. ¿Es de mayor calidad una canción porque utiliza muchas metáforas oscuras en lugar de expresarse con palabras sencillas? Recuerdo un vacile de hace tiempo, creo que de Javier Batanero, que presentaba siempre algún tema diciendo algo así como “esta canción es muy bonita, tiene muchas notas”. ¿De verdad es más bonita una canción porque tiene muchas notas? ¿es mejor el guitarrista que toca más rápido? ¿Y tiene más calidad el cantante que es capaz de alcanzar la nota más alta sin que se le mueva el tupe?. ¡Calidad, divino tesoro?
    De todas formas, una canción no es una letra. Una canción es la síntesis de un texto, una música y una interpretación, capaces, unidas, de transmitir una emoción al oyente que de ninguna forma se conseguiría con cada una de sus partes por separado. Por eso hablar sólo de la letra de una canción es mutilarla, y el análisis resultante ha de resultar siempre parcial y sesgado. ¿Tiene sentido analizar exclusivamente la letra de “Roll Over Bethoven” y sin embargo es una obra maestra de la música popular.
    Volviendo al abuelo y a su Canto de la Libertad (excelente el artículo, Gustavo, gracias). No creo yo que sea un panfleto (que, por otro lado los hay espléndidos, los de Diderot o Voltaire, por ejemplo, o algunos versos de Quevedo, egregio panfletista), sino un himno, que son cosas distintas, aunque puedan parecerse. Lo que sucede, es que a diferencia de otros himnos que conocemos (desde el chunta-chunta nacional a la “Internacional”, Els Segadors, La Varsoviana o el himno de Falange), no es la expresión de un país, grupo o partido, sino que, partiendo de abajo-arriba, es un himno con el que se han identificado las personas, haciéndolo suyo, y cantándolo por encima de partidos, sindicatos y otras diferencias ideológicas. En eso se parece a “Blowind in the wind” o “Imagine”, que son himnos surgidos de la misma manera. Personalmente considero que no sólo es que tenga calidad, sino que ese don de perpetuidad que ha conseguido gracias a la identificación con ella de tantas personas es la prueba.
    Referente a la calidad de la obra musical de Labordeta, personalmente creo que es irregular. En general siempre he encontrado en sus discos temas que me parecían excesivamente coyunturales y “simples” (diferente a “sencillos”), que no me han llegado hasta la hondura que lo han hecho desde “Aragón”, ese otro himno árido y áspero, pero tierno, de una tierra y unas gentes de iguales condiciones, hasta “La vieja”, “Mar de amor”, “El poeta”, “Ya ves”, “Albada”, “Regresaré a la casa”, “Banderas rotas”, “Pequeña libertad” y varias más, sin olvidar “Somos” ese otro himno estremecedor, que no ha alcanzado la repercusión como tal del “Canto a la libertad” por carecer de elemento esperanzador (es un canto de aguante y resistencia), restándole capacidad de identificación colectiva.
    Joder. Miro para arriba y me da vértigo la plastez que he escrito. Ni la corrijo.
    Salud

  3. Javier Sánchez

    Maese Adrián, como nunca me han gustado los privilegios, me he cansado yo también- de ser el único en disfrutar de tus breves y buenas-dos veces buenas- reprimendas.
    Hablando de canciones, me despido con un estribillo:
    Hostal El Mundano,
    comida mala,
    cama dura,
    censura chunga,
    me voy.

    Pd: Algunos dirán, por fín.

  4. Javier Sánchez

    En estos días se cumplen 100 años- qué rápido circula este artefacto llamado vida- de la fundación de la CNT. Me levanto y ……………………………………….. tras un silencioso minuto de reflexión, una pregunta ¿Sólo el rechazo a los Pactos de la Moncloa y el montaje, por parte de manos oscuras, del atentado de un teatro en Barcelona, ocasionaron el injusto olvido de un movimiento social tan interesante?
    Tal vez alguien – podría ser yo mismo; mejor un grupo de interesados- debería incluir en las mejores canciones de este siglo, alguna que tenga relación con esta ideología o filosofía.
    ¿Volverán las rojinegras golondrinas?
    ¡Cuánto está tardando esa primavera!

