Archivo diario: septiembre 19, 2010

Adiós amigo Labordeta

19 de septiembre de 2010

Vamos
a echar nuevas raíces
por campos y veredas,
para poder andar

tiempos
que traigan en su entraña
esa gran utopía
que es la fraternidad.

Somos
igual que nuestra tierra
suaves como la arcilla
duros del roquedal.

Hemos
atravesado el tiempo
dejando en los secanos
nuestra lucha total.

Somos» de J.A. Labordeta)

No por esperada es menos dolorosa la noticia de la desaparición de José Antonio Labordeta. Un gran hombre, querido por tantos. Por casi todo el mundo, lo cual ya tiene mucho mérito. No es frecuente encontrar tanta unanimidad. Y no pretendo rememorar recuerdos, los que me han venido a la cabeza desde que me enteré esta mañana. Tan sólo comentar que cuando la actual deriva de nuestros políticos se empezó a vislumbrar -y hoy es una desafortunada realidad- solía decir que pensaba empadronarme en Aragón, para poder votarle.

Hace un par de noviembres el amigo Antonio Gómez sugirió hacer algo alrededor del 20-N. Y contactó con «el abuelo» para pedirle unas impresiones respecto a tan señalada fecha. Y para nuestra sorpresa esa misma tarde nos mandó un post. Lo reproduzco a continuación (pinchando en el enlace podrán leer el resto de los testimonios recogidos por Antonio):

«Noviembre es siempre el mes más triste del año y por esa razón un dictador sanguinario tenía que dejar este “valle de lágrimas” ese mes, pero lo abandonó dejándonos a todos un extenso acojono que, durante días y noches, nos obligaba a permanecer al lado de la radio para comprobar si la lucecita del Pardo desaparecía.

En esos días yo andaba, todavía, yendo por España a cantar; sobre todo por Barcelona y para llegar hasta allí, tomaba el tren y cuando parábamos en Lérida, en Reus, en Tarragona o en cualquier otra estación del recorrido, salía a la plataforma del vagón y, abriendo las puerta, casi no viajaba nadie, contemplaba el andén, también casi vacío, auscultando los rostros y las miradas. Ninguna señal del difunto.

Cuando al fin entregó su “alma” a Dios -tras de aquel estrafalario pandemónium que montaron la viuda, el yerno y lo más reaccionario del País- y Arias salió, con su lacrimogenia, a dar la noticia, cogí a mi familia, y aprovechando los “días de luto y fiesta escolar”, me fui al Pirineo aragonés, a escasos kilómetros de Francia, porque lo que podía pasar, conociendo las fieras que iban a defender sus privilegios, podía producir alguna noche de cristales rotos.

Todo lo que habíamos pensado se quedó desinflado porque la izquierda carecía de fuerza y los reaccionarios se lo habían montado muy bien. Años después resulta que todavía se están intentando resaltar los crímenes contra la humanidad que aquel régimen dejó en este País.

El año 1976 fue de una represión brutal y de los más duros de los últimos años. Se defendían con gato tripa arriba mientras el joven Monarca aceptaba los Principios del Movimiento: ¡Como para fiarte de él!

Como dijo Vázquez Montalbán llegó envuelto en sangre y se fue igual y nos dejó un País destrozado que, treinta años después no levanta, todavía, la cabeza de la dignidad.»

También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver,
pero habrá que empujarla
para que pueda ser.
Que sea como un viento
que arranque los matojos
surgiendo la verdad
y limpie los caminos
de siglos de destrozos
contra la LIBERTAD.

(“Canto a la libertad” de J. A. Labordeta)

 

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