Un siglo de canciones 57: “Nobody Knows You When You’re Down And Out” (por Antonio Perea)

16 de febrero de 2010

Notaréis cierta precipitación en el estilo de esta entrada con la que El Mundano me vuelve a acoger en su serie de canciones del siglo veinte. La razón de esta redacción descuidada es que, efectivamente, estoy escribiendo muy deprisa, porque el comentario sobre “Nobody Knows You When You’re Down And Out” perderá gran parte de su oportunidad cuando finalice la crisis. Y esto es algo que va a suceder en cualquier momento, se lo he oído decir al presidente. O sea que ya estoy tardando en empezar a contaros cosas.

Y es que si hay una canción que merezca ser reconocida como banda sonora de una crisis económica, esa es “Nobody Knows You When You’re Down And Out”. La culpa la tuvo una de las estrellas del jazz y el blues de los años veinte en USA –lo que en ese estilo de música equivale a decir de la historia-, la gran Bessie Smith, para quien al parecer compuso Jimmy Cox esta canción nada más y nada menos que en 1923. Smith la popularizó en los años de  euforias alternadas con incertidumbres que precedieron y enmarcaron el crack del 29.

 

No cuesta trabajo imaginar a aquellos “nuevos pobres” rodeando a la cantante en cualquier club de mala muerte de la época de la depresión, asintiendo con la cabeza al identificarse con la historia de perdedores que desgranaba su texto mientras agitaban en la mano rítmicamente, para deshacer cuanto antes el hielo, un whisky casero espantoso destilado en alguna bañera anónima de la ley seca. Pronto llegaría la segunda guerra mundial, y con ella la  reactivación de la industria de su país y su reconocimiento mundial como los aliados de la razón y la democracia. Un justo reconocimiento, por cierto, cimentado en las brigadas internacionales de la guerra de España y consagrado en las barcazas del desembarco de Normandía. Lo de después fue diferente.

La misma canción hablaba también del fin de la estrechez económica, del momento en que esos mismos amigos que hoy se comportaban como completos desconocidos –“Nadie te conoce cuando estás arruinado”- se apresurarían a ofrecer de nuevo su amistad, -“recuérdame, soy aquel amigo tuyo”-. Quizá la historia pudiera extrapolarse a Eisenhower y McArthur, aquellos militarotes que en los años treinta arrasarían a sangre y fuego las concentraciones de chabolas donde se refugiaron las victimas de la depresión tras perderlo todo, incluyendo su casa y sus enseres. Sus tropas disparaban contra ellos, sus familias y sus chamizos miserables. Mañana les iban a pedir que fueran a la guerra a defender rifle en mano, incluso con su vida, los principios de la nación americana; y pasado mañana les pedirían su voto en las presidenciales. “Recuérdame, soy aquel amigo tuyo”.

La mayoría de nosotros no conocíamos estas cosas cuando por primera vez escuchamos la canción. Ni siquiera sabíamos que estábamos ante un monumento sonoro histórico, casi arqueológico, que había atravesado incólume un océano de años, estilos, crisis y reactivaciones. Lejos de ello, pensábamos que era cosa de Eric Clapton, porque la descubrimos entre el “surtido de canciones de amor” que acompañaban a “Layla” en aquél álbum mágico de Derek and The Dominos. O una extravagancia más de José Feliciano (esta es la primera versión que yo conocí) quien la incluyó en su actuación en vivo en Londres en 1969, recogida en un álbum financiado en buena parte por Coca Cola. Pero la verdad es que la lista de interpretaciones es interminable y se pierde en las profundidades de los años más tenebrosos del siglo veinte. Hablamos de un auténtico clásico por encima de las modas y del tiempo, como decían los publicitarios del Chanel nº5. Desde la original Bessie Smith, pasando por Alberta Hunter, Leadbelly, Count Basie, Dick Hyman, Josh White, Nina Simone, el mencionado Feliciano, Spencer Davis, Janis Joplin, Pete Seeger, Otis Redding, Allman Brothers, Rod Stewart… docenas de voces de primera fila unieron sus nombres al de esta canción, ingrata para el lucimiento de la voz, de letra incómoda, y sin embargo, emblemática de cómo a veces una sencilla composición puede convertirse en himno de un momento, de una época e incluso de un modo de ver la vida.

Once I lived the life of a millionaire,
Spent all my money, I just did not care.
Took all my friends out for a good time,
Bought bootleg whisky, champagne and wine.

Then I began to fall so low,
Lost all my good friends, I did not have nowhere to go.
I get my hands on a dollar again,
I’m gonna hang on to it till that eagle grins.

‘Cause no, no, nobody knows you
When you’re down and out.
In your pocket, not one penny,
And as for friends, you don’t have any.

When you finally get back up on your feet again,
Everybody wants to be your old long-lost friend.
Said it’s mighty strange, without a doubt,
Nobody knows you when you’re down and out.

When you finally get back upon your feet again,
Everybody wants to be your good old long-lost friend.
Said it’s mighty strange,
Nobody knows you,
Nobody knows you,
Nobody knows you when you’re down and out.