    • Sobre el terrorismo anarquista nunca se tiene en cuenta que la mayoría de éstos no eran anarcosindicalistas, sino pertenecientes a esa curiosa rama del anarquismo que proupgna el ultraindividualismo y que era de carácter burgués. Y tampoco que muchos de esos atentados fueron provocados por “otros”. Y tampoco que en gran medida los altercados se produjeron como defensa contra los mercenarios de la patronal.

      • Javier Sánchez

        Amigo Gustavo, no entiendo por qué sale siempre a relucir el terrorismo cuando se habla de anarquismo.
        Todas las ideologías, todos los grupos de poder, todas las religiones, todas las formas de gobierno, han tenido y tienen sus asesinos- sicarios o no-, tienen sus “héroes”, sus “santos”, sus víctimas, y sus cloacas.
        Creo que el número de víctimas asesinadas en nombre del movimiento libertario, debe ser mucho menor, que la mayoría de los producidos por las cloacas de las sinrazones de Estado, de la ecomomía, de las ideologías, de las religiones, y del resto de intereses, en torno a los cuales los hombres se han agrupado a lo largo de la historia.

        • En números absolutos seguro que sí, pero habría que estudiar la proporción teniendo en cuenta factores como cantidad de militantes, tiempo que duró su actividad vs. otras, etc., etc. De todas formas ni este es el sitio ni el lugar para ello. Una vez más te sales de la temática del post y francamente me estoy empezando a cansar…

  5. Almanaque

    Las rectificaciones nos honran al reconocerlas y asumirlas, amigo Gustavo. Así lo expresa también el compañero Javier Sánchez que nos ofrece una invitación: lástima que sea virtualmente, y encima nos dice el muy truhán ¡que invitar no es sinónimo de pagar!
    Bromas aparte, quiero agradecer sinceramente a Gustavo su gesto y sus hermosas palabras al reflexionar y asumir que tal vez se sobrepasó en su réplica a mi comentario.
    Tampoco nos vamos a poner ahora ‘estupendos’ o ‘políticamente correctos’, nada más lejos, pues entiendo que la discrepancia, siempre que se ejerza con respeto es enriquecedora y nos hace partícipes de otros puntos de vista y de miradas y perspectivas que tal vez no nos habíamos parado a considerar convenientemente.
    Pero con estas discrepancias creo que hemos abierto un nuevo campo sobre el que podemos opinar y aprender unos de otros. Gustavo parece sostener que la inmediatez de un texto para ser cantado debe despojarse de oscurantismos (no sé si entiende el término como sinónimo de que sea fácilmente asequible a todo tipo de público, de lo que parece deducirse que los ‘valores literarios’ deben supeditarse a lo que sería propiamente la ‘funcionalidad’ que la canción pretende como despertadora de conciencias o invitación a la acción. Hablo, claro está, de la llamada, por entendernos, canción de autor.
    Mi punto de vista es que la inmediatez o funcionalidad de la canción de autor no tiene por qué prescindir de una calidad literaria aceptable. Pienso en canciones de Brel, Brassens, Violeta Parra, Aute, Cano, Serrat, Llach, Yupanqui, Víctor Jara… , por poner algunos ejemplos donde se aúnan de forma convincente, a mi juicio, el texto y la música.
    Abro el debate por si lo consideráis de interés. Ah, y por supuesto acepto la invitación de Javier, aunque tengamos que pagarla.

    • Sí, en eso estoy de acuerdo: el problema de la canción es el mismo que el de la poesía comprometida de la que viene: o jugar, estéticamente hablando, de manera que sólo una parte del auditorio posible lo entienda, o supeditar la estética a la funcionalidad para llegar al mayor número posible. Probablemente este problema ya casi no exista a día de hoy, y en su día también provocó ríos de tinta y desencuentros. Lo deseable es eso, que aunque haya una supeditación el valor estético esté notablemente presente.
      Me gustaría, si leen esto, que Antonio Gómez o Antonio Piera dieran su opinión, ya que son los que tiene una verdadera experiencia en esto.

    • Javier Sánchez

      Gracias Almanaque por llamarme compañero.

      Inmediatez, funcionalidad, poesía comprometida, calidad literaria,…….cultura,….
      Copio literalmente del “Teatro y su Doble” de A. Artaud, lo siguiente:
      ” Defender una cultura que jamás salvó a un hombre de la preocupación de vivir mejor y no tener hambre, no me parece tan urgente como extraer de la llamada cultura, ideas de una fuerza viviente idéntica a la del hambre.
      Si la confusión es el signo de los tiempos, yo veo en la base de esa confusión una ruptura entre las cosas y las palabras, ideas y signos que las representan.
      No faltan ciertamente sistemas de pensamiento, su número y sus contradicciones caracterizan nuestra vieja cultura europea; pero ¿dónde se advierte que la vida, nuestra vida, haya sido alguna vez afectada por tales sistemas?
      No diré que los viejos sistemas filosóficos deban ser de aplicación directa e inmediata; pero una de dos:
      O esos sistemas están en nosotros y nos impregnan de tal modo que vivimos de ellos (¿y qué importan entonces los libros?), o no nos impregnan y entonces no son capaces de hacernos vivir (¿ y en ese caso qué importa que desaparezcan?”

      La invitación la podemos hacer real, depende de todos nosotros (incluídos el Gol Merengue).

  6. Almanaque

    Estimados Gustavo, Adrián y Antonio:
    Respecto a mi comentario sobre la ‘calidad’ literaria de las canciones de Labordeta, no quería herir en modo alguno ninguna sensibilidad ni menospreciar la obra y, mucho menos, la figura humana del señor Labordeta. Retiro por tanto la palabra panfleto por inconveniente. Reconozco que es un término con resabios difamatorios y agresivos que no se corresponden en absoluto con la postura ética y de lucha que desarrolló de una forma coherente nuestro querido cantautor aragonés.
    Mi crítica iba más bien dirigida a los ‘valores literarios’ de sus textos cantados. Comparto la opinión de Adrián en el sentido de que, desechando definitivamente el término panfleto, los hay buenos y malos. Pero esto depende no sólo de su calidad literaria sino de la ‘función’ que puedan tener en un momento histórico determinado como agitadores o catalizadores de ansias de cambio o de movilizaciones.
    Le recuerdo a Gustavo (por cierto, enhorabuena por su Zamarra a la que sigo con entusiasmo: http://albokari2.wordpress.com/) que no sólo expresaba en mi desafortunado comentario sobre la letra del ‘Himno’, sino que me refería en general al conjunto de los textos cantados por Labordeta, los cuales he seguido y coleccionado desde hace muchos años, junto a los trabajos de numerosos cantautores que sería prolijo enumerar. Para el análisis de los textos de las canciones encuadrados en su contexto sociopolítico ya disfrutamos de la excelente obra del señor Fernando Lucini, obra pionera, necesaria e impagable en tantísimos aspectos.
    Quiero decir que en absoluto soy un cantautor resentido, como supone Gustavo Sierra, y que se encuentra ansioso por escuchar mis ‘canciones de calidad’. Comprendo el ‘calentón’ del momento al sentirse dolido por mi, seguramente, no bien explicado comentario.
    No es mi intención abrir un debate en lo que sólo era una opinión particular y por tanto subjetiva. Sólo quería poner sobre la mesa la abundancia de tópicos y metáforas previsibles y fáciles en los textos de las canciones interpretadas por José Antonio.
    En otro orden de cosas, totalmente de acuerdo con Gustavo en que el celebérrimo pasodoble ‘Que viva España’ es infumable (por cierto, obra de un compositor alemán). No opino lo mismo de la equiparación temática entre el ‘Canto a la libertad’ con “Blowin’ in the wind” o “Imagine”, pero, obviamente, también es opinable.