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11 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

11 Respuestas a “Un siglo de canciones 57: “Nobody Knows You When You’re Down And Out” (por Antonio Perea)

  1. Slowhand

    Aunque tarde, recomendar la versión de Dereck & the Dominos en el Fillmore.

    Qué gran artículo, qué gran canción.

    Salu2!

  2. ANTONIO

    Gustavo, no voy a descubrirle a un anarco-humanista como tú el combustible que encierra una canción a la hora de compendiar las inquietudes de la gente. Lo que me mosquea es que la canción está escrita en el 23, mucho antes de la crisis. Quizá la crisis en ese momento era tan sólo personal de su autor, y la humanidad nos hemos apropiado de su himno. Eso sí, hemos respetado los derechos de autor. Gracias por tu comentario.

    • ¡Oh! Recojo con halago el piropo. En mi opinión, la crisis del 29 sólo hizo expander la pobreza; se podría dar una versión irónica de la canción, dirigida al blanco rico del año 29: “ahora sabes lo que es ser negro (o no)”. Ahora sabes lo que es ser pobre y que nadie te quiera.
      Sobre ese sangriento acontecimiento que relatas -y que espero leer en el futuro post con ansiedad-, no sorprende, a la manera brechtiana: era la regla; sólo hacía 12 años que Sacco y Vanzetti habían sido ejecutados.

  3. Acertada y socarrona introducción. Todo un acierto en el tema elegido y en su contextualización y un magnífico ejemplo de cómo hacer un post para esta serie.

    • ANTONIO

      Tengo modelos en los que basarme, Júcaro. No sé cuántas veces me habré metido ya en tu post sobre ‘Round midnight para disfrutarlo. Gracias por tus palabras tan generosas.

  4. “Quizá la historia pudiera extrapolarse a Eisenhower y McArthur, aquellos militarotes que en los años treinta arrasarían a sangre y fuego las concentraciones de chabolas donde se refugiaron las victimas de la depresión tras perderlo todo, incluyendo su casa y sus enseres. Sus tropas disparaban contra ellos, sus familias y sus chamizos miserables.”

    Como escarpias. No conocia este (lamentable) episodio. Don Antonio creo que nos debe un post al respecto.

    • ANTONIO

      La verdad es que la mayoría de las cosas que escribo me sobrevienen a partir de retazos de la memoria, mi única cualidad notable, dicen que la inteligencia de los borricos, y que para mi espanto vengo notando que ya flaquea. ¿Qué quedará de mi cuando mi memoria fenezca definitivamente? Mis cuadernos de notas son un caos, mi biblioteca se diría ordenada (es un decir) por un loco y mi mujer hace años que renunció a poner en orden los papeles de mi mesa. Por eso me aterroriza que me pidan, como hace Adrián, datos que contrasten mis irresponsables afirmaciones.
      Suerte que, como es sabido, la virgen del pilar y la providencia divina existen realmente y suelen venir en mi auxilio cuando todo está en tinieblas. Estos días Canal Plus tiene en redifusión un estupendo documental llamado “1929” que el otro día, ya enviado el post, se me apareció junto a la virgen encima de una columna. Por él supe que quizá hay una imprecisión en el texto de mi artículo, pues según el ganador de un Nobel Joseph Stiglitz, la reactivación económica de USA había comenzado ya antes de la guerra de Europa.
      Lo que sí confirmaba el documental apoyado en escalofriantes filmaciones es la peor de las verdades acerca del episodio de la represión del “Bonus Army” en julio de 1932. Los veteranos de la primera guerra mundial habían instalado en Washington una especie de campamento de protesta (¿recordáis los madrileños el campamento de Sintel en la Castellana?) una vez arruinados por la perdida de liquidez acarreada por el “crack” hacia sus bonos del ejercito, una especie de pensión de excombatientes de complicada estructura que era en realidad su único capital. MacArthur con el ejercito, Eisenhower con la guardia nacional y me suena que incluso Patton al mando de algún otro cuerpo armado disolvieron aquello utilizando balas, bayonetas y gases tóxicos. Habéis leído bien. La razón: a MacArthur y al presidente Hoover le parecía que de cada diez manifestantes, uno era excombatiente y los otros nueve eran comunistas. Se ha dicho durante años que los muertos fueron tres o cuatro, pero las investigaciones más recientes elevan esa cifra a casi un centenar y la tiñen de un especial dramatismo al confirmar numerosas bajas entre los bebés que acompañaban a las familias de los excombatientes a causa de los gases asfixiantes. Recojo el guante, Adrián, y prepararé un pequeño artículo sobre este tema.
      Por cierto, en la banda sonora del documental “1929” figura, en una versión que desconozco y que no fui capaz de identificar en los créditos, la canción “Nobody knows you…”. No podía ser de otra manera.

  5. Grande Antonio. Pedazo de canción enmarcada magistralmente en su pedacito de historia.

  6. Pingback: Bitacoras.com

  7. Además de encantarme la canción, me encanta cómo la has encajado en su contexto histórico, porque lo desconocía totalmente. Y es que, como los años 20 de aquí y de allá son tan diferentes… Bueno, no tanto.
    Enhorabuena

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