    • Aclarado pues, Almanaque, y perdóname: como tú mismo indicas pensé que eras otro tipo de comentarista y por eso me puse “chulo”, y me alegro que te lo tomes tan a bien, seguramente mejor de lo que yo me lo hubiera tomado, también de que sigas mi “Zamarra”.
      Respecto a la calidad literaria, insisto en lo mismo: muchas veces son letras para ser cantadas, por lo que tampoco se puede oscurecer excesivamente el texo; eso es lo que opino, y que aun así me parecen de gran calidad. De todas maneras ya sabrás que, como amante insaciable, soy el primero en ser crítico con una canción, aunque a veces me parezca todo maravilloso.
      Es lamentable las situaciones a las que nos llevan el mensaje escrito, que queda exento de intencionalidad, y a veces nos parece ver cosas que no son; como sigues la Zamarra probablemente hayas notado mi desencanto hacia el mundo virtual, en el que mucha gente aprovecha la menor excusa para insultar o menospreciar. Por todo esto te vuelvo a pedir disculpas.
      Salud pues.

      • Javier Sánchez

        Sres. Gustavo y Almanaque, me han emocionado sus últimas exposiciones, rectificando terrenos, desfaciendo entuertos y aclarando malentendidos. A esto lo llamo yo- y tal vez otros-, auténticos signos de civilización.

        Tomen uds. lo que les apetezca en la taberna de la concordia, que yo con sumo gusto les invito.

        Nota del autor: Invitar no es sinónimo de pagar. A veces con la intención basta, ¿no?

  7. La reflexión de Adrián y de Gustavo con respecto a lo que dice Almanaque he tardado treinta años en hacerla yo mismo. Por eso comprendo a Almanaque, porque a fuerza de querer pasar la página, de querer empezar de cero y olvidar lo que fue el franquismo, las nuevas generaciones han acabado por desconocer aquel régimen. Se creen que JAL escribió eso en un ámbito de libertad, y no se dan cuenta de que decir “esas cosas” en público antes de 1975 te podía costar incluso la vida, que pedir libertad era algo que uno tenía que susurrar en su casa para que el sonido de tal palabra no traspasara la pared y la escuchara el vecino, que te podía denunciar. Porque era delito.
    Pero no culpemos a Almanaque, que bastante hace con expresar su discrepancia con corrección. Tiene razón en que la poesía de JAL no se hizo precisamente acreedora al Fastenrath (discrepo de Tuñón en eso), pero alguien en las escuelas debería enseñar que esa poesía y la del resto de aquellos héroes de la guitarra no se debe juzgar con el mismo criterio que la de… Manuel Mantero, por ejemplo – por citar un “Fastenrath” de los sesenta antifranquista, autoexiliado y monárquico-. Pero se decidió pasar la página, y así nos va. (Hemos tenido que aguantar que en esa serie de terror de TVE llamada “Cuéntame…”, un personaje hablase del Estatuto de los Trabajadores como ¡vigente en 1965!).

    • Estoy muy de acuerdo contigo, salvo en la calidad de las letras: válgame “El poeta”, que le dedicó a su hermano Miguel, poeta de profesión. En realidad, Labordeta escribía dos tipos de poemas: para cantar y para imprimir, aunque algunos los terminase cantando. Me avergüneza no haber leído sus libros de poemas, por lo que no sé cómo son, aunque aquí hay una muestra:
      http://zaragozame.com/labordeta/
      Lo que me molesta realmente es lo que decimos Adrian y yo en nuestra defensa: el término panfleto, como lago despectivo y antiartístico, se aplica sólo a obras de izquierdas, como si no existiera un arte cargado políticamente de derechas, y a veces descarado. No quiero herir sensibilidades deportivas, pero el “Que viva España” es un panfleto también, aunque nadie lo diga. Y además: son canciones, no sé qué más se quiere de ellas; es muy curiosos que nadie, o casi nadie, aplique estas categorías a artistas extranjeros, como ya he indicado, e indigna bastante que se critique cierto posicionamiento político a través del arte y luego, a estos mismos, se les haga el culo pepsi-cola porque no sé qué cantantillo ha cantado sobre el maltratao o sobre la pobreza… Cosa que está muy bien, pero ¿sería mucho pedir un poco de rigor y la misma mesura para todos?

      • Tenéis toda la razón en eso, la calidad de las letras de algunas canciones extranjeras “consagradas” (incluidas en lugar destacado algunas de los Beatles) es con diferencia más lamentable que la peor de JAL .

  8. Almanaque

    Pues qué queréis que os diga: aparte de lamentar la pérdida de Labordeta, creo que lo que representa su figura está sobrevalorada. Los textos de sus canciones me parecen, en general, de una calidad bastante dudosa y, desde luego, francamente mejorable. El famoso himno que comentáis, aparte de su valor como símbolo, me parece un panfleto, esa es la verdad.

    • ¿Y…? ¿Cuántas has escuchado? Es decir, siempre que alguien dice esto en base a una sola canción, la más conocida, acerca de un cantautor español, descubro lo mismo: que su conocimiento acaba ahí. Todas las opiniones son respetables y sobre gustos no hay nada escrito, pero, ¿comentar para decir esto? La verdad, no le veo sentido. Ahora bien, soy el primero que dice que, a parte de su valor simbólico no es de las mejores (lo siento, no has descubierto nada); ahora bien, el “panfleto” (término muy relativo que tiende a aplicarse sólo a producciones artísticas de izquierdas y dependiendo del país) en su día fue necesario… Y a día de hoy también. Si lees el texto de la canción, verás que es casi idéntico a temas como “Blowin’ in the wind” o “Imagine”, de los cuales, curiosamente, nadie dice que sean un panfleto. Y discrepo ferozmente sobre la calidad de los textos de Labordeta: ¿serán de dudosa calidad por ser populares?
      Pero a lo mejor resulta que eres un cantautor que va a romper moldes, en cuyo caso estamos ansiosos por escuchar tus “canciones de calidad”.
      Gracias por nada.

    • ¿Y por qué las canciones “panfleto” tienen que ser malas? Es peyorativo y no estoy de acuerdo. Habrá panfletos buenos y malos. No todas tienen que ser malas por definición. Y, aparte de lo que pensemos cada uno, hay un dato objetivo: el paso del tiempo y por tanto la vigencia del panfleto (aunque es cierto que la causa puede haberse solucionado, por lo que el mensaje estaría obsoleto, pero nos quedaría su valor testimonial). ¿Entonces qué más le podemos pedir a una canción “panfleto”? Sinceramente creo que con cumplir su función ya tiene un mérito innegable.

      • Amén a eso. A parte, dos cosas: en primer lugar que toda obra de arte contiene la posición política de su autor, y -cosa que se me quedó en el tintero- no es de la misma opinión, acerca de la calidad de sus letras, el historiador Manuel Tuñón de Lara, que prologa su primer LP.

  9. Fet

    Se lo ha currado, Maese Gustavo. Muchas gracias.

  10. ¡Bien Gustavo! Un verdadero himno de nuestra generación cincuentona. ¿Cómo pudieron perseguir a alguien por decir o cantar cosas como ésas?

  11. Quisiera aprovechar este gran post de Gustavo para dejar algunos enlaces, testimonio de la presencia de Labordeta en El Mundano. Y como no podía ser menos el primero es el que tan amablemente nos escribió para el 20-N de 2008:

    20-N: Tristezas novembrinas (por Labordeta)
    https://elmundano.wordpress.com/2008/11/20/20-n-tristezas-novembrinas-por-labordeta/

    Adiós amigo Labordeta
    https://elmundano.wordpress.com/2010/09/19/adios-amigo-labordeta/

    Homenaje a Labordeta
    https://elmundano.wordpress.com/2008/11/27/homenaje-a-labordeta/

  12. Pingback: Bitacoras.com

  13. Quiero rectificar una cosa: el que le descubrió a Brassens no era ni arqueólogo ni francés, era geólogo y holandés.

